01
JUN
2017

La Innovación en la Educación (IV)

1. La participación en la innovación. Históricamente, la participación en educación se ha dado de manera tecnocrática, es decir las propuestas de cambio educativo se elaboran en la sede central del sector y se aplican en las instituciones educativas, pues se supone que el docente está preparado para aplicar la medida, en este caso la innovación. Aplicar la innovación mediante una directiva, una norma no garantiza ni la mejora en el aprendizaje y menos en la transformación del sistema educativo. Muchas veces la lógica de los técnicos/especialistas no coinciden con la realidad, por el contrario originan resistencias de quienes deben realizar el trabajo concreto -los docentes-. Ellos deberían ser convocados e integrados desde el diseño de la innovación educativa, para que se involucren en el proceso.
El factor político, nuevamente con razones poco pedagógicas, permite tomar decisiones con la premura que se desea y que retrasa el conocimiento de las innovaciones a docentes, y padres de familia. Esto origina resistencias que afectan el proceso de aplicación y desarrollo de la innovación y la presentan como una iniciativa que no aporta, pero sí perjudica a los alumnos. Los que la conocen, la aplican para cumplir con la directiva, sin experimentar previamente; y de acuerdo a los resultados: la aceptan a medias, la modifican, la adecúan, o la desechan. Por ello la decisión muchas veces convierte en falacia la propuesta innovadora y, además, no permite ninguna transformación del sistema educativo y menos en el proceso enseñanza – aprendizaje.
2. Problemas en instrumento de participación y perspectivas. En la historia de Latinoamérica se dice que para revertir el rechazo a la innovación se estableció la participación de los docentes en presentar el problema, en diseñar una propuesta innovativa y aprobarla. Inés Aguerrondo recoge este sentir en el trabajo citado en la primera entrega de esta secuencia. Se pensó que con ello estaría solucionado el tema del rechazo a la innovación. Sin embargo no se le consultó a los docentes. Por ello hoy después de muchas décadas se pregunta ¿Es la participación de docentes y comunidad educativa un elemento perturbador del cambio? No. Por el contrario, enriquece y afina mejor la propuesta, si se hacen caso a sus sugerencias, aportes. El problema se presenta cuando la participación debe desarrollarse en ambientes autoritarios, jerárquicos y burocráticos.
Existe muy poco trabajo de investigación educativa sobre la participación en el proceso de formulación de las innovaciones. Las que existen ponen énfasis en lo puramente académico y no en lo pedagógico. En lo administrativo y resultados, no en el diseño y construcción del proceso innovativo. En lo que sería la utopía innovativa como promotora de mejores aprendizajes y no en la realidad donde se aplica. Se enfatiza en la política educativa generadora de las iniciativas, pero no se la caracteriza. La innovación para que sea participativa debería ser abierta, democrática, que atienda a la variedad de alumnos (la realidad), al desarrollo y mejoramiento de la educación (lo pedagógico). ¿Responde esto a una concepción ideológica o simplemente a una consigna política alejada de la reflexión de una política pedagógica dirigida al mejoramiento del proceso enseñanza-aprendizaje? ¿Responde a un modelo de educación empresarial dirigido a la competitividad mecánica, emprendedora y no al aprendizaje sustantivo?
