Date:March 14, 2019

Cambio social y educación en el Proyecto Educativo Nacional

Por: Manuel Iguíñiz Echeverría
Publicado originalmente en Revista Ideele

El derecho a la educación está claramente plasmado en acuerdos nacionales de política que llamamos de Estado, pues tienen la intención de ser sostenidas en el tiempo, enfrentando el histórico incumplimiento de los planes y promesas en la política peruana. Las políticas de Estado del Acuerdo Nacional tiene entre sus desarrollos en educación el Proyecto Educativo Nacional al 2021 (PEN).

El Ministerio de Educación encargó al Consejo Nacional de Educación la sugestiva tarea de evaluar el Proyecto Educativo Nacional al 2021 (PEN al 2021) y la preparación del PEN al 2036. Hoy corresponde ampliar y enriquecerlo como un proceso formativo de la ciudadanía que se involucra en una forma de hacer política educativa.

/ Foto: Andina

Resaltamos la relación educación y los cambios sociales, abordado en la primera parte del PEN, pues es un gran acierto. Valoramos la formulación de un discurso de política educativa democrática, acogiendo la perspectiva del desarrollo humano, con diagnóstico crítico sobre el país y la educación, postulando una política educativa global, con la ambiciosa pretensión de reformar un modelo de Estado y de sistema educativo reproductores de desigualdades sociales y educativas.

Esta política global es también un referente para evaluar en profundidad los avances en campos específicos. No es accidental que el PEN al 2021 ponga énfasis en la relación con la sociedad en su propio subtítulo: La educación que queremos para el Perú.

Visión de país y su horizonte general: el desarrollo humano

El PEN al 2021, con el horizonte del desarrollo humano, expresa una mirada crítica al tipo de desarrollo económico del país, a la democracia vigente, la forma de hacer política y el Estado centralista. Aborda el contexto del país con oportunidades, frustraciones y desafíos como base para la política educativa. “Los peruanos constituimos un pueblo con un prometedor horizonte, con un futuro de bienestar, prosperidad, paz y democracia que debemos decidirnos a realizar. Contamos para este objetivo con enormes recursos no siempre apreciados en su justo valor.” La relación reciproca de educación, desarrollo humano, democracia y economía permite desprender los sentidos sociales de la educación.

El PEN menciona recursos como: riqueza natural, biodiversidad, creatividad de la población, florecimiento de empresas medianas y pequeñas, diversidad cultural, conocimientos locales y tradicionales. En presencia internacional, la gastronomía y el turismo.

El PEN al 2021 considera los cambios demográficos como nuevas formas de asentarnos en el territorio y “un distinto urbanismo que convive, en amalgamas sorprendentes, con nuevas formas de ruralidad.”

Asimismo, contempla oportunidades y desafíos en el campo de la revolución informática, la globalización y la integración comercial. Invita a cultivar esas visiones optimistas de nuestro futuro, donde todas las personas se realicen plenamente.

El enfoque busca desarrollar las capacidades de las personas para el ejercicio de derechos y libertades. Sintéticamente señala:

El desarrollo humano constituye, en rigor, el gran horizonte del país que deseamos construir, abarca y da sentido a las demás transformaciones necesarias. Su contenido es ético y está dirigido a hacer del Perú una sociedad en la cual nos podamos realizar como personas en un sentido integral. En esta noción están contemplados los ideales de justicia y equidad que resultan, a fin de cuentas, los principios que dan legitimidad a una comunidad. (p. 24)

Continúa con facetas que se enuncian:

“En primer lugar, esta concepción de desarrollo implica una comprensión de las personas como portadoras de necesidades y de potencialidades, metas y derechos que deben ser atendidos (…)

En segundo lugar, el desarrollo implica construir un espacio para la igualdad en la diversidad (…)

En tercer lugar, el desarrollo debe ser un proceso sostenible. La satisfacción de las necesidades de hoy no debe poner en riesgo el poder cubrir las demandas de las próximas generaciones. Esa sostenibilidad exige el uso racional y respetuoso de los recursos naturales. El desarrollo reclama superar en el Perú la mentalidad social depredadora, que no conoce límites cuando se trata de satisfacer el deseo de rentabilidad o las simples necesidades de supervivencia (P. 22-23).

El PEN afirma avances concretos en cuatro dimensiones: a. Desarrollo económico y competitividad; b. Equidad y bienestar; c. Democracia; d. Reforma del Estado e integración territorial, social y cultural del país. Dimensiones semejantes a las planteadas en el AN como objetivos.

