Inteligencia Artificial y Educación

Por: Luis Miguel Saravia 

1. La Cuarta Revolución Industrial y la educación. El profesor Yang Qiang, Jefe del Departamento de CSE, HKUST en Hong Kong y Karl Shroeder, novelista, ensayista y futurólogo de ciencia ficción canadiense que en febrero de 2018 recibió en la UNESCO el premio Netexplo Talent, Observatorio independiente que estudia el impacto de la tecnología digital en la sociedad y las empresas, ha sido un socio de la UNESCO desde 2011 abordan la forma cómo se va apreciando y enfocando la revolución que hoy viene transformando el mundo y que va de la mano con el mercado, el capitalismo y excluye el humanismo y el protagonismo del ser humano en la Revista El Correo de la UNESCO “Inteligencia artificial: promesas y amenazas” (The UNESCO Courrier; Vol: 3, 2018). En ambos se evidencia la contradicción tecnología y humanismo.

También el silencio, cuando no la falta de voluntad de utilizar los beneficios y bondades de la nueva era para una mejora del ser humano, la explotación de los recursos naturales, respetando el equilibrio que debería haber entre lo extractivo y la preservación. En adición a ello el poco respeto a valores, que son reemplazados por el consumismo, la competitividad, el emprendedurismo.

Aurey Azoulay, directora general de la UNESCO, en entrevista realizada por Jasmina Šopova, y que titula “Aprovechar al máximo la inteligencia artificial”, (Inteligencia artificial: promesas y amenazas.The UNESCO Courrier; Vol: 3, 2018) advierte “La inteligencia artificial (IA) podría ayudar a la humanidad a superar muchos problemas sociales graves a los que se enfrenta, pero plantea al mismo tiempo una serie de desafíos complejos, sobre todo en materia de ética, de derechos humanos y de seguridad. Ahora bien, no existe en este momento ningún marco ético internacional que se aplique a todos los adelantos y aplicaciones de la IA. Es indispensable un instrumento normativo internacional”.
El repique de campanas anunciando esta revolución se confunde con el ulular de las sirenas de seguridad, al punto que muchos estados no se dan cuenta que una nueva era ha comenzado. No basta las noticias de los medios de comunicación, tampoco los artículos de revistas especializadas, menos la opinión de docentes universitarios formadores de docentes, que han advertido que nos encontramos ante la inteligencia artificial (IA), que viene dando respuesta a las demandas del mercado y produciendo un desempleo lento en profesionales y colaboradores.

Pensar la cuarta revolución industrial desde el ángulo educativo es quimérico cuando no aventurado. Sin embargo existen voces de alerta que debemos conocer: Xavier Martínez Celorrio (Profesor de Sociología de la Educación, doctor en Sociología y licenciado en Antropología (Universidad de Barcelona) escribe al respecto “Estamos ante un dilema de la magnitud muy similar al que planteó Theodor W.Adorno con “La educación después de Auschwitz” (1966) con el que abría un debate moral de enorme trascendencia. Parafraseándolo hoy podríamos decir que aquello que propició Auschwitz (autoritarismo, violencia, sometimiento, dependencia, racismo, inequidad, etc…) amenaza nuestra sociedad y debemos cuidar que no se incremente pues podría llevarnos a una hecatombe. Esto podría ocurrir con esta cuarta revolución y su contribución a la ciencia y tecnología y a la automatización de los procesos productivos si nos dejamos deslumbrar y subyugar por su aporte a la industria vía la IA (realidad virtual, impresión 3D, robotización, etc.). La velocidad en su aplicación será rápida y transversal para el hogar, los servicios, la sanidad, las finanzas, la industria militar y seguridad y también para el ocio. Ya lo estamos viendo en los medios de comunicación mediante la promoción de objetos que contribuyen a una vida más placentera, que no es necesariamente bienestar.

