Date:October 25, 2017

El temor a la evaluación del desempeño docente

Por: Luis Miguel Saravia

1. Sensaciones. En el ejercicio de la profesión docente existen mitos, leyendas, fabulaciones, que producen impresiones con efectos hacia la persona, que debilitan su valoración. Ello produce reacciones en contra de aquello que sienten que los agrede y que va en menoscabo de la profesión. Esto lo podemos apreciar en el entorno del docente cuando se entera -no sólo últimamente- que se tendrá en cuenta en la evaluación, su desempeño como docente. Esta reacción no es nueva en el tiempo, pues forma parte del desarrollo profesional ajustado al desarrollo de la carrera docente. Se ha llegado al extremo de pensar y expresar que se atenta contra la profesionalidad del docente. Las medidas dirigidas a frenar la prueba anunciada forman parte de las “reivindicaciones”.

¿Cuál es el fundamento? Palabras gaseosas al inicio y luego descubren el calificativo de “punitivas”, pues si es desaprobado tres veces consecutivas, será separado de la función docente. La solución que se plantea pasa porque se revise y reelabore, con participación de los mismos docentes, el diseño de la evaluación del desempeño. Todo esto alimentado por opiniones de políticos que opinan sin conocer de qué se trata y por qué se realiza esta actividad.

Decía el editorial de un diario al respecto

“Pero aunque tanto el Minedu como diversos especialistas en la materia han despejado varios de los mitos que se habían creado alrededor (a saber, que no se trata de un examen escrito sino de una evaluación del trabajo en el aula y que, en realidad, solo se separaría a los maestros que reprueben tres evaluaciones a lo largo de tres años y que antes de cada una los docentes recibirían la debida capacitación), en los últimos días algunos congresistas han emitido declaraciones con información falsa que solo ha contribuido a generar más confusión.” (El Comercio, 25.08.17).

Y sigue la cantaleta como se informa “La evaluación de desempeño docente ha recibido el rechazo de cientos de maestros de varias regiones del país (como del Cusco, que ahora, a través de una ordenanza, buscan suspender el proceso hasta que se les brinde una capacitación) y también de congresistas que en los últimos dos meses han presentado proyectos de ley para modificar su aplicación” (La República, 02.10.17). ¿Por qué esta oposición? No existe fundamentación pedagógica y menos razonamientos para suspenderla. Apreciemos la siguiente nota que reporta el diario: “En algunos casos, la oposición a estas evaluaciones trasluce, cuando menos, el interés particular de conservar el puesto de trabajo a toda costa sin someterse a ningún tipo de meritocracia (“estamos planteando capacitación permanente sin despido”, afirmó, por ejemplo, el huelguista Pedro Castillo), en desmedro de la calidad educativa que merecen los escolares. Decimos ‘cuando menos’, pues a estas alturas sería muy ingenuo ignorar los afanes de figuración política y encumbramiento sindical que los mismos miembros del gremio docente advierten en algunos de los interlocutores que han ganado protagonismo en las últimas semanas. Y en otros, las dudas o el temor surgen, al parecer, por el desconocimiento del sistema de evaluación”.

Pareciera que la cultura de la evaluación docente es ajena a la reflexión de los profesionales de la educación. Esto es falso. No son las medidas que se toman a partir de la ley de Carrera magisterial, que se instituye la evaluación del desempeño docente. Ya en el repositorio de la ONG Instituto de Pedagogía Popular (IPP), en el año 2006 en su Informe Nº 45 de difusión nacional en el magisterio, se desarrolla el tema bajo el título “Evaluación de los Desempeños docentes” (Sigfredo Chiroque Chunga). Se expresa allí de manera directa y clara “Cuando hablamos de “desempeño” hacemos alusión al ejercicio práctico de una persona que ejecuta las obligaciones inherentes a su profesión, cargo u oficio. En este sentido, la “evaluación del desempeño docente” hace referencia al proceso evaluativo de las prácticas que ejercen los maestros y maestras, en relación a las obligaciones inherentes a su profesión y cargo.” (IPP. Informe Nº 45, Lima 2006). El año anterior Luis Vásquez escribía en La República el artículo “¿Qué temen los maestros?”(19.12.05) expresando el sofisma de que “si apruebo una parte” debo estar de acuerdo con el “todo” parcial, es evidente. En otras palabras el SUTEP en el plano formal acepta la evaluación, en la práctica cuestiona la medida, pues generaría inestabilidad laboral ¿de quiénes? No lo dicen. El tema lleva más de doce años planteándose y discutiendo y el Estado no tiene una estrategia clara para desarrollarlo al amparo de la ley de carrera pública magisterial. ¿Por qué?

