La disciplina escolar: ansias y retos

Por Luis Miguel Saravia

1. Preocupaciones. El tema tiene varias rutas para ser abordarlo y un escenario determinado: la institución escolar, el aula. La escuela, además de ser una institución dedicada a la enseñanza y aprendizaje, también es definida como un espacio de socialización a partir de las interacciones sociales que se dan en el interior del aula, y de toda la institución. Maestros con maestros, alumnos con alumnos; maestros con alumnos, y alumnos con maestros. Se supone que en esta ambiente se cultiva el respeto y la tolerancia a partir de la cooperación, la confianza y el trabajo de aprendizaje individual y en equipo. Esta descripción ideal de lo que es la escuela y de las relaciones sociales que se desarrollan en ella, enfrenta uno de los problemas más difíciles de abordar y solucionar: la disciplina escolar.

Las interacciones sociales que se dan en la escuela son también un núcleo de trabajo pedagógico y no se reducen a directivas y normas de comportamiento rígidas y a observar diariamente con “orden y disciplina” donde la consigna parece ser el “respeto al maestro”, y no el respeto a todos los que conforman la institución educativa y la comunidad. ¿Por qué se olvidan de ello cuando se aborda el tema de la disciplina escolar y se la concibe como orden, autoritarismo, verticalidad? ¿Así se puede socializar? ¿No es contradictoria con el trabajo que realizan los docentes? En el aula, en la escuela, es donde se conocen experiencias distintas fruto de la procedencia de contextos desiguales, heterogéneos (alumnos de la ciudad, de zonas rurales, urbano marginales, de familias disfuncionales, etc.); se perciben culturas que se contraponen, costumbres que no se ajustan a la realidad tanto en docentes (adultos) como en los estudiantes (niños y jóvenes).

Foto: Blog Mundodidascalia

El enfoque pedagógico con que se debe abordar la llamada disciplina escolar demanda el estudio de diversos componentes del clima escolar y de la cultura escolar de la institución. El comportamiento adulto –sinónimo de autoridad- es el que prevalece para ordenar situaciones, interrelaciones, comportamientos y cumplimientos de “órdenes superiores” y no de reglas construidas a partir del intercambio y conciliación entre los integrantes de la comunidad escolar y los que ejercen la autoridad de manera democrática.
Esto pone en evidencia la ausencia de este conjunto de relaciones sociales y actividades, demanda de los docentes un estudio y caracterización de lo que debería construirse como lineamientos para edificar un ambiente de convivencia que tenga como eje el respeto al otro, su cultura y conocimientos, sus hábitos y formas de estudiar y desarrollar sus aprendizajes. Esto que se lee coherente como pensamiento, y en algunos documentos, en la práctica, no se da.

El DS N° 004-2018 MINEDU aprobando los Lineamientos para la Gestión de Convivencia Escolar, la Prevención y la Atención de la Violencia contra Niñas, Niños y Adolescentes, tiene por finalidad establecer directrices de orientación para la gestión de la convivencia escolar… a fin de aportar al desarrollo integral de las y los estudiantes en entornos escolares seguros y libres de violencia y a la consolidación de una comunidad educativa que ejerza con plenitud sus derechos y responsabilidades podría ser un ejemplo de lo afirmado.

Mucha escritura y poca práctica participativa y democrática. Se ha llegado al colmo de pedir que en el próximo referéndum se pregunte si debe o no haber instrucción premilitar, como sinónimo de disciplina, de orden, de inculcar valores. ¿Dónde queda lo educativo, lo pedagógico, la valoración de la persona y su cultura? Es penoso decirlo, pero los reglamentos son pura letra, pero nada de sentimiento y conocimiento de la realidad, de la persona, según los docentes. Una muestra que en este campo se sigue actuando de manera retrógrada con contenidos del siglo pasado para niños y jóvenes que ya empiezan a trajinar en la cuarta revolución industrial y en la región se viene discutiendo Transformar la educación: una respuesta conjunta de América Latina y el Caribe para lograr el ODS4-E2030” (II Reunión Regional de Ministros de Educación – Cochabamba, 2018 Bolivia) ¿Cómo sintonizar con esta tendencia importante?

2. Tensiones. Entre la disciplina y la convivencia, entre el clima escolar y la cultura escolar, se empieza a crear un ambiente de rigideces donde la autoridad tiene la razón (respaldado por la directiva y norma) y el docente debe acatar. De igual forma sucede con la relación alumno-docente. Obediencia y sanción.

