La escuela tiene vela en esta tragedia

Por: Teresa Tovar Samanez

Somos el segundo país más violador de América del Sur. Este y otros indicadores citados por diversos estudios muestran que la violencia contra la mujer está escalando dramáticamente, siendo, además, justificada por varias autoridades y líderes de opinión. Es decir, la misoginia se está instalando en espacios de poder y de cultura.

El sistema educativo no forma parte de este coro, pero está pecando por omisión. Pues culpable no solo es el que violenta y mata, sino el que deja matar, o peor aún, el que educa en un currículo oculto donde agredir a una mujer se vuelve lícito. La violencia que vivimos no solo exige leyes y penas drásticas. Requiere ser enfrentada de raíz, desde la educación y la cultura.

Se consiguió la matrícula paritaria de niñas y niños, pero las niñas matriculadas son agredidas. Se ha restablecido la Dirección Nacional de Tutoría, pero omitiendo el tema de violencia de género. La igualdad de género está mencionada en el currículo, pero esto es a todas luces insuficiente: es un enfoque “transversal” que existe solo como entelequia, como fraseo sin peso decisorio. En educación lo que tiene poder es lo que se prioriza, evalúa y es objeto de rendición de cuentas. La igualdad de género no tiene nota, ni tampoco ningún responsable al interior del sistema educativo. Si nadie la implementa, no pasa nada.

Foto: Tiching.com

¿Qué hacer? Hay que comenzar priorizando la prevención y sanción del abuso sexual y la violencia contra la mujer, para que ningún agresor pase piola, aunque tenga buenas notas en matemáticas o sea un maestro con bono de reconocimiento. Urge dar atención intersectorial a la salud de las niñas, incluyendo educación sexual con enfoque de género para niños y niñas, para que todos valoren su cuerpo y dignidad. Se debe garantizar baños diferenciados por sexo en todas las escuelas, pues resguardan la intimidad de las niñas. Es básico que la formación docente incluya el enfoque de igualdad de género, porque ningún cambio se consigue sin los maestros.

Es necesario modificar las prácticas pedagógicas para que: a)Recuperen los saberes de las niñas b) Visibilicen el aporte de las mujeres en la historia; c) Erradiquen la burla y desmonten todos los días los estereotipos que las subvaloran y subordinan; d) Enseñen a los niños a encontrar nuevos modelos de masculinidad, distintos y amables; e) Valoren los procesos de reproducción y cuidado de la vida al igual que se empieza a hacer con el cuidado ambiental; f) Cambien los roles de género que subordinan a las mujeres y g) Estimulen la autoestima, autonomía y liderazgo de las niñas.

Pero se requiere, sobre todo, que haya instancias responsables de que esto se implemente. Porque no las hay.

Publicado originalmente en Diario UNO
Imagen de portada: Diario Correo