27
MAR
2017

Emergencia y educación

1. No hay mal que por bien no venga. Estamos “navegando” en plena emergencia producida por “Niño Costero”. Sabemos cada día de la enormidad del daño y lo cuantioso que será el gasto para la reconstrucción. Pero hay recursos, tanto profesionales como monetarios. No debemos preocuparnos, lo afirma y reafirma el gobierno. Se está haciendo uso de la eficiencia y eficacia de instituciones del Estado que estaban “adormitadas” o invisibles. Empiezan a ser protagónicas en planificar, diseñar variadas estrategias para que la asistencia técnica, el alcance de los recursos y la ayuda humanitaria llegue, no como una dádiva más. Es un Estado presente a través de profesionales comprometidos que conocen su realidad.
Es una nueva manera de hacer política, donde lo partidario queda de lado, pues llama un objetivo superior que es servir a la patria en un momento de emergencia, en un momento de solidaridad sin chaqueta ni color político. Se actúa, no anteponiendo el favor al amigo, vecino o correligionario, sino el compromiso con el país que le brinda la oportunidad de servirlo. Ellos saben que no se reconstruirá la pobreza. Eso significa que se debe hacer realidad el llamado reordenamiento territorial, que se respetará la planificación que haga el Estado de nuevas ciudades y nuevas formas de desarrollar lo urbano donde se tenga como centro a la persona. Los políticos sí bien deben aprobar en el congreso esta nueva forma de diseñar la salida de la emergencia, no pueden estar de espaldas a una nueva forma de planificar, de solucionar problemas ancestrales, donde la equidad sea un eje central, la solidaridad su complemento y el conocimiento y respeto a los derechos humanos la motivación permanente. Una dinámica nueva, centrada en el respeto y bienestar para todos, viviendo en armonía con la naturaleza y respetándola, pues es nuestra casa común.
Ese debería ser el espíritu que aliente las acciones de reconstrucción luego de la emergencia, Sabemos que tenemos coraje para levantarnos, nos alienta la solidaridad de todos y queremos legar a las nuevas generaciones una nueva manera de hacer país. Que el bicentenario de nuestra independencia no nos encuentre sólo con ceremonias del recuerdo, sino con realizaciones y transformaciones de fondo, cuantitativa y cualitativamente. No es hora de replicar el clientelismo, sino valorar la capacidad de las personas de las zonas azoladas, ellas requieren de mucha solidaridad y de respuestas concretas que también los haga comprometerse con el ahora y con el futuro para salir adelante en el desarrollo local y regional que el país requiere. ¿Quién podría oponerse? Sólo los egoístas.
2. Agenda pendiente. El momento que estamos pasando ha sido oportuno para evidenciar algunos temas pendientes en la agenda educativa. En perspectiva de una emergencia y reconstrucción no sólo de las zonas geográficas, debería tenerse en cuenta dos elementos centrales que serían disparadores del cambio que necesita el país en lo educativo. Dos elementos, tantas veces mencionados, pero nunca profundizados: la descentralización y la autonomía educativa
Somos un país cuyo sistema educativo es todavía centralizado. Toda decisión pasa por el ministerio de educación, los gobiernos regionales y los representantes locales. La descentralización en educación, es decir, repartir las responsabilidades entre los distintos componentes del sistema educativo, podría ser una posible solución para mejorar de manera equitativa la educación. En este sentido debería impulsarse dentro de los parámetros dispuestos un sistema educativo que apunte a instituciones educativas con buena infraestructura, con mobiliario adecuado y materiales educativos que colaboren en brindar una buena educación, que no sólo se queden en la mejora de los aprendizajes de los alumnos, sino también en resolver los problemas educativos de la comunidad, generando respuestas adecuadas, flexibles y creativas. En este sentido, es muy importante el papel del PEI (Proyecto Educativo Institucional) que cada institución educativa debería tener actualizado. Este proyecto no es responsabilidad ni patrimonio de una sola persona o de un grupo de personas. Debería recuperarse el PEI que es una alternativa para la gestión, en el contexto del sistema educativo y de la directiva para el año escolar. El PEI tan nombrado, será válido si logra un cambio en la perspectiva de la institución educativa a partir de la intervención, el aporte y el compromiso de sus miembros. El PEI al aplicarse permitiría ir configurando en cada institución educativa la autonomía escolar, pues promovería una organización democrática de la escuela. Si recordamos, la institución educativa tiene centralizadas las decisiones, es poderosa en la cúspide, pero muy débil en la base. El director representa el poder y los docentes y padres de familia la base. El PEI permite distribuir esta capacidad de decisión a partir de la toma de decisiones de manera autónoma, y requiere dar necesariamente información y crear redes de circulación de la misma en toda la comunidad y el entorno. El PEI es el generador en cada institución educativa, de la detección de los problemas, de los avances y obstáculos en el proceso enseñanza aprendizaje, de la situación de los docentes –académica como laboral-, y del rendimiento de los alumnos.
