02
MAY
2017

La monotonía de los simulacros. De la Defensa Civil a la Gestión de Riesgos

1. De un tiempo a esta parte. Los docentes que están en aula, saben bien que la rutina “aburre”, “cansa” a los alumnos. Eso es lo que ocurre con los llamados “simulacros” que intentan preparar el qué hacer frente al eventual desarrollo de un sismo. La rutina se reduce a saber ubicarse, dónde ir a encontrarse con una isla de seguridad, donde deberían haber otros alumnos y tomados de la mano en círculo permanecer hasta que ocurre y pasa el sismo. ¿Y después? En orden, de acuerdo a la intensidad del sismo, retornar al aula, y proseguir las actividades. ¿Y si el sismo es muy fuerte que se pasa los 6° Richter? ¿Qué hacer? Todo queda librado a la iniciativa del docente, o del responsable encargado de la seguridad, de los que se desempeñan como enfermeros, etc. Todo se convierte en una pantomima a la que se añade el miedo, el temor, la inseguridad. ¿Todo ello se revisa en clase y se dan las recomendaciones luego del simulacro? Lo dudo. Más de un profesor quiere “recuperar” el tiempo “perdido” en esta actividad.
Vivimos en un territorio sísmico., También de emergencias climáticas. Sin embargo, no le damos importancia.
Hace tiempo existía antes una cartilla de Defensa Civil que se desarrollaba en el curso de Educación Cívica. Se ponían recomendaciones mínimas a seguir. Hoy se cuenta con un “Plan de Gestión del Riesgo de Desastres en instituciones educativas”, elaborado por la Oficina de Defensa Nacional y de Gestión del Riesgo de Desastres del Ministerio de Educación que tiene como finalidad desarrollar una Escuela Segura. Se trata de generar y desarrollar capacidades, para reducir los efectos de eventos telúricos y reducir su vulnerabilidad. En suma formar una cultura de prevención y el desarrollo de capacidades para la atención y rehabilitación de ambientes y la restitución de las actividades educativas luego de la emergencia. En algunos casos es la base para una buena reubicación y reconstrucción de la infraestructura educativa. ¿Todas las instituciones educativas cuentan con ese material? ¿Cuántas lo han incorporado en su PEI y desarrollan determinados contenidos básicos? ¿Se ha trabajado una guía ad hoc para cada institución educativa? ¿Se ha evaluado?
2. Del dicho al hecho. La semana pasada se realizó el primer simulacro del año. A no ser por los medios, la comunidad no se enteraba de este hecho. ¿Por qué? De tanto repetir la rutina de siempre, se volvió un acto sin sentido donde todos corren y desempeñan el papel de autómatas y repiten lo que por años les han hecho aprender qué se debe hacer en caso de sismo. ¿Es que sólo los sismos son los que deben ponernos alerta? ¿Qué si ocurre un incendio? ¿Qué si se rompe una cañería matriz de la institución educativa? ¿Qué si ocurre un asalto en horas de clase? ¿Qué si ingresan desadaptados a la escuela? En fin, ponerse en la situación de varios escenarios.
¿Qué hacer? ¿Cómo reaccionar? ¿Sirve de algo la consigna que se ha dado para el caso de los sismos? ¿Qué tienen pensado en la institución educativa para la comunidad educativa? ¿Sólo deben pasar a “ver” si a sus hijos les pasó algo y recogerlos? ¿Cómo se les informa en la prevención? ¿Qué participación deberían tener en estas circunstancias? ¿Se ha previsto la distribución de responsabilidades para que el trabajo no sea sólo de los docentes, sino que también ellos pueden ayudar a mitigar la emergencia, pensando en la institución, sus equipos, materiales y no sólo de manera egoísta sólo en sus hijos?
Las repeticiones con actores que solo acatan órdenes, pero no conocen más allá sobre lo que se puede hacer en ayuda, en solidaridad, en preservación de los materiales sin poner en riesgo su integridad física y emotiva, es necesario abordarla en el lapso que va de un simulacro a otro.
