Educación, ciudadanía y participación

Por Luis Miguel Saravia

1. PANORAMA. En nuestro país vivimos, este año, de sorpresa en sorpresa. Además de las situaciones de la naturaleza, la convulsión política muestra las debilidades y carencias de nuestro desarrollo cívico. Cercanos al cambio de año, toca a nosotros los ciudadanos decidir sobre reformas que los congresistas elegidos, no han tenido el coraje de emprender por razones individuales, personales, de partido, no pensando en el interés nacional. ¿Qué intereses no hacen posible que podamos asumir retos en torno al bien común y el desarrollo del país? ¿Qué se ha hecho de la educación en los quinquenios últimos? ¿Qué de la formación en las instituciones educativas en estas décadas? Los resultados son alarmantes. ¿Qué fue de los valores que tanto reclaman los padres de la patria, cuando no son capaces de reconocer la violencia contra la mujer, cuando se tergiversan conceptos y se quiere inclusive “borrar” la palabra género de los documentos oficiales, ante el beneplácito de unos y la indiferencia de otros? ¿Por qué una moda fundamentalista como la campaña promovida por un movimiento interpone una demanda judicial para que no se “homosexualice” a los hijos a partir de una falsa interpretación del contenido del currículo? ¿Qué ha hecho el Estado por sembrar el concepto cívico en cada educando y no llenarlo de ritos (marchas, uniformes, penachos, uniformes militares, voces de mando, etc.) y mensajes desfasados de la realidad?

Estamos en un intríngulis en el país, pues los ciudadanos y ciudadanas no saben discernir para valorar y elegir. ¿Cómo promover el discernimiento si todo se reduce a consignas y técnicas pedagógicas que refuerzan comportamientos tradicionales, confundiendo aquello con el verdadero concepto de identidad, de responsabilidad cívica?

¿Alguien se ha tomado desde el Estado y sus instituciones, el trabajo de desarrollar un programa sobre el significado del referéndum? ¿Qué es? ¿Qué significa? ¿Cómo debemos responder o elegir la respuesta? Y se irá a la votación por que es obligación y no por el deseo de manifestar lo que pensamos con nuestro voto.

2. Ciudadanía. Conocimiento y alcances. Ciudadanía significa el conjunto de derechos y deberes por los cuales la persona está sujeta en su relación con la sociedad. Ser ciudadano significa ser miembro de una comunidad organizada, con deberes y derechos que deben conocerse y ser cumplidos. En el Prólogo del texto de UNESCO “Educación para la ciudadanía mundial. Preparar a los educandos para los retos del siglo XXI” se dice: “El plazo cada vez más cercano del año 2015 para el cumplimiento de los objetivos de la Educación para Todos (EPT) y el proceso paralelo de ajustar la agenda para el desarrollo después de 2015, han impulsado reflexiones y debates importantes sobre el tipo de educación que necesitamos y que queremos para el siglo XXI. Aunque incrementar el acceso a la educación sigue siendo un desafío importante en muchos países, el mejoramiento de la calidad y la pertinencia de la educación está recibiendo más atención que nunca, con el debido hincapié en la importancia de valores, actitudes y competencias que fomenten el respeto mutuo y la coexistencia pacífica”. Preocupaciones sobre el tipo de educación que necesitamos, abordadas de palabra, pero no así en el diseño de políticas educativas que se centren en la promoción de lo cívico. No es sólo desarrollar conocimientos, sino competencias, valores y actitudes que los educandos requerirán para asumir y garantizar un mundo “más justo, pacífico, tolerante, inclusivo, sostenible y seguro”.

Ciudadanía hoy denota un cambio conceptual. Este reconoce la importancia de la educación para detectar, comprender y aportar a las soluciones a los problemas locales, regionales, mundiales en sus dimensiones política, social, económica y ambiental. Además profundiza en el campo de los conocimientos y las competencias cognitivas que permitan la construcción de valores, competencias sociales que generen actitudes en los educandos que conduzcan a la transformación social.

