Date:November 05, 2018

En Educación no toda oferta es buena

Por Luis Miguel Saravia

1. ¿CUÁNDO SE INOCULÓ EL MAL? Escribimos en el artículo anterior una breve reseña de cuándo perdimos el paso. Quedaron algunas cosas en el tintero de la historia educativa peruana que tiene un enfoque diferente al discurso oficial. El debate de ideas educativas que fue muy rico a fines del XIX y comienzos del XX hasta mitad de siglo, dejó regado el pensamiento de ministros de educación y pensadores peruanos que aportaron creativamente, pero no contaron ni con los recursos económicos ni con el apoyo político para cristalizar sus ideas a partir de movimientos pedagógicos surgidos en las regiones, en las provincias, con normalistas recién egresados que querían una mejora de la educación de sus pueblos.

En el debate educativo se quedaron en el tiempo aquellos que marcaron con persistencia su manera de percibir la educación peruana. Sus ideas y planteamientos se los llevó el frenesí político que instrumentalizó la educación, lejos de promoverla. Queda por investigar y conocer el legado de quienes de manera tesonera persistieron en enriquecer la educación nacional desde su función docente en la universidad o desde el desempeño de un cargo político. El desconocimiento y olvido de escritos que yacen en las bibliotecas de facultades de educación, de las instituciones de formación docente y en las bibliotecas regionales, ha permitido que nuestra educación busque referentes en “experiencias exitosas” de otras realidades que distan mucho de nuestra cultura diversa e intercultural. La publicación de ideas educativas peruanas sin duda es un avance, sin embargo ello debe ir unido a una muestra de las políticas educativas que generaron y una evaluación de sus resultados. Sin duda mucha oferta, pero no toda de calidad. Todas premunidas de excelentes premisas, pero ahí quedan si el Estado no pone la decisión para que las experiencias no sean mera copia de lo realizado en otras latitudes para un perfil de sociedad, familia y educando con otras características y cultura. Suma de intenciones, de aspiraciones, pero nunca pensando en reformar la estructura misma del sector que las debería desarrollar.

¿Cuántos funcionarios han viajado al exterior a “conocer la experiencia” y luego difundirla y ver posibilidades de desarrollarla en el país? Una “finta” más en las buenas intenciones pero sin trascendencia ni convicción. Así estamos en educación.

2. LA REALIDAD Y LA OFERTA. La segunda mitad del siglo XX y estos casi dos decenios, estamos uncidos a lo último que se oferta en educación. No pedagogos, menos filósofos, menos metodólogos de la educación. Otros profesionales pertenecientes a los bancos internacionales y las agencias de cooperación, son los portaestandartes de programas educativos que llevan como emblema, no ya la buena educación, sino la “calidad”. Concepto tomado de la economía. Y la punta del iceberg del mercado entra a tallar en la educación peruana. Y el Estado “compra” todo pues está de moda en el rubro de la mejora de los aprendizajes, en la punta de los conocimientos.

De manera tímida las autoridades nos cuentan una fábula hermosa, que hará que nuestros educandos sean los mejores de la región. Y no nos dijeron en la fábula que nuestra educación iba ser capturada por el mercado y que las políticas educativas se pensarían desde lógicas empresariales. Se cuidaron muy bien de que este accionar venía ocurriendo en otros países y que este respondía a lo que se llamaba “Consenso de Washington” (agotado el modelo vigente durante el periodo 1933-1980, conocido como «industrialización mediante la sustitución de importaciones» (ISI), se diseñaron las bases para las reformas estructurales necesarias que permitiesen cambiar el rumbo económico de América Latina. Todo ello se daba cuando en la región -1982 y 1990- unos quince países realizaban la transición política desde la dictadura a la democracia, asumiendo el sistema de «economía de mercado» como modelo económico). En este marco se establecen unas medidas de política económica que permitan orientar a los gobiernos de los países en desarrollo y organismos internacionales (FMI, BM, BID) al evaluar los avances en materia económica de los primeros pedir ayuda a los segundos (Casilda Béjar, Ramón. América Latina y el Consenso de Washington. http://www.revistasice.info/cachepdf/BICE_2803_19-38__4F750124143128257278CDB775B3F4F9.pdf)

La presencia de este “consenso” en educación, al que no fuimos convocados los docentes y menos los padres de familia, se manifiesta en que el discurso pedagógico cambia: no se habla de necesidades de la población sino de demandas. No los llamados servicios que el Estado brinda a los pobladores sino de oferta. Tampoco se habla de administración institucional sino de gestión. Los docentes responsables de la enseñanza, son recursos humanos.

