Date:October 18, 2017

Hablemos en serio de revolución social (II)

Por Teresa Tovar Samanez

El discurso de la presidenta del Consejo de Ministros, Mercedes Aráoz siembra la duda razonable de si la “revolución social” que anuncia es solo un pregón o significa un derrotero. Si le tomamos la palabra en educación, habría que emprender medidas concretas que inicien una revolución educativa.

Hay que cumplir y rendir cuentas de la meta nacional de incremento sostenido de inversión pública hasta el 6% del PBI, elemento ausente en el discurso. La política económica anunciada ha enfatizado acelerar y facilitar la inversión privada, en lugar de hablar de un mayor gasto público.

Necesitamos políticas y metas de cierre de brechas, que sean vinculantes y de dominio público. No basta saber cuánto disminuye la pobreza, sino cuánto merma la desigualdad, cuya terca persistencia e incluso incremento contradice cualquier “revolución social”. Al respecto, el discurso ha mencionado la educación inclusiva de estudiantes con discapacidad y las políticas de educación intercultural bilingüe. No se ha mencionado la desigualdad de género ni la urbano-rural.

Hoy garantizar buenos maestros pasa por formular y financiar una política nacional de formación docente, siendo totalmente insuficiente circunscribirse a medir el desempeño. El discurso plantea la modificación de esta evaluación, lo que debería conducir a la eliminación definitiva de su carácter punitivo, vía la modificación del Art. 23 de la Ley de Carrera Magisterial. La ratificación de los incrementos salariales debe acompañarse con el aliento al trabajo creativo y no parametrado del maestro. Es saludable el anuncio de mayores nombramientos ya que hoy la carrera magisterial naufraga en un mar de maestros contratados.

El discurso de Mercedes Araoz y la preocupación de su contenido / Foto: Andina

Hay silencios preocupantes en el discurso. Los dilemas morales que plantea nuestro pasado y presente de corrupción, la urgencia de una educación de cara al medio ambiente en deterioro, y lo perentorio de educar para una humanidad común, libre de feminicidios, crímenes de odio y violencia. Por ello, la mejora del currículo no solo debe ser de forma sino de contenido. Son temas a priorizar y encarar en la práctica de las escuelas, rompiendo el cerco de las mediciones en matemáticas y lectura; temas a los cuales hay que otorgar peso institucional, restituyendo la Dirección Nacional de Educación Ambiental y Comunitaria y focalizando una Dirección de Tutoría en el combate a la discriminación, violencia de género y corrupción.

Una “revolución social” y educativa requiere encarar radicalmente la desigualdad, y poner por delante educar dentro de paradigmas fundantes de un cambio civilizatorio.

Publicado originalmente en Diario Uno.