Vienen surgiendo nuevos centros de poder China, India, Corea del Sur, Japón, que se disputan el liderazgo de esta revolución dejando de lado a Estados Unidos. Desde la educación UNESCO ha puesto la alerta prudente, no alarmista, pero patente. “Mientras que la investigación avanza rápidamente en lo que se refiere a los aspectos técnicos de la IA, no ha habido ningún adelanto en cuanto a sus aspectos éticos. Es verdad que muchos investigadores se preocupan por ello y algunos países iniciaron una reflexión seria sobre el tema, pero no existe hasta la fecha ningún marco legal para orientar la investigación futura a escala mundial.” ¿Será que prevalece aún el verso de Leo Dan “El mundo gira y gira y cuando gira es chico” (Fanny) y se sigue soñando y no miramos la realidad concreta? (Inteligencia artificial: promesas y amenazas.The UNESCO Courrier; Vol: 3, 2018)

2. ¿Qué sucederá en la educación? Juan Carlos Vázquez Gutiérrez (Universidad Iberoamericana –México), en su artículo “Nuevas tecnologías, conocimiento y formación escolar” expresa que asistimos a una revolución tecnológica profunda cuyas repercusiones se dejan sentir en todas las esferas de la vida social. Acota que las ventajas derivadas de la innovación tecnológica en el planeamiento y mejora de las prácticas educativas y la relación entre las nuevas tecnologías y el conocimiento, desde un enfoque diferente: el creciente privilegio social atribuido al llamado saber performativo, que significa un conocimiento susceptible de aplicación técnica, frente a otro tipo de saberes, que fueron considerados importantes para la formación técnica o profesional. Todo ello plantea una reflexión sobre las dimensiones del saber en nuestra sociedad actual. (Nuevas Tecnologías Conocimiento y Formación Escoalr-284120.pdf). Todo ello afectará al conocimiento en las instancias de producción y circulación.

Nos encontramos con preguntas relacionadas al trabajo, instrucción y clases sociales, que Henrí de Saint Simon se hizo con referencia a los contenidos mínimos que deberían incluirse en la formación de la clase obrera del siglo XIX, como lo recuerda y cita Adriana Puigros (1994) en su libro “Imaginación y crisis en la educación latinoamericana” (Rei/Instituto de Estudios y Acción Social/Aique Grupo Editor, Buenos Aires), citado por Juan Pablo Vásquez G. Op.Cit) “1. ¿Cuáles son los conocimientos de mayor utilidad para la industria que pueden enseñarse a los niños con conocimientos escolares básicos, en un lapso de 18 a 30 meses? 2. ¿Cómo ajustar el método escolar a la enseñanza de esos conocimientos?” Estas preguntas marcaron un hito en la reflexión social y pedagógica de su tiempo, nos recuerda Vásquez (Op.Cit). ¿Y hoy día se hacen desde la pedagogía?

En 1979 Alvín Toffler publicaba La Tercera Ola, un libro futurista, que tardó en llegar a nuestras playas. “En ese libro, el autor exponía su visión de que la humanidad estaba entrando en una nueva ola que afectaba a la producción, a la energía, a las comunicaciones, el comercio, el transporte el trabajo o la familia. Esos cambios ya los podemos observar con mucha mayor nitidez, puesto que está afectando progresivamente nuestra forma de vivir, de comunicarnos, de trabajar, y de aprender.”, escriben Carlos Marcelo García y José Manuel Lavié de la Universidad de Sevilla en su artículo “Formación y Nuevas Tecnologías: Posibilidades y condiciones de la Teleformación como espacio de aprendizaje” En dicho artículo nos dice que revisan “…las nuevas perspectivas que se abren para los que trabajan en formación. Unas perspectivas que deben de ir acompañadas de las cautelas necesarias para que la técnica no vaya por delante, o deje de lado a las personas. Cautelas que, en forma de condiciones, deben cumplirse para que la Teleformación tenga posibilidades de producir aprendizaje.”

Pasado un largo tiempo UNESCO nos recuerda que “Mientras que la investigación avanza rápidamente en lo que se refiere a los aspectos técnicos de la IA, no ha habido ningún adelanto en cuanto a sus aspectos éticos. Es verdad que muchos investigadores se preocupan por ello y algunos países iniciaron una reflexión seria sobre el tema, pero no existe hasta la fecha ningún marco legal para orientar la investigación futura a escala mundial.”(El Correo de la UNESCO julio-setiembre 2018)

3. Desafíos. Desde el exterior nos llegan las noticias de los avances en el tratamiento que debe dársele a los aportes de esta nueva revolución. ¿Han sido tenidas en cuenta en la fundamentación de nuestra política educativa? ¿Por qué somos tan acogedores de la técnica y poco reflexivos en lo que ella significa para el desarrollo personal y material? Estamos en un punto grave de inflexión desde la educación nacional, que es sostenida por una política educativa. Los medios nos deslumbran con los nuevos avances de la tecnología y casi todo el énfasis lo ponen en lo que son los smartphones o cualquier otro instrumento tecnológico. Es decir nos ponen el producto para consumirlo, sin averiguar cómo se llegó a él, qué sucede con el aprendizaje, con la enseñanza, la didáctica, los materiales clásicos de la educación que permiten tomar contacto con la realidad y desarrollar competencias en los educandos y mecanismos de aprendizaje.