La formulación del PEN al 2036 no debería prescindir de la perspectiva del desarrollo humano sino enriquecerlo en muchas facetas, pues no se parte del vacío de enfoques teóricos sino de los desarrollos logrados en los discursos de política nacionales e internacionales.

Un sistema educativo que reproduce las desigualdades del país

El diagnóstico crítico de la educación peruana no está al margen de la realidad social del país, sino reproduciendo las desigualdades y, a la vez, afirma que una educación renovada tiene funciones en la transformación general del país.

Es imposible desconocer que el sistema educativo vigente desde hace décadas guarda una estrecha correspondencia con nuestra realidad social. La defraudación de la promesa de “educación de calidad para todos” ha permitido que se haga más evidente la desigualdad entre los peruanos, haciendo que se vea —en un sentido general— más sombrío el futuro de nuestro país. Las numerosas y viejas fallas y distorsiones de la educación peruana, nos llevan a poner más énfasis en la necesidad de un cambio integral y estructural, así como la urgencia de empezarlo cuanto antes. (p. 30)

Identifica las fallas y lo que denomina “áreas básicas de los fracasos” que abreviadamente recogemos:

  • La expansión de la educación en el Perú no ha cumplido su promesa de universalidad y calidad.
  • El aprendizaje se encuentra confinado a prácticas rutinarias y mecánicas.
  • La gestión del aparato educativo se encuentra sumida en un marasmo de escasez de recursos, manejo ineficiente e inequitativo del presupuesto.
  • Los docentes peruanos se encuentran desmotivados e incrédulos ante cualquier anuncio de cambio.
  • Nos habituamos por décadas a situar el aporte de las familias en los aspectos materiales y económicos del funcionamiento de los colegios.
  • El abandono de la formación de ciudadanos.
  • La educación superior no está vinculada con las necesidades de desarrollo del país.
  • En contraste con todas estas situaciones, tenemos en el país instituciones educativas de primer nivel que ofrecen una educación básica o superior de gran calidad (…) pero que atienden sólo a un sector de peruanos, aquellos cuyas familias tienen el nivel de ingresos que les permiten pagar sus costosos servicios.(p.32-33).

En base a esas áreas básicas de crítica mira las relaciones recíprocas entre educación escolar y entorno social:

Estos hechos revelan que estamos ante un sistema educativo que reproduce las desigualdades e injusticias históricas de la sociedad, desgajado de las necesidades de desarrollo del Perú y de los peruanos. En toda la historia republicana no hemos contado con políticas educativas de largo plazo, presididas por visiones de futuro esperanzadoras, levantadas por estadistas, organizaciones políticas o sectores de poder, dirigidas a transformarlo. (p.32).

La historia del centralismo del Estado, supuestamente para construir una nación “mestiza integrada”, es compañera de la segregación social y territorial de la educación.

La educación renovada que genera cambios en el país

La educación renovada concurre en los cambios sociales del país. Nos permitimos enfatizar que una reforma educativa según el PEN se insertaría en un marco transformaciones sociales y las estimula.

Frente a la sobrevaloración del poder de la educación para el cambio social global del país, el PEN matiza y señala que una buena educación es necesaria más no es suficiente. Dice que “una buena educación no será suficiente por si sola para llevarnos a la democracia y el desarrollo.” Pero sin una buena educación “las reformas que hagamos en otros campos resultará, a la postre, estériles o de corta vida.”

Se explaya respondiendo a dos preguntas claves: “¿Qué funciones ha de cumplir la educación en la transformación general del país? y ¿Cómo debe ser es educación llamada a producir tales efectos y a entrelazarse creativamente con los demás cambios institucionales necesarios en el Perú?

Las funciones de la educación “Una educación transformada es indispensable para la democracia pues formará ciudadanos alejados de las prácticas y valores que hacen posible el autoritarismo, la exclusión y la violencia. (…)

Esta educación debe ayudar también a construir un país más equitativo. Una educación deficiente es una reproductora perniciosa de la inequidad y del atraso. (…)

De otro lado, una educación universal de calidad favorecerá el mejor rendimiento económico de nuestra sociedad al promover la adquisición de saberes nuevos y la recuperación y revaloración del saber propio, (…)

Finalmente, una educación renovada ayudará a construir una sociedad integrada —fundada en el diálogo, el sentido de pertenencia y la solidaridad— y un Estado moderno, democrático y eficiente.”

La intensa experiencia política del año pasado y lo que va del actual, para muchos peruanos, ha sido de lucha por una mejor democracia, una lucha contra la corrupción y la impunidad, por tanto, experiencias formativas en ciudadanía. Este contexto, hace más valioso retomar el abordaje del PEN al 2021 según el cual la escuela y la sociedad educan a sus miembros