Indignación y educación

Por: Luis Miguel Saravia

1. Nos robaron la alegría. Estos días de zozobra política y de preparación para una de las fiestas que convocan a la paz, al amor, a la comprensión hemos sido agredidos en nuestro fuero de ciudadanos, por un presidente que se burló de quienes padecieron en los años 90, la barbarie promovida por el Estado como respuesta al terrorismo. El 24 de diciembre, mediante una Resolución Suprema, se concedió indulto y derecho de gracia por razones humanitarias al expresidente Alberto Fujimori, principal artífice de los actos de barbarie referidos.

La indignación se genera en que este indulto se realizó al margen de las normas establecidas, y fue “canjeado” por el voto de 10 congresistas contra la vacancia presidencial que se debatía en el Congreso.

¿Qué espectáculo y mensaje se ha dado a la juventud y a la niñez peruana con este proceder? ¿Cómo puede un docente enseñar valores, si en la vida cotidiana y desde el propio Estado autoridades representativas los infringen? ¿Cómo hablar del principio de autoridad? ¿Cómo de deberes y derechos ciudadanos cuando se ve y se siente que son pisoteados por quienes deben observarlos y ser ejemplo?

“Nos robaron la alegría, nos robaron la Navidad” fue el lema que se escuchó en el atardecer del 24 de diciembre. La melodía de los villancicos fue cambiada por la indignación, el rechazo a la burla que desde el poder se hacía a la ciudadanía a la que se juró respetar y defender.

Y se ha negado el derecho que tienen los familiares de las víctimas a que aquel “derecho al indulto” sea consultado, debatido, escuchando a quienes sufrieron las pérdidas de hijos, hermanos, parientes. Se indulta a quien permitió se cometieran los crímenes, fundamentando la petición en derechos médicos, que hoy día también reclaman otros reos. ¿Se es equitativo en las decisiones que se toman? El Presidente leyó la noche del 25.12 un mensaje expresando “Quiero decirles que quizás esta ha sido la decisión más difícil de mi vida. Se trata de la salud y las posibilidades de vida de un ex presidente del Perú, que habiendo cometido excesos y errores graves, fue sentenciado y ha cumplido ya 12 años de condena” ¿De qué habla cuando existen 964 solicitudes de otros reos en trámite, repartidas entre pedidos de conmutación de la pena, indulto común, derecho de gracia común y gracias humanitarias? (El Comercio, 26.12.17)

2. Indignación. Enrique Dussel, filósofo argentino nacionalizado mexicano nos dice: “La palabra indignación es un término derivado, al igual que el de dignidad, del adjetivo latino dignus, digna, dignum, cuyo significado en castellano es “apropiado, digno, merecedor”, equivale al sustantivo verbalizado nahua de in macehualli, que los tlamatinime, sabios y filósofos nahuas, empleaban para designar al mérito, la recompensa, el merecimiento o la dignidad. Hay pues una relación lingüístico-genealógica tanto en el castellano como en el náhuatl (origen, precedentes y desarrollo) entre dignidad e indignación.” (Carta a los indignados. La Jornada Ediciones, México, 238 pp. 62. 2010). La institución de la presidencia del país reviste dignidad. Se supone que la persona elegida ha sido merecedora de la confianza y votos del pueblo que lo eligió democráticamente. Este calificativo demanda reciprocidad, respeto por quienes le otorgaron el voto, por sus derechos y atención a sus problemas. Y no ha sido así en el caso que reseñamos. No se ha respondido con la altura ni la prestancia. Y esto nos recuerda aquello del Cid Campeador, que obligó a jurar al rey Alfonso VI en Santa Águeda, que no había tenido nada que ver en la muerte de su hermano Sancho II, del que el Cid era primer alférez. Esta acción le costó el destierro y construyó una imagen de hombre de honor ante la usurpación del trono al caballero medieval más famoso. A su salida de Burgos la gente decía: ¡Que buen vasallo sería si tuviese buen señor!

Esto mismo parece ocurrir ahora que se libró la batalla de la vacancia, donde la ciudadanía democrática defendió que no se podría vacar al Presidente (acusado de negocios turbios no declarados), sin el debido proceso. El Presidente no supo valorar ese gesto y tomó la decisión de indultar al expresidente Fujimori, condenado por diversos crímenes, pero jefe de un partido que tiene la mayoría en el Congreso. ¿Soberbia? ¿Despiste? ¿Borrachera de poder? ¿Demostración de que es omnipotente? En la siguiente dirección electrónica podrán leer un artículo de Raúl Tola que “resume” esta actitud y que los peruanos democráticos no podemos pasar por alto. Exigimos una explicación: https://raultola.lamula.pe/2017/12/25/pedro-pablo-kuczynski-ha-demostrado-que-no-tiene-palabra/raultola/.

