El afán de nuestra educación

Por: Luis Miguel Saravia C.

1. Curioso sino. Nuestra educación nacional desde el inicio de la República (y nos vamos hacia el Bicentenario) ha ido de tumbo en tumbo. Citar algunos pensadores, preclaros políticos que dedicaron su pensamiento y aporte a la educación nacional, es quedarnos en el recuerdo de la historia y sin establecer una línea que muestre el contínuum en la construcción de lo que hemos llamado política educativa nacional.

Desde los inicios de la República no se ha apreciado un interés del Estado por la educación. El claro oscuro de nuestra educación permaneció así hasta entrado el Siglo XX. Sin embargo a guisa de ejemplo se puede recordar que se enseñaba a inicios del XIX el trívium (la gramática, la dialéctica y la retórica) y quadrivium (aritmética, geometría, astronomía y música) que se estudiaban en la antigüedad y en las principales universidades europeas de la Edad Media. Se enseñaba de preferencia en los colegios de los jesuitas, a las pocas personas que tenían acceso a la educación, entre las que no estaban, por cierto, las mujeres. Las nuevas ideas políticas de Europa se empiezan a conocer recién a través de los textos de la Enciclopedia que llegaba de Francia vía Buenos Aires y La Paz -por barco y a lomo de mula, cuasi clandestinos- pues su divulgación no estaba permitida. Los debates se fueron sucediendo en torno a lo que convenía al gobierno. Aunque no es el caso tratar el tema, hay que recordar que la educación estaba en manos de los religiosos y docentes particulares. Los campesinos de la costa, del ande y de la selva eran generalmente desatendidos en materia educativa, y solamente atendidos desde las parroquias, donde había alguna cercana.

En los primeros años de la independencia, se “importó” el sistema lancasteriano. Este sistema dejaba de lado la educación tradicional entre el docente y el alumno, y permitía que los estudiantes pudieran ser a la vez docentes. Las materias que se enseñaban fueron: orden, lectura, escritura, gramática, dibujo, costura y canto.

Estos intentos de “trasplante” de experiencias internacionales, se hicieron sin adecuarlas a nuestra realidad. Poca atención se puso a experiencias nativas que venían dando resultado. Pareciera que el sino de nuestra educación ha tenido como lema lo que dice la canción de Mari Trini ” Entre la lluvia y el viento tuve el primer pensamiento y como miré a la izquierda/ . Hasta hoy alguien me tiró una piedra”. Hasta hoy, a pesar de todos los esfuerzos y ofertas. ¿Qué es en esencia la educación peruana sino una “colcha de retazos”?

2.Vientos de fronda. Una nueva gestión en el Ministerio de Educación abre la esperanza de retornar al camino correcto en lo que es la política educativa y no aparecer “enredados” en discursos monotemáticos “violencia escolar”, “cerrar la brecha en infraestructura”, “contar con nuevos locales para el bicentenario”. Todo ello pensado y decidido desde la sede central y no con la concurrencia de las direcciones y gerentes regionales de educación y menos de las autoridades locales de provincias y distritos. ¿Y qué hay de los aprendizajes? ¿Y el buen comienzo del año escolar?

El discurso educativo no debería ser ruidoso, sino un discurso que siembre, esclarezca, afirme valores, convicciones ciudadanas, democráticas, solidarias, equitativas. Pero con el retintín de formar emprendedores, competitivos, que prepare para la sociedad global, hemos perdido la esencia del discurso que no hace una década se rescató. Este enfoque, hecho consigna, nos ha hecho perder elementos importantes en conocimiento y en formación. Lo promovido no es suficientemente bueno, sino que distorsiona el mensaje educativo. Pareciera que el guión a desarrollar en política educativa está impregnado de lo que Marshall Bergman escribió en la introducción de Todo lo sólido se desvanece en el aire.

