Date:February 23, 2018

En el mundo de la revolución constante ¿cómo va la educación?

Por: Luis Miguel Saravia Canales

1. Ubicándonos. Desde 2016 empezó a tintinear que algo nuevo ocurriría en el mundo en el campo de la tecnología. Fue en Davos 2016, en reunión de empresarios, agentes financieros y premios Nobel, personas que inciden en la conducción política, económica y social del mundo. Klaus Schwad, expresó en dicho encuentro que la cuarta revolución industrial cambiará la manera de trabajar y comunicarnos.

De diversas maneras se han escuchado estos tintineos en el mundo de la educación. Unos interpretan sus sonidos en serio, otros como un mero llamado de atención que podría solucionarse con dos medidas irresponsablemente promovidas: mejorar el rendimiento en las pruebas PISA y postular para formar parte de la OCDE. ¿A esto que se reduce el mensaje? Por supuesto que no. Los velos de Pisa y la promesa de participación en la OCDE perturban el conocimiento de lo que es la revolución constante, la cuarta revolución industrial o la 4.0. ¿Alguien que no sea economista o analista se ha tomado el trabajo de explicar qué existe más allá de este resumen barato que nos trasmiten? ¿Por qué solo a los empresarios les debe interesar que el mayor impacto de esta revolución a nivel de logística y de “cadena de suministro” será la impresión en 3D, la robotización de los almacenes y la distribución de productos mediante drones? ¿Por qué no a los docentes?

Existe un desajuste causado por las nuevas tecnologías y nuevos modelos empresariales que demanda soluciones. En el Foro se habló de cinco riesgos mundiales para los próximos años y que los estamos viendo y palpando: 1) falta de mitigación y adaptación al cambio climático; 2) proliferación de armas de destrucción masiva; 3) crisis del agua; 4) migraciones involuntarias a gran escala; 5) impacto del precio de la energía en los negocios.(Carlos Ayala Ramírez, Alainet.El Salvador, 26.01.16) Todo esto forma el paquete de preocupaciones que tienen las grandes economías, pero en él no se comprende los temas que afectan a millones de seres humanos, de los países en desarrollo, a los que sí se les exige una rápida y urgente adaptación a las dinámicas del mundo desarrollado.

Los efectos de estas “profecías” se dejan sentir por la competitividad para conquistar nuevas fronteras sin tener en cuenta los costes sociales y humanos. Ya se habla que el 57% de los empleos de los países de la OCDE están en riesgo o son vulnerables ante la robotización y el desarrollo de la inteligencia artificial. La robotización en los próximos 20 años afectará posiblemente a las fábricas asiáticas y europeas.

Igualmente se sabe que la inteligencia artificial crecerá un 36% ligada al Internet de las cosas (IoT) y a la denominada Industria 4.0 (realidad virtual, impresión 3D…). Se logrará una aplicación rápida y transversal, tanto en el hogar, en los servicios, en el transporte, en la sanidad, en las finanzas, en el ocio y en la industria militar y de seguridad. Los centros de poder y liderazgo estarán en Estados Unidos, Japón, China, Corea del Sur y la India Se diseñará y construirá un nuevo tablero mundial de hegemonía económica, sin duda con fuertes rivalidades.

