Date:December 10, 2018

Educar contra el mensaje que dejan las falacias políticas

Por Luis Miguel Saravia

1. Vientos de Fronda. La historia hace referencia con estos términos a los levantamientos que se dieron en Francia en 1648 por la disputas entre la burguesía y la aristocracia francesa contra Ana la reina regente, y el cardenal Mazarino, quienes gobernaban en aquel entonces. En otras palabras, el trasfondo, una disputa de elites. Pero esa expresión también se utiliza para referirse a un estado de rebeldía y agitación generalizada. Los últimos días en nuestro país -con motivo del pedido de asilo del ex presidente García- han ocurrido sucesos que los medios de comunicación de la capital han ignorado. Las noticias policiales han cobrado primera plana como si hechos e imagen de delincuentes fuera lo importante para la vida cívica del país.

Hemos visto con perplejidad cómo el engaño, el fraude o la mentira se vuelven parte del diario vivir en el marco de una estrategia que desea instalar un mensaje de víctima, de que en el país existe persecución política. Es decir se trata de desacreditar a quien consideran enemigo -en este caso el gobierno- cuando los intereses particulares se creen en peligro, o cuando investigaciones judiciales van encontrando la ruta de tanto engaño, corrupción, tráfico de influencias, lavado de activos y otras modalidades delincuenciales propias del hampa y no de una sociedad con instituciones fuertes, con independencia en sus funciones, y no convertidas en instrumento para satisfacer ambiciones. Ocurre que las falacias políticas se utilizan, sin percatarse o a propósito, siguiendo un esquema tradicional diseñado por el tipo de periodismo que se consume y que depende de los intereses de propietarios. El mensaje de estos días nos da cuenta que determinados políticos usan falsedades en sus discursos y los reporteros les hacen el juego por desconocimiento, por comodidad o conveniencia. Así, los medios se nutren y difunden estas falsedades arrebozadas con gestos y tonos de voz de resentimiento y odio, que contaminan la verdad de la situación, sobre todo de los menos informados, que no pueden tener una mirada más amplia de situaciones.

Sobre esta plataforma se construye un discurso político que confunde, que devalúa, que manipula, miente o inventa un mensaje que no tiene sustento alguno. Desde que la justicia empieza a encontrar rutas claras de dónde estuvo el robo y el engaño aparecen de manera reiterativa las falacias para confundir

2.¿Dónde estás educación? ¿Qué mensaje educativo va dejando este discurso? ¿Es posible hablar de valores cuando se aprecia que desde las más altas autoridades elegidas se hace tabla rasa de ellos? Presidentes corruptos, congresistas sentenciados por robo y otros por falsedad de información en sus declaraciones juradas, “blindados” por un derecho que el común de los ciudadanos en el país no lo puede tener: la inmunidad… la lista sigue. Sumado a ello y en nombre de derechos y de la democracia organizaciones interfieren el desarrollo de políticas de estado en educación, en salud, en trabajo, en seguridad social, etc. Qué difícil se le hace a los docentes desempeñar sus funciones en este panorama con muchas piedras en el camino y sintiéndose ellos mismos postergados. ¿Qué hacer? ¿Qué señales esclarecedoras emite el sector educación?

Las políticas educativas tienen un marco de referencia basado en teorías, antecedentes y perspectivas a alcanzar en torno al desarrollo de aprendizajes y formación de los educandos en los diversos niveles que cursan. ¿Acaso nuestra realidad no debilita los fundamentos de un sistema educativo que solo administra y no propone grandes lineamientos del desarrollo de la política educativa?

Dijimos en otra oportunidad, a) que percibíamos que la actual gestión educativa venía consumiendo la renta educativa acumulada en el quinquenio anterior y que, si bien nada es nuevo bajo el sol, nuestro sistema educativo tenía algo más que hacer que preocuparse por la infraestructura; b) que también fue preocupación del quinquenio anterior; c) que había que poner más empeño en los procesos de actualización docente en especialidades -no sólo en exigencias de postgrado que demanda la ley de carrera magisterial- sino incrementar el desarrollo profesional con actividades desde cada institución educativa y su planificación; d) que el sistema educativo debería sintonizar con los debates regionales e internacionales que se desarrollan anualmente y que las conclusiones de dichos eventos deberían adecuarse a la política y al currículo nacional; e) que es necesario recobrar las dinámicas regionales y sus propuestas en torno al enfoque intercultural.

