23
FEB
2017

El Perú como en los tiempos de González Prada

1. Vigencia. “El Perú es un organismo enfermo, donde se pone el dedo brota el pus” (González Prada). Esta frase lapidaria, muchos analistas y políticos la repiten para expresar la situación de crisis que vive el país. En esta turbulencia política desde hace unos siete meses, los intereses en juego son muchos. La ambición por un lado y la corrupción por otro. En democracia se viene reflexionando, se viene actuando y se trabaja por su superación. Vivimos en el país a merced de noticias, de informes, de análisis de hechos, que son recurrentes a reafirmarse en la crisis.
González Prada en este entorno sigue teniendo vigencia. Jorge Varas, escritor peruano, dice en una reseña bibliográfica de González Prada, hablando de la realidad: “Como escritor hizo un crudo diagnóstico de la realidad nacional, fustigó todo lo que le parecía tonto u horrible, las costumbres aristocráticas, la corrupción de los políticos, la actitud de los abogados que vendían la justicia al mejor postor, la falsedad de los periodistas al dar las noticias, los dogmas desquiciantes de los religiosos, las posturas inventadas de los héroes patrios glorificados en sus monumentos y hasta la forma de vestir, pensar y vivir de la gente de su época. Lanzó sus dardos literarios contra el inmovilismo y la hipocresía de las elites gubernamentales que regían los destinos del país: contra la falsedad de aquellos que aprobaban leyes favorables a su entorno familiar y su camarilla política, de los magistrados usureros, jueces que por una bolsa de dinero encarcelaban a los buenos y liberaban del presidio a los malos, de la mentira de los comunicadores de noticias que dañaban el espíritu y el cerebro de la opinión pública, de los hombres públicos, beduinos que ensalzaban la casta y el linaje de la aristocracia y los grupos de poder económico que estaba centralizado en la capital y discriminaban a los peruanos de las provincias del interior.” (http://jorgevaras.com/biografias/manuel-gonzales-prada).
Una frase calificada como retórica y panfletaria recogida en su libro “Horas de Lucha” tiene vigencia hoy para expresar vergüenza, rebeldía ante la forma impaciente como la clase política y la sociedad peruana ha sido permisible al punto de encontrarnos en esta situación pantanosa, donde se bebe día a día, denuncias, nuevas formas de robar al país desde el puesto de autoridades principales, cargos medios o de servicios.. Surge la duda sobre todo en aquel que ha sido autoridad que por sus signos exteriores se sabe que algo raro le ha sucedido: riqueza indebida. Sin embargo sigue campante gozando de privilegios.
La corrupción anidó en la vida política, en el quehacer ciudadano, en las familias, en las instituciones, en las organizaciones sociales, en el Estado y en la vida particular social y económica. Existe una parsimonia de contemplación que no permite actuar, que no hace posible desarrollar acciones en beneficio de la colectividad, sino de unos pocos. González Prada tiene vigencia hoy por su incisiva reflexión sobre lo que somos y hacemos. Expresó alguna vez: “los peruanos no somos capaces de elegir como legisladores a hombres justos y preparados, a los mejores estadistas, a los que realmente quieren hacer patria y no arrastrarla a la ignominia o empeñarla a especuladores nacionales y extranjeros, como si fuera un bien transferible. Parece que el tiempo no ha pasado porque esta frase tiene vigencia.
2. Corrupción en su garbanzal. La indiferencia de algunos al hablar de la corrupción -en el mercado, en el taller de mecánica, en la combi que respeta reglas solo si existen inspectores, en los presupuestos de obra y otras acciones de mayor envergadura- son un indicador nefando contra la ética y la moral. La laxitud con la que se trata el tema -más en la categoría de chisme que de información para conocer y sancionar- hace que el común de nuestra colectividad la haya incorporado con facilidad al decurso de la vida cotidiana. En el hogar, en reuniones familiares, en reuniones sociales, se trasgreden normas y leyes con el justificativo de “un poquito no importa”; como dijo el Presidente actual en una visita a Puno, refiriéndose al contrabando.
Laxitud, relajo, permisión de las buenas costumbres es sinónimo -tal vez- de emprendimiento. Esto debido a que muchos de los emprendedores que hoy se muestran como paladines del éxito y del empresariado, tienen una historia de vida poco edificante, parda, invisible.
Decía alguna vez refiriéndome a la corrupción que es como un comején que se introduce en la madera y la carcome por dentro. La corrupción llegó y se instaló en el Perú desde época inmemorial. En una época fue severamente castigada, hasta que llegaron conquistadores, virreyes y generales que le permitieron reinar en la sociedad, en sus costumbres, en sus negocios, en sus comportamientos. Comportamientos serviles, estableciendo normas y directivas entre instituciones del Estado, comercio y negocios. Todo fue penetrando la corrupción inclusive los poderes del Estado, como vemos actualmente. La complacencia y el “hacer de la vista gorda” se instalaron en todos los estamentos del Estado y la sociedad peruana. Carlos Trelles escribe en un diario: “Otro elemento es que estamos terminando de aceptar que llevamos 200 años de corrupción, y que en diferentes dimensiones todos los gobiernos han robado. Dejemos por favor la cantaleta oportunista de que el liberalismo econó¬mico es más propenso a la corrupción que el socialismo y sus derivaciones. La anomia colectiva depende de muchas variables, y de la historia política de cada sociedad.” (Exitosa Noticias. ¿Qué deja la caída de A.Toledo? 13.02.17).