“… una forma de experiencia vital -.la experiencia del tiempo y el espacio, de uno mismo y de los demás, de las posibilidades y peligros de la vida- que comparten hoy los hombres y las mujeres de todo el mundo hoy. Llamaré a este conjunto de experiencias la ¨«modernidad». La historia nos dice que la modernidad se entiende como un conjunto de transformaciones educativas, culturales, económicas y sociales. Fue creada en Europa a partir de los siglos XV y XVI. En los siglos XVII y XVIII los problemas fueron profundamente pedagógicos y educacionales con consecuencias políticas, económicas y sociales sobre el modo de pensar y practicar la educación de entonces. De allí proviene el Estado enseñante (prácticas de enseñanza, disciplinas del cuerpo y saberes centrales (S. XVII y XVIII); el Estado educador, cuando cumple una función importante en la expansión de la educación e instrucción pública y la sociedad del aprendizaje, a finales del siglo XIX e inicios del XX. Se da el inicio de despliegue de nociones y .prácticas educativas centradas en el individuo que aprende y no tanto en quién o qué se enseña. Si bien los tres Estados son diferentes, constituyen sociedades educativas en la medida que el arte de educar promueve la realización del sujeto como de la sociedad. Por ello la modernidad es entendida como “sociedad educativa”, que tiene su origen en lo que Comenio llamó la pampedia En ella quedó dibujada la llamada utopía pedagógica de la primera parte de la modernidad. Se pretendía que todos sus integrantes desarrollaran una diversidad de procesos de enseñanza y estuvieran dispuestos a aprender durante toda su vida para alcanzar una forma deseable de ser humano. En ella todo debe ser enseñado para que aprendan. Una sociedad pensada como una gran escuela. Con el tiempo surgieron otras formas, medios y fines para pensar las prácticas pedagógicas. Hoy la educación es producto de políticas que se encargan de producir el tipo de educación que el Estado necesita con su problemática y retos. Por ello se habla que la educación es una herramienta para el desarrollo de cualquier país. (Glosado de https://es.slideshare.net/AlitzelMontaoCortes/modernidad-educativa-65425647).

En esta circunstancia, ser modernos, dice Berman

“…es encontrarnos en un entorno que nos promete aventuras, poder, alegría, crecimiento, transformación de nosotros y del mundo y que, al mismo tiempo, amenaza con destruir todo lo que tenemos, todo lo que sabemos, todo lo que somos. Los entornos y las experiencias modernas atraviesan todas las fronteras de la geografía, y la etnia, de la clase y la nacionalidad, de la religión y la ideología: se puede decir que en este sentido la modernidad une a toda la humanidad. Pero es una unidad paradójica, la unidad de la desunión, nos arroja a todos en una vorágine de perpetua desintegración y renovación, de lucha y contradicción, de ambigüedad y angustia. Ser moderno es formar parte de un universo en el que, como dijo Marx, «todo lo sólido se desvanece en el aire» (Marshal Berman Op.Cit. Introducción).

Y podríamos concluir con esta cita de Bauman:

“La educación, …, es víctima de la modernidad líquida, que es un concepto mío. El pensamiento está siendo influenciado por la tecnología. Por ejemplo, hay una crisis de atención. Concentrarse es dedicarse por un tiempo prolongado a una cuestión muy importante. Cada vez somos menos capaces de hacer eso en forma correcta –dijo el pensador. Esto se aplica en gran parte a los jóvenes. Los profesores se quejan porque no consiguen lidiar con ello. Ni siquiera pueden leer un artículo que se les pide para la siguiente clase. Buscan citas, atajos, fragmentos… No hay forma de rebatir que Internet nos ha traído grandes ventajas. La facilidad de acceso a la información, la facilidad con la que podemos pasar por alto las distancias. Recuerdo que cuando yo era joven, pasaba mucho tiempo en la biblioteca tratando de leer cien libros para encontrar una pieza de información que necesitaba. Ahora, sólo hay que preguntar Google. En décimas de segundo nos da miles de respuestas. Eliminamos uno de los problemas: no tenemos que pasar horas en la biblioteca. Pero hay un nuevo problema. ¿Cómo voy a entender esas miles de respuestas? Ahora, viejo, conseguí entender a Sócrates: “Sólo sé que no sé nada.” (https://mx.unoi.com/2016/01/22/la-educacion-es-victima-de-la-modernidad-liquida-bauman/).

