28
JUN
2017

Pensamiento crítico y educación

1. Tema recurrente. Se reclama de manera permanente que nuestra educación no fomenta el desarrollo del pensamiento crítico, que los alumnos no saben discernir, que no maduran para poder decidir, que son indiferentes ante lo que sucede en su localidad, en su región, en el país en general, que son presa de ideologías impuestas por la tendencia de sus docentes. En suma la fragilidad de pensamiento y la falta de preparación para poder decidir frente a situaciones es evidente.
Casi todas las propuestas educativas innovadoras señalan como eje central el cultivo del pensamiento crítico, sin embargo tal vez no lo desarrollan los docentes por desconocimiento, por presiones o por temor. En nuestro país, pocas son las instituciones públicas y privadas que lo hacen
¿En qué consiste el pensamiento crítico y cómo promoverlo desde las aulas? Por lo general ocurre que las opiniones de la vida cotidiana se aceptan como verdaderas sin mucha reflexión. Mariana Cubas Montaño (México), nos dice que “En términos generales, el pensamiento crítico tiene que ver con la capacidad para razonar eficientemente, hacer juicios y tomar decisiones así como para resolver problemas.” (http://www.up.edu.mx/sites/default/files/como_desarrollar_un_pensamiento_critico.pdf). En suma se trata de cultivar una manera de razonar, formular juicios y asumir una decisión. Es difícil si no se cultiva.
2. Pensamiento crítico y educación. Si al niño y al joven le enseñamos a razonar de manera eficaz, a formular juicios de valor y a tomar decisiones, lo estamos formando para que opte según su saber y entender, con razonamiento, con discernimiento. Pero no es así, no nos preocupamos por el cultivo del pensamiento.
Formar críticamente hace al educando más analítico, le permite saber determinar qué información es válida o no; permite incentivar la curiosidad, la creatividad, la intuición, la razón, la lógica, la percepción. La mejor manera de conseguirlo es desarrollando una visión crítica de los problemas que se tienen que enfrentar en la vida y no aceptarlos con complacencia. Esto demanda estar bien informado, analizar y comparar contenidos y opciones.
Nuestro cerebro es capaz de ejercitarse y perfeccionar capacidades extraordinarias que tenemos y por ello podemos hacernos cargo de nuestro pensamiento, monitorearlo, evaluarlo y dirigirlo hacia donde queremos.
Según un estudio de la Foundation for Critical Thinking de California, citado por Mariana Cubas Montaño, en una mente crítica existen cuatro aspectos principales para aprender, tomar mejores decisiones y resolver problemas: claridad en el pensamiento, centrarse en lo relevante, realizar preguntas claves y ser razonable. Estas cualidades se van adquiriendo y desarrollando en la medida que se practique. Así se aprenderá a enfocarse en lo importante, dejar de lado lo superficial, dejar de lado la irreflexión, que son malas prácticas. Estas son las que primero se aprenden porque no se piensa, no se reflexiona. Pensar críticamente implica dominar los aspectos principales enunciados. De acuerdo a esto, la meta final de todo pensamiento crítico es que éste pueda ser lo suficientemente sólido como para sostenerse por sí mismo en cualquier contexto, siempre y cuando mantenga su relación con el fenómeno implicado.
3. Algunas técnicas sencillas. Sin ser la regla obligatoria a seguir, es bueno tener algunas pautas para seguir en el aula y promover el pensamiento crítico. Existen algunos manuales que “recetan” las pautas a seguir. La recomendación es que se tomen con precaución y se reinterpreten de acuerdo a los integrantes del aula, a sus afanes y preocupaciones, de los padres de familia, y de lo que opinen los demás colegas en torno a lo que diga el PEI. He seleccionado algunas que pueden sugerir lo que se podrían tener en cuenta al desarrollar la unidad de aprendizaje. Aquí las comparto. Fue publicado por INED 21 (https://ined21.com/p6798/) y me parece interesante compartirlo:
(1)Hacer preguntas durante las clases, para estimular la curiosidad: por ejemplo: “¿Qué pasaría si…”?, “¿Cómo es posible que…?”, “¿Qué harías tú en ese caso…?”, “¿Qué sabes acerca de…?, y otras preguntas guía que se deberían elaborarse para, que ayuden a reflexionar y clarificar los conceptos más importantes.
(2) Utilizar gráficos y oraciones sencillas que introduzcan o enfoquen el tema que se va bosquejando.
(3) Exponer distintos puntos de vista acerca de un mismo tema. Por ejemplo un conflicto bélico contado desde la visión de cada uno de los bandos implicados. También desde los observadores y analistas.
(4) Activar la participación de todos los alumnos utilizando alguna técnica de “participación al azar”. Por ejemplo, escribir tarjetas con los nombres e ir eligiendo de una en una para contestar, preguntar o comentar durante la clase.
(5) Fomentar que los alumnos se conozcan entre ellos, que trabajen juntos y que utilicen la escucha activa, pidiendo que resuman con sus palabras lo dicho por otro compañero. Se va formulando el mensaje y la opinión.
(6) Hablar menos, para hacer que los alumnos piensen más, mediante espacios en la clase para que trabajen y reflexionen sobre los temas que se han tratado. Es importante.
(7) Utilizar el método socrático para hacer preguntas y organizar debates entre los alumnos sobre temas que generan controversia.
(8) Fomentar el trabajo colaborativo, a través de tareas en pequeños grupos, donde aparte de completar la labor solicitada describan previamente los objetivos, expongan qué estrategias utilizaron y cómo resolvieron los problemas.
(9) Promover la “revisión por pares” de los trabajos escritos, de manera que puedan recibir retroalimentación no sólo del profesor, sino de los compañeros, y así aprovechar los beneficios de la escritura y lectura activas.
(10) Utilizar la técnica de la clase invertida1, donde los trabajos de lectura, documentación y búsqueda de información se realizan en casa, por utilizar el espacio del aula para investigar, profundizar, practicar, resolver dudas y debatir sobre el tema tratado.
Aplicando creativamente estas recomendaciones y conociendo las competencias que ayudan al desarrollo del pensamiento crítico, se puede establecer en qué medida los alumnos interiorizan, se apropian de estas formas de pensar. También determinar en qué puntos la intervención del docente debe reforzarla.
Una Guía de estudio para el docente podría ser “Estándares de Competencias para el Pensamiento Crítico” de R. Paul y L.Elder, a la que se puede acceder libremente de: https://www.criticalthinking.org/resources/PDF/SP-Comp_Standards.pdf. Muchos recursos permitirán contribuir a un mejor desarrollo del pensamiento crítico, tan importante y necesario en este tiempo para un mejor aprendizaje y un mejor ser ciudadanos. Es hora de empezar y no seguir lamentándose. “La educación no es sólo llenar una cubeta, es encender un fuego (William Buteler Yeats). Que así sea. (28.06.17)