Date:December 21, 2017

El escenario político y la educación en estos días

Por: Luis Miguel Saravia

1. Los cambios y el rol de los medios. Los cambios políticos y culturales generados a fines del siglo pasado e inicios del presente se caracterizan por la pérdida de la capacidad de acción, crisis de gobernabilidad de la democracia, que inciden en el análisis sobre lo político y sobre los distintos escenarios en los cuales nos socializamos. Por ello no sorprende que la familia y la escuela hayan dado paso a otros espacios de formación.

Dentro de estos espacios los medios de comunicación han cumplido un papel relevante en el desarrollo de los procesos formativos, compartiendo dicha función social con la institución escolar. Pérez Tornero, en “Las escuelas y la sociedad de la información” y como compilador en Comunicación y educación en la sociedad de la información, Nuevos lenguajes y conciencia crítica (Paidós, Barcelona, 2000), caracteriza la crisis en cinco fenómenos: crisis en los currículos escolares y en el rol de los docentes, crisis del lenguaje que fundamenta la existencia de la escuela, crisis de recursos técnicos, crisis del modelo de valores y del sistema de sociedad, y por último crisis en la gestión de las instituciones educativas. Sin embargo con el adelanto y auxilio de las tecnologías de la información y el fortalecimiento de la sociedad en la modalidad “red” han agudizado la crisis de la educación y plantean retos más exigentes y severos.

Tributarios de estos adelantos, nos vemos “envueltos” por una coyuntura que avasalla. Lo palpamos hoy en día en la forma cómo la población se involucra, inducida por los medios, en situaciones y hechos, pero sin el menor análisis, simplemente porque intuyen lo que debe ser la preferencia sin ponderar si será bueno o malo para el ejercicio de la ciudadanía. De otro lado los medios de comunicación sin valorar su rol de espacios educativos, han ido ganando terreno en la educación de los sujetos mediante la difusión de imágenes y significados sobre lo político, lo público, lo social, lo nacional, lo cotidiano. Nuevos patrones de cultura política van difundiendo explícita e implícitamente, en las mediaciones que se dan entre los mensajes y los sujetos sociales.

Eso lo percibimos hoy en una coyuntura que no toma por sorpresa, pero que encuentra desprevenida a una sociedad que no ha asumido su rol con seriedad y convicción lo que es su ciudadanía, asumir con criterio propio el discernimiento para diferenciar lo importante de lo nocivo. La respuesta a horas de producida una crisis nacional de envergadura, es la indiferencia. ¿Qué ha sucedido después de décadas de reformas educativas que enarbolaron diversos grupos políticos? ¿Sólo sirvieron para poner la zanahoria delante de la carreta para que todos corriesen y moviesen el sistema educativo sin fijarse en el ciudadano que se formaba? ¿Se respetó acaso nuestra interculturalidad? ¿Dónde se perdió nuestra diversidad? Mientras el mundo avanza preocupado por el cambio climático, aquí nuestro congreso aprueba, sin más, la construcción de carreteras para dar conectividad a pueblos dispersos y que se comunican de manera ancestral por los medios naturales como los ríos. ¿Se han preguntado cómo hacer para que ellos participen de la modernidad sin perturbar su equilibrio ambiental? Otros, como antes los conquistadores, deciden por ellos. Como lo hicieron los caucheros, hoy llegan los madereros, los taladores de bosques, la minería informal y sus explotaciones colaterales, entre ellas la trata de personas. ¿Por qué esa indiferencia? (https://www.letras.com/kany-garcia/1068381/)

2. Educación y ciudadanía. Tenemos en la crisis que hoy nos depara la historia, dos interrogantes: uno, en qué consistieron las reformas educativas que no pueden mostrar el aporte a la formación de una ciudadanía crítica. Todo se reduce a estadísticas que pueden servir, y bien, a una planificación económica, pero no nos dice nada de la formación que se brinda a los niños y jóvenes del país; dos, qué resultados se pueden mostrar al aplicar “lecciones aprendidas” y recomendadas por agencias y bancos, que se preocupan por colocar préstamos y desarrollar un programita sin evaluar luego si realmente se ha cambiado cualitativamente la educación de la región y su influencia en el país. Todo empieza y termina con el préstamo económico y el desarrollo material. La formación y desarrollo de la persona en una sociedad justa y equitativa, saludable, intercultural, no cuenta. Interesa estandarizar, pero no respetar las diferencias. ¿Por qué fuimos y somos tan complacientes?