Sirvent, M.T. (1984) establece la diferencia conceptual entre lo que llama participación real y la participación simbólica. La real es cuando se realiza a través de acciones y se ejerce poder en todos los procesos de la vida institucional (toma de decisiones en diversos niveles, en toda la institución escolar así como en determinar metas, estrategias y alternativas específicas de acción; en el desarrollo de decisiones; y, en la evaluación permanente del funcionamiento institucional). La participación simbólica se refiere a las acciones que no se ejercen, o se practican en grado mínimo y tienen influencia en la política e influencia institucional. También, cuando generan en los individuos y equipos de la institución, la ilusión de ejercer un poder que no se tiene. (“Estilos participativos ¿sueños o realidades?. En Revista Argentina de Educación Año II N° 5). Hablar de participación en política educativa y en el caso explícito de diseño de una innovación educativa, genera cierta suspicacia, pues se actúa dentro de un “verticalismo” administrativo autoritario, que colisiona con la creatividad a la que invita toda innovación. Se ejerce un poder que se percibe desde la redacción de la directiva, sus lineamientos y advertencias sancionadoras. En este escenario ¿quién participa? Se dice que toda la comunidad educativa, pero de manera especial los docentes. Sin embargo esto es lo ideal convertido en la decisión, pero no en la aprobación y difusión plena de la innovación. Existen puntos críticos sin duda, más allá de los técnicos, que deberían liberarse si se le transfiere la responsabilidad plena a la escuela, respaldada por la UGEL y la DRE. La responsabilidad de una buena educación la hacen posible los docentes y la comunidad educativa de las instituciones educativas y no una fría directiva que es un mandato. El quehacer educativo y el desempeño profesional del docente son los responsables del diseño y desarrollo de la innovación. Por supuesto también de los resultados que se aporten mediante la evaluación de las actividades y su contribución al mejoramiento de los aprendizajes. Vivimos una pseudoparticipación, pues aquello que se moteja como participativo, no es tal. Es solo medianamente participativo. Aguerrondo frente a la participación real y la simbólica, expresa “…el protagonista indiscutido de una transformación real es el personal docente de la educación”. De ahí que es necesario considerar que la política educativa debe considerar a los docentes como los técnicos por excelencia de la educación, poseedores del saber pedagógico. Con este reconocimiento la participación en la innovación educativa será posible. Será menos burocrática, más colaborativa para alcanzar la buena educación que debe brindar un estado democrático. Los docentes son los que hacen posible el proceso de cambio en educación y no los funcionarios políticos que son “aves de paso”, con brillantes ideas, que responden a la tendencia global en boga y no para educar y formar a los ciudadanos que el país requiere.
3. La participación es posible y necesaria. Una buena educación demanda recuperar los espacios de la pedagogía, de la metodología que han sido reducidos para enfatizar el cumplimiento de indicadores, y resultados. También al docente como protagonista principal del proceso educativo y como profesional de la educación, responsable de los aprendizajes de los alumnos.
Este protagonismo que debe recuperar el docente es complejo pues tiene ámbitos y alcances diferentes. En ese marco de la participación debe ordenarse los elementos de la innovación para hacer posible la transformación deseada en el aula, en la escuela, en el sistema educativo. El docente no puede ser el responsable de resultados solamente sino protagonista y participante en el proceso de la innovación. No puede ser un mero espectador de decisiones y no sólo en la parte de la implementación de un proyecto. ¿Y en el diseño de las estrategias y evaluación? Allí las decisiones están diseñadas y corroboradas por quienes tienen el poder de decisión. Se vuelve de esa manera a replicar un modelo elitista donde unos pocos planifican y los docentes ejecutan y aplican. ¿Por qué? Si la innovación es exitosa y aporta, quienes tomaron las decisiones son los que son reconocidos y “felicitados” por resultados y logros, sin embargo cuando sucede lo contrario, son los docentes los que cargan con todo lo negativo. La participación en este momento es como decimos “un saludo a la bandera”. Se vuelve un largo y difícil proceso de aprendizaje, de conocimientos, actitudes, habilidades y destrezas que es necesario modificarlos, transformarlos para que los docentes puedan ser protagonistas auténticos y garantes de que la innovación puede tener efectos pedagógicos en el proceso enseñanza-aprendizaje.
La participación de los docentes en la innovación educativa es un proceso de aprendizaje que va “creciendo” por etapas intermedias, donde lo importante es que todos los participantes en el aula, en la escuela, se sientan comprometidos y se enfrenten en función de alcanzar el objetivo que es lograr mejores aprendizajes en los alumnos y mejora en el desempeño docente. El sentirse protagonista y comprometido profesionalmente con la mejora de la educación significa estar involucrado en todo el proceso innovativo. Una tarea que deberá asumirse será la de demostrar que la transformación educativa es posible si cuenta con cimientos pedagógicos básicos, fundamentales y no responda sólo a demandas técnicas y aleatorias.
La participación del docente en todo el proceso de innovación educativa es fundamental e irrenunciable. No reconocerlo es apostar por un discurso postizo, efectista, que no apunta a la esencia de la transformación del sistema educativo y menos de la mejora del aprendizaje. Los efectos se alcanzarán no sólo respondiendo a estándares internacionales, sino a requerimientos locales, nacionales, que puedan verificarse, mostrarse en la realidad y no sólo de palabras. Es un derecho. (28.05.17)