El desempeño docente y el desarrollo de capacidades de los educandos

Por: Luis Miguel Saravia C.

1.¿Dilema? Cuando se ha planteado el tema en los términos del título, la reacción de los docentes ha sido cauta, dubitativa, como queriendo preguntar “¿qué tiene que ver mi desempeño con el desarrollo de las capacidades de los educandos?” Esto nos lleva a pensar que no existe la comprensión plena de los términos, sino parcial y desde un contexto puramente lingüístico, pero no pedagógico. ¿Qué ha faltado en la formación inicial? Ser explícitos en explicar cómo se ligan los conceptos básicos aprendidos, con la práctica cotidiana, con la realidad del aula que es diversa, con el desarrollo cognitivo del niño del aula. No se ha logrado que se perciba la imbricación del concepto con el quehacer pedagógico, didáctico en el desarrollo de la capacidad del educando. Dijo alguna vez el educador Peñaloza que “la pedagogía es un arte y el maestro un artista”. Y aquí se demuestra.

Desempeño y desarrollo de capacidades son partes de un proceso educativo. El desempeño desarrolla las técnicas pedagógicas y metodológicas para lograr a través de conocimientos y actividades el desarrollo de las capacidades de los educandos. Antes que dilema, este proceso es un reto permanente para el docente. Se aborda y resuelve con estudio y con la práctica actualizada, no con la rutina, menos con la memorización o aplicando plantillas que llevarán a mecanizar la repetición del conocimiento y no su desarrollo y la creación de nuevos conocimientos y procedimientos. Menos el aprendizaje.

La relación que existe entre desempeño docente y aprendizaje se demuestra con el resultado alcanzado por parte de los educandos. Se expresa a partir del descubrimiento y desarrollo de sus capacidades cognitivas. Estas se adquieren y desarrollan en el proceso de enseñanza en un período relacionado con el nivel escolar del educando. La evaluación mostrará el indicador del nivel de aprendizaje alcanzado. Esto lo sabe el docente. Por ello dependerá del arte que despliegue cuando en el aula aborda nuevos conocimientos a través de la motivación, presentación de un tema, su explicación y sus relaciones con el entorno: para qué sirve, qué conceptos nuevos se aprenden, se construyen, que elementos comparativos se pueden correlacionar, cómo formular el conocimiento y enriquecerlo con otros aportes fruto de la construcción de aprendizajes, etc. No es armar un artilugio, ni un espejismo, es construir un conocimiento nuevo para el alumno, que le permitirá utilizarlo mediante el enriquecimiento de su vocabulario, de sus praxis, de la arquitectura de otros conocimientos.

2. Capacidades que se pueden aprender. Partiendo de la aseveración de que todas las capacidades se pueden aprender, Jacques Delors se preguntaba cuál de esas capacidades se pueden enseñar y cuál es la función de la escuela en este proceso de enseñanza. Definía, sintetizando el aporte de Faure y Delors (UNESCO 1972 y 1993) que hay cuatro capacidades básicas: aprender a conocer, aprender a hacer, aprender a vivir juntos y aprender a ser. Lamentablemente de ellas la escuela se ha ocupado de manera fragmentaria. Mil justificaciones para no hacerlo en profundidad: la falta de formación inicial docente; la carencia de prácticas; la escasez de materiales educativos adecuados; alumnos de diversa procedencia y cultura; la falta de una bibliografía complementaria que permita al docente contar con literatura para formular distintas estrategias de enseñanza-aprendizaje; y otras.

Una de las “disculpas” o “justificaciones” para no abordarlas plenamente es que no se dice la edad específica para aprender capacidades. De verdad no existe una edad precisa, se puede hacer desde educación inicial. Lo que sí se debe tener en cuenta es que existen distintos momentos y formas de acompañar este aprendizaje desde el aula. En la jerga docente, se dice que se aprenden con su ejercicio. Por eso si se inicia en el nivel inicial, se debe seguir a lo largo de todos los ciclos con sus características diversas, diferentes, pero no de manera mecánica sino creativa.

El docente en la preparación de la clase y en su desempeño en el aula debería generar  espacios para poder reflexionar acerca de las propias capacidades. De esta manera amplía el margen de las posibilidades de su aprendizaje profesional y planifica cómo ponerlos en acción. Tendría que determinar un espacio para poder pensar los pasos de la estrategia a desarrollar, los conceptos que trabajará con sus alumnos y las actividades que permitan que hagan posible la relación flexible de la comunidad con el aula, con la escuela como institución. Todo ello desde el enfoque intercultural, pues somos un país diverso.

Las capacidades atraviesan distintos contenidos y deben pensarse cuáles podrían ser las situaciones en las que estas capacidades se generan y apuntalarlas con la enseñanza desde lo específico de cada disciplina. Debería advertirse que no todo lo que se enseña en la escuela se transforma en materia de enseñanza. Considerarla de esa manera rigidiza conceptos y la disciplina  que se enseña y eso la vuelve difícil de aprender.

No debería perderse de vista que las capacidades se aprenden en la interacción entre alumnos, pero el aprendizaje es de cada uno. En la diversidad de alumnos en el aula se puede determinar que algunos desarrollen algunas capacidades espontáneamente y su interés trascienda el aula y el proceso que se desarrolla. Para ello la institución educativa y el docente deberían abrir el espectro de capacidades que el alumno pueda desarrollar. Habrá algunos que sean más avanzados en el manejo de capacidades y otros menos dotados. Podrán toparse con alumnos con enorme capacidad de síntesis, pero tienen limitaciones para poder argumentar con fundamentos precisos el tema al que se refieren.  Sería erróneo que esa capacidad de síntesis no permita apreciar la carencia de una argumentación pormenorizada. Es recomendable que el docente sepa elaborar un repertorio de capacidades que deberían reforzarse en un determinado periodo y a partir de ellas diseñar el trabajo de todas ellas de una manera más equilibrada.