2. Educación y ritmo de la cuarta revolución industrial. El año pasado -13 y el 15 de marzo-, la Directora de la Oficina Internacional de Educación de la UNESCO celebró una primera reunión de consulta sobre las “Competencias futuras y el futuro del currículo: referencia mundial para las reformas de los currículos para la cuarta revolución industrial”. La reunión convocó a personas y virtualmente, a intelectuales internacionales, incluidos expertos individuales, y representantes de las principales organizaciones y redes profundamente comprometidas con el tema, como la OCDE; el Banco Mundial; el Instituto Coreano de Fomento de la Educación ; la Academia de Ciencias de Nueva York; Pearson; el Foro Mundial de Educación ; Fast Forward y Global Cities Network, de Asia Society; universidades e institutos como la Universidad de Melbourne (Australia) y el Instituto de Educación de Moscú; varias experiencias de países como la Argentina, Australia, China, la República de Corea, Finlandia, Nueva Zelandia, Chile y Seychelles; el sector privado, como Salesforce; y personalidades eminentes en la esfera de la educación, como Anthony MacKay y Michael Barber. Se revisaron en estos días tres documentos:1.Reconceptualización y reubicación de currículo en el siglo XXI: propuesta de cambio de paradigma; 2.Competencias para la cuarta revolución industrial: referencia mundial para la transformación de los currículos; 3. La enseñanza, el aprendizaje, la evaluación y la presentación de informes en un currículo en función de las competencias. Pusieron en común conocimientos y formularon un enfoque consolidado para proporcionar asesoramiento técnico a los estados miembros en materia de competencias futuras y de transición a un currículo en función de las competencias, y de esbozar un proceso común y mecanismos para garantizar la continua pertinencia de ese asesoramiento técnico. Los documentos fueron perfeccionados mediante una amplia consulta internacional. En el mes de mayo se realizó la segunda reunión de consulta en Marbach Castle (Öhningen, Alemania.) Los resultados de estas consultas contribuirán en la construcción de la respuesta a la siguiente pregunta: ¿qué deberían hacer los sistemas de educación y aprendizaje para preparar a sus alumnos para la cuarta revolución industrial?

A estas alturas de los acontecimientos del Foro Davos, debemos reconocer una vez más que la educación es un arma más poderosa para crear conciencia y reflexión con fines transformadores. Xavier Martínez C. nos dice “…creo que estamos ante un dilema aún por abordar con valentía, como el que planteó Adorno en su escrito La educación después de Auschwitz (1966), que abrió un debate moral de enorme trascendencia.(Educación y Cuarta revolución industrial. El Diario de la Educación.05.02.17). Ello demanda compromiso, pasión por la educación y profesionalismo. ¿Y nosotros no nos enfrentamos a un dilema parecido ocasionado por Sendero Luminoso? ¿Cuál es la respuesta?

3. Perú: la distancia del futuro. Hemos sufrido los que se llama los desafíos de la actualidad (baja inflación, hundimiento del precio del petróleo, disminución del precio de materias primas, refugiados y migraciones, expansión del terrorismo). Se silencia la desigualdad extrema en el mundo que alcanza cotas insoportables. Se dice que el 1% más rico de la población mundial posee la riqueza que en el 99% restante de las personas del planeta (OXFAM, Davos 2016) En eso está el mundo. Nuestro país trenzado en crisis domésticas, de “políticos” de coyuntura y no de ciudadanos que aporten ideas, compromiso y propuestas genuinas a nuestro país diverso, intercultural.

Requerimos un sistema educativo en sintonía con las nuevas tendencias que se dan en la economía, en el desarrollo. El campo pedagógico viene sufriendo transformaciones pero aún no llegan a estas costas. Seguimos con capacitaciones sobre contenidos pasados y no preparamos a los alumnos para que su aprendizaje los adecúe a las transformaciones que se vienen construyendo y donde habrá cambios de envergadura en el trabajo: menos oportunidades de empleo digno, reducción de la seguridad social y aumento de la desigualdad e incremento de la pobreza. ¿Estamos preparando a la nueva generación de peruanos para los retos que plantea la cuarta revolución industrial? ¿Cuándo empezaremos? Miremos a nuestros vecinos y miremos cómo se plantean el problema del conocimiento, aprendizaje. No esperemos nuevamente a embajadores de bancos y agencias que vengan a imponer modelos y recursos para aplicarlos. Es decir como la antigua carta de intenciones del FMI.