En el estudio “Educación ciudadana en América Latina: Prioridades de los currículos escolares” de Cox, Bascopé et alters (UNESCO, Suiza, Junio 2014) se plantea en la Introducción que “La ciudadanía y el desarrollo democrático tienen como uno de sus factores clave a la educación. Como quiera que se los entienda, ambos se cimentan en valores y competencias de los individuos, como en las prácticas de cooperación y conflicto que caracterizan sus acciones colectivas y las instituciones que establecen a través de medios políticos”

La escolaridad obligatoria tiene una enorme importancia en la formación ciudadana de los educandos. Es allí donde se cimentan los conceptos de libertad y autoridad y se accede a visiones de sociedad, la llamada “ruptura con la incondicionalidad del hogar y el conocimiento de un “nosotros”, amplio o restringido, base de lo que conocemos como vida cívica. (Crick 2003 “The English Citizenship Order 1999: Context, content and presuppositions.” Pp. 1-14 in: Education for democratic citizenship. Issues of theory and practice, edited by A. Lockyer, B. Crick and J. Annette. Aldershot (UK): Ashgate Publishing; Peña 2007 “Educación y ciudadanía: los problemas subyacentes.” Pensamiento Educativo 40(1), 31-44.). Todo ello se da en la escuela que brinda la posibilidad de un encuentro sostenido con otros, en un ambiente más amplio que el de la familia y lleva a conocer la comunidad inmediata, diversa, que hace posible la construcción de relaciones sociales, políticas, económicas, que son esencia de la formación cívica. Allí se aprende a conocer la dimensión clave de la ciudadanía política: reglas y prácticas para competir por el poder de manera pacífica por medio de elecciones, periódicas para elegir a gobernantes, dirigentes (PNUD 2004; PNUD-OEA 2010).

El espacio es corto para seguir tratando lo que en otros países ya se transita, con dificultad, pero se intenta el cambio, en la perspectiva de fortalecimiento de la democracia, derechos, ciudadanía. Esperemos quede la inquietud.

3. Ciudadanía y participación. El acto cívico del referéndum que tenemos ad portas, evidencia que nuestra formación cívica desde la escuela está ausente o es muy pobre. Doce años de tránsito en la institución escolar y poca referencia a conceptos como democracia, elecciones, derechos, obligaciones cívicas. ¿Qué ha sucedido? ¿Por qué la “omisión” de difícil explicación, respecto al más básico de los derechos y obligaciones políticos, constitutivos de la soberanía, de la representación y de la legitimidad democrática? ¿Por qué se cuida de no referirse a la relación que tendrá el ciudadano con el derecho a elegir y el derecho a la participación política? ¿Hablar de política está prohibido?

Relacionar la participación electoral de los futuros ciudadanos con un peligro de manipulación política, denota una opción contraria a la democracia, debilidad de un Estado y autoridades que no consolidan los principios democráticos de participación, pero si coactan el derecho que tienen los ciudadanos de elegir y ser elegidos. Los discursos sobre política educativa contienen palabras que resuenan en el contexto: diversidad, derechos humanos, democracia. También justicia social, tolerancia, igualdad, y otros. De todo se prioriza la participación. Ella se promueve en la institución educativa participando en el gobierno escolar o en campañas masivas relacionadas con acciones sociales, Poco espacio se da a la participación cívica auténtica y toma de decisiones. Pocas instituciones lo hacen en actividades de solidaridad respeto de las diferencias y las minorías; en reflexiones sobre la participación en acciones políticas (debates, demostraciones, sustentación de propuestas -muy pocas instituciones educativas lo hacen- ¿por qué? ¿De qué participación escolar se habla si debe estar permanentemente tutelada? ¿Cómo desarrollará el futuro ciudadano su concepto de democracia, de participación, de equidad, de solidaridad, si se le niega la información y los espacios para experimentar la vivencia con sus compañeros?