3. Afanes y pesares. Tensionados como se vive en la actualidad, educandos, docentes y padres de familia, no sabemos discernir por el quehacer con la educación de nuestra época. En un Estado democrático como el que vivimos debe asumirse la responsabilidad de avanzar en la democracia real como en lo económico, social, cultural, y político, mediante prácticas cotidianas de ciudadanía creativas, solidarias, equitativas y responsables. Esto demanda promover la formación en humanidades (arte, filosofía, derecho, derecho y otras) el desarrollo del pensamiento crítico, la creatividad, la iniciativa, en todas las acciones que se realicen y se pongan en práctica. Organizar actividades relacionadas con la cultura y el ocio en las instituciones educativas, de manera que convoquen a la participación de todos. Promover la educación, la enseñanza que permita la integración social de los niños, niñas, jóvenes, en todas las actividades.

Los modelos de “experiencias exitosas” tan recomendados, es necesario conocerlos, analizarlos desde el punto de vista social, cultural, del conocimiento, pensando en la propia realidad de nuestro país intercultural. Estas experiencias, muchas veces sin querer transmiten usos y costumbres culturales ajenos a la realidad e imponen modas y conocimientos no compatibles con la historia y cultura de la propia realidad donde se aplica.

Nuestros afanes y pesares de la educación nacional, pasan por no respetar los procesos de aprendizaje de los educandos e imponer técnicas ajenas a su idiosincrasia. En el campo del conocimiento muchas veces se dejan de lado problemas centrales del mundo y que se viven en pequeño en la realidad local con sus complejidades interculturales. ¿Cómo dar el salto a lo global desde nuestra realidad local? A los alumnos se les prepara supuestamente para la complejidad global, pero ¿cuál? Aquella que viene cifrada por convenios y compromisos empresariales bajo el manto de libertad de comercio y que incitan al “consumismo” y no a desarrollar el aprendizaje. Somos dependientes de franquicias foráneas o importadores fanáticos de lo que ofrecen otros países sin que nadie del Estado vea si se ajusta a lo que los docentes y escuelas requieren para el desarrollo curricular.

Simplemente pareciera que la consigna es preparar a los estudiantes para la competitividad global y hacia eso debe enfocarse el sistema educativo actual, y de paso perdemos elementos importantes de nuestra propia cultura. Prepararse para competir en la economía global no es malo, pero no es simplemente bueno, dice Zoe-Weil (http://blog.tiching.com/zoe-weil-no-estamos-abordando-principales-problemas-mundiales/. Pero lo que demanda nuestra realidad es formar y preparar estudiantes que sean capaces de solucionar problemas, luego de analizarlos en la perspectiva de cambiar su entorno. Esto exige tener pensamiento crítico y creativo, comprometerse con su tierra, su país y abordar y aportar a la solución de problemas reales. Si se forman estudiantes en esta perspectiva de aportar a la solución, sabrán hacerlo desde la especialidad que elijan.

Esto indudablemente obliga a pensar alternativas pedagógicas, metodológicas y cambiar la concepción del sistema educativo. Debemos aspirar a contar con estudiantes que sean capaces de conocer y analizar los problemas del mundo real (calentamiento global; extinción de especies; el hambre y el acceso a alimentos, al agua, al trabajo). Para ello debe contarse con docentes que les enseñen de manera apropiada, según la edad, los problemas del mundo y trabajar para aportar ideas, para resolverlos. Los docentes saben cómo hacerlo, saben inducir a que investiguen sobre el impacto que tienen estos problemas en las personas, en los animales, en el medio ambiente y que aprecien cómo todo esto está interconectado. De esta manera se aprende -mediante el enfoque globalizador sobre economía, matemáticas, ciencias, historia, estadística sociología, psicología y otros temas. Además aprenden el desarrollo del lenguaje, la comunicación. A partir de ello se reflexiona sobre qué procesos deben trabajarse para producir versiones éticas y sostenibles. De esta manera, además, se formará en ciudadanía y habrá un cambio de actitud y compromiso a desarrollar en la vida. Estas actividades significativas impactan en el alumno, cuando es realmente protagonista del proceso de aprendizaje.

Estos afanes educativos deberían ser parte de la formación docente y del quehacer de la planificación de las instituciones educativas locales, regionales Si no cambiamos, seguiremos uncidos a la retaguardia de los países que pierden oportunidades. Debe romperse ese sino, si queremos tener una educación equitativa, solidaria y de primera para todos y todas las alumnas y alumnos del país.