El tema de la evaluación de capacidades debería abordarse desde situaciones concretas y no necesariamente desde el aula. Por lo general existen dificultades para poder evaluarlas, pues requeriría de información del quehacer del educando fuera de la escuela. Cómo es su comportamiento, su lenguaje, sus comentarios, su actitud frente a la TV, sus temas de conversación familiar y otras actitudes. Eso es más valioso que una prueba escrita en el aula. Entonces podría decirse que una capacidad se ha adquirido cuando se transforma en una forma de mirar la realidad, su entorno, el mundo.

Evaluar capacidades es un desafío que demanda revisar criterios de evaluación –aquellos que son para docentes en ejercicio; a los alumnos de formación magisterial inicial y a los alumnos de niveles y grados-   pues debería elaborarse instrumentos para tal fin. Existe una propuesta interesante que se trabaja en formación inicial: el portafolio. Una carpeta que cada alumno debe ir construyendo con el material escrito que le haya llamado la atención, informes que haya redactado. Pequeñas investigaciones que haya realizado. Esta propuesta llevada al aula en el proceso de enseñanza-aprendizaje de otro nivel y grado. Allí podría desarrollar el alumno su propio portafolio donde colección de materiales de acuerdo a la disciplina que sigue en el nivel correspondiente y las notas personales que redacta sobre el texto y la razón por la que lo ha sido seleccionado. El docente deberá hacer un diseño del portafolio adecuado a cada nivel. Una revisión del portafolio permitirá al docente apreciar el interés del alumno por la disciplina y su grado de discernimiento en la selección de lecturas, fotografías u otro material de su interés y su relación con la disciplina.

3.Recapitulando. La variable desempeño docente es muy amplia y se debería explicitar qué aspectos son los que influyen de manera positiva en el aprendizaje de los alumnos. Esto se logra en la reflexión del equipo de docentes de la escuela y las conclusiones que obtengan de la revisión y análisis del proceso desarrollado de acuerdo al plan de clase. Lo que sí queda claro es que la calidad del desempeño docente es un factor clave para promover un buen aprendizaje. (Navarro, /. C. (2000). The teaching profession: beyond training. Echknowlogia. Vol 2, No. 6, Nov.-Dic). Debería tenerse en cuenta, además, que lo que hace el docente en el aula forma parte de sus características personales y experiencias profesionales. Las variables externas al docente que intervienen y afectan a los alumnos. Es lo que se denomina el micro desempeño que depende del ambiente de la escuela, del clima de la institución como lo expresa Fullan (Fullan, M. y Stigelbauer (2000). El cambio educativo: Guía de planeación para maestros. México: Trillas). Esta perspectiva es sistémica. Se concibe al docente como un ser social, profesional, que desempeña su rol en un marco institucional, en y desde una cultura escolar generada en un ámbito comunitario, local, regional, nacional.

En este sentido el desempeño docente para el desarrollo de capacidades educativas demanda un conjunto de competencias clave, propias del repertorio docente y dirigido a facilitar el aprendizaje de los alumnos. El docente debería tener una amplia formación general y cultural, que debería incrementarse luego de la formación inicial mediante lecturas, diplomados, seminarios de investigación y estudio; escritos sobre temas pedagógicos y didácticos, de la experiencia desarrollada, además un acentuado dominio del área de conocimiento que se enseña y las didácticas apropiadas para su enseñanza. Se suman a ello las  estrategias pedagógicas y de evaluación adecuadas a distintos estilos de aprendizaje. El desempeño demanda sensibilidad ante el proceso de desarrollo del estudiante desde el aspecto social (contextos y familias de procedencia) y el aspecto psicológico (cómo aprenden los alumnos).

El desempeño docente demanda una personalidad educadora que denota perseverancia, hacer gala de paciencia, interés por los alumnos, capacidad de trabajo en equipo e interés de su propio crecimiento profesional. Todo ello complementado con un manejo avanzado de la tecnología de punta como factor clave para apoyar la diversificación de oportunidades y estrategias de enseñanza en el aula y además como un mecanismo central para proseguir su formación y desarrollo profesional permanente.

Estas ideas, al vuelo, en medio de una atmósfera educativa que confunde los planos profesional y gremial. Ambos son importantes y merecen ser atendidos. En esta oportunidad en lo que se refiere al desempeño docente y al desarrollo de capacidades de los educandos, que es lo que concierne a la mejora profesional, van estas reflexiones. Esperemos sirvan de aliento y desafío para rescatar al pedagogo que se tiene dentro y rescatar e incrementar la identidad profesional en educación, hoy tan venida a menos. Que lo que el Informe Delors (UNESCO 1993) sobre la Educación para el siglo XXI no se siga convirtiendo solo en buena frase sin contenido. Deberían ser siempre los vectores de nuestra educación, pero actualizados de manera permanente. Que el aprender a conocer; el aprender a hacer, se conviertan en realidad concreta en el aprendizaje de los alumnos en el aula. Y que aquello que Edgar Faure (UNESCO, 1972) planteó como aprender a ser se  plasme diariamente, a partir de la creatividad y la capacidad de innovación en cada estudiante y en cada docente. Que el aprender a vivir juntos haga posible el desarrollo del conocimiento de los demás, su historia, sus tradiciones, espiritualidad, en sociedades cada vez multiculturales y competitivas. Es misión del docente como profesional de la educación ahora y siempre. (3.10.17)