2. SUPUESTOS DE LA EVALUACIÓN DEL DESEMPEÑO. Desempeñar significa “cumplir con una responsabilidad, hacer aquello que uno está obligado a hacer” – En otra acepción “Ser hábil, diestro en el trabajo, oficio o profesión” (Diccionario Ideológico de la Lengua Española, 1998). Desempeño significa cómo se cumple con la responsabilidad profesional en el trabajo. En el desempeño se involucra de manera interrelacionada actitudes, valores, saberes y habilidades interiorizadas en cada persona dedicada a la enseñanza y le permite actuar en el contexto, en este caso del aula, afrontando de manera eficiente los retos del desarrollo de la clase en un tiempo determinado. Debido a que las actitudes, valores, saberes y habilidades no se transfieren, sino se construyen, se asimilan y desarrollan, cada docente puede proponerse mejorar su desempeño y el logro de niveles cada vez más altos. Este reto es un referente permanente que debería orientar la construcción del mejor desempeño profesional del docente. Sin embargo pareciera que cuando debe sustentarse el desempeño ante un jurado surgen los “miedos” que frustran a los docentes. ¿Por qué? ¿Se sienten incapaces del trabajo que desempeñan diariamente? ¿No se sienten orgullosos de ser profesionales docentes? ¿Tendría que ver con la autoestima?

Desde el año 2006 hubo difusión y también resistencia a la evaluación del desempeño docente. Unos la rechazaban por ser punitiva; otros porque los nervios les iban a jugar una mala pasada y se quedarían en blanco, inmóviles, unos terceros porque los jurados no son objetivos sino intimidantes. ¿Por qué subsiste el temor? ¿Alguna objeción profesional de conocimiento, de procedimiento? Ninguna. ¿Entonces? En el caso del rechazo bajo el escudo de “punitiva”, es bien relativo. Habría temas y problemas de fondo que van más allá del desempeño docente. Si no, cómo aceptar lo que en estudios profesionales se aprendió: que la evaluación del desempeño docente trata de conocer el grado de cumplimiento de sus obligaciones profesionales; de la forma cómo prepara el proceso enseñanza-aprendizaje para los alumnos a su cargo (tareas, material digital, fotos, imágenes, videos); demostrar en una clase lo que es el dominio del conocimiento de la asignatura que enseña y expresar cómo es su capacidad de manejo del aula en el desarrollo de la clase (motivación, conocimiento, participación de los alumnos en el proceso, y evaluación).

El desempeño docente es inherente a la formación básica y consiste en esencia demostrar en la práctica profesional, cómo el maestro desarrolla su clase y cómo desencadena procesos de aprendizaje, mediante diversas formas de enseñanza. ¿Cómo desarrolla desde la planificación, el uso del tiempo, el dominio de la motivación para introducir el nuevo conocimiento, la comprensión del tema, la investigación de y con los alumnos sobre el tema y las diversas formas de evaluar que se utilizarán? Cumplir con lo básico e importante en el tiempo que demande la planificación de la clase, demostrando una competencia fluida en el manejo de contenidos y no recurriendo a casilleros estanco, -preguntas y respuestas- de donde van derivando los conocimientos e induciendo al memorismo, sin la participación de los alumnos en la construcción del mismo, apoyados de una lectura, su interpretación. También de la investigación y profundización sobre el tema; el análisis de los resultados y la construcción de un nuevo saber.