Desde nuestra formación inicial como docentes, la educación representa en la historia un valor irrenunciable y necesario en todas las sociedades, tanto para reproducir principios políticos e ideológicos como para subvertirlos. De igual manera lo exigen el tipo de conocimientos y habilidades para afrontar nuevos retos socio-educativos que se van presentando así como el cambio de conocimientos de un quinquenio a otro.

Los tiempos que vive nuestra patria ponen en evidencia, además de otros, qué poco el sistema educativo se ha preocupado de la formación del futuro ciudadano. ¿Qué pasó con las inversiones que se hicieron en educación? ¿por qué no han sido eficaces? ¿Por qué no se ha podido dotar a la actual ciudadanía de los instrumentos pedagógicos pertinentes para que puedan participar y favorecer la práctica democrática? ¿Nuestros niños y jóvenes desarrollan sus habilidades, capacidades en valores, con ética, promoviendo el diálogo, la reflexión y propuesta? Todo ello da sentido y fortalece a la democracia, sus instituciones, el reconocimiento de los deberes y derechos de las personas. ¿Por qué a la letra del currículo oficial le falta talento y vocación?

¿Por qué no puede ser nuestro sistema educativo el que se preocupe de promover una educación práctica, democrática, emancipadora, liberadora, dialéctica, insertada en un movimiento más amplio inspirado por la pedagogía crítica? ¿Qué nos falta para pensar y aspirar más libremente a una buena educación, sin calificarla, como lo hace el modelo económico imperante? Por eso tenemos expresiones como la del actual Ministro de Educación, que dicen mucho y poco del concepto que tiene lo que debe ser la educación en el país. Decir sobre un documento oficial el currículo nacional aprobado lo siguiente “A fin de que el Currículo Nacional de Educación Básica sea más entendible y aplicable en los colegios, el ministro de Educación, Idel Vexler, anunció que, desde su cartera, realizará algunos cambios en los puntos que tienen “mucho floro”. “Por un lado, hay unas definiciones muy confusas sobre competencias, valores y capacidades. Por otro, vamos a ajustar algunos estándares que sirven para evaluar a los escolares en cada ciclo, cada dos o tres grados, y que tienen mucho floro y no se entienden” (http://larepublica.pe/sociedad/1156940-idel-vexler-alista-cambios-en-el-curriculo-escolar-porque-tiene-mucho-floro).

¿Acaso no fue consultado el currículo a expertos e instituciones nacionales? No hay que volverse funcional al sistema económico y a presiones de índole ideológica, dejando de lado los aportes de la época en ciencia, pedagogía, psicología y otras. No rebajar el nivel del debate con chascarrillos.

3. Hacia una nueva educación. ¿Cuántas veces hemos escrito o hemos escuchado esta frase? Posiblemente desde que iniciamos nuestra formación docente. No es el caso revisar el anecdotario personal, pero sí es una interrogante que tuvimos al revisar no sólo la colección de revistas sobre educación, editada para docentes en especial de provincias, o los aportes literarios de maestros que gustaban de escribir de su vocación, sus vivencias como docentes y su rol en la comunidad, la descripción de los pueblos donde vivían recogiendo folklore, leyendas, mitos y otras crónicas. Desde esas fuentes se siente la necesidad de repensar el sistema educativo peruano, estatal, y dependiente de quienes tenían el poder de decidir con sus influencias desde la capital. Vemos en esas narraciones el retrato de lo que hoy se sigue viviendo con los docentes contratados, la dependencia del centralismo tantas veces derogado, y otras tantas utilizada como arma de doble filo, no para mejorar la educación, sino para mantenerla sometida a personajes influyentes. Encinas, Portugal Catacora, Florián, Barrantes, Izquierdo, Ramos Bosmediano, Peñaloza y tantos otros docentes conocidos en su terruño clamaron por una nueva educación pero fueron escuchados a medias. ¿Por qué? Porque hubo autoridades como el actual ministro que reduce la discusión sustantiva del currículo a la banalidad del dicho “puro floro”. Mientras el país sufre una crisis ética, se rebaja el nivel del debate académico y político con intervenciones populistas y no con propuestas provenientes de las tendencias pedagógicas actuales, de los aportes del saber pedagógico, de la filosofía, la psicología, antropología y otras disciplinas.

La crisis que vivimos evidencia que uno es el discurso atrapado en normatividad y poco espíritu pedagógico y otra es la manipulación política de la educación que tiene como fin la formación del ciudadano en una sociedad democrática.

