La escuela la vida cotidiana

Por: Luis Miguel Saravia

1. Una cantera desapercibida. En el discurso educativo se recurre, además de poner empeño en el aprendizaje a la formación en valores. El tema de los aprendizajes se ha priorizado y asumido de manera constante recurriendo a estrategias y métodos adecuados que evidencian sus resultados. No sólo depende de las técnicas que desarrollen los docentes, sino también de su preparación y actualización permanente, de manera individual y colectiva. En el campo de los valores tan recurrente en la demanda de formación, no se pasa del discurso, no se va más allá de la consigna y el desarrollo de una actividad, sin que se puedan apreciar los resultados de manera tangible si no es por ritos y formas para el desempeño del alumno en la escuela, el aula, la calle, la ciudad. ¿Por qué? ¿Qué recursos no utiliza el educador para producir una transformación en el comportamiento que sea indicador de buenos resultados? Los esfuerzos son muchos y las experiencias variadas. Los resultados, están a la vista.

Existe en la institución educativa un clima y una gama de relaciones que conforman lo que llamamos la vida cotidiana. Es allí donde radica la esencia de lo que es la escuela. Es allí donde radican procesos particulares que son el embrión de lo que llamamos socialización, que la institución educativa conserva una relación determinada con el resto de fenómenos sociales. Esto permite vivir una vida cotidiana, crea el clima propicio que “marca” a los/as alumnos/as para el resto de su vida. ¿Quién que no ha sido estudiante y pertenece a una promoción no ha percibido esto? Lazos invisibles que alimentan y retroalimentan no sólo saberes sino comportamientos, formas y maneras de valorar, respetar, ser solidarios, y tantas sensaciones que establecen lazos que perduran al pasar del tiempo y rutas que cada uno tome.

Foto: Trome

Los “acontecimientos” del inicio del año escolar perduran durante el año, pero las relaciones de la vida cotidiana entre pares, nutre, forma la inteligencia, la personalidad, permite vislumbrar lo que será la vida en sociedad, los retos para elegir la profesión que nuestra inclinación y capacidad deseen, el ejercicio ciudadano de vivir lo que se conoce como democracia, el gobierno del pueblo y para el pueblo, el convivir, el concertar, el entenderse y aportar a la construcción de una sociedad y un país diferente.

Es un discurso que no debe ser interrumpido en todo el ciclo de educación básica hasta alcanzar los objetivos personales y de grupo. Familiares y comunitarios. Por eso ese continuum debería estar marcado por la reflexión permanente y reiterada sobre la vida que se vive a diario en la casa, en la escuela, en la comunidad. Debería llevar a cuestionar la escuela como una constante de reflexión, que obligue al cuestionamiento de manera permanente desde nuestros puntos de vista, de las actitudes, de los valores. De ello brotará la inconformidad, el cuestionamiento, que no es sino el cultivo de la base del pensamiento crítico, centrado en analizar y evaluar las afirmaciones y constantes que la sociedad acepta como verdaderas en la vida cotidiana. Allí aplicamos este pensamiento para intentar discernir la realidad de lo que nos dicen y percibimos, partiendo del análisis de los pensamientos utilizados para explicarla. Incorporal la duda en las informaciones que se reciba, de los dogmas, normas que nos rodean, hasta que nosotros mismos podamos darles veracidad o ignorarlos. Con ello se busca tener una justificada idea de la realidad y no aceptar a fardo cerrado todo lo que se diga u ofrece. El pensamiento crítico está muy relacionado con la creatividad, la intuición y permite que podamos diseñar otras estrategias y maneras de percibir las cosas. Cultivando el pensamiento crítico evitaremos el conformismo y nos desarrollaremos como personas, sabiendo que no existe una sola manera de ver al mundo.

2. ¿Qué es la vida cotidiana? Vida cotidiana, es un concepto que trabajaba Agnes Heller (Historia y vida cotidiana. Grijalba. México, 1972). Llega a las siguientes conclusiones, que desde el punto de vista pedagógico debería profundizarse y desarrollarse en función de lo educativo y formativo que contiene. ”La vida cotidiana es la vida de TODO hombre. La vive cada cual sin excepción alguna, cualquiera que sea el lugar que le asigne la división del trabajo intelectual y físico” (Op.Cit.) La otra conclusión, explica y desarrolla la vida del hombre como persona y en su entorno, pasando por distintas fases y las mediaciones que debe realizar para llegar a ser plenamente adulto. “El hombre nace ya inserto en su cotidianidad. La maduración del hombre significa en toda sociedad que el individuo se hace con todas sus habilidades imprescindibles para la vida cotidiana de la sociedad (capa social) dada. El adulto es capaz de vivir por sí mismo su cotidianidad…” (Op.Cit.). Esa asimilación, esa maduración hasta la cotidianidad empieza siempre por grupos (hoy por lo general en la familia, en la escuela, en comunidades pequeñas). Estos grupos median y transmiten a la persona/individuo las costumbres, las normas, lo ético de otras integraciones mayores.

Es en la vida cotidiana que se va forjando la ciudadanía, los hábitos de solidaridad, formas de apreciar el mundo, las relaciones con los semejantes, la valoración del otro, el discernimiento y otras competencias y atributos que hacen posible el ejercicio de derechos y obligaciones con conocimiento, con compromiso y convicción. Más allá de las consignas, lemas, enseñanzas que ofrece la sociedad a través de los medios, es en la vida cotidiana de la familia, del aula de clase, de la escuela que se va plasmando conductas a contrapelo de realidades sociales, políticas, económicas.

