Date:December 18, 2018

A 30 años de la Convención sobre los Derechos del Niño

1. Publicación. Con motivo de conmemorarse el 20 de noviembre un aniversario de la adopción de la Convención sobre los Derechos del Niño (CDN) en nuestra región, se ha renovado el compromiso internacional de proteger, promover y garantizar los derechos de niños, niñas y adolescentes a desarrollarse y alcanzar su pleno potencial, así como lograr que sus voces sean escuchadas. Como un aporte a la reflexión por este aniversario la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) y el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) han publicado América Latina y el Caribe a 30 años de la aprobación de la Convención sobre los Derechos del Niño (LC/PUB.2018/21), Santiago, 2018). La publicación nos recuerda que la CDN, es el primer tratado vinculante en relación con el cumplimiento de los derechos civiles, políticos, sociales, económicos y culturales de la infancia y la adolescencia. Además, es el tratado de derechos humanos más ampliamente ratificado a nivel internacional. Apreciamos hoy cómo los Estados han cumplido con la obligación de adoptar Códigos de la Niñez y la Adolescencia, o leyes de protección de la niñez que reconocen los derechos de los niños, niñas y adolescentes. Los logros evidentes conseguidos van transformando la situación de la niñez, por ejemplo, el reconocimiento de la educación obligatoria y gratuita para los niños y las niñas, la caída en las tasas de analfabetismo, o la reducción de la mortalidad infantil. Sin duda existen otros que inspirados en el conocimiento y observancia de la CDN, permiten combatir el bulliying, el acoso en el aula, la trata en adolescentes y la explotación de la fuerza de trabajo de la infancia en las minas informales, en la agricultura, en la servidumbre doméstica a cambio de comida, vestido o educación.
Ver: A 30 años de la aprobación de la Convención.

2. La actualidad. América Latina y el Caribe enfrentan una coyuntura muy compleja en lo social y económico. Uno de los desafíos es el cambio tecnológico acelerado y lo que significa esto para el mundo del trabajo; también el envejecimiento de la población y los cambios en las dinámicas migratorias. A esto se suma la contaminación, el cambio climático de la degradación del medio ambiente, los desastres naturales. En adición a ello existen “nudos y brechas estructurales” -baja productividad, altos niveles de desigualdad y exclusión social, en la región- hacen difícil caminar hacia el gran objetivo dirigido a poner fin a todas las formas de pobreza y asegurar “que nadie se quede atrás”.

Foto: Andina

El compromiso fue firmado en la Agenda 2030 -para el Desarrollo Sostenible- junto a 193 países el año 2015 en Naciones Unidas. Alicia Bárcena (CEPAL) y María Cristina Pércedval, dicen en el Prólogo, que aun existiendo muchos logros e nuestra región, persisten las desigualdades de acceso y ejercicio de esos derechos para grupos de niños y niñas. Los estudios sobre esta desigualdad ayudan a comprenderlas llamadas “brechas estructurales”. Esto es muy importante para continuar avanzando en el cumplimiento de la CDN. ¿Sólo ello?

De aquellos estudios apreciamos las conclusiones que nos dicen que la estructura de la desigualdad social en la región está fuertemente condicionada por su matriz productiva, además es muy heterogénea: desigualdad de hogares, desigualdad de género, así como las de índole étnico-racial y territorial que conforman los llamados ejes estructurales que entrecruzándose, potencian y permiten explicar la dimensión y la reproducción de las brechas identificadas cuando se trata de los derechos de la infancia y la adolescencia en la región. Esta constatación llama a la acción coordinada para diseñar y desarrollar políticas sociales universales e inclusivas que surgen con los mismos derechos inalienables y su ejercicio independientemente de sus condiciones de nacimiento.

3. Acción concertada. En la sede de CEPAL en Santiago de Chile se realizó el primer conversatorio entre autoridades, expertos y jóvenes, organizado por UNICEF y CEPAL. El evento tuvo como nombre “En la ruta de la igualdad: 30 años de la Convención sobre los Derechos del Niño”. Autoridades, funcionarios internacionales y jóvenes de la región reafirmaron la urgencia de garantizar, proteger y promover los derechos de niños, niñas y adolescentes. El conversatorio fue inaugurado por Paula-Mae Weekes, Presidenta de Trinidad y Tobago, quien envió un saludo vía videoconferencia; Jafeth Cabrera, Vicepresidente de Guatemala; Hernán Larraín, Ministro de Justicia y Derechos Humanos de Chile; Alicia Bárcena, Secretaria Ejecutiva de la CEPAL, y Henrietta Fore, Directora Ejecutiva de UNICEF. También intervino María Cristina Perceval, Directora Regional para América Latina y el Caribe de UNICEF; Pau Marí-Klose, Alto Comisionado para la Lucha contra la Pobreza Infantil del Gobierno de España, y la joven guatemalteca Gilda Menchú, en representación de los adolescentes asistentes al encuentro.

