Date:September 26, 2018

Informes de Faure, Delors, Bokova ¿Inspiradores de políticas educativas?

Por Luis Miguel Saravia

1. El pasado presente y vigente. Hace 46 años y 4 meses (18.05.1972) desde que la Comisión Internacional para el Desarrollo de la Educación, establecida por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), presidida por Edgard Faure y colaboradores, entregara un documento, muy importante para la época y para el futuro, “Aprender a Ser”, que ya se convirtió en nuestro pasado y que ahora con el alud de la nueva tecnología y los retos que demanda la cuarta revolución industrial, nos interpela. Hoy está enriquecido por otro documento llamado “La Educación encierra un tesoro presidida por Jacques Delors. Y finalmente el 2015, hace poco más de tres años, el documento “Replantear la educación ¿Hacia un bien común mundial?” en la gestión de Irina Bokova, entonces directora de la UNESCO. Estos documentos deberían ser centrales inspiradores en las propuestas educativas que se presentan, sin embargo o son ignorados o son obviados.

En lugar de ser tomados en cuenta por su contenido y recomendaciones, se prefiere optar por las tendencias y reflexiones de moda coauspiciadas por quienes deciden desde las esferas de la economía, el comercio y la globalización. Sin duda importantes cada cual en su campo, pero no deberían avasallar a aquellas que plantean, desde lo educativo, lo que significa el desarrollo de la persona, el aprendizaje, el conocimiento, con los diferentes ritmos que tienen sus procesos. Todo se quiere estandarizar “apantallando” el progreso material y no poniendo en evidencia que aún en los continentes, regiones y países existe la desigualdad, la pobreza, la inequidad, la falta de democracia, la poca valoración de la ciudadanía y otros problemas. Se presiona para que la educación cambie, de ser un derecho a ser un servicio, en un mercado donde todo se oferta de acuerdo a la demanda. ¿Qué espacio tiene la persona en el proceso de globalización y expansión del mercado?

Si se vuelve a leer estos documentos, el lector discurrirá por las realizaciones que en nombre de la educación se vienen planificando y desarrollando desde un enfoque material y tecnocrático, olvidándose que existe toda una reflexión importante desde el campo educativo, que debería nutrir el debate y la fundamentación de la educación del presente siglo en el país. ¿Por qué el olvido? ¿Por qué los bancos y agencias obvian una reflexión acumulada, que permite estructurar una teoría educativa, que convoca a las otras disciplinas para construir una propuesta integral? Todo ello nos lleva a constatar que el estado actual de nuestra educación no mejorará a base de reformas de las reformas parciales que se ofertan cada quinquenio, por más importantes que sean los énfasis. Aún no se investiga ni se invierte en innovar y plantear alternativas centrales, que lleguen a conceptos y estructuras de la educación nacional. Y en nuestro caso al significado de una educación intercultural al servicio del desarrollo de la persona y en la perspectiva de país. No se puede seguir dependiendo de las “novedades de las lecciones aprendidas” de otra realidad. Tampoco que todo se reduzca a citas descontextualizadas y luego convertidas en consignas y procedimientos técnicos, sin sustento teórico pedagógico, buscando un aparente buen resultado en pruebas, pero no en la formación del desarrollo personal de los educandos.

2. De “Aprender a ser. La educación del futuro” a “La Educación encierra un tesoro” y a “Replantear la educación ¿Hacia un bien común mundial?”. Han pasado 46 años del Informe Faure, 22 años del Informe Delors, y casi tres del informe de Bokova. Los tres vigentes, pero se les ha aprovechado muy poco como generadores de un nuevo concepto de educación. Como expresa Bokova “La educación tiene que encontrar los medios de responder a estos desafíos, tomando en consideración las numerosas cosmovisiones y los sistemas de conocimiento alternativos, así como nuevas fronteras de la ciencia y la tecnología, por ejemplo, los avances de las neurociencias y las novedades de la tecnología digital. Nunca ha sido más urgente replantear la finalidad de la educación y la organización del aprendizaje”. Existen matices en la región de la presencia e inspiración del contenido de estos informes, pero se siente que los docentes de formación inicial, los responsables de aula, los docentes especialistas, apenas conocen de referencia los textos. Han sido poco trabajados a nivel teórico, pero si se les toma como inspiradores de técnicas para obtener resultados, dejando de lado el desarrollo integral del educando. Una omisión presionada por la demanda de más docentes con preparación en lo básico y poca lectura importante en torno a la teoría pedagógica y a lo que se llama generadores de tendencias educativas en la región, cuyo material difundido por la UNESCO/OREALC poco llega a los centros de formación docente (institutos pedagógicos o facultades de educación)

Estamos ingresando a una fuerte corriente de esfuerzos de personas y empresas por adaptarse a los nuevos cambios tecnológicos y por adquirir nuevas habilidades para atender lo que la Cuarta Revolución Industrial exige. Es inevitable. Hemos transitado por ciclos económicos y nos adaptamos, pero en educación seguimos de reforma en reforma sin obtener los resultados deseados. Solo podemos constatar que la persona se ha convertido en instrumento que debe competir con la máquina en una estructura productiva y hoy corre el riesgo de perder ese lugar cuando esta nueva era plantea el desarrollo de la inteligencia artificial y el reemplazo del hombre por el robot para determinadas tareas.