La realidad educativa de hoy nos va mostrando que son diversas las fuentes de conocimiento a las que concurren alumnos/as. No solo aprenden en la escuela mediante las relaciones pedagógicas con los docentes, en los trabajos en grupo con sus condiscípulos, sino que saben utilizar las nuevas tecnologías con destreza, superando muchas veces a sus profesores quienes manejan con dificultad la tablet, el smartphone, las aplicaciones.

Los alumnos aprenden además de sus pares y activan su zona de desarrollo próximo como diría Vygotsky (1988. El desarrollo de los procesos psicológicos superiores. México: Editorial Crítica, Grupo Editorial Grijalbo) articulando ello con los conocimientos previos. ¿Por qué olvidarnos de este concepto que viene de la teoría del aprendizaje significativo que postula Ausubel y que está relacionado con la psicología cognitiva? La información que los alumnos/as almacenan en su memoria, debido a experiencias pasadas, es muy utilizada en pedagogía, pues colabora en el proceso enseñanza-aprendizaje. ¿Por qué se hace caso omiso en el campo de la disciplina escolar y la convivencia de estos conocimientos y se opta por la rigidez de la norma, en lugar de conjugar con los procesos que se van desarrollando para interpretar la realidad y los nuevos contenidos?
Disciplina y convivencia son palabras antagónicas por su contenido en la escuela, Una representa el orden demandado por el superior hacia el inferior; la otra significa compartir con otra persona, interactuar entre individuos. Demanda tolerancia, respeto a las distintas maneras de pensar, de actuar y ser solidarios con todos, sin tener en cuenta su cultura.

En la etapa de formación docente se dice que la escuela que encontrará el maestro/a está alejada de la realidad de los alumnos. Hoy luego de la experiencia, de los años de enseñanza, la brecha que hubo, se ha convertido en un abismo. Las autoridades se han preocupado por establecer prioridades en educación en una percepción de casillero estanco y no en la perspectiva que se trata no sólo de instruir sino de educar, de formar integralmente. El énfasis puesto en uno en desmedro de lo otro es evidente. ¿Alguien desde el Estado ha reflexionado antes de suscribir las “olas” que se han dado en política educativa? Se enfatizó primero la matrícula universal, luego infraestructura educativa, materiales educativos, textos escolares, calidad de la educación. No podemos dejar convenir que tenemos a niños y jóvenes más escolarizados en la región, pero son también los más descuidados en su desarrollo como personas. La institución que los acoge, es exigente, es severa, hostil (Tonucci, Francisco).

Los alumnos no comprenden lo que reciben, no disciernen si es algo significativo. Trabajan muchas horas a la semana, y el fin de semana desarrollando tareas, para recibir ¿qué a cambio? Lo único que permanece es la disciplina a observar, sin tener en cuenta el conocimiento de los alumnos, sus intereses, sus competencias, potencialidades. Si el docente sabe que existen dos tipos de aprendizaje: el repetitivo y el significativo (Ausubel, Psicología Educativa. Una perspectiva cognitiva. Ed. Trillas. 1976 México.). A la primera forma se llega por percepción (o “chispas de creatividad) que es cuando la información es proporcionada en su forma final y el alumno es un receptor de ella y a la segunda se llega por descubrimiento. En este aprendizaje, el estudiante descubre el conocimiento y el docente solo le proporciona elementos para que llegue a él. Ausubel con su teoría explica el proceso de aprendizaje y se preocupa de los procesos de comprensión, transformación, acumulación y uso de la información. Estas constituyen las ideas anclaje. Los alumnos se valen de tales conocimientos previos para interpretar la realidad y los nuevos contenidos, por lo que resulta necesario identificarlos (en muchos casos serán parciales, erróneos) y activarlos, para convertirlos en punto de partida de los nuevos aprendizajes. El alumno debe ser constructor, creador, productor de su propio aprendizaje. No el repetidor del conocimiento de otros. En el tópico de la formación y en especial de la disciplina se debería optar por el mismo procedimiento.

Esto requiere un estudio de la realidad de la escuela, de los alumnos y los docentes, de la comunidad educativa, antes de elaborar normas de conducta que se convierten en “camisa de fuerza” de los alumnos y por ello se dan reacciones que desbordan los márgenes de acción en la escuela, en el aula. Este proceso de cambio que se evidencia en los alumnos/as e incrementado por las nuevas tecnologías, se topa con directivas y normas que aunque recientes, son anacrónicas. La escuela firme en su misión de educar, respaldada por una política educativa rígida que no interactúa con el desarrollo del conocimiento en la región y en el mundo y se refuerza de que la escuela enseñe a los estudiantes y que ellos aprendan. ¿Por qué a la escuela se le niega cuestionarse el día del currículo? ¿Por qué se habla de interacción, de autonomía, de participación y al final prevalece la directiva, la norma, las matrices que deben llenar con datos, los informes?