¿Y sobre la deuda social de los docentes? Seguimos en deuda, aunque varias regiones ya la saldaron. ¿Por qué el Ministerio no recomienda a las regiones que aún no lo hacen que sigan las experiencias de esas otras regiones que ya la saldaron? Esperar que se produzcan las marchas, los paros, para proceder por inercia, pero no preocuparse de preparar una respuesta estudiada, planificada, que apunte a paliar este reclamo justo de los docentes.

Apreciamos que casi todo este año en educación no se ha percibido una agenda que indique los énfasis a seguir en el desarrollo del proceso. El liderazgo ganado en años anteriores se ha ido diluyendo, fagocitado por una coyuntura política que ha puesto puntos en beneficio de intereses particulares y no nacionales.

3. Para estar advertidos. La situación que estamos viviendo casi a tres semanas de cerrar el año escolar es preocupante. ¿Cuáles son los resultados del Censo Escolar 2018? ¿Qué conclusiones puede compartir el Ministerio de Educación para mejorar el aprendizaje y gestión de 2019? ¿Pueden los directores regionales planificar el año venidero si no cuentan con la información pertinente? ¿Los docentes pueden ajustar el desarrollo curricular enfatizando un mejor trabajo en el aprendizaje de determinadas materias? ¿Volverá a escucharse el discurso de carencia de infraestructura que ya lleva más de una década?

El año educativo entre discursos falaces y actores políticos desleales es lo que se evidencia. El daño al conocimiento y a la formación de los educandos ha sido perturbado. ¿Cuánto costará revertir las señales dejadas? El discurso político ha apelado a valores y sentimientos de la sociedad para aceptar una verdad distorsionada. La corrupción ha corroído todo y ha puesto en evidencia la debilidad cívica. Los corruptos resultan ser las “víctimas” y las instituciones que imparten justicia, los “persecutores” en un Estado de derecho donde los valores han sido trastocados. Es la falacia típica de quienes a través de su discurso manipulan la voluntad del pueblo. Es a los que se conoce como demagogos. La demagogia es como la tiña que se propaga por todo el cuerpo, pero en este caso por la sociedad, la comunidad y sus principios cívicos.

El momento político peruano permite identificar con qué ciudadanos se cuenta para dirigir el Estado. A todas las instituciones y organizaciones de la sociedad civil les compete transformarse como organismos que velan por fortalecer la democracia y la civilidad, pues ello permitirá luchar contra el enemigo común de estas décadas: la corrupción. Asimismo replantear estrategias en la perspectiva de construir una sociedad más justa, equitativa y solidaria, no de palabra sino en realizaciones. Los retos que surgen de este emprendimiento pasan por saber valorar el aporte de los ciudadanos, saberlos escuchar, aprender a dialogar e involucrarse en sus luchas. Dejar paso a las nuevas generaciones que tienen mucho que aportar, y no quedarse en esquemas. Es un reto además, saber leer lo que sucede en el día a día y no quedarse en un seguidismo nefasto, que hace que unos pocos decidan por muchos. Eso significa abrirse a las enseñanzas y posibilidades de la realidad, diversa y aleccionadora como la nuestra. No quedarse entre el discurso falaz, ni las declaraciones de felones que surgen en la política y contaminan y desfiguran la democracia. El gran reto educativo no solo consiste en mejorar los aprendizajes, sino en la formación de los educandos en los años que transcurren en las instituciones educativas. También significa saber mejorar la formación docente inicial y velar por su desarrollo profesional. No basta cumplir con lo estipulado por la Ley de la Carrera Pública Magisterial, sino en saber promover la actualización permanente y el fortalecimiento profesional para recobrar el liderazgo en la comunidad. Que las oscilaciones de la política nacional no hagan perder los ejes centrales de lo que es el PEN, que con mucho empeño y compromiso entregaron al país reconocidos intelectuales y docentes. Es hora de romper la inercia y dejar de hablar a media voz o según las conveniencias. Eso es dañino para el Perú.