08
MAY
2017

La Innovación en la Educación (I)

1. Contexto. Una palabra que viene siendo nombrada y demandada en cuanta política pública se diseñe: innovación. En cada disciplina, especialidad, profesión se conceptualiza de diferente manera. Pero en suma ¿qué es innovación? Es un cambio que conlleva una novedad. Etimológicamente procede del latín innovatio, que a su vez proviene de innovo que significa “hacer de nuevo”, “renovar”. La palabra incluye el sufijo in que significa “hacia dentro” y novius, que alude a “nuevo”. En nuestra cultura se le da el significado de reforma, renovación, cambio novedoso. (http://dle.rae.es/srv/fetch?id=Lgx0cfV).
Existen muchas formas de innovar en el campo del conocimiento, de la producción, del arte, del mercado, de la tecnología, de la educación. Cada una con su propio matiz, pero respondiendo a la propia raíz de la palabra.
En educación implica introducir cambios novedosos, para mejorar el proceso enseñanza-aprendizaje. Esto conlleva a involucrar y modificar elementos constitutivos como materiales, actividades, utilización de métodos, formas de evaluación y otros complementarios. Todos dirigidos a producir cambios conceptuales que inciden en la formulación de conocimientos y saberes. La transformación se evidencia en el enfoque del contenido, en la elección de un método, de una actividad, tratando de encontrar el vehículo más pertinente para mejorar la enseñanza del docente y el aprendizaje del alumno. Implica modificaciones en la ambientación del aula, mejoramiento del clima escolar, el desarrollo de la capacidad para investigar, para desarrollar competencias individuales y la formación de hábitos de estudio.
Desde hace muchos lustros en nuestra educación se habla de innovación, pero no se evidencia su impacto en el aprendizaje, pues se sigue atando los procesos al dictado de la lección, a la tarea para desarrollar en casa, al aprendizaje memorístico antes que al razonamiento y apropiación del saber, su aplicación y generación de conocimiento. Las experiencias que existen y se desarrollan pareciera que no impactan en las políticas educativas
¿Existe una preocupación en seguir promoviendo innovaciones y concursos a pesar del poco impacto de los resultados? ¿Existe una respuesta pedagógica para el problema planteado?
Los esfuerzos de los docentes y la puesta en práctica en las aulas de proyectos de innovación ¿por qué no son tenidos en cuenta y socializados en las capacitaciones? ¿Cuántos años debería pasar para que la innovación educativa se vuelva parte del sistema educativo? ¿No se ha estudiado/investigado el proceso de innovación y lo que significa el esfuerzo del docente para realizarlo y su impacto en el sistema educativo?
2. Desde las fuentes. La inercia de nuestro sistema educativo para valorar el aporte de los docentes al proceso enseñanza – aprendizaje, es tediosa. La evaluación del desempeño docente, que recién se va a poner en práctica en el país, debería considerarlo.
Inés Aguerrondo nos hablaba en 1992 que los esfuerzos realizados para llevar a cabo “urgentes transformaciones” no han sido demasiado exitosos, si apreciamos los resultados. (Perspectivas, Vol. XXII, N°3,1992) Todo lo realizado se centra en lo normativo, en planificación, con matrices, indicadores y resultados, que han demostrado que son ineficaces en la práctica. ¿Por qué? Porque no encuentran una vía pedagógica adecuada que permita fluir y promover profesionalmente las innovaciones educativas en las escuelas, a pesar de que el discurso oficial sugiere lo contrario. Eso se debería a que el sistema educativo sigue guardando sus rasgos propios que reproducen muchas de las características tradicionales que se reflejan en una relativa inmovilidad de las estructuras educativas, que coexiste con la tendencia a la innovación. Es bueno preguntarse entonces ¿Qué características debe tener este proceso, qué mecanismos en la estructura institucional del sistema educativo se requieren para alentar o recortar estos intentos? Preguntas clave, que demandan una respuesta de política educativa que permita hacer realidad la transformación del sistema vía la innovación desde el aula.
Dice Matus, 1976, que el motor de la transformación es la contradicción de las fuerzas opuestas. (MATUS, C. 1976. Planificación de situaciones. Caracas, CENDES.) Aguerrondo, por eso, definiendo la innovación en este contexto, nos dice que es “…todo intento de ruptura dado por el funcionamiento “rutinario” del sistema educativo, que puede ser un ajuste cuando no se altera la estructura básica, y una transformación cuando sí lo hace”. (Aguerrondo, Inés. Op. Cit.) La estructura básica es compleja y está conformada entre otros por ejes de soporte que deben trabajarse si se quiere lograr el cambio: enfoque político – ideológico y técnico–pedagógico. Cada uno aporta a la definición de la estructura básica del sistema educativo. Otros elementos existen y contribuyen a la organización de la estructura fundamental de la educación. Ellos son, entre otros, definición del papel de la educación y la escuela con la sociedad; concepción del conocimiento que se asume; concepción de la enseñanza y del aprendizaje y perfil psicológico de los alumnos. Todo ello interviene a nivel del sistema educativo, al igual que formas de organización y modelo de escuelas que respondan a este oferta innovadora. Si no responde no se puede hablar de una innovación propiamente dicha. Se habrá aportado a “mejorar” el sistema, pero no a transformarlo.
Tenti Fanfani (1987) citado por Aguerrondo, nos dice: “La pérdida de la calidad que se registra hoy en nuestra educación tiene que ver precisamente con el hecho de que la definición de los ejes fundantes que estructuran nuestra realidad educativa corresponde todavía a las concepciones vigentes en la época del surgimiento de los sistemas escolares” (TENTÍ FANFANI, E. 1987. Consideraciones sociológicas sobre la calidad de la educación. México. Universidad Pedagógica Nacional).
3. ¿En qué estamos? Poco sabemos. Se habla mucho de innovaciones, pero ¿impactan al sistema educativo? ¿Han trascendido las experiencias recogidas en los concursos convocados? ¿Se han sistematizado las experiencias? ¿Por qué no se difunden los resultados? No se trata de “copiar” experiencias y modelos. Se trata de ir al fondo de la transformación del sistema que enuncia, proclama pero no practica lo que manifiesta. Las transformaciones realizadas son maquillajes al viejo modelo, pero en el fondo se mantienen los mismos hábitos, conocimientos –actualizados sí – pero su aporte no permea la gruesa capa de la rutina, de la burocracia que se refleja luego en el rendimiento.
Echar la culpa al docente, a su falta de capacitación, cuando no se obtienen resultados expectantes en evaluaciones y no pensar en el sistema educativo, si es conveniente o no para la época actual, es una contradicción permanente. Apuntar a un buen sistema educativo que promueva la innovación, no significa educar y formar alumnos “emprendedores”, sino con capacidad crítica, que desarrollen sus capacidades no en función de una nota, sino en la perspectiva de realizarse como personas, como profesionales y como ciudadanos que aporten a la construcción de una sociedad democrática, equitativa y solidaria. La innovación educativa debe ir también en esa perspectiva, si no es un globo de ensayo sin trascendencia para el cambio de la educación. (07.05.17)