Hace 30 años, que un 20 de Noviembre, en la Asamblea General de Naciones Unidas, fue aprobada la Convención sobre los Derechos del Niño. Primer tratado vinculante a nivel nacional e internacional relativo al cumplimiento de los derechos civiles, políticos, sociales, económicos y culturales de la infancia y la adolescencia. Todos los países de América Latina y el Caribe han ratificado la Convención y han asumido el compromiso de garantizar, proteger y promover los derechos de los niños, niñas y adolescentes promoviendo las condiciones para que estos puedan exigir su cumplimiento.

Si bien existen logros en diversos campos, es bueno tener presente de manera permanente, si la medidas que optan los gobiernos en lo social y económico, no vulneran derechos en los campos de la educación, de la salud, de la alimentación y la vivienda; a la vida y a un desarrollo saludable desde los primeros años; a vivir una vida libre de violencia; a la protección frente a la explotación comercial y el trabajo infantil; a un nivel de vida digno; a la seguridad social; a la identidad; a la participación y al bienestar adolescente.

Sin duda una abundante bibliografía cierra el trabajo. Llama sí la atención la ausencia de un reconocimiento a quienes desde antes de la firma de la Convención hicieron un trabajo de promoción y difusión en la sociedad y comunidad sobre el significado de la misma, en un mundo que se enfilaba a la globalización y que modificaba las prioridades de los programas sociales poniendo el énfasis en el desarrollo y casi ignorando al niño y a la niña, a los jóvenes que en nuestros países por cultura se integraban desde pequeños a las actividades agrícolas, de pastoreo, de eternos aprendices y sin reconocimiento a un derecho fundamental como es la educación y menos la salud. Sin el esfuerzo desplegado por la Red para Infancia y la Familia de América Latina y el Caribe, colectivo de la sociedad civil que impulsó el trabajo de los pocos profesionales voluntarios comprometidos en esta cruzada, hubiera sido muy difícil hacer que el contenido de la Convención fuera conocido. Además, los países andinos propusieron un enfoque diferente, desde la interculturalidad. A pesar del silencio y poco reconocimiento oficial, se desarrolló un trabajo de base y se formuló anualmente Informes alternativos, críticos a los informes oficiales sobre el seguimiento del cumplimiento de la Convención en cada país que conformaba la Red. De esta manera oficiosa se hizo tomar conciencia a los gobernantes de los Estados.

A 30 años de la firma de la Convención por los Derechos del Niño debe reflexionarse con la comunidad, no solo sobre los logros alcanzados sino también sobre las brechas que subsisten, fruto de opciones prioritarias que los Estados asumen y urgidos por el modelo económico en desarrollo. Desde las instituciones internacionales, bien valdría realizar una autocrítica sobre el apoyo que se brinda a las poblaciones más vulnerables de la región. Los cuadros estadísticos ayudan a la información pero no se utilizan para tomar decisiones pensando que el enfoque que debe darse a las leyes debe ser multicultural. Las frías cifras sirven de indicadores de la profundidad de la brecha, pero no va acompañada de una reflexión sensata y política a seguir por los Estados. Se queda en las “medias tintas”, en la tibieza de apreciaciones, que los gobiernos a pesar de firmar convenios y compromisos hacen caso omiso y siguen aplicando medidas señaladas por quienes desde afuera dirigen y priorizan dónde debe desarrollarse el país, y qué debe darse al sector social más vulnerable: niños, niñas y jóvenes adolescentes.

30 Años de la Convención que viene siendo postergada en su concreción por intereses que obvian a la persona y sus derechos, para reemplazarla por campañas y declaraciones que no penetran en el corazón de los temas y problemas. ¿Cuántas décadas seguirán siendo los niños, niñas y jóvenes los protagonistas de inequidades y hasta cuándo los gobiernos no desarrollarán programas donde el centro de su enfoque parta del reconocimiento y el respeto de la diversidad e interculturalidad de nuestros pueblos? Cito algunas frases del conversatorio que deben llamar a una acción política, eficaz, directa y no quedarse en el repertorio de recomendaciones: “La pobreza tiene rostro infantil pues, pese a los logros alcanzados en los últimos años, continúa afectando en mayor medida a los niños, niñas y adolescentes de entre 0 y 14 años, pasando del 60% en 2002 al 47% en 2016”… “la prevalencia del trabajo infantil ha disminuido en América Latina y el Caribe, pasando del 10,8% en 2008 al 7,3% en 2016. Sin embargo, alertó que los niños, niñas y adolescentes continúan siendo víctimas de altos niveles de violencia: cada día 67 adolescentes mueren por homicidio.” (Alicia Bárcena-CEPAL). ““Trabajar por la igualdad en la niñez es decisivo para la consolidación de la democracia y el futuro de la humanidad” (María Cristina Perceval, Directora Regional para América Latina y el Caribe de UNICEF). “Si ustedes caminan por las calles de América Latina y el Caribe verán a niños, niñas y adolescentes en condiciones que vulneran sus derechos. No queremos ser más víctimas, queremos ser protagonistas que transformen y que garanticen una mejor calidad de vida para la niñez y adolescencia en Latinoamérica y el Caribe”. (Gilda Menchú, guatemalteca, representante de los adolescentes asistentes al encuentro).
A dos años del bicentenario de la independencia de nuestro país, nuestros niños, niñas y adolescentes siguen esperando un trato más justo, equitativo y solidario.