Desde los 90, las políticas se centran en las innovaciones tecnológicas que se producen en el marco de la globalización. Pero se dan cuenta que la educación no se ajusta a este “nuevo” entorno. En la educación “estaba todo mal”, atrasado, permitido, era necesario modernizarla. ¿Cuál fue el discurso de entonces? ¿Acaso no se empezó a hablar del uso de la tecnología en las aulas y se hicieron pruebas de interconexión? ¿Acaso los almacenes del MINEDU no tuvieron en exceso computadoras que fueron repartidas, sabiendo que no existía conectividad y en algunos lugares ni siquiera se tenía servicio eléctrico en las escuelas? Las categorías que utilizan los organismos internacionales son universalistas y no admiten adaptación alguna a las características nacionales o regionales, no toman en cuenta la realidad de cada país. Por ello escuchar a un ministro, funcionario o docente con un lenguaje que suena postizo para nuestra realidad, evidencia que se sigue desarrollando un guión a fuer de que las propuestas nacionales se han ido elaborando de acuerdo a la cultura e idiosincrasia de nuestro país.

La educación no se vende. O no se vende educación. Una premisa que en Chile ya tienen bastante clara / Foto: El Boyaldia

3. DISCURSO LEJANO DE LA REALIDAD. Triste es reconocerlo desde el magisterio y desde nuestra política educativa, haber sucumbido al discurso vigente aún del “Consenso de W”. Angélica González expresa “…el núcleo de la reforma en América Latina es la transnacionalización de una tecnocracia encargada de “producir recetas de carácter supuestamente universal, más allá de la historia, los conflictos, las necesidades y las demandas locales” (GENTILI, 1998). Así pues, se empieza a desplazar al Estado como actor protagónico, minimizándolo y restándole funciones como agente regulador, hasta convertirlo en simple observador y verdugo del Sistema Educativo Latinoamericano.”( file:///C:/Users/pc/Downloads/549-1-511-1-10-20170926.pdf) Y en eso estamos. El discurso de “calidad” ha bajado en intensidad sabiendo que ese calificativo no se ha cumplido en nuestro país. Hoy se plantea la gestión y surgen las capacitaciones, las reestructuraciones y la realidad nos da en la cara cuando desde Piura informan “En un año se esfumaron 12 millones de soles de seis UGEL” En la región, de 2015 a 2016, hubo un robo de más de 12 millones de soles en al menos seis Unidades de Gestión Educativa Local. La policía trabaja la hipótesis de una presunta organización criminal operando por años en el sector educación. ¿Y las autoridades? Todo esto ¿abonará la tesis de que nuestro sistema educativo no sirve, debe ser cambiado? Pero hay que cambiarlo, según el procedimiento convocando a otras fuerzas -los empresarios- para que asuman el compromiso y que canalicen la inversión extranjera para fomentar una educación de calidad, pues el mercado lo requiere. ¿Y el sentido social y humano de la educación? ¿Por qué no pensar una educación que vuelva sobre las huellas del pasado para pensarla y a partir de ello construir ámbitos más saludables donde lo deseable suceda, donde lo posible se amplíe y lo bueno se multiplique? ¿Por qué no pensar la educación peruana en esa dimensión?

