Date:May 18, 2018

Educar y el uso racional del tiempo: ¿vale la pena invertir tanto tiempo en los desfiles escolares?

Por: Iván Montes Iturrizaga

El tiempo es siempre limitado en educación. Tal es así que con frecuencia vemos como contenidos muy relevantes se dejan de abordar (o se tratan de manera muy somera) pues tenemos pocas horas para una determinada área. Otras veces, el tiempo simplemente nos gana por el estar preocupados en gestar aprendizajes significativos; y eso nos hacer perder de vista – con frecuencia – el horizonte de lo que se tiene que alcanzar.

Es que los maestros por vocación nos quedamos con la sensación de que hubiera sido ideal el contar con unas cuantas sesiones más para apuntalar mejor nuestro influjo pedagógico. Es que a todos nos consta, que el tiempo es escaso, reducido y tirano en la educación como en la vida misma; siempre nos gustaría más.

Este reconocimiento nos lleva necesariamente a seleccionar aquello considerado como lo más importante frente a lo que se puede obviar por completo o al menos dedicarle menos tiempo. Por ejemplo, en el área de comunicación, podemos obviar (o reducir a la mínima expresión) todos los contenidos referidos a la historia de nuestra lengua y la gramática teórica dado que lo más relevante es la expresión y la comprensión de lectura. Es más, podríamos justificar esa decisión en la abultada evidencia empírica que nos habla de la escasa importancia de esos tópicos para expresarse adecuadamente.

Desfiles escolares ¿necesarios para el desarrollo curricular? / Foto: Andina

Pero también existen despliegues fuera del aula, como los desfiles escolares de fiestas patrias, que podrían suscitar la misma reflexión. Y, en este caso, podríamos Tal es asi que en este caso podríamos analizar primero si es que marchar tiene algo que ver con amar al Perú. O también, dilucidar si es que valdría la pena sacrificar tantas horas de estudio, deporte o arte para ensayar el paso marcial. Por último, hasta podríamos pensar acerca del significado real de participar o ganar el ansiado gallardete en el desfile. En este caso, lo más probable es que nos percatemos rápidamente que no existiría una vinculación significativa entre el marchar y la identidad nacional; posiblemente lleguemos a la conclusión de que estas manifestaciones son más patrioteras que patrióticas.

No se vaya a pensar que abogamos por el no marchar o el no participar; simplemente pensamos que no es necesario invertir tanto tiempo en esto y que el ser condecorado por alzar bien la pierna tenga algo que ver con la calidad del servicio educativo que se brinda. Tal es así, y si coincidimos en el hecho de que el tiempo es limitado, no nos quedaría más opción que priorizar usando la razón, el soporte que nos ofrece las ciencias de la educación y el propio sentido común pensando siempre en los estudiantes y en no sobrecargar innecesariamente la labor de nuestros maestros.

Por esta razón, sabemos bien (al menos en teoría) como educadores de aula o directivos que tenemos que decidir siempre; lo cual implica necesariamente el incluir – excluir contenidos, actividades o invitaciones externas con elevada responsabilidad. Esto es muy parecido a lo que es en estricto es separar la paja del trigo; y es aquí donde muy probablemente tengamos que dejar de lado paradigmas ligados a la tradición, el deseo de competir con los otros y la artificialidad de muchos despliegues escolares que no hacen más que distraer.

Reflexión final

Felizmente, los tiempos han cambiado y los diferentes agentes educativos están cada día mas convencidos de que un mayor tiempo en la tarea (los minutos u horas dedicadas a aprender cosas que valen la pena) puede marcar la diferencia a en favor de la vida de nuestros estudiantes. Por este motivo, podríamos aprovechar el marco de las fiestas patrias que están por venir para analizar con cabeza fría si es que corresponde a nuestros educandos asumir roles de niños – soldados en estos desfiles con escarpiles, cascos y fusiles en desuso. También, podríamos esperar que las autoridades regionales de educación hagan cumplir las normas y recomendaciones del Ministerio de Educación e insten a las instituciones educativas a la sana prudencia en el desarrollo de estas actividades cívico patrióticas.