No dejemos que la coyuntura limite la decisión política. ¿Por qué no plantearse interrogantes que hagan que la comunidad educativa, sobre todo los docentes en servicio y los que vienen formándose se sitúen en escenarios que nos plantea la cuarta revolución industrial? UNESCO ha dado el primer paso y su discurso y decisiones no pueden ser tomadas con indiferencia por las autoridades políticas de educación y los responsables de dirigirla, las ignoren. En el país seguimos atados a los mismos clavos administrativos que no se resuelven y que son atendidos prioritariamente, desplazando lo importante: las ideas pedagógicas que deben regir y ser el sustento de la educación nacional. El nuevo escenario nos invita a pensar y preguntarnos ¿cómo educar en la escuela cuando no haya trabajo humano para todos y se deba competir con robots? En el reino de la robótica y de la inteligencia artificial, ¿qué sentido tendrá educar? ¿Tendrá sentido seguir con el mismo sistema educativo fordista que piensa en formar personas para la rama manual y la rama intelectual? ¿Tendrá sentido seguir manteniendo los clásicos trívium y quadrivium en asignaturas?

Pensadores peruanos de antaño y hogaño se plantearon el tema del aprendizaje, el desarrollo del niño y adolescente, trabajaron con tendencias que estaban en boga en otras latitudes, pero no renunciaron a sus propias propuestas y respuestas, para que otros no decidan lo que se debe hacer en la educación de nuestros hijos –niños y adolescentes- . ¿Qué somos? ¿Qué queremos ser? ¿Necesitamos mega instituciones educativas cuando la tendencia es el trabajo cuasi individual y por grupos? ¿Quién aporta al mantenimiento de esos locales? ¿Se contará con docentes de punta para alumnos de una era distinta a los que deciden qué debe hacerse en educación de las nuevas generaciones? ¿Existe una cantera de investigadores pedagógicos interdisciplinares que nutran y renueven el discurso pedagógico que enriquezca el sistema educativo nacional?

Estas y otras preguntas que el Estado y gobiernos deberían plantearse y plantearla a la comunidad educativa y a la sociedad en su conjunto. Ello requiere diseñar un nuevo contrato social, no como los empresarios y políticos lo quieren en defensa de sus intereses, sino por el derecho que se tiene a decidir qué tipo de ciudadanía debemos formar y hacerla realidad. Todo ello y más debería ser preocupación de la política de educación pública en nuestro país y no sólo cemento, ladrillo, materiales educativos. Debería elevarse el gran objetivo de la educación pública centrado en la inteligencia colectiva, dirigida al bien común e interdisciplinario en un nuevo contexto igualitario y planetario. El futuro robotizado está a las puertas y demanda recuperar y reconocer al otro, el sentido de la equidad y la igualdad. Esto exige una nueva educación pública para preservar un futuro humano de dignidad con personas libres y críticas formadas para cooperar, decidir cómo diseñar la tecnología y la economía respetando las necesidades humanas. ¿Cómo alcanzar esto sin asumir la igualdad para todos, el sentido crítico, el trabajo en equipo, el bien común, la creatividad, la argumentación y la empatía emocional con alteridad, con un sistema educativo donde prima lo político, antes que lo académico; lo económico y dependencia, antes que la generación de productos a partir de nuestra riqueza primaria y el desarrollo de nuestras propias capacidades?

La revolución constante demanda una educación pública que no sea tutelada, sino liberada, crítica, que garantice el derecho a aprender para que todos los seres humanos desarrollen sus capacidades y potencialidades y expectaciones. La revolución constante demanda un “cambio cultural disruptivo y radical” que se viene dando a pesar del sistema educativo.

La revolución constante exige empezar hoy, no el próximo quinquenio. Por eso, las interrupciones que ha sufrido la conducción del sector vienen produciendo un mal irreversible. Se ha puesto el énfasis en el hierro y cemento, en el título de instituciones educativas -emblemática y de alto rendimiento- antes que en la filosofía y pedagogía que debe optar el sistema educativo peruano de manera permanente y no con súbitas interrupciones políticas, donde lo central no es el saber, sino la colocación de recursos para formar los profesionales que el mercado requiere. Eso es ponerle freno y retroceso a lo avanzado. ¿Hacia dónde vamos?