Por más que se trata hoy de denunciar la corrupción y rasgarse las vestiduras y admirarse de lo que le ocurre al vecino, existen personajes que llegaron al poder en base a enjuagues corruptos y los “disfrutan” en su vida cotidiana, sin rubor, sin escrúpulos. Nuestra sociedad y algunas instituciones estatales y particulares alimentan el caldo de cultivo donde la corrupción se larva y se reproduce. La permisividad como regla social es la justificación. Es el garbanzal donde mora y reproduce la corrupción.
3. Corrupción y educación. No es el caso hacer un listado de los actos de corrupción que se dan en las instituciones educativas, entre docentes, entre padres de familia, entre alumnos, sino que se trate la corrupción igual que otras inconductas. Se detectó el bullying y se tornó “viral” en el ambiente educativo. Se puso de moda la palabreja y hasta se obligó que el MINEDU tuviera una oficina para recibir las denuncias correspondientes. A los que hacen apología al terrorismo se les despide del trabajo. ¿Y a los corruptos? Se denuncian los casos de corrupción pero sigue “el trámite”, hasta las calendas griegas o en el mejor de los casos en Lima las UGEL lo reciben y tramitan. ¿Cuáles son los resultados? Son reservados. ¿Por qué? Para evitar el escándalo. Se tiene en el sector muchos docentes sancionados, pero gozan de buena salud, en otra plaza del Estado sin ejercer funciones en el aula, pero siguen contaminando. ¿Por qué?
La preocupación se ha puesto en hacer de los directores buenos gestores, pero descuidando las prácticas educativo-pedagógicas. Muchas de las denuncias de instituciones educativas particulares clandestinas se han hecho últimamente por la estafa de ofertar el servicio educativo sin tener reconocimiento oficial ¿Qué se hará con ellas?
4. ¿Qué hacer? Complejo el tema. Debería actuarse en todos los frentes e instituciones del Estado y la sociedad civil. Fortalecer nuestro quehacer ciudadano con más democracia y promover en ella valores de crítica y autocrítica de la realidad que vivimos de antiguo, con muchos discursos y promesas, pero con líderes que traicionan su palabra como dos ex presidentes. Concluyo con la respuesta que dio José Luis Rénique en una entrevista, a la pregunta “El gobierno militar de Velasco Alvarado, el terrorismo de los 80 o el autogolpe de Fujimori marcaron historia. ¿Pasará lo mismo con los destapes de corrupción al máximo nivel? Todo depende de la reacción de la sociedad. Puede ser un quiebre, por ejemplo, si hay una renovación del sistema de justicia. Yo miro el país a la distancia, pero solo han discutido algunos columnistas y no parece haber una gran reacción colectiva frente al tema. Si no hay dirigentes políticos capaces de producir una respuesta política de esta situación, las posibilidades de que este acontecimiento sea un verdadero giro son bastante limitadas. Los acontecimientos que menciona fueron golpes muy fuertes a la conciencia nacional, pero los aprendizajes fueron más bien leves, o las respuestas que han producido han sido torcidas, limitadas, incompetentes, y nos han puesto en el camino de un nuevo desastre“ (La República, 13.02.17)
Tomemos en serio esta lucha contra la corrupción y cambiémosla allí donde se larva no dejándola crecer y menos desarrollarse. Aquí la educación de niños y jóvenes tiene la palabra. Educar y formar ciudadanos en democracia y para el ejercicio de sus deberes y derechos. Se habla mucho de valores ¿cuáles? En genérico suena a eufemismo. De otro lado se recomienda los cursos de formación premilitar, sin recordar que esa es la manera de mantener el autoritarismo, el culto al individualismo. ¿Por qué no rescatamos la educación democrática y participativa? A muchos se les escarapela el cuerpo, pero es lo que nuestro país requiere, si no quiere seguirse hundiendo. No esperemos lo que dice Rénique: “Vivimos a expensas de hombres providenciales. Nos tocó el aventurero Toledo, el aventurero Humala y volvimos ahora al hombre del establisment el señor Kuczynski. Probablemente en las próximas elecciones vamos a estar nuevamente a expensas de ese tipo de elección (Rénique, Op.Cit.). Además de la corrupción esa es nuestra enfermedad. Para combatirla y curarla sembremos más democracia y ciudadanía; ejerzamos nuestros derechos y cumplamos los deberes. La familia y en la escuela brindan el terreno y las oportunidades. (19.02.17)