Hacia la transición energética

Por: Luis García Gutiérrez

(Este texto es la segunda parte del artículo “Educación Ambiental y Cambio Climático”)

Pasar de una economía alta en carbono a otra descarbonizada o de nivel bajo en carbono es un proceso largo, costoso y difícil ¡MUY DIFÌCIL!. Requiere cambios culturales y políticos y compromete nuestras propias prácticas cotidianas de convivencia y comportamiento, porque cualquier intento por parar el cambio climático pasa por un cambio productivo y de productividad.
Habrá muchas resistencias no solo por los intereses afectados sino también porque nos cuestiona a nosotros mismos, nuestros hábitos y conductas.

“Todos piensan en cambiar el mundo
pero nadie piensa en cambiarse asimismo”
León Tolstoi

Pero no hay otra alternativa para enfrentar al cambio climático porque lo que hasta ahora se ha hecho es insuficiente y la era fósil de la economía debe llegar a su fin.

El motor de toda economía es la energía, se trata de pasar de una energía no renovable, finita a otra renovable y sustentable. Algunos le han llamado “transición económica” y otros “transición justa” o “transición ecológica” pero el camino de la transición ya está trazado. Ya existen “brotes verdes” sobre este paso que de manera gráfica se presenta:

De un fuerte contenido de petróleo, carbón y gas natural (88%) con solo 1% en renovables, se requiere pasar a un 32% a 38% en renovables y disminuir a un 40% la energía proveniente del petróleo y el carbón en las próximas décadas
El futuro previsto nos da este otro gráfico.

(Fuente: “Transición Energética: Eficiencia energética y energías sustentables”)

En Europa han existido fórmulas como la del 20/20/20, esto es, que para el 2020 se alcanzará 20% de energías renovables, 20% de energía atómica y 20% de eficiencia energética, manteniéndose un 40% de energías fósiles.

Entonces, se miden los porcentajes de adelantos o retrocesos en función de esas metas.

La Unión Europea (UE) se fija una tasa de 32% de energía renovable en 2030 (14 de junio de 2018) – solar- hidráulica—eólica- biomasa. “El pacto eleva el nivel del 20% de renovables que la UE tiene marcado para el 2020 y supone casi el doble de la cuota del 17% de energía solar, hidráulica, eólica y biomasa alcanzado por la UE en 2017”. (EFE: VERDE )

Hoy en día a grosso modo, el petróleo, el carbón y el gas natural dan cuenta del 85% del mix energético mundial. Las renovables no llegan al 10%. Este es el cuadro que tiene que cambiar.

Lo cierto es que el cuadro es más complejo porque hay que incorporar otras variables como la introducción del biogás, Dinamarca por ejemplo es un país comprometido con la biomasa, el biogás y las renovables; el tratamiento del biometano como combustible ideal para el transporte; la tecnología de la “digestión anaerobia “ (sin oxígeno) con tratamiento bacteriano que hacen “codigestión” de la basura con aguas residuales; tecnologías de captura del CO2 que han llegado a cotizar en bolsa; tecnologías y prácticas de autoconsumo y generación eléctrica propia; introducción y masificación del coche eléctrico como ya se empezó con los autobuses municipales en San Isidro-Lima ; decisiones sobre el incremento de áreas de conservación zonal y regional, por ejemplo los bosques de Shunté y Mishollo ( San Martín) se acaban de convertir en área de Conservación Regional (La Voz de Yacu – Boletín Institucional– Dic. 2018- ampa.comunicaciones@gmail.com – Decreto Supremo Nª 016 – 2018 – MINAM) esta área forma parte de la Zona Tampón de la Reserva Biosfera Gran Pajatén un corredor de conservación sobre la biodiversidad andina y amazónica; y, otras tecnologías más sofisticadas sobre limpieza de ríos, conservación de humedales sanos y productivos, cuidado de los manglares; de limpieza de sumideros de petróleo en el mar, de uso de algas y bacterias combinadas con limpieza de arrecifes, corales y pantanos, además de las consabidos proyectos de reforestación y cosecha de aguas que ya entran en un umbral de cuidado del medio ambiente y no solo de medidas contra el cambio climático
Últimamente se habla de la edición genética y la bioseguridad, del como “enfriar artificialmente” el planeta a través de la geoingeniería solar como mecanismo de mitigación (Google Alerts del 28/12/18)

Lo importante es entrar de lleno a la incorporación de tecnologías limpias y capturas de carbono con medidas concretas, no con declaraciones, menos con triunfalismos o purismos.