La educación que permite tomar conciencia y reflexionar sobre lo que se nos oferta y nos ayuda a discernir, orientar y poder tomar decisiones teniendo como objetivo la mejora del orden social y económico, hoy está “sometida” al mercado.

Pareciera que nos encontramos en un dilema desde dirigentes y dirigidos frente a los cambios que vienen llegando con la nueva revolución industrial. No nos convencemos que los cambios y sus efectos en educación son siempre a largo plazo.

Tampoco se hace lo necesario para explicar a la comunidad educativa sobre el tema y menos se busca una alianza para no dejarse desbordar por el consumismo del mercado que ofrece “novedades”, dejando de lado los procesos de aprendizaje por los que toda persona en edad escolar tiene que desarrollar. Se quiere un presentismo y respuestas a lo que la coyuntura económica ofrece. No permite que se compartan preocupaciones que los docentes tienen frente al exceso y sobrepresencia de tecnología en el aula y se proyecten a futuro con estudio y debate. ¿Cómo educar en la escuela cuando no se tenga trabajo para todos pues los robots han sustituido al humano? En esta línea ¿qué sentido tiene educar para generar plusvalía o para asegurar la productividad cuando la robótica y la IA esté en todas partes y veamos que las propias máquinas estén programadas para pensar, hacer su propio mantenimiento y se reparen a sí mismas si les proveemos de la pieza adecuada? ¿Seguirá siendo posible el sistema escolar fordista que por décadas disciplinó y dividió la mano de obra en manual para unos e intelectual para otros? ¿Tendrá validez el currículo tan acuciosamente estructurado para educar a educandos que se desarrollarán en una economía posthumana y con grandes brechas de desigualdad? ¿Qué sucederá con la escuela si la sociedad se ha convertido en anómica y mucho más fragmentada que ahora? ¿Cuál será el espacio para socialización de niños y jóvenes? ¿qué sucederá con la comunidad educativa? ¿qué sucederá con la formación docente?

¿La comunidad educativa será reemplazada por comunidad de emprendedores consumidores?
Habrá muchas respuestas de personas interesadas, indiferentes. Pero el dilema puede seguir creciendo e inclusive abordar el tema de la identidad, con las eternas preguntas ¿qué somos? ¿qué queremos ser? ¿qué sucederá con la democracia? ¿seguiremos siendo permisivos con las ofertas del mercado sin respetar cultura, institucionalidad, respeto por las personas y sus valores? ¿Qué ocurrirá con los derechos y las obligaciones? ¿Qué ocurrirá con la ciudadanía?
Karl Schroeder, citado anteriormente, nos dice refiriéndose a la IA “Hasta hoy, consideraría la contribución de la IA en mi campo a una función de aleatorización, comparable a un juego infinito de cartas, en el que cada una podría definir un personaje, una escena, etc.” Además “Los ordenadores actuales no producen significado y en el proceso creativo sigue siendo necesaria la intervención humana, aunque ciertamente los dispositivos tecnológicos se están perfeccionando, aproximándose a las capacidades humanas” .Pero por lo que se aprecia en nuestro entorno, no se toma el tema con seriedad, al punto que hoy estamos desprotegidos ante tanta oferta y poco contenido. Al respecto nos dice Schroeder “La solución es sencilla: solo debemos decidir emprender una innovación tecnológica después de haber identificado su impacto social, arbitrado su uso y legislado en consecuencia.” Por ello es importante debatir sobre el rol de la tecnología en educación.

¿Por qué nos cuesta sintonizar con lo fundamental en educación y somos muy permeables a la moda tecnológica sin analizar causas y consecuencias para la persona, la ciudadanía? Por ello es importante debatir sobre el rol de la tecnología en educación. Si no valoramos a los ciudadanos como personas, todo este esfuerzo quedará como hace 20 años se quiso “digitalizar” la educación y se pensó que ello se conseguía dotando a las instituciones educativas de computadoras. Se prepararon docentes que luego no fueron contratados pues las instituciones educativas o no tenían conexión eléctrica o no tenía la localidad un servicio de telefonía eficiente. Sintonicemos bien y con los que saben y no se ensaye nuevamente pintando marionetas en el aire. Los expertos educadores nacionales tienen mucho que decir y proponer