Equidad de género y educación

Por Luis Miguel Saravia

1. Por estos días. Se ha escuchado hablar y se ha escrito mucho sobre equidad de género en el país. Hemos visto y leído notas, artículos sobre el tema. El común de las gentes, como si escuchase un informe meteorológico que no llega a procesarlo si es que no lo vive. Pocos saben de qué se trata y menos por qué se habla tanto de ello. Se ha atacado la política educativa del currículo que incorpora el concepto “equidad de género”, sin ningún fundamento, sino con una visión ideologizada de lo que es la percepción de género, para algunas instituciones de carácter religioso. Una madre de familia a quien le hice la pregunta respondió, me suena, pero no sé qué es, creo que es algo malo. Así oigo. Decir y sentir popular, lejos del “debate” ilustrado, indicador de los vacíos y carencias que existe en la formación ciudadana y ante por ello alguien desde otra orilla quiere aprovecharse y sembrar confusión y ganar a río revuelto para seguir fortaleciendo su autoritarismo, su oscurantismo y fundamentalismo.

Foto: Universidad Metropolitana de Ciencias de la Educación – Chile

Un poco de historia es necesario para situar el tema. La década de 1990, estuvo marcada entre otras cosas por los avances relacionados con la conquista de los derechos de las mujeres en las dimensiones del proceso de desarrollo que se daba en el mundo. Las luchas emprendidas por millones de mujeres tiñeron con sus demandas y voces las acciones en la sociedad. En Beijin en la Cuarta Conferencia Mundial sobre la Mujer (1995) se marca un hito en la agenda de género. A nivel regional es en Lima donde se fortalecieron estos derechos en la octava Conferencia Regional sobre la Mujer de América Latina y el Caribe, en el año 2000. Se plantearon lineamientos para cautelar los derechos de las mujeres, eliminar las barreras que dificultan su participación en los procesos decisorios y propiciar su acceso a recursos económicos y productivos, por medio de políticas activas. Las mujeres han logrado alianzas dentro y fuera del Estado, a nivel nacional e internacional. Las Naciones Unidas se han convertido en el espacio multilateral que más ha contribuido a legitimar sus demandas y a promover políticas activas en materia de equidad de género. Ignorar estos logros por desconocimiento o estrechez ideológica, dicen mucho de la sociedad en que vivimos, de los ciudadanos formados y las instituciones. Una sociedad que está de espaldas a la propia realidad de sus ciudadanos y sus demandas, requiere ser renovada en su sistema educativo, en sus planes de desarrollo. Se habla de equidad y se niega derechos, posibilidades de ser mejores personas, y reconocer que existe una exclusión de género en el rol ciudadano. ¿A qué situación se ha llegado?

Foto: Tiching.com

2. Género y educación. Ambos conceptos se complementan, no se polarizan. En educación es importante asumirlo claramente para que no se llegue a confusiones ya superadas desde que se instauró la coeducación en nuestro sistema educativo. Los mayores logros en la equidad de género se vienen dando desde cuando en los años 90 se conquistó la equidad plena en el acceso a la educación primaria en las tasas netas de matrícula de niños y niñas y en secundaria y superior, las mujeres superaron la tasa de matrícula masculina. Queda pendiente alcanzar otros logros como la inserción en el mercado de trabajo, reducción de la brecha salarial, reconocimiento de la participación y protagonismo político.

Quienes se oponen a referencias sobre género, equidad, enfoque, lo hacen por falta de conocimiento y por ser dependientes históricos de un modo de pensar y optar que no valora ni reconoce a la persona, sus potencialidades, y opciones. Nadie quiere domesticar a nadie y menos a las personas. Debería asumirse claramente que el género es una construcción social que dicta los roles que cada persona debe desarrollar de acuerdo con su sexo en cada ámbito de la vida. Es una construcción cultural por lo que es cambiante y relativa. En tal sentido es susceptible de ser modificada. En consecuencia, el género es parte de una identidad aprendida, que cambia con el tiempo y que varía enormemente al interior y entre culturas. (Gloria Calvo. Unesco titulado “Género y logros de aprendizaje”, Santiago abril 5 de 2016). Negar ello es quedarse en el ostracismo, en un fundamentalismo inmovilizador, anacrónico. UNESCO (2014), considera que la igualdad de género significa igualdad de derechos, responsabilidades y oportunidades para mujeres y hombres y para niñas y niños. La comprensión del principio de igualdad admite la existencia de diferencias reales entre las personas, en términos de características que las sociedades pueden valorar jerárquicamente como significativas o no.

