Date:October 30, 2018

¿Cuándo perdimos el paso en la educación peruana?

Por: Luis Miguel Saravia C.

1. Perplejidades. Vivimos semanas oscilando entre las tensiones de la corrupción, su persecución y sanción. Vivimos constatando que nuestro país tiene gobierno, pero no Estado. Tiene opinólogos, pero no ideólogos, menos pensadores. ¿Qué viene pasando? ¿Qué sucede con nuestra patria, que ha sido “capturada” por la informalidad, por consignas efectistas facilitadas por el mercado y no por convicciones, menos por aportes construidos desde nuestra cultura, desde la identidad? Tendríamos que preguntarnos ¿por qué todos bailan al son que desde hace tiempo “inventaron” los que “descubrieron” hacer política como un medio fácil de buscar la oportunidad para salir, sin importarles lo que significa realmente hacer política?

Todos -o casi todos- contemplan la escena alimentados por lo que los medios facilitan en impresos, en radio y TV. La transmisión de boca a oído se revitaliza, y se incrementa con opinión de lectores de quioscos, de titulares, y la ausencia notable de invitados de fuste por su formación académica, su práctica política y militancia. La cultura política informal desde los titulares de los quioscos expendedores son los que informan, desinforman, y deforman la formación ciudadana.

Transitamos hoy por las nuevas rutas que la tecnología nos ofrece y sin embargo poco reparamos en la enorme brecha de inequidad que existe en la capital y en las regiones del país con sus provincias y distritos. Nos informan los medios que un millón 600 mil personas no estudian ni trabajan en el Perú (La República 23.10.18). El informe de la Cámara de Comercio de Lima nos dice que en este segmento la cantidad de mujeres “nini” (ni trabajan ni estudian) duplica a la de los varones. (62.4%). La cantidad de mujeres en esa condición apunta a un millón. Constatamos que ellas siguen siendo relegadas en el tema de las remuneraciones. Esta noticia pasa desapercibida, pues el vendaval de la coyuntura la arrincona y la invisibiliza.

Podemos seguir desgranando el rosario de nuestras perplejidades nacionales a nivel político, pero ¿hemos reparado a qué se debe? ¿Cómo es que cumpliendo lo “recetado” los resultados no se muestran? Por ejemplo en el caso de la industria editorial no se tiene exacta la cifra de librerías, según la CPL (Cámara Peruana del Libro) que hay en el país, pero se calcula que son entre 50 y 80. (Día 1, El Comercio, 22.10.18) ¿Así queremos que se eleve la capacidad lectora de los alumnos y la sociedad? ¿Dijo algo el MINEDU?

2.Despistados. De tumbo en tumbo. No encontramos un continuum que respete el desarrollo del proceso educativo. El trato a lo educativo depende del gobierno de turno antes que el que indica una política y compromiso del Estado. ¿Qué logros pueden mostrarse en estos casi dos decenios del presente siglo? ¿Por qué se ha ralentizado el discurso de la calidad de la educación y reemplazado por el de gestión? ¿por qué se enfatiza en la brecha que se tiene en infraestructura, si es una reivindicación desde el siglo pasado -sumando desastres naturales- y no se le atendió ni con la celeridad ni con la eficiencia debida? ¿Por qué se desatendió la formación inicial docente, la reestructuración de las instituciones formadoras, al punto que existe un excedente de profesionales egresados, pero sin trabajo? ¿por qué no se estableció el sistema de formación continua? ¿por qué las tensiones con el sindicato de docentes casi siempre llevaron a paralizaciones onerosas y a crear la entelequia de “recuperación de clases” para que los docentes no perdieran su remuneración?

Poca preocupación cuando se percibe que lo educativo se encuentra en “piloto automático” y presentando resultados, sin ninguna actitud crítica de promedio. La educación peruana como si estuviera paralizada y como un sector que “administra” el proceso educativo en tranquilidad, cumpliendo las rutinas. Sabemos que el sistema educativo peruano es dinámico, pues responde a una diversidad. Existe coyuntura, gestión de instituciones educativas, evaluación-rendimiento de los alumnos/as; campañas y además pruebas nacionales, internacionales, concursos. El tema docentes no se aborda ni en su formación ni en sus demandas laborales de manera conveniente. Como si estuviéramos en la “línea correcta” esperando los resultados sin prestar mayor atención a lo que se viene debatiendo a nivel mundial y regional.