Un ejercicio de retrospección para analizar procesos pasados hace ver cómo el conocimiento se volvió restrictivo y las empresas se volvieron poderosas, porque lo controlaban. Hoy el mensaje que nos llega es que ellas desean personas con “habilidades complejas para ámbitos caóticos”. ¿Y la educación? Tomamos un párrafo del prólogo de un documento de la UNESCO de su ex directora general Irina Bokova “En el espíritu de dos publicaciones históricas de la UNESCO, Aprender a ser: la educación del futuro (Informe Faure, 1972) y La educación encierra un tesoro (Informe Delors, 1996), estoy convencida de que hoy es necesario volver a reflexionar sobre la educación de forma ambiciosa. (Replantear la educación ¿Hacia el bien común mundial? (Ediciones UNESCO, 2015). No puede la educación estar ajena a lo que viene sucediendo en el mundo cambiante. Por ello la educación debe cambiar. Las transformaciones que se vienen dando demandan a la educación no sólo para acortar brechas sino como promotora de cambios importantes. La sociedad y la economía exigen de nuevas competencias. Ello implica ir más allá de la alfabetización y del conocimiento básico de la aritmética y centrarse en el eje del aprendizaje y nuevos enfoques que aporten a la equidad social, a la solidaridad. Entramos en una dinámica donde la educación es indispensable para vivir en una realidad en constante presión. Ello implica desarrollar competencias básicas en cultura, que haga posible el desarrollo de dimensiones sociales, económicas y medioambientales en la perspectiva de alcanzar un desarrollo sostenible. Se trata de recuperar una visión humanista de la educación y del bien común.

Faure, Delors, Bokova han planteado las ideas que deberían inspirar las políticas educativas y el perfil del sistema educativo en esta era, en cada país con su historia, sus demandas, circunstancias y personas. Ignorarlas es caer en manos nuevamente de un poder transnacional dominante que es movido por intereses y ambiciones comerciales antes que humanistas. ¿Nos quedaremos contemplando “cómo se pasa la vida, cómo se viene la muerte, tan callando” como decía el poeta Manrique? Es una cruzada por recuperar el campo de la educación -la pedagogía- en el concierto de los grandes diseños de políticas sociales. Y en esto debe rescatarse la formación profesional del docente, no como un repetidor de textos o de técnicas, sino generador de un saber pedagógico para desarrollar competencias y talentos en los educandos y como generador de propuestas que velen por la equidad, la solidaridad, la democracia en nuestro país. Para ello debería reforzarse su formación de manera que constituya una masa crítica con otros profesionales y desarrolle investigaciones y propuestas para el mejoramiento del aprendizaje de nuestros educandos, desde un enfoque intercultural. Reanimar la formación docente desde el rescate y fortalecimiento del saber pedagógico, que tiene que ver con el desarrollo de la persona, del ciudadano. Los requerimientos del mercado, los grandes capitales de empresas transnacionales, no deberían interferir lo que los educadores proponen en una región y un país como el nuestro.

3. Perspectivas. En el diseño de políticas educativas se debería tener presente lo que la mitología nos legó: la cara de Jano. Es decir se debería mirar tanto al pasado como al presente para replantear objetivos y metas en perspectiva de lo que se desea para nuestra sociedad y para el país. La ayuda de la experiencia del pasado y la comprensión del panorama actual, sin duda contribuyen mucho. Vivimos en una cultura que contradice casi todos los presupuestos de la educación. Mientras nos esforzamos desde la escuela por promover la ciudadanía, la solidaridad, la democracia, el respeto al otro; desde otros campos bajo el paraguas de la “calidad” el mensaje que se quiere imponer es el del individualismo, la competitividad, el ser emprendedor , la obsesión por la eficacia, el relativismo moral, la privatización de bienes y servicios, el olvido de los desfavorecidos, la hipertrofia de la imagen, el imperio de las leyes del mercado, la resignificación del conocimiento y otros presupuestos que contradicen los postulados básicos de la educación en general y la nacional en particular.

Los informes -Faure, Delors y Bokova- deberían servir de permanente consulta para quienes tienen la responsabilidad de generar las políticas educativas de cada país.No reducirlos en “palabras fuerza”, “ejes temáticos”, “currículos y demás anacrónicas decisiones que heredan errores y tendencias por imitar modelos que han servido a otras realidades, creyéndolos que son la panacea para nuestros males y postergaciones.

Reeler estos textos en clave educativa en el momento que vivimos, nos plantea qué poco se valora y cómo no se escucha y menos se lee lo que tiempo atrás se viene afirmando en educación. El “Aprender a ser” con que se recuerda a Faure, suena a quimera, pues muchos siguen remando a contracorriente y olvidan que “Para responder a una demanda de educación sin precedentes, frente a tareas inéditas y a funciones nuevas, las fórmulas tradicionales, las reformas parciales no bastan”. Frasear estos textos en el discurso político escrito por ajenos a la profesión docente y al campo de la educación, sirven como una pantalla que ayuda poco y menos para liderar procesos de cambio en el hombre como protagonista del desarrollo en procesos que fomentan el crecimiento material antes que el desarrollo de competencias interiores, propias de la persona humana.

“Feroces Atilas” han arrasado la esencia de la educación en la región y el país. ¿Serán “los heraldos negros” de los que hablaba Vallejo? No están ahí como la Puerta de Alcalá “viendo pasar el tiempo” los textos emblemáticos sobre educación: Faure, Delors, Bokova, esperando que los docentes los estudien y los políticos los comprendan y no se dejen deslumbrar por las bengalas y nuevas terminologías que solo busca posicionarse del mercado sin respetar la variedad y cultura de los pueblos. Encinas es el prototipo de lo que se puede hacer en educación, Portugal Catacora y otros suman en esta apuesta, las generaciones sucesivas están en deuda con nuestra educación.