25
JUL
2017

Aniversario patrio ¿hacia dónde iremos?

1. Aniversario. Estos días, cercanos a las Fiestas Patrias, son propicios para el recuerdo de hechos acaecidos en torno a la independencia, recuerdos escolares de héroes y de acciones bélicas de 1921. Historia, tradición, leyenda, se cruzan en las lecciones, en los discursos enfervorizados que intentan transmitir el amor a la patria, a nuestra identidad. Sin duda es importante insuflar en niños y jóvenes ese calor patrio que debería caldear este frío invierno capitalino y nacional.
Uno de los principales actos con los que se celebran estas fiestas es el desfile de las Fuerzas Armadas y policiales y de alguna institución educativa premiada en desfiles distritales. Exaltación de hechos y de personajes, armamento y demás pertrechos, que hoy tienen una finalidad distinta a la que nos mostraron en otras lides. Hoy la Fuerza Armada se está involucrando como una institución organizada puesta al real servicio del desarrollo de la democracia y del país. El nuevo rol se ha visto en su intervención en el Niño Costeño que sufrimos a inicios de año, en el friaje de la zona sur y también en la atención al sismo de Jaquí-Acarí en Arequipa. Esto debemos celebrar, pues al fin, una institución encuentra un objetivo superior acorde con los tiempos sin descuidar el combate a fuerzas oscuras que intentan al amparo de la corrupción, expandir el comercio ilícito de drogas, contrabando y otras secuelas que lindan con lo delincuencial.
2. El olvido. En este aniversario, como en los anteriores sin duda el protagonismo ha estado en los actores políticos y no en el sentido de lo que ha significado la independencia nacional, el pensamiento que nutrió el cambio en la década de las primeras décadas del siglo XIX. El pensamiento histórico que generó la independencia del Perú, qué rápido lo olvidamos y qué poco recurrimos a las ideas e ideales de aquellos que legaron pensamiento, decisión y acción para que se gestara un movimiento que luego se desarrollara legándonos la independencia nacional.
Nuestro país a 196 años de su independencia es una nación libre pero con una democracia asfixiada por haber cambiado el pensamiento por lo adjetivo, sin discurso político, sin nuevos líderes que piensen claro y limpio. Hoy lo que tenemos es que han sido reemplazados por líderes de opinión sin preparación, conductores de medios de comunicación cuyo referente informativo es la coyuntura del día a día recogida en los diarios, revistas, pero no en sesudas investigaciones o estudios. Los versados son otros pero no les interesa leerlos y menos entrevistarlos.
Toribio Rodríguez de Mendoza, es un personaje al que conocemos de referencia, pero qué poco se ha estudiado y profundizado sobre su entrega a una utopía que él consideraba formar la nación peruana. Es un peruano del siglo XVIII que se desarrolló en el siglo XIX y perfiló lo que sería el Perú luego de la independencia, formando a una generación de peruanos que diseñaron el país en sus inicios. En palabras del Hno. Noé Zevallos “…fue descubriendo en la duda y en la huidiza certeza el proyecto nacional, el Perú como historia, como posibilidad de una vida mejor” (Toribio Rodríguez de Mendoza o las etapas de un difícil itinerario espiritual. Primera edición. Ed. Bruño. Lima). El siguiente párrafo del Hno. Noé Z. permite apreciar la talla del prócer que tuvimos y que hoy hace falta. “… advirtió una necesidad perentoria. Este país que amaba entrañablemente no era nación. Creyó que trabajando en la formación de una clase dirigente respondería apropiadamente a las necesidades del Perú.” La rebelión de Túpac Amaru hizo tomar en la conciencia de la nación un “rostro conocido, cotidiano”, pero postergado, casi innominado: el indio. Ellos formaban otra nación. Siervos y domésticos de una república vencida. Dice el Hno. Noé “que optar por el Perú, a fines del Siglo XVIII quería decir únicamente querer el país donde se había nacido y querer hacerlo nación.” En este sentir y pensamiento estaban Rodríguez, Unánue, Baquíjano, primer grupo de precursores. La generación siguiente compuesta por Luna Pizarro, Riva Agüero, Mariátegui, Sánchez Carrión, querían la libertad. La propuesta de Rodríguez de Mendoza le trajo investigaciones y humillaciones. De nada sirvió su trabajo educativo de la clase dirigente en el Convictorio y otros desarrollados. Pero vinieron mejores días con la llegada de San Martín y la proclamación de la independencia. Al año siguiente se instala el Congreso Constituyente y elige a Don Toribio presidente de la primera sesión. Los días y años que siguen se vive en un ambiente enrarecido por la lucha ideológica, las tensiones en grupos diversos; la lucha política y lo que el Hno. Noé llama “la construcción de la Utopía oficial” con la presentación de las Bases de la Constitución. Se tuvo conciencia que se había creado algo nuevo estable y promisor. Legalmente se ponía coto a la ambición y al abuso del poder. El despotismo y la opresión han sido desterrados para siempre del Perú. (Hno Noé Op. Cit.) Sabemos que no fue así. Muchos movimientos y líderes surgieron y pasaron hasta la actualidad, pero sin el pensamiento y enjundia académico-constitucional.