Otro tema importante a abordar en el campo de la ciudadanía es cómo el discurso escolar privilegia derechos sobre obligaciones y responsabilidades de los ciudadanos. Tampoco se analiza el significado del voto, de elegir, que debe ser abordado con un enfoque de derecho, deber y responsabilidad. En nuestra educación estamos atados aún al concepto cívico referido a la política formal y lo civil a la convivencia. Por ello se sigue con la denominación de cursos de educación cívica que desarrollan la dimensión de convivencia, la interacción con otros y no a la dimensión política, referida a la participación en la institucionalidad formal. En nuestra educación aún en este campo tenemos paradigmas que no se cambian. Mientras en otros países abandonan la educación cívica tradicional, otros vienen adoptando un nuevo paradigma que se viene trabajado en tendencias mundiales según Meyer, J.W. 2008 (“Los modelos mundiales, los currículos nacionales y la centralidad de lo individual.” Pp. 405-424 en: El conocimiento escolar en una perspectiva histórica y comparativa, editado por A. Benavot y C. Braslavsky. Buenos Aires: Granica. Meyer, J. W. and F. Ramírez.) relacionado con la redefinición de la llamada el área de la educación ciudadana, que se “pierde” en la referencia a la comunidad y se omite la sociedad y la insistencia en la necesidad de la convivencia en deterioro de lo que es la dimensión cívica (política) de la ciudadanía.

En este sentido es importante el aprendizaje permanente en todas las formas de educación cívica y no solo para la convivencia. Este aprendizaje debe darse en todas las modalidades educativas mediante enfoques formales e informales, en intervenciones curriculares y extracurriculares, por las vías de participación convencionales o no. Pero es bueno advertir que en los enfoques y técnicas pedagógicas no existe una comprensión clara de cómo puede complementarse ambos de una manera holística donde participen los verdaderos actores interesados. Se requiere insistir en la práctica de educación cívica fruto de la vivencia democrática establecida en cada institución educativa.

En el campo educativo debemos aprender a realizar autocríticas no sólo por los resultados obtenidos en los aprendizajes, sino en la práctica de valores, de la vivencia de valores cívicos, de la participación e interés permanente por el quehacer de la sociedad y sus actores. Nos falta mucho camino por recorrer en el campo de la práctica de la educación cívica, no de aprender “reglas”, “normas” de “memoria”, sino aprender a conocerlas, vivirlas en medio de los recursos de aprendizaje para comprender hechos y sucesos que se viven en la realidad nacional y en el mundo. Pensar desde la docencia en las instituciones educativas, cómo tener experiencias de aprendizajes en diversos contextos, desde el aula, en el barrio, en lo local, y de allí trascender a lo mundial.

La llamada calidad de la educación de un país no solo se valora por los resultados en pruebas internacionales, sino en la forma cómo está estructurado el currículo, como son abordados temas que permiten construir la democracia, la participación, la solidaridad, la equidad, el fortalecimiento del bien común. Autocríticamente nos falta mucho para poder decir que estamos aportando a la vida cívica del país. Un trabajo libre de ataduras conservadoras y fundamentalistas desde las normas, permitiría avanzar en consonancia con el bicentenario que todos quieren reducir a ceremonias, y menos a presentar al país y su ciudadanía con el conocimiento y vivencia de sus valores cívicos plenos (02.12.18).

Textos consultados:
Educación para la ciudadanía mundial. Preparar a los educandos para los retos del siglo XXI. UNESCO, 2016. 7, place de Fontenoy, 75352 París 07 SP, Francia.
EDUCACIÓN CIUDADANA EN AMÉRICA LATINA: PRIORIDADES DE LOS CURRÍCULOS ESCOLARES. IBE UNESCO Internacional. Bureau of EducationWorking Papers on Curriculum Issues Nº 14. Geneva, Switzerland, June 2014