También hay que romper aquel mito de tecnologías totalme.nte limpias, en realidad el 100% absoluto prácticamente no existe y efectos negativos tienen todas, por eso lo más apropiado es hablar de más limpias o menos contaminantes.

El resultado de revisar el cuadro es que la transición energética pasa por decisiones drásticas y por medidas complementarias de economía circular y de eficiencia energética macro y microeconómica que tienen que ver con la competitividad y últimamente con lo que se está llamando COLABORACIÒN con mayúsculas.

En el caso peruano, se acaba de incorporar como 9no Eje del Plan de Competitividad, el medio ambiente. El promover la sostenibilidad ambiental en las actividades económicas (Política Nacional de Competitividad y Productividad – Decreto Supremo 345 – 2018- EF) en términos de “generar condiciones para el tránsito hacia una economía circular ecoeficiente”.

En realidad en las últimas décadas se cambian continuamente los cuadros energéticos.

Destaca por su seriedad y dimensionamiento el del año 2014: Plan Energético Nacional 2014 – 2025 – Resumen Ejecutivo – Documento de Trabajo – Dirección General de Eficiencia Energética – Ministerio de Energía y Minas – noviembre 2014

En este Plan, se relaciona el progreso económico con el suministro de energía seguro y se avizora el auge del gas natural. Se reconoce que “la matriz energética muestra que la participación de los hidrocarburos ha sido creciente y mayoritaria: creció desde 67% en el 2000 hasta 80% en 2013; esto se debe principalmente al aumento de la producción de gas natural. En el mercado eléctrico, la hidro electricidad ha pasado de representar el 81% en el 2000 a 53% en el 2013” (pág. 15).
Para las energías renovables se presenta un panorama alentador no solo porque se cumplirá con el 5% de su participación en la generación eléctrica para el 2021, sino que en conjunto están destinadas a incrementarse significativamente (pág. 25).

De esta manera, la transición energética adquiere una particularidad en el país por el clave incremento del gas natural, una de las energías limpias y con poca contaminación comparativamente hablando con otros hidrocarburos, pero con implicancias propias de los gases de efecto invernadero.

En el Plan se distinguen energías renovables convencionales (hidroeléctricas) y energías renovables no convencionales como la energía eólica, solar, minihidros o geotérmica.

“La oferta de energía renovables constará principalmente de la subasta de 1200 MW de centrales hidroeléctricas para los años 2020 -2021. Con relación a las RER (Recursos energéticos renovables – hidroeléctricas- eólicas-solares otros), se estima alcanzar el 5% previsto en la ley para las tecnologías no hidroeléctricas. Entre los proyectos a considerar están los sistemas híbridos (diesel/fotovoltaicos) en zonas aisladas, fotovoltaicos, eólicos y biomasa para los sistemas aislados e interconectado nacional. Se estima alcanzar en el corto plazo no menos de 200 MW adicionales de nueva generación renovable no convencional. Estas medidas nos ayudarán a contar con una participación mayor al 60% de energías renovables en la matriz de producción eléctrica “(pág. 26)

En síntesis, son muy modestas las metas relacionadas con la generación de energías renovables que en la actualidad deberían comprender más del 5% de la matriz energética. La ministra del ambiente Fabiola Muñoz habla de una meta del 15% por alcanzar dado que hoy estamos apenas en el 5% de todo el paquete de energía (Caretas 31/01/19 Ed. 2575).

Como gran meta solo un 15% para el 2030? cuando para ese año los estándares de aumento de temperatura romperán récords? Ese 15% no quebrará el espinazo de la estructura de la matriz energética actual

“La dependencia a los combustibles fósiles seguirá siendo determinante, y la contribución a los hidrocarburos líquidos y gaseosos en la matriz energética alcanzará el 76%, ligeramente menor a la actual contribución que alcanza el 80% “(pág. 10).

Como se ha mencionado se requieren grandes cambios económicos y un despliegue de plataformas de medidas ecológicas que superen el formalismo y las normativas declaratorias.