En cada región, en cada localidad, existen formas de abordar estas emergencias para no caer en la desesperación. Nuestro país es diverso y por lo tanto tiene diferentes maneras de reaccionar, que deberían conocerse, valorarse y enriquecer los procedimientos de seguridad, de protección, de prevención, de atención en primeros auxilios, de información a los canales que deben estar enterados de lo sucedido. Sin duda habría que diseñar algunas actividades que permitan dinamizar alertas que no hagan caer en la rutina y el desencanto de quienes quieren ser protagonistas y no sólo receptores de ideas, directivas, que ciñen actitudes y decisiones en torno al desarrollo personal. ¿Por qué no darle un viso pedagógico al mensaje de prevención que se desea sea asumido por toda la ciudadanía? ¿Cómo generar sentido, oportunidad y convicción que somos realmente un país diverso y por lo tanto expuesto a las contingencias en la compleja naturaleza en que vivimos? ¿Cómo hacer que desde niños y jóvenes este segmento de la población sea protagonista que aportan a la problematización y búsqueda de una solución respetando derechos y cultura de la persona? ¿Cómo tener presente el concepto de prevención en la totalidad de actividades educativas? ¿Se trata de reconceptualizarlos o de involucrarlos en lo cotidiano de la vida escolar?
Una cosa es lo que se concibe y decide desde la sede central donde se diseñan las políticas educativas y la distancia se alarga en las regiones en reflexión, en toma de decisiones, en concreciones que permitan preparar un clima educativo ajustado no sólo a la buena educación sino además en la formación de los futuros ciudadanos que forman la renovación generacional en el país.
3. Precisiones. En el momento actual lo que demanda la situación son puntuaciones que se deberían hacer en una situación de excepción como la que vivimos y en previsión de futuras situaciones.
Es bueno actualizar el conocimiento de la realidad del entorno donde se encuentra la escuela, en el barrio, en el distrito, en el caserío, centro poblado, la provincia, en la región. El PEI seguro que cuenta con esta información básica que debería actualizarse de manera continua. Los alumnos deberían conocer la historia y la situación de la realidad donde se encuentra la escuela. Otro elemento que no se toma en cuenta y que por lo general no se difunde, es un directorio de las instituciones más importantes del distrito: Gobernación, UGEL, Dirección Regional de Educación, Alcaldía, Comisaría, Hospital distrital, Posta Médica, Parroquia, medios de comunicación (radios, TV, diarios locales). El directorio debería contener la dirección de la institución, el correo electrónico, el teléfono tanto fijo como celular, el nombre de la persona responsable.
En cada institución educativa podría formarse equipos de emergencia con especificidad: Equipo de Operación de emergencia: constituido por el director representante de docentes y de padres de familia. El equipo coordinaría las acciones de los demás equipos. Es el responsable de la organización en situación de emergencia y la comunicación. Equipo de búsqueda y rescate. Conformado por padres de familia y docentes. Su misión es “peinar” el local escolar y buscar heridos, atrapados, etc. Equipo de Primeros Auxilios, constituido por profesores, padres de familia y alumnos. Este equipo categoriza a víctimas y heridos. Equipo de Evaluación, Seguridad y Daños. Constituido por padres de familia y docentes. Pasado el peligro, deberán hacer una evaluación preliminar del edificio, reportar la severidad de los daños y su naturaleza, al Centro de Operaciones de Emergencia. Equipo de entrega de alumnos a sus padres. Está constituido por docentes. Equipo de apoyo constituido por padres de familia, docentes y alumnos. Dan apoyo básico para el bienestar de los alumnos. Deben conseguir, preparar y servir alimentos y agua. Los auxilios externos que apoyen deberán coordinar con el equipo de operación de emergencia. Cada equipo debería contar con un agregado de sus funciones
Sería recomendable diseñar un cursillo de primeros auxilios para cada una de las secciones de la escuela en coordinación con la Posta Médica/Hospital. En esta actividad debería participar los padres de familia. No basta que en el simulacro existe una brigada única sino que ella coordine las demás brigadas especiales de las secciones para una atención no sólo en la evacuación sino además en la evaluación de los damnificados y su atención inmediata.
Debería contarse en cada institución educativa con el texto del Plan de Gestión de Riesgo de desastres en Instituciones Educativas (www.minedu.gob.pe/fenomeno. O Fenómeno del Niños. Escuela Segura. (http://www.minedu.gob.pe/fenomeno-el-nino/pdf/atriptico-fen.pdf). Convendría hacer una lectura con los equipos responsables y difundir las ideas principales a la comunidad y el alumnado.
No estandarizar las medidas. Cada realidad es diferente. Es necesario que el director y los docentes, inspirados en los documentos, elaboren su propio plan y guía para la emergencia. De la iniciativa de cada institución y sus miembros dependerá que el paso de la emergencia a la normalidad no sea traumático. Esto también es un aprendizaje que no debería descuidarse. Que el simulacro deje de ser una rutina. Debería despertar cualidades de alerta, de otros aprendizajes, solidaridad. De esta manera los alumnos y comunidad tendrán más interés y comprensión que ante los embates de la naturaleza. Hay que respetarlos y comprenderlos. Aprendamos a ser protagonistas y no víctimas. (30.04.17)