De todo ello, se debe apropiar la escuela para diseñar una forma de educar acorde a lo que el currículo consigna y recomienda. Sin embargo debe tenerse presente que estamos viviendo en un mundo que cambia de manera permanente y la más de las veces nos deja sin respuesta cuando irrumpen emociones en el aula y en el hogar. Aquí se patentiza que no contamos con las herramientas que la universidad o la escuela superior de formación han debido proporcionar y enseñar a manejar frente a las emociones que surgen cada día: ansiedad, estrés, violencia, consumo de sustancias tóxicas, depresión, dificultades en las relaciones, que esconden problemas profundos en la familia. Todo ello también forma parte de la vida cotidiana que debería saber manejarse en la escuela, en el aula.

Según el psicólogo holandés Nico Fridja, en educación es necesario tener presente el tema de las emociones, para conocerlas, estudiarlas e incorporarlas en el manejo de situaciones que se presenten en la vida cotidiana, en el hogar, en la escuela, en el entorno social. Fridja expresa que “Las emociones tienen una función muy importante en el desarrollo personal ya que sus efectos se traducen en los procesos mentales que alteran nuestras percepciones, razonamientos, lecturas de la realidad, memorizaciones, etc.” (CLARÏN. Bs.As. Julio 27.2010. Lic. Patricia Gubbay y Lic. María Marta Capurro). Expresa además, que “las emociones regulan el funcionamiento mental, organizando tanto el pensamiento como la acción. En primer lugar, establecen las metas que nos son prioritarias y nos organizan para llevar a cabo ciertas acciones concretas”.

¿Por qué no incorporar este enfoque de las emociones en educación a partir del análisis de la vida cotidiana en la escuela por la riqueza que brinda al docente para saber crear un clima de aprendizaje, de colaboración y solidaridad en el aula y el entorno? Las emociones deberían ser valoradas como un elemento muy importante en el desarrollo personal del estudiante y no dejarlas de lado como parte de características de la personalidad de cada alumno. En pedagogía tener en cuenta las emociones hace posible que sus efectos se traduzcan en procesos mentales que alteran las percepciones, razonamientos, lecturas de la realidad, memorizaciones, etc. Un tema que debería ser profundizado en el proceso de formación inicial del docente y en la praxis preparatoria.

3. La vida cotidiana elemento que aporta a la educación. La escuela, la familia, los compañeros y compañeras, las instituciones del barrio, del distrito son importantes espacios para el aprendizaje no sólo de conocimientos, sino también de la práctica de principios y valores democráticos. Si todos desarrollamos estrategias para descubrir recursos y habilidades, que permitan la disciplina y el manejo de emociones, más allá del desarrollo cognitivo, se lograría una mejor valoración de la vida cotidiana del educando. Los docentes deberían promover una escucha activa, usar metodologías que favorezcan la cooperación, la interacción, la reflexión, el diálogo, la aceptación de diferentes posturas.

La educación peruana debería de poner énfasis en educar el afecto, formar y capacitar a los niños y jóvenes en destrezas para conocer y manejar las emociones; el control de impulsos, el manejo de la propia ira y la búsqueda de soluciones creativas en situaciones difíciles. Temas como fracaso escolar, abandono de la escuela, estrés, miedos, temores frente a situaciones como la evaluación, por ejemplo, deberían ser estudiados y analizados profesionalmente por los docentes y no por enjuiciamiento de reporteros, periodistas, y otros profesionales, que son ajenos a la vida cotidiana en la escuela y en el aula. ¿Cómo se enfrenta la ira, el miedo, la vergüenza, la apatía, la flojera, la ausencia de autoestima, que devienen posiblemente de desajustes emocionales? ¿Se tiene una opinión pedagógica sobre esta situación? Sería muy importante e interesante contar con investigaciones relacionadas y sobre aquella hipótesis que se escucha y plantea con relación a los educandos de nuestros días, que parecen más despiertos, más inteligentes y que aprenden mejor, pero por otro lado, sus capacidades emocionales y sociales parecen disminuir, por su indiferencia y falta de compromiso con lo que van aprendiendo y no valoran su formación.

Sin duda la vida cotidiana en la escuela debería tomarse más en serio en nuestra educación nacional, tratándose de un país con diversidad e intercultural. ¿Se viene trabajando en esta línea con la misma preocupación que se pone al bullying? ¿No sería bueno trabajar estos temas y problemas sencillos, simples y que suceden en la vida cotidiana, en el aula de cada una de nuestras instituciones educativas en sus diversos niveles?

El abordar la vida cotidiana en la escuela, implica cambiar modelos tradicionales de educar, por aquellos que deben estar más cerca del quehacer educativo cotidiano que busca mejores aprendizajes, el bienestar personal, social en la perspectiva de formar ciudadanos con capacidad de discernir y de comprometerse con su persona, su realidad y el país. Es necesario que la comunidad educativa y los mismos educandos puedan reconocer las emociones, qué significan y cómo se manejan. Los sentimientos y pensamientos se expresan de manera adecuada si se aprenden a valorar. Saber escuchar al otro desde los sentimientos es una forma de desarrollar empatía. Nuestro sistema, el sistema educativo en su conjunto debería centrarse no sólo en el desarrollo de habilidades cognitivas sino también favorecer el desarrollo emocional y contribuir así al bienestar tanto personal como social del estudiante.