En este sentido la autonomía de la institución educativa, no quiere decir que cada una hará lo que desee, ni que cada una deba manejarse con los recursos que pueda conseguir. La descentralización significa correr riegos, si no se toman decisiones bien pensadas. El riesgo principal es que se empiecen a manifestar diferencias entre aquellas instituciones educativas que tienen recursos y aquellas que no los tienen.
Es aquí donde el ministerio nacional y las direcciones regionales deberían establecer los marcos dentro de los cuales las instituciones educativas encuentren sus propias respuestas y facilitarles su planificación y desarrollo a partir del PEI. En ese sentido se debería garantizar que todas las instituciones educativas cuenten con los recursos necesarios para brindar una buena enseñanza. La descentralización educativa se fortalecerá si el eje nación y región, son fuertes y claros en las directivas consensuadas y que cuente con profesionales que compensen las desigualdades con su desempeño y enfoquen las estrategias del aprendizaje teniendo en cuenta los enfoques que requiera la realidad, en nuestro caso, el enfoque intercultural.
Este modelo, diseñado hace mucho tiempo, tiene como eje la unidad en la diversidad y en la fundamentación filosófica del sistema educativo donde la unidad se preserva y alimenta articulando las identidades regionales. Debe desterrarse esa errónea concepción que la descentralización educativa y la gestión se dan sólo por el cumplimiento de la norma, tampoco por transferir las funciones a los gobiernos regionales, locales, pues de acuerdo a experiencias latinoamericanas ello no resulta. Debe enfatizarse en desarrollar capacidades locales de profesionales de la educación para que asuman la política educativa y la gestión de sus instituciones educativas de acuerdo a la política del sector, y a la ley general de educación.
3. Empezar ahora. Esta emergencia ambiental podría ser el motivo para que nuestra educación nacional empiece un proceso de renovación en concordancia con los objetivos planteados en el PEN. Se requiere una estrategia renovada a la implementada, que haga posible la dinámica de alcanzar logros de una buena educación no sólo acicateados por la Prueba Pisa sino por cimentar procesos en las instituciones educativas como las comunidades de aprendizaje promovidas por los propios docentes, que aborde temas que científicamente está demostrado que funcionan mejor. Opciones metodológicas factibles y en la perspectiva de la buena enseñanza y no las que entorpecen el aprendizaje. Los resultados registrados en el PEI darán cuenta histórica de los logros de la buena educación; de la buena aplicación de los recursos; de la introducción del valor ético en el proceso enseñanza aprendizaje. ¿Es mucho pedir?
La promoción de las comunidades de aprendizaje es la clave para alcanzar una buena educación en nuestras instituciones educativas y por ello son los docentes los únicos cualificados y capaces de llevarlas adelante. El reto del sistema educativo es confiar en la iniciativa de los PEI, bien pensados y planificados, que equilibren necesidades de una realidad diversa y una sociedad democrática con deseos y necesidades de los ciudadanos que la componen. Si queremos una educación buena y renovada, volver a centrarse en el PEN como inspirador de directivas. Que la estrategia sea planteada y desarrollada por los protagonistas directos, los directores y docentes de las instituciones educativas de cada región. Dejar de llamar al ciclo escolar -que se iniciará el 27 de marzo, para unos y para otros otra fecha de abril-, recuperación y ajuste, de algo que no se inició plenamente, y atender demandas de docentes, atender lo que deben ser conocimientos básicos y necesarios que cada nivel/grado debería saber, conocer, investigar. Aprovechar la emergencia y regalemos para el bicentenario una buena educación, no para la competencia sino para el desarrollo de la persona y su realidad. Todo ello con enfoque intercultural. Ahí está el dinamismo y la diferencia que debe ponerse y no la rigidez administrativa. ¿Podría ser posible?