Quedarse en disquisiciones semánticas cuando no ideológicas, es un indicador que devalúa el enfoque y tratamiento del discurso de la equidad de género, en el país. El debate se ha querido centrar en el enfoque del currículo aprobado por el Estado peruano y en vigencia que asume la equidad de género como uno de sus ejes. Se cree que denegando ese enfoque se alcanzará una equidad que no es una dádiva, sino que se construye y fortalece.

3. Cómo promover equidad de género en escuela. Un reto que debe asumirse con conocimiento, con estudio, con prácticas, actitudes y comportamientos que eviten la transmisión de los estereotipos que son la base para la discriminación y la violencia. Para ello debe tenerse conceptos claros entre sexo y género. El sexo es la distinción biológica entre hombres y mujeres. El género hace referencia a las características que culturalmente se asocian a la feminidad y masculinidad, por lo tanto, son aprendidas y pueden cambiar. Se dan estereotipos de género cuando se asignan cualidades diferenciadas a los sexos, estableciendo modelos sobre cómo debe comportarse un hombre y una mujer, desterrando dichos y ejemplos sociales como “los niños no lloran”, o, las mujercitas se encargan de tareas domésticas”.

Ana María Ortega M.  proporciona recomendaciones para trabajar en el aula sobre la equidad de género:

• Compartir responsabilidad en las actividades de cuidado del aula (acomodar el material, limpiar las mesas, barrer, adornar, y otras). Designar comisiones de alumnos y ponerles fechas de sus turnos. Colaborar todos en diferentes tareas.

• Participar en las mismas actividades o juegos. Invitar a niños y niñas a jugar al fútbol, a la casita, a las muñecas, a las carreras, etc. Advertir que hay espacios y actividades para ambos sexos.

• Utilizar cuentos, canciones y material didáctico que promuevan la equidad. Cuentos no estereotipados, pues abren un abanico de personajes con los que los niños y niñas puedan identificarse.

• Realizar dinámicas de grupo que les ayuden a reflexionar sobre los roles de género. Puede disfrazarse de distintas ocupaciones (policía, enfermero/a, astronauta, chef, mecánico, albañil, doctor…) y que actúen de acuerdo a la ocupación que se les asignó. Pregúntales cómo se sintieron e invítalos a pensar sobre las funciones diferenciadas para hombres y mujeres que hayan observado en el juego (por ejemplo, si creen que sólo las mujeres son aptas para cuidar de los otros/as o sólo los hombres pueden dedicarse a la ciencia, mecánico, albañil etc.).

• Permitir la libre expresión de sentimientos a niños y niñas por igual.

• Analiza los estereotipos que se observan en los medios de comunicación. Por ejemplo, los lunes al inicio de clases, dibujar y describir características de algún personaje que hayan visto en la televisión el fin de semana. Orientar el diálogo cambiando las historias si el personaje fuera del sexo opuesto. Esto ayudará a visualizar de forma más clara las formas de ser y actuar que se asignan en función del sexo y las limitaciones que éstas implican.

• Practicar el uso no sexista de lenguaje.

• Facilitar espacios para la resolución no violenta de conflictos. Incluir en clase la expresión de emociones ante la situación de conflicto, escuchar la posición de cada una de las partes y buscar soluciones que beneficien a todos y todas. El repertorio de actividades a desarrollar es una invitación para crear situaciones, desarrollar diálogos y roles teniendo como eje central la equidad de género. Esta tarea que debería abordarse y explicarse a los padres y la comunidad a partir del contexto histórico y la necesidad de ir acortando brechas que promueven la violencia entre parejas, familiar y en la sociedad, por falta de formación en lo que se denomina el enfoque de género. Esto significa respeto entre iguales y valoraciones de las personas por lo que son y lo que aportan a la comunidad, al entorno, a la sociedad. En nuestra realidad sobre el tema se informa, se habla y se hace desde un enfoque represivo, policial que recibe el nombre de violencia de género, que se manifiesta en el hostigamiento y el acoso sexual. Eso no es producto de la aplicación del enfoque de género. Todo lo contrario