Hoy vemos con añoranza que esos debates de antaño ya no se dan por la poca calidad de los líderes, rodeados de ambiciones y medias verdades; por posiciones antagónicas que hacen recordar a los godos de antaño y los auténticos peruanos. Hoy se ha dado paso en la política a la ambición, el oportunismo y a nuevas formas de tergiversar la verdad y el planteamiento fundamental no tiene un milímetro de profundidad, sino está lleno de enfoques e ideologías que responden a posiciones alineadas a intereses económicos antes que a la solidaridad, el respeto a los derechos de las personas. Se ha devaluado el debate, se hace caso omiso de los valores y se menoscaba la identidad nacional.
3. ¿Hacia dónde vamos?
El escenario político de estos meses y en especial de esta semana está muy turbulento, signado por actores que surgieron mayoritariamente, no por sus ideas, sino por hacer gala de autoritarismo unos y otros por su intolerancia. Todo ello en el disfrute de las libertades que permite la opción democrática que vivimos, pero que muchos tratan de debilitar cotidianamente.
El aniversario 196 de nuestra independencia nos encuentra bastante débiles como ciudadanía, con institucionalidad frágil, con carencia de líderes probos, con políticos de medio pelo. Frente a ello el trabajo educativo se hace bastante difícil. Es ir a contracorriente de manera permanente, pero con restricciones legales fruto de miedos y no de ganas de enfrentar con un nuevo enfoque educativo que rescate el humanismo como base y no reducirlo sólo al logro de resultados; a aprendizajes que verdaderamente fortalezcan la conciencia crítica, el debate auténtico y no falaz, el desarrollo de las auténticas capacidades y cualidades de la persona, y no copia de “experiencias exitosas” que muchas veces se imponen sin tener en cuenta que somos un país intercultural y que la diversidad es nuestra riqueza.
Preocupa saber a dónde vamos. Mucha suspicacia, mucha obsesión por lo económico y sus proyecciones y con razón por la corrupción que está en todas partes. Pero la preocupación mayor es no darnos cuenta que debemos rescatar al ser humano, enriquecerlo con principios, valores, y no con distractores que deforman el actuar y proceder ciudadano.
Para cerrar esta reflexión he elegido los siguiente párrafos del filósofo Salomón Lerner, que en rigor sintetiza el mensaje que debería iluminar este nuevo aniversario patrio rumbo al bicentenario: “Recordemos, que, bien entendida, la política es una suerte de ética social y como tal señala el deber-ser de autoridades y ciudadanos en el terreno de la vida comunitaria. Es por ello que hemos de entender que los problemas de la ética en la política no se limitan a los actos de corrupción que conocemos, es decir, al aprovechamiento económico del poder o de la función pública. Este tipo de actos suelen ser, comprensiblemente, los más impactantes. Pero, en rigor, las faltas éticas a la función política se extienden a un campo mucho más amplio y abarcan, en primer lugar, la forma en que las autoridades electas y nombradas se relacionan con la ciudadanía.
Hemos visto en la última década una tendencia de los políticos a ignorar los compromisos con su electorado prácticamente al día siguiente de haber sido electos. Hemos presenciado, también, una falta de interés en atender asuntos esenciales de interés público. Tomemos pues plena conciencia: todo ello, al igual que la corrupción, degrada nuestra democracia y reclama de nuestra parte vigilancia y sanción.” (Lerner Febres Ética en la Política en: http://larepublica.pe/politica/1064137-Etica-en-la-politica) Tiempo de reflexión y decisiones para que no nos duela la Patria a futuro. ¡Felíz 28! (25.07.17).