¿Qué se ha sembrado estas últimas décadas en formación ciudadana? ¿De qué sirve la mejora del aprendizaje y unos puntitos en PISA, si el país no cuenta con ciudadanos democráticos, instituciones sólidas y observancia de derechos y deberes en un clima de respeto, equidad y solidaridad?

Siguiendo algunas sugerencias ponderadas, tanto en política educativa nacional como extranjera, apreciamos que nuestro sistema educativo debería refundarse a partir de lo que es nuestro país: diverso e intercultural. Seguir la moda de los sainetes que recomiendan expertos extranjeros, casi todos de diversas profesiones y muy pocos pedagogos, es seguir postergando el desarrollo de nuestra educación.

Nuestro país requiere un cambio educativo radical si quiere ingresar en la senda del desarrollo equitativo sustentable. Para Walter Peñaloza la educación debe tender a desarrollar procesos de hominización (desarrollo orgánico óptimo, desarrollo de las capacidades psicológicas -que tiendan a alcanzar un equilibrio entre el cuerpo y espíritu-, dominio de la capacidad del lenguaje, cultivo de la responsabilidad, autonomía, espíritu inquisitivo, creatividad y desarrollo de valores); socialización (la educación nace en la sociedad y su razón de ser es la misma, porque el hombre la integra) y culturización (el hombre en y por la sociedad, es portador de la cultura que él ostenta. Por ello la educación tiene como propósito enseñar al educando a respetar, a amar y valorar la cultura propia identificándose con esta antes que con “otras”, para no caer en la alienación mediante currículos alienantes (Sara Ruíz Palomino: “Concepción de la Educación de Walter Peñaloza Ramella. La Molina, 2007).

Paulo Freire sugiere que la educación actual tenga mayor creatividad y libertad, cimentada en el cultivo del pensamiento crítico, como recuerda Gómez García, María Nieves (1982) en “Los conceptos educativos en la obra de Paulo Freire”. (Madrid: Anaya). Friere en este sentido, ya no nos habla de concientización, sino de lo que él llama la “lógica de la sospecha” que nos induce a cuestionar la realidad y “sospechar que toda relación cultural envuelve un aspecto de dominación”. Tanto en su época como hoy, la dimensión crítica es un rasgo distintivo en su pedagogía a nivel regional y mundial. (Entrevista con Paulo Freire?, en: ALBERTO TORRES, Carlos (2005). La praxis educativa y la acción cultural liberadora de Paulo Freire. Xátiva: Editorial Denes, pp. 225-247). En América Latina existen corrientes y experiencias de política educativa que se va construyendo a partir de la planificación del desarrollo del país y sus prioridades. Todo ello acompañado de una estructura del Estado que piensa sobre el conocimiento del país, el aporte de sus investigadores educativos y en comunión con los docentes en ejercicio. No se acepta que se estandaricen objetivos, metas, aprendizajes, didácticas y metodologías sin antes analizarlas en torno al objetivo país. Movimientos pedagógicos al interior del sistema educativo se cuestionan con autoridad, si la política educativa acompaña los cambios de los tiempos o va a la vanguardia de los cambios por venir en alianza con otras disciplinas. Sin perder de vista la formación del hombre como creador permanente y no como parte de un sistema que es fácilmente reemplazable cuando se considera a la educación como un servicio.

La crisis que estamos viviendo, los acontecimientos que la acompañan, la carencia de un liderazgo, además de interpelar a los políticos y sus organizaciones, cuestionan ciertamente al sistema educativo por la carencia de formación ciudadana y el respeto a las instituciones del Estado. No se trata de “repartir” responsabilidades, sino de asumirlas y abordar su problemática profesional y políticamente y no sólo partidariamente. No basta decir que se tiene un déficit de infraestructura y debe invertirse en ello, pero no se denuncia el descuido en la formación docente, en su inestabilidad laboral, sus bajos sueldos. Se ha levantado la consigna que sean los mejores alumnos de EBR los que sigan la profesión docente, sin embargo, no se revisa el perfil profesional, para hacer más atractiva la formación. Muchas carencias tenemos en educación, pero la más lacerante para el Estado, es aquella que no invierte en el desarrollo personal y emocional de los niños y jóvenes. Terminamos un año muy complicado. Que la desesperación y el desánimo no interrumpan los procesos iniciados, pero deberían revisarse seriamente si queremos que sea la educación la promotora del desarrollo del país.