La importancia de abordar temáticas de género en la formación docente es urgente e importante. Si continuamos con la tesis sobre la importancia de las agencias socializadoras en la configuración de los imaginarios relativos al género, los docentes juegan un papel importante en estos procesos. De allí la necesidad de incluir la perspectiva de género en su formación inicial y en servicio. ¿De qué manera se abordan temáticas de género actualmente en la formación docente? La perspectiva de género pareciera estar ausente en los planes de estudio para la formación inicial de docentes aún después de los procesos de reforma llevados a cabo en los países de la región. Constituyen más bien iniciativas aisladas que no logran permear el sistema de formación docente en su conjunto. En Chile existen varias universidades que cuentan con programas o centros de estudio en género que realizan investigaciones con poca incidencia en la formación de docentes. En el Perú se introdujo la perspectiva de género en el currículo para la formación de docentes para la educación bilingüe intercultural, pero no se ha trabajado en profundidad. También se incluyó en el proyecto de reforma curricular de los institutos superiores pedagógicos que dependen del Ministerio de Educación pero no ha trascendido lo nominal.

En Colombia se reportó una experiencia de formación de docentes en servicio entre 1999 y 2002 desde la Escuela de Género de la Universidad Nacional de Colombia la cual tuvo un alto impacto en quienes participaron analizando sus prácticas de aula. (Hexagrama Consultoras; Facultad latinoamericana de Ciencias Sociales –FLACSO; Instituto de Estudios Sociales Contemporáneos- IESCO- Universidad Central de Bogotá (2006) En México se incluyó la perspectiva de género en el recién aprobado Plan Nacional de Educación. En general los países reportaron la dificultad encontrada para la legitimación académica de las teorías y análisis de género dentro de las universidades pese a que en todos ellos existen centros, unidades o departamentos de género desde donde se realizan diversos estudios e investigaciones. Esta situación no deja de llamar la atención, más aún cuando se reconoce la alta feminización de la profesión docente especialmente en la educación inicial y prebásica sumada a sus deficientes condiciones salariales, lo que ameritaría la reflexión sobre el género como elemento básico para la configuración de la identidad docente. ( “Equidad de género y reformas educativas Argentina, Chile, Colombia y Perú”, Santiago de Chile, 253 páginas).

Es necesario reformular la formación inicial y continua docente con un enfoque de género. Se requiere una preparación docente que enfatice la necesidad de ofrecer oportunidades equitativas a niñas y niños, y que ofrezca herramientas para implementar interacciones equitativas en la práctica cotidiana de la sala de clase. De manera complementaria se deberían ofrecer elementos que permitan a los docentes observar y evaluar sus prácticas, con enfoque de género. La escuela sigue siendo un espacio privilegiado de socialización y de otro lado busca formar a los docentes en la promoción de dinámicas de aula. Es en la escuela donde se forma y consolida este aprendizaje. La formación y sensibilización de los profesores frente a la dimensión de género demanda involucrar el análisis del currículo oculto en la cotidianidad del aula. De igual manera, la formación en las potencialidades de los aprendizajes colaborativos además de la reflexión sobre las prácticas pedagógicas con el fin de incluir la perspectiva de género. Los docentes deberían convertirse en un modelo a seguir en la promoción y en la reducción de los estereotipos basados en el género. La formación inicial de profesores y profesoras, el desarrollo curricular y pedagógico, y la organización escolar deben apuntar a la transformación de la cultura y a la construcción de relaciones de género igualitarias.

Lecturas para consultar:
CAMINOS HACIA LA EQUIDAD DE GÉNERO en América Latina y el Caribe. 9ª. Conferencia sobre la Mujer. México, D.F., 10 al 12 de junio de 2004
La educación técnico-profesional en América Latina Retos y oportunidades para la igualdad de género Leandro Sepúlveda
La Equidad de Género desde las Aulas