¿Por qué esa inercia? El Perú fue líder en propuestas educativas y hoy se encuentra postrado. ¿Por qué está “trabado” el Ministerio de Educación? Está como en modo “guardando energía” ¿Para qué? ¿Cuáles son las líneas que propone en perspectiva de los próximos años? ¿Se podría saber todo esto para hacer la “vigilancia ciudadana” y no ser sorprendidos por otra demanda que tiene paralizado el Currículo Nacional?

3. Viviendo en base a la oferta y no a la verdadera demanda. En nuestro país desde el año 1972 y posteriormente cuando se empezó a “desmontar” la reforma educativa nacional, la educación quedó a la deriva, y a la inspiración del gobierno de turno. Hubo momentos de ofertas y nuevos discursos que eran indicadores de un nuevo alineamiento educativo. ¿Pero hacia dónde? Por historia sabemos que desde la Revolución Francesa el Estado asume la gestión directa de la educación convertida en servicio público. Surgen dos modelos distintos: a) el liberal o dual -elemental y gratuita para el pueblo- y superior para clases altas y b) el social que propone la educación igual para toda la población -antecedente de la educación como derecho-. Desde entonces surge la visión de la educación como instrumento de control social y la visión de la educación como factor de emancipación y cambio social. Todo ello hasta nuestros días. (Manuel de Puelles Benítez). Fuimos herederos de una filosofía positivista que fundamentaba lo pedagógico en el país. En ese escenario se dieron los grandes debates educativos de fines del S. XIX y hasta bien avanzado el siglo XX. El positivismo fundamentó iniciativas y propuestas de políticas educativas de entonces. Luego silencio.

Hoy vemos cómo nuestra educación se muestra “paralizada” en el desarrollo del currículo nacional por una demanda judicial de una asociación civil que postula que no se utilice el enfoque de género en el mismo, pues “perturba” la formación de los niños y niñas. ¿Qué significa? El colectivo Padres en Acción (PEA) interpuso una acción popular para que se anulara el currículo escolar. Vemos con preocupación cómo la Primera Sala Civil otorgó una medida cautelar a PEA para suspender la aplicación del texto referido al enfoque de género. Por ello el Ejecutivo está impedido de implementar ese párrafo en el currículo nacional. ¿Hubiera ocurrido esto si nuestra política educativa tuviese fundamentos filosóficos, pedagógicos, sociológicos, psicológicos, antropológicos? Sentimos un vacío que pone a merced de franco tiradores la política educativa y que vulneran objetivos mayores que trascienden visiones particulares de la realidad y del mundo.

A eso estamos llegando cuando no se reacciona profesionalmente al tema educativo. Otros invaden el terreno y pontifican sobre temas transversales devaluando la política educativa central. ¿Alguien podría explicar por qué el Ministro solo opina en los medios sobre el bullying y la violencia contra los menores? Sin dejar de reconocer la importancia de esos temas, es necesario recordarle al Ministro que también hay otros importantes, como la formación inicial docente, la formación en servicio, la reestructuración de las instituciones formadoras de docentes; la atención a la demanda del sindicato, la atención a cesantes y jubilados.

¿Sabe el ministro que los jubilados deben asistir cada mes a firmar planillas en las respectivas pagadurías? ¿Sabe que docentes ancianos (algunos en sillas de ruedas), deben ir en taxi para firmar una planilla? ¿Sabe que si no lo hacen les bloquean la cuenta en el Banco de la Nación? ¿Por qué no dar una solución a este problema? ¿Cuesta utilizar lo que han hecho las AFP de depositar en cuenta personal el sueldo y coordinar electrónicamente el certificado de supervivencia sin firmar mes a mes una planilla?

Pensar educación demanda trabajo de gabinete, escuchar a directores, docentes de aula, padres de familia, trabajar materiales, prever el trato a jubilados. Pensar educación significa ponerse dentro del proceso de descentralización, vivirlo y desarrollar conocimientos relacionados con el desarrollo de capacidades locales para una mejor gestión de las instituciones educativas, las UGEL y las DRE. Poco de eso se habla. Menos se escucha como preocupación. Pensar educación a pesar de la inercia del Estado es lo que hacen instituciones de la sociedad civil, manteniendo y difundiendo experiencias desarrolladas. Pero hasta ello se va extinguiendo ante la indiferencia del Ministerio que debió acogerlas como parte de una alianza estratégica para mejora de la educación nacional. Se ha perdido el paso y se está consumiendo el combustible de las políticas educativas y no se avizoran reservas. ¿Hasta cuándo?