En suma el desempeño docente en el aula está influenciado por las características personales de cada docente, por su experiencia profesional, en el contexto de variables externas que influyen en el aprendizaje de los alumnos. De hecho, se ha demostrado que, a un nivel micro, el desempeño del docente depende mucho del ambiente de la institución educativa donde trabaja y del clima que se vive, así como de su preparación profesional (Fullan, 2000).

Diario El Tiempo de Piura

3. Diálogo. En el clima de tensión que se ha venido creando, sería necesario crear el espacio para un diálogo alturado, sincero, entre profesionales y la autoridad que tiene la responsabilidad de garantizar que la buena educación que se brinda a la comunidad. El desempeño se va adquiriendo con el estudio en la formación inicial y enriquecido en la práctica profesional y contrastando la experiencia con otros docentes. Para afrontar los “miedos”, “dudas”, “desconfianzas”, “perturbaciones”, “pánicos” que produce la denominada evaluación del desempeño, debe reflexionarse y debatirse sobre lo que es la esencia del desempeño de un profesional sea docente, médico, ingeniero u otra profesión. El docente requiere de esta actividad -que es parte de su desarrollo profesional- para evaluar el cumplimiento de funciones y responsabilidades, el rendimiento y los logros obtenidos de acuerdo con el cargo que ejerce. Todo ello durante un tiempo determinado y de conformidad con los resultados esperados por la institución educativa.

La evaluación del desempeño da a conocer a la persona evaluada, cuáles son sus aspectos fuertes o sus fortalezas y cuáles son los aspectos que requieren un plan de mejoramiento o acciones enfocadas hacia el crecimiento y desarrollo continuo, tanto personal como profesional, para impactar sus resultados de forma positiva. Tratar de la mejora del desempeño del docente en el aula requiere diálogo entre autoridades, expertos y magisterio dirigidos a reforzar las decisiones tomadas y que garanticen la mejora de la educación. Pedir la derogatoria de la ley de la carrera pública magisterial, no conduce a mejorar, sino a debilitar la profesión docente; a devaluarla y a la pérdida del liderazgo en la comunidad, como ocurre actualmente..

Es preocupante que existan personas que propaguen infundios entre docentes y padres de familia con relación a que la evaluación es un paso dirigido a suprimir la educación pública; que es posible que las familias deban asumir el pago de los docentes y que los materiales educativos no serán gratuitos, etc. La escala de rumores y de información tendenciosa es desmesurada y su efecto será deplorable. Se atribuye a la evaluación todo tipo de connotaciones perversas, y no se dice que con ella el docente conoce sus fortalezas, y debilidades que debería reforzar mediante proyectos/programas de formación y capacitación financiados por el MINEDU en convenio con institutos de formación docente o facultades de educación.

La evaluación del desempeño del docente en el aula tiene en cuenta aquellos aspectos que son propios de las funciones del docente que se resumen en dos grandes categorías: a) el saber (¿sabe lo que enseña? ¿cómo enseñarlo? ¿los procesos de desarrollo y aprendizaje de sus alumnos? ¿se preocupa de tener actualizado el tema de su especialidad, al punto de conocer y analizar críticamente las estrategias pedagógicas que utiliza? b) El hacer, (¿Hace lo que se ha comprometido a hacer en razón del cargo que ocupa en la institución escolar y del lugar que le corresponde como miembro de la comunidad educativa? ¿Utiliza estrategias metodológicas y didácticas propias del área o nivel en el que se desempeña y acorde con las características y contexto de los estudiantes? ¿Es respetuoso y cooperativo en sus relaciones con los estudiantes, con los colegas, con los padres de familia y los demás integrantes de la comunidad educativa?). Ambos dominios -saber y hacer- se unen en el desempeño e involucran el ser del educador. El hacer involucra el ser y saber del educador produciendo el desempeño en el aula. Ambos dominios el educador los ha cultivado en su etapa de formación y los enriquece cuando ejerce la profesión. El desarrollo de ambos dominios demanda a la evaluación del desempeño, el diseño y estructura de un plan de desarrollo docente, que de manera permanente los retroalimente. Esta es la demanda por la que se debe luchar y no los rumores mezquinos que denigran al magisterio utilizando cortinas de humo de irresponsables dirigentes