27
FEB
2017

Las redes pedagógicas y el internet (III)

1. Precisando. A lo anteriormente desarrollado (I-II) deberíamos precisar algo que sabemos, pero que debemos tener en cuenta para no hacer rutinaria la interacción y que la red “vibre” y o permanezca tensa. Deberíamos tener presente siempre que los adelantos de la tecnología convenientemente utilizados repotencian el trabajo educativo y el proceso enseñanza y aprendizaje. En la red el internet nos depara un sinnúmero de posibilidades y oportunidades si lo sabemos incorporar al trabajo profesional, sea de investigación, de estudio o de apoyo a los trabajos de aula.
El internet en la red podría definirse desde dos ángulos: el tecnológico y el personal. Desde el punto de vista tecnológico permite conectarnos a una gran cantidad de computadoras conectadas entre sí de diversas maneras (mediante la línea telefónica, la conexión satelital, las fibras ópticas y otros elementos) formando una gran red.
Desde el punto de vista personal el internet permite formar una comunidad de personas que comparten ideas de información con la más absoluta libertad.
Según Miguel Lederkremer1, el internet es:
• Una fiesta con más de 70 millones de invitados, que se comunican al mismo tiempo
• Un televisor con más de 70 millones de canales
• Una enciclopedia donde está casi todo el conocimiento humano digitalizado
• El quiosco con más de 70 millones de revistas digitalizadas
• Un gran centro de compras en todo el planeta
• No es una autopista de datos, ¡es una montaña rusa!
Pensar que al estar conectadas las computadoras entre sí, se puede acceder al disco duro de una de ellas y ver sus archivos. Por ello con el internet se puede obtener información sobre cualquier tema, realizar compras, conocer a otras personas, leer noticias, intercambiar ideas, conocer y obtener otros programas.
2. De la utopía a la realidad. El tránsito de lo deseable a lo real; del avance tecnológico de punta a nuestra realidad local, regional, a veces desalienta pues la calidad del servicio que se brinda no es el mismo que se encuentra en la realidad. Y esto es un obstáculo para la comunicación, para el envío de los trabajos, para conectarnos y ponernos a “vibrar” en red.
Los esfuerzos que se vienen dando, exitosos en algunos casos, cuando se trata de desarrollar proyectos intra aula, pero no proyectos de investigación en red. Se han dado desarrollos personales de contenidos y en la profesionalidad con que se interviene lo que le da sostenibilidad, sin embargo de otro lado existe la falta de disciplina, para cumplir con los compromisos que se asumen a nivel de red. Sin duda la respuesta es débil aún. Si lo comparamos con el esfuerzo desplegado en las acciones previas, en el entusiasmo puesto al responder a un reto, la respuesta es desigual. Existen ejes de la organización que reflejan una debilidad: los contenidos. ¿Se puso igual énfasis para la selección de un tema central de la investigación, o del evento a realizar, que para las actividades organizativas? ¿Qué metodología se siguió? ¿Por qué existen temas reiterativos que se desarrollan cíclicamente? ¿Cuál es el aporte desde la experiencia con relación a la aplicación de los temas? ¿Cuál es el alcance de la reflexión y propuesta desde la investigación educativa? Las conclusiones ¿sirven para el fortalecimiento del discurso pedagógico? Podrían seguir las preguntas y el análisis. Una cosa es el deseo y otra la realidad
Se ha crecido, tal vez, articuladamente como red, pero a costa siempre de quien tiene la responsabilidad de organizar, de promover el tema, la investigación, el próximo evento. Es el coordinador de la red el que se compromete a promover al grupo. ¿Cómo participa e resto de los miembros? La red “vibrará” articulando intereses, motivando, promoviendo, circulando información, abordando temas de interés para los miembros, sugiriéndoles canales de información con los cuales puedan abrir comunicación. Cada miembro podrá abrir liderazgos de acuerdo a sus intereses, sin perder de vista los objetivos y finalidades de la red de origen. De vez en cuando es recomendable hacer una autocrítica y revisión del trabajo así como del funcionamiento, al punto de tomar decisiones como refundarla cuando se ve que se aparta de los objetivos o no aporta a los miembros.
3. Una red que enrede. Todos los participantes deberían verse comprometidos con el objetivo de la red y sobre todo con uno referido a la autoformación permanente. Vemos hoy cómo se vienen diseñando “cursos” no presenciales que tienen como centro y eje el funcionamiento a partir de una red creada por la matrícula, por la participación registrada, por el aporte en los trabajos de las mismas, por el pago de los costos. La diferencia es que es voluntaria, depende del interés profesional el participar de los eventos que se ofertan. El costo es la voluntad e interés y disciplina que se ponga en su funcionamiento constante.
Una red pedagógica debe responder a los requerimientos pedagógicos y técnicos de la profesión, al desarrollo y desempeño de los docentes. Su creación es libre, dependiendo de la voluntad de docentes que deseen participar y abriéndola a la participación de otros docentes de la misma institución educativa o de otras.
Cumpliendo su finalidad y objetivos propuestos debería aspirarse a articular con otras redes afines y empezar a “enredarse” en proyectos, en la solución de problemas, temas y contenidos curriculares, por ejemplo. Como resultado debería aspirarse a construir un discurso pedagógico, socializarlo a partir de la organización de talleres o seminarios especializados, donde además de presentar el producto de la reflexión en red, se abra el diálogo, el debate y se construya nuevos escenarios donde la buena educación, se muestre objetivamente en el aprendizaje de los alumnos y se aporte al saber pedagógico.
Las redes no deberían ser moda sino parte de nuestra identidad de trabajo educativo. Es necesario darle sentido e identidad a nuevas formas de organizarse, de articularse en función de un objetivo superior y no sólo como un requerimiento social, para establecer relaciones y que sean otros los que pongan el discurso, los temas en debate. Pasemos de ser espectadores e intentemos ser protagonistas en la construcción de una pedagogía para nuestra realidad. En esto radica la sostenibilidad y sustentabilidad de la red.
El desarrollo inequitativo del país podría servir de pretexto (y para alguno lo es) para no estar interconectados. La realidad siempre pondrá obstáculos. ¿Cuándo los docentes no los hemos tenido y superado? ¿Cuándo en nuestro país las cosas han sido fáciles sobre todo en educación?
El trabajo en red, indudablemente puede tener algunas limitaciones y algunos riesgos. Por ejemplo, una red puede constituirse “defensivamente”, es decir sumando debilidades. No es recomendable, pues sumando debilidades se tiene una mayor debilidad. Otro obstáculo es la absorción: una red puede ser absorbida por una más potente en organización, en planteamientos, actividades. Esto es nocivo para el fortalecimiento de la red local. Por ello debería trabajarse la independencia y la autonomía de la red así como su identidad para que en el momento de interconectarse, no sea absorbida por una red de mayor peso y trascendencia. Dos elementos perniciosos atentan contra la organización de la red: el espontaneísmo y el caos. Vicios de nuestra manera de ver y enfocar la organización que lleva a un activismo improductivo y con resultados magros en cuanto aporte.
El desempeño y desarrollo profesional nos demanda y exige que debemos articularnos, interconectarnos si queremos remontar el aislamiento profesional. Tenemos a la mano herramientas, sólo falta voluntad para empezar el desarrollo profesional, el desempeño profesional y enriquecer el crecimiento personal. ¡Enredémonos! No es una aventura es un crecimiento profesional (26.02.17).