A casi dos décadas transcurridas del presente siglo son válidas las preguntas que se hacen los docentes: ¿cómo aprenden los alumnos/as del siglo XXI? ¿Qué herramientas pedagógicas, metodológicas, didácticas y tecnológicas utilizan para gestionar su conocimiento? ¿Qué lugar ocupa en ese proceso la convivencia y el clima escolar? ¿Por qué se sigue hablando de indisciplina? ¿Por qué se sigue hablando de “calificaciones” de “notas”, de aprobados y desaprobados? ¿Por qué la participación docente es restringida en lo pedagógico y en la gestión? ¿Y en los estudiantes por qué la participación se reduce a acatar lo que la autoridad decide y ordena? ¿Se vive acaso un cambio epistemológico en el paradigma educativo que por tradición perdura en la relación docente y alumno?

El silencio ante estas tensiones o ignorarlas es un indicador que el centralismo sigue interfiriendo el desarrollo de las instituciones educativas, el desarrollo profesional de los docentes y por lo tanto, perturba la educación y formación de los alumnos/as. Tan inconmovible como la disciplina escolar, está el centralismo y la descentralización educativa sigue siendo una quimera.

3. Estudiar, pensar y cambiar. Algunas ideas para reflexionar en este tema que, por facilismo y cuando se sale de control, las autoridades sólo saben recurrir a la trasnochada idea de “formación pre militar”, sin recordar la carga que este concepto tiene en una sociedad civil y democrática.
Se debería empezar por reconocer que el concepto de disciplina aplicado en toda institución educativa de educación básica es autoritaria. Se aplican medidas que responden a enfoques conductistas que se fundamentan en castigos para quienes no respetan las reglas (ellos actúan de forma ansiosa y temerosa ante las consecuencias, pero no les importa) y premios para quienes se comportan bien (desarrollan actitudes de adaptación, obediencia momentánea, quietud). Está demostrado que estas medidas logran cambios momentáneos de conductas, que no se condicen con la formación integral que dice perseguir la educación.

Es urgente que los docentes estudien y reflexionen desde su formación inicial y en su desarrollo profesional sobre el tema de la disciplina. Contamos con muchos estudios e investigaciones especializadas pero desde otras disciplinas. Muy pocas, desde el enfoque pedagógico. Sigue predominando el concepto de disciplina unido a comportamiento militar, vertical, dependiente, subordinado a la autoridad.

Como una respuesta a esta preocupación sobre la disciplina escolar, cito lo que el pedagogo Josep M. Carbó, maestro de primaria y profesor de Secundaria en el IES «Santa Coloma de Farners» ha denominado como “Las dieciséis tesis sobre la Disciplina”.

Tesis 1: El conflicto es una oportunidad educativa, no un estorbo que se debe eliminar; Tesis 2: Los conflictos deben trabajarse pactando, y no ganando; Tesis 3: Mucho mejor unas pocas normas que un minucioso y extenso código normativo; Tesis 4: Todo el profesorado tiene poder pero no todos poseen autoridad; Tesis 5: La persona responsable en las situaciones de indisciplina es el alumno o alumna; Tesis 6: Hay que tratar a cada alumno de diferente manera aplicando las mismas normas; Tesis 7: Hay que trabajar el entorno en el que aparece el conflicto; Tesis 8: Es preciso trabajar las pequeñas acciones, y no los grandes objetivos; Tesis 9: Mejor no insistir en lo que no funciona; Tesis 10: Es mejor no delegar la autoridad; Tesis 11: En un grupo cálido siempre hay menos conflictos que en uno frío; Tesis 12: Interpretar una conducta ayuda más que reprimirla; Tesis 13: Hay que censurar los hechos, no a las personas; Tesis 14: No castigues nunca si no crees que es absolutamente imprescindible; Tesis 15: Mejor manifestar sentimientos y razonamiento; Tesis 16 Las decisiones debe tomarlas el alumno o alumna

Que su lectura sirva de reflexión, que motiven el estudio y estimulen el diseño de propuestas acorde con los tiempos en y para un país diverso e intercultural. No es lo mismo ser docente y alumno en la costa, sierra o selva. Dejemos de estandarizar propuestas y rescatar el enfoque pedagógico que no puede ser subalterno al autoritarismo y negacionismo. Así tendremos ciudadanos democráticos, participativos y solidarios y se superará la monserga “formación premilitar”. Apostemos por lo auténtico.