Como es conocido esta transición energética no está claramente reflejada en la Ley Marco de Cambio Climático aprobada en abril /2018, y que está esperando aún su reglamentación.

Cuidado de caer en los puros formalismos, el contar con una Ley y su reglamento es un buen paso pero no resuelve el problema. Si no que lo diga México que en 2012 fue pionero en contar con una ley general de cambio climático que ha tenido su reforma en 2018 y hasta ahora no ha realizado avances significativos.

La transición energética tiene que ser efectiva y práctica. Obviamente requiere de una inyección de inversiones sin precedentes y de un flujo de capital inconmensurable. No bastará el Fondo Verde Mundial ni la potenciación de la cooperación internacional en la materia. Precisa de un giro de grandes prioridades y medidas concretas con financiamiento adecuado.

Al Plan de Competitividad que se espera para Julio/19, le faltará la otra cara, la de Colaboración, de redes y mecanismos con objetivos comunes que permitan construir escalas de resultados y sinergias de beneficios bajo unas plataformas culturales de armazón y no de destrucción.

Requiere que los mismos empresarios empiecen a ver favorables a sus negocios la incorporación de la importancia de lo ambiental y el enfrentamiento a los efectos del cambio climático en sus mismos enfoques de negocios y prácticas empresariales.

No subestimar los riesgos del cambio climático y considerar estos riesgos como “muy probables”, prever caídas y nuevos flujos de inversión en sus cadenas de suministro y previsión de demanda de bienes y servicios. Realmente, se trata de cambiar la cultura misma de los negocios y cuando lo procesen ver conveniencias y nuevas formas de rentabilidad. La misma salud, la dieta alimentaria, el vivir en armonía con la naturaleza, las ecohabitaciones, las medicinas naturales, las ecoeficiencias y las formas de mantenerse sano requieren verse en positivo y de esa forma cohabitar y enfrentar el cambio climático.

Dar valor a los residuos, la misma basura, sopesar que los bioplásticos aún son caros, relacionar la imagen de la empresa y el valor de la marca con la importancia de la sostenibilidad y sobre todo valorizar económicamente el entorno es el camino a seguir.

A nivel estatal, no bastarán las transferencias de descentralización, habrá que tomar iniciativas de mancomunidades, de agrupación por proyectos comunes.

Por ejemplo, la red argentina de Municipios frente al cambio climático (Ramce) ha constituido un Fideicomiso “con el objetivo de lograr una administración propia, independiente y transparente de los aportes que recibe de la red y de terceros “(Google Alerts 28/Dic/18), La idea es captar fondos de fundaciones, filántropos y organizaciones financieras para colocar esos fondos en proyectos comunes que por supuesto incluyan a municipalidades pequeñas.

Pero nada será asegurado para la transición energética sino se cuenta con la información, concientización y acción del ciudadano, con su participación responsable y sobre todo con su iniciativa y vigilancia. Actualmente, parece que se han dividido los roles entre el MINAM y el MINEDU; al MINAM le toca trabajar lo ambiental en la ciudadanía y al MINEDU le corresponde trabajar lo ambiental en los estudiantes. Tiene sus pros y contras esta división, pero es claramente insuficiente para enfrentar con la mayor envergadura los riesgos del cambio climático que en el último Foro de Davos (semana del 21 al 26 de enero 2019) ha sido considerado como el mayor riesgo para la economía mundial.

Muchas posiciones están por sacar “el tema” del cambio climático del ámbito político, tecnocrático y “oenegista” y sobre todo de “despolitizarlo”. Es una ilusión porque nada será más politizado que esta amenaza del siglo XXI porque está en riesgo la supervivencia humana tal como la conocemos. Incluso hay voces que optan por cambiar de “chip” y no tratarlo como amenaza sino como gran tema. Otra ingenuidad, el riesgo existe, la urgencia de enfrentarlo ya nos está salpicando. Más bien lo que falta es enfrentar esta realidad mundial y local con mejores armas, con mayor decisión y con más coherencia, especialmente con planificación porque, aunque parezca contradictorio, hay que planificar la transición energética.

No basta la concientización ciudadana, paso sustancial, hay que llegar a la ACCIÓN, a la acción de generaciones
Para ello, entre otras cosas, se requiere de un nuevo rol de la Educación Ambiental.