Frente a lo que vivimos y transitamos, aún vemos que “…en la educación, casi siempre en perfecta sintonía con el recetario de los organismos multilaterales y con las políticas neoliberales, resultando en la minimalización del papel del Estado en lo correspondiente a las políticas sociales y en la reducción de la esfera pública y consecuente ampliación de la esfera privada.” Sin embargo, si miramos al entorno de países limítrofes -Brasil- este modelo va llevando a otros escenarios donde la escuela va perdiendo su perfil comunitario, el lugar de encuentro no sólo de alumnos para aprender, socializar, sino también para participar. El modelo de escuela integradora no va más. El espacio pedagógico también viene siendo hipotecado por cambios y ritmos que impone el mercado. Se ha instalado una pedagogía de la competencia, de la eficiencia, de los resultados. Se prioriza la eficiencia, la calidad, el desempeño y las llamadas necesidades básicas del aprendizaje constantemente evaluadas para demostrar resultados que obtienen los alumnos, demostrando lo eficaz y la calidad del trabajo escolar. Para ello se recurre a ranking de las escuelas para incrementar la competencia entre ellas y de esta manera invitar a los padres de familia a “participar en la vida escolar”. La elección de las escuelas se hace teniendo en cuenta la gestión y la organización escolar, la valorización de temas (matemáticas y ciencias); En general, se hace presente en todas esas políticas un discurso de la modernización educativa, la diversificación, la flexibilidad, la competitividad, la productividad, la eficiencia y la calidad de los sistemas educativos, de la escuela y de la enseñanza en la óptica de las reformas neoliberales de adecuación a las demandas y exigencias del mercado.( http://biblioteca.clacso.edu.ar/clacso/coediciones/20100823015222/10BrP1C1.pdf)Tenemos el espejo de lo que vendrá, si es que no está ya entre nosotros con las nuevas modalidades de instituciones educativas “pre-universitarias” que empiezan a pulular en Lima Norte, Sur y Este, ante la complacencia de autoridades pues con lo privado no interfieren.

La escuela pública en este esquema de oferta y demanda pareciera que va a desaparecer y los docentes, como siempre postergados no solo en remuneraciones, sino en programas de actualización permanente que deberían ser gratuitos. El mercado va convirtiendo a la educación en un servicio que quien puede lo adquiere. El derecho humano a la educación va siendo borrado de la escala de valores. Y después nos quejamos y pedimos que la escuela “enseñe” valores, cuando el Estado no respeta un mínimo a la persona. La oferta que promociona, atado de manos, frente a residuos del CW, permite que poco a poco el mercado sea el que regule la educación y no el derecho que asiste al Estado y a cada peruano. Por eso se ha paralizado hasta hoy la utilización del currículo nacional, por una denuncia judicial. ¿El Ministerio de Educación atado de pies y manos? Con razón, la ley de la oferta y demanda siguen reinando. Y después se habla de equidad, de respeto al otro, de solidaridad. ¿Qué país tenemos y qué ciudadanos educamos?

Bueno sería que así como se han realizado investigaciones sobre la educación en sucesivos gobiernos recientes, se desarrolle investigación crítica de la forma cómo se han aplicado las recomendaciones del CW en la política educativa del país y su impacto. No todo puede ser posiciones políticas enarbolando el concebido ¡abajo el neoliberalismo!. Menos quedarse en las denuncias por la aplicación de las cartas de intención del FMI y las directrices y normas en el contexto de un discurso de modernización del país, la necesidad de insertarnos en la globalización y sus requerimientos desde la economía mediante instituciones financieras y corporaciones internacionales. Todo ello desde una perspectiva de las políticas educativas que enfatizaban ora la calidad, ora la evaluación, ora la gestión, ora la inversión en infraestructura. También al igual que con el presupuesto del sector debería preguntarse por la formación inicial de docentes; la formación continua que consigna la ley general de educación. ¿Cuántos años de promesas lleva a cuestas? La política tiene que retomar el control de la educación, que perdió hace años, y que hoy está virtualmente ¿en manos de quién? Menuda, pero gran tarea, para salir de la consigna y denuncia sin fundamento y menos con propuesta, que hace años tiene atollada a la educación, mientras otros la siguen ofertando como un servicio con las reglas del mercado, sin ponerse a reflexionar que toda oferta no es buena para un país diverso e intercultural.