Dussel, con respecto a la indignación, llama a hacer una interpelación. Y eso lo podríamos apreciar en estas circunstancias. Nuestra responsabilidad militante y teórica nos debe obligar a tomar conciencia que la indignación ha movido a tomar valientemente las calles y a tomar en serio lo público, los espacios y los temas que nos competen como ciudadanos. En eso consiste la “participación democrática” de significación histórica. Todos los ciudadanos estamos llamados a participar, pues hemos sido “usados”, “descartados”, “negados”, “despreciados”, por una representación fetichizada, corrupta y corrompida que ha evidenciado no servir al pueblo sino servirse de él (Enrique Dussel, Op. Cit.)

3. Demanda a educación. En este escenario es nuestra educación nuevamente interpelada, pues en las reformas educativas que han significado inversión, los resultados en formación ciudadana son muy pobres, por no decir deficientes. Se han elegido prototipos de ciudadanía inspirados en los requerimientos y demandas de modelos económicos y no de la historia y cultura de los pueblos. El significado de liderazgo propuesto es aquel que se inspira en el que tiene el poder y que cuenta con la mayor acumulación de recursos. Liderazgo caudillesco, que responde a intereses no democráticos sino mercantilistas. La persona es una pieza dentro del engranaje de producción y no el que genera con su profesionalidad y aporte, la riqueza, y que por lo tanto debe ser el eje de respeto y desarrollo. El liderazgo que nuestro país demanda siempre es el político, que debe surgir en todos los ámbitos del desarrollo humano y de la vida, en el campo profesional, político, de género, intercultural, enmarcado en una cultura democrática que vincule la ética con la política. ¿Qué se nos ofrece? Formar emprendedores competitivos como consigna del modelo económico. ¿Nos educan para ser “pescadores” de oportunidades para hacer negocios solamente? ¿Eso contribuirá al desarrollo del país?

¿Qué enseñanzas podemos extraer de los discursos a la nación del Presidente en estos días de crisis política? Hablar de democracia ya no convoca ni tiene efecto. Ahora se habla de gobernabilidad. Se hace referencia a decisiones trascendentales (¿para quién?) y se deja una estela de presupuestos y suspicacias, propias del análisis político sobre anécdotas y se orilla el fondo del problema: el país y las emergencias de las instituciones democráticas que sostienen la gobernabilidad. Se vuelve a recordar la “transición” como si no hubieran pasado tres gobiernos elegidos, que una vez en el poder se olvidaron de lo prometido, para seguir gobernando de acuerdo a códigos que no concuerdan con la realidad nacional.

Hablar de indignación en educación es un tema complejo, pues tiene que abordar un contexto y contenido socio-político local, regional, con grave implicancia en nuestra manera y formas de hacer educación política en el país y de manera especial educar en un país intercultural y en permanente trance de aprovechamiento de fuerzas que no tienen identidad, pero si relaciones con el poder, pero alejados de la realidad. Esto presupone revisar todo lo actuado y los resultados, no sólo en los aprendizajes, desde una perspectiva diferente, de acuerdo a nuestra identidad intercultural, a los debates actuales y no a procesos y procedimientos con recuerdos y procederes atávicos coloniales, virreinales. La independencia del Perú rompió oralmente con la dependencia con la metrópoli, pero no ideológicamente. No prestó oídos a los aportes de preclaros pensadores de la República., Un escrito del Lic.Daniel Morán. La independencia peruana: un balance historiográfico (Práxis en la Historia- Revista del taller Estudios histórico – Filosóficos. Año IV. Diciembre 2005. Lima Perú UNMSM y en Historia 8 revista de la Escuela de Historia de la Universidad Nacional San Agustín de Arequipa Nº 8, octubre 2006) dice: “La inestabilidad política y social, la ingobernabilidad, la amenazada soberanía, el autoritarismo y la incipiente democracia – las que en el tiempo actual cobran una significativa relevancia – tienen su origen paralelo al nacimiento del Estado peruano autónomo. Entonces, la independencia es una coyuntura histórica de la que se derivan algunos de los principales problemas del Perú republicano.” Salvo el paso del tiempo existen términos que hoy en día siguen repicando en el discurso político actual y no en el discurso educativo, que se orilla por el temor de contaminarlos con un discurso ideologizado y confrontacional de las últimas décadas y que legalmente puede rozar aquellos que se suele llamar legalmente “apología al terrorismo”.

