La meritocracia no lo es todo en educación

Por: Luis Miguel Saravia C.

1. Vino nuevo en odre viejo. Antiguo proverbio que debió tenerse en cuenta en esta coyuntura política que ha llevado a cambios en el gabinete. El productor de vinos sabe que si guarda el vino nuevo en odres viejos, éstos revientan y se pierden. La sabiduría del vinicultor recomienda lo que debe hacerse: vino nuevo en odres nuevos.

Ese es el sentir de quienes se enteraron del nuevo responsable del Ministerio de Educación. No basta ser educador para tener un juicio de valor frente al personaje. Un ciudadano informado ha leído en entrevistas, en artículos semanales, en radio y en TV conceptos que queriendo ser críticos reivindicaban una educación ceñida a un statu quo tradicional, sin apertura a las nuevas corrientes y tendencias pedagógicas. Todo lo contrario. Quedarse en una torre de marfil sin considerar los aportes de las distintas disciplinas que concurren a nutrir la pedagogía, la metodología, las nuevas técnicas y los retos que plantea la nueva tecnología, es síntoma de complacencia. Caer en lugares comunes, hacer leves maquillajes para que nada cambie en sustancia, no es desarrollar una educación moderna, es como cuando se pintan las puertas y dentro de casa todo sigue igual.

Idel Vexler, ministro de Educación / Foto: Diario Gestión

2. La falacia de la meritocracia. La meritocracia es, sucintamente, el gobierno basado en el mérito y en educación es la clave para mejorarla. Sabemos que para alcanzarla es necesario reformar la estructura del sector. Si la meritocracia es la clave para mejorar la educación. Se han preguntado ¿mérito de qué? ¿de estudios básicos, superiores, profesionales? ¿Lograr éxitos en los negocios, en los emprendimientos, en la concreción de proyectos? ¿O hay que reducirla a la coyuntura?.

Hay que tener cuidado cuando se utiliza la meritocracia creyendo que con ello se “bendice” una buena gestión y se olvidan conceptos y gestos. Con ese criterio deberíamos estar satisfechos de ministros, jefes de Estado, congresistas, pues ellos representarían a las personas más rectas y éticas del país. De tanto manipular esta palabreja, se ha ido gastando el contenido. Se le presenta como la palabrita mágica pronunciada para convertir el espejismo en realidad. En nuestro país recién empezamos a transitar por la vía meritocrática. No gastar el concepto que es exigente, disciplinado y ético. La meritocracia vivida es la del nepotismo, favoritismo, corrupción y en favor a los “amigazos” de siempre. No olvidar que el sector educación ha sido el campo propicio para ello.

El anclaje de la reforma educativa peruana descansa en un documento que no debe olvidarse y se llama Proyecto Educativo Nacional (PEN) elaborado y aprobado por consenso de profesionales e instituciones de todo el país. Esta responsabilidad fue promovida por el Consejo Educativo Nacional. La ley de reforma magisterial busca la revaloración del magisterio, tanto desde el punto de vista de formación académica, como de reivindicación económica. Con ello se aspira que el docente peruano recupere el liderazgo perdido en la comunidad. En esto no hay transacción que valga. No puede darse marcha atrás en lo avanzado en esta construcción cuasi cruzada.

La meritocracia en educación no puede levantarse como bandera sólo para convocar políticamente, pues es una exigencia y esencia profesional que requiere el cumplimiento de requerimientos y adhesiones a contenidos que tienen que ver con tendencias y opciones centrales en el desarrollo de la ciudadanía y la formación de niños y jóvenes. Es el camino del no retorno. La meritocracia permitirá que construyamos un país más justo, más equitativo y solidario. Sin embargo estemos advertidos que no reduce ni elimina la desigualdad, sino “redistribuye” -recursos y oportunidades- para contar con más probabilidades de realizarse como personas y ciudadanos que gozan de sus derechos y cumplen con sus obligaciones democráticas.

Foto: Andina

3. Exigencias de una política educativa. El nuevo ministro de educación en su primera declaración -así lo recogieron los medios- ha dicho que “…Continuaremos fortaleciendo la meritocracia que valora al maestro y mejora la calidad de la educación”. (Gestión, América TV y otros diarios 17.09.17). Además, que continuará con la política de reforma educativa impulsada por la gestión de PPK. Suena bien el mensaje. Pero está en contraposición a lo que ha venido planteando en entrevistas y artículos desde hace casi un año. ¿Dónde está la coherencia? Educación es el escenario más dramático de las contradicciones del gobierno de PPK, sobre todo luego de haber hecho cuestión de confianza por la censura a la ministra Martens y dejar censurar al ex ministro Saavedra, que manejaba la reforma del sector, y se acabe nombrando a uno de sus principales opositores. PPK y Araoz se la juegan con esta nominación. ¿No sabían lo que pensaba y sostenía sobre el tema de “identidad de género”, del currículo; la evaluación de los docentes; el avalar el intento aprista de terminar con la reforma universitaria? Increíble.

Una política educativa del Estado no acepta variaciones e interpretaciones para “acomodarla” a exigencias poco técnicas de la coyuntura e intereses políticos. La escuela pública está en juego con esta manera peculiar de comprender que tiene el Presidente y la Primera Ministra sobre lo que es desarrollar una política educativa. De otro lado tampoco una política de Estado se realiza con una “gestión con los maestros, los padres y todos los actores.” En ningún momento se ha escuchado que defenderá la reforma educativa. ¿Cómo no se retrocederá o paralizará la reforma retrotrayéndola hacia la década donde fue vice ministro? ¿Quién garantiza respeto y consecuencia en seguir la ruta trazada por el PEN y lo desarrollado hasta hoy? ¿Con concesiones?

Parapetarse en la meritocracia, es tener una visión reducida de la política educativa de Estado. Por su trayectoria y cercanía al partido aprista causa desilusión en el magisterio, en los padres de familia, en la comunidad. Muchas palabras, gestos, pero el suelo no está parejo. Vexler dijo que su gestión se sustentará en dos pilares: “cambio y continuidad”. Además aseguró querer quedarse por mucho tiempo y que eso implica tener un desempeño adecuado en su cartera. “Nosotros vamos a continuar, fortalecer y ampliar todo lo que camina bien. Si hay algo que no camina bien, lo vamos a tener que descartar en su momento, pero cambio y continuidad es lo que yo les ofrezco“.

4. En suma. Se inicia una nueva gestión educativa polémica. La agenda está muy recargada. No le hace bien el lema cambio y continuidad. Uno no puede “cambiar de caballo pasando el río” dice el arriero. La reforma educativa peruana tiene un marco conceptual y normativo que podría ser perfectible, pero no sin antes escuchar a quienes la diseñaron y tuvieron la dura tarea de plantearla, establecer consensos regionales y aprobarla haciéndola ley. Está la ruta trazada, podría ser susceptible de ajustes, pero respetando la esencia, pues es genuinamente pensada para y desde el Perú diverso e intercultural.

En cuanto a la educación superior de igual manera, respetando lo avanzado y permitiendo que los procesos consoliden una nueva política de formación de los profesionales que el país requiere. Se ha remontado la tarea mayor que es desmontar una estructura que no permitía el desarrollo de la universidad peruana ni de los institutos y escuelas de la educación superior. Se puede apreciar que nuevos aires se respiran en educación superior, no lo agostemos antes de tiempo. Se aprecian frutos en nuevas universidades, surgen nuevas generaciones de autoridades que aspiran que la educación superior sea más profesional y no solo certificadora de títulos. El Perú no puede ser ajeno al desarrollo del conocimiento y pensamiento científico y tecnológico. Debe ser productor de nuevos indicadores y estándares demostrados por la excelencia