¿Puede la educación “de calidad” de la que tanto se pondera obviar nuestro legado histórico? ¿Por qué no saber cómo fue nuestra real historia del Perú registrada en textos escolares y en trabajos universitarios y preocuparse por “contaminar” la mente de niños y jóvenes? Igual ocurre con un tema que un sector de iglesias evangélicas a los que se unió una iglesia católica conservadora de Lima, Arequipa, Piura en torno a la ideología de género, sirviendo de caja de resonancia a movimientos conservadores de fuera del país y que responden a otros objetivos colonialistas. ¿Alguien recuerda los documentos de Santa Fe II y las conclusiones de la Conferencia de Ejércitos Americanos (CEA) realizada en Mar del Plata, noviembre 1987? Allí se decía “que la penetración ideológica vendría de la mano del accionar subversivo inspirado en Antonio Grasmci y operaría en el campo de la educación, los medios de comunicación, las artes, la moral social, los centros de pensamiento y el terreno religioso especialmente. (Documento de Conferencia de ejércitos Americanos, Noviembre 1987. Años del Lobo. Operación Cóndor. Stella Calloni Buenos Aires Argentina, 1999). ¿Por qué esperar la educación superior para enterarse de estos documentos y tener un juicio y panorama claro de lo que se vivía entonces y analizar la consecuencia de tanta manipulación y oscurantismo? ¿Y cómo se enseña a desarrollar un pensamiento crítico que debería formar parte del enfoque global de las áreas de aprendizaje?

Paulo Freire, en uno de sus trabajos (Primera carta El espíritu de este libro. Pedagogía de la Indignación – Cartas pedagógicas en un mundo revuelto (Siglo XXI editores Buenos Aires, 2012), escribía “Vivimos un tiempo de transformaciones cada vez más radicales en los centros urbanos más dinámicos…Una de las cualidades que necesitamos forjar con más urgencia en nosotros en estos tiempos que corren -y sin lo cual difícilmente podamos, por un lado, estar mínimamente a la altura de nuestro tiempo, por otro comprender a los adolescentes y jóvenes- es la capacidad crítica, nunca “adormecida”, siempre atenta a la comprensión de lo nuevo. Vale decir de lo inusitado que, aunque a veces nos espante e incluso nos incomode, no puede ser considerado, sólo por eso un desvalor. Capacidad crítica de la que resulta un saber tan fundamental como evidente: no hay cultura ni historia inmóviles. La transformación es una constatación natural de la cultura y de la historia. Lo que ocurre es que hay etapas en las culturas en las que los cambios se producen de manera acelerada. Es lo que comprobamos hoy en día. Las revoluciones tecnológicas acortan el tiempo entre un cambio y otro. El bisnieto de fines del siglo pasado repetía, a grandes rasgos, las formas culturales de valorar, de expresar el mundo, de hablar, propias de su bisabuelo. Hoy, en una misma familia, en las sociedades más complejas, el hijo más pequeño no repite al hermano mayor, lo que dificulta las relaciones entre padres, madres, hijas e hijos”.

La situación que estamos pasando y que sorprende a muchos es por qué las protestas las encabezan jóvenes, que manifiestan su indignación por lo que consideran una burla y atropello a la memoria del país, no piensan que estamos viviendo en otra época y que la capacidad crítica que se manifiesta no es producto de la educación recibida, sino del desarrollo personal de jóvenes que se han cultivado en la familia, en las relaciones de amistad, de organizaciones, vecinales, laborales, sin el tamiz de la censura, propia del oscurantismo y de mentes retrógradas. Piensan y sienten diferente. Actúan motivados por principios y no por desquites, sino porque se les niega el derecho a discrepar y a protestar. “No habrá cultura ni historia sin innovación, sin creatividad, sin curiosidad, sin libertad ejercida o sin libertad por la que luchar cuando es negada”. (Paulo Friere, Op. Cit.)

El llamado a la indignación de la juventud de hoy, hace patente que debemos cambiar la forma de educar a nuestros hijos y nietos. Paulo Freire decía: “De ahí la importancia de una educación que, en lugar de intentar negar el riesgo, incite a hombres y mujeres a asumirla. Asumiendo el riesgo, su carácter inevitable, me preparo o me vuelvo apto para asumir este riesgo, que ahora me desafía, y al que debo responder de inmediato.”

No seamos espectadores de las circunstancias, sino practicantes de nuestros derechos. Respondamos a la historia y a la praxis política actual con convicción, sin miedos propalados por quienes defienden el arca del poder. Responder a los desafíos con visión, convicción ético-política-crítica y no acatando medias verdades, que dicen destruyen el clima que debe reinar en la reconstrucción del país. Habrá reconciliación mientras existan “interpretaciones auténticas” que favorecen a una minoría en el poder. Claridad, transparencia, equidad, solidaridad deben ser promovidas y respetadas por un Estado asentado en una auténtica democracia y no dependiente. Entonces, podremos disfrutar lo que Thiago de Mello dice en su poema: Los Estatutos del Hombre: “Artículo 5
“Queda decretado que los hombres están libres del yugo de la mentira. Nunca más será preciso usar la coraza del silencio ni la armadura de las palabras. El hombre se sentará a la mesa con la mirada limpia, porque la verdad pasará a ser servida antes del postre.” Aspiremos que el bicentenario nos podrá encontrar entonces como un Estado y Nación verdaderamente renovada en manos de sus ciudadanos con poderes del Estado a su servicio y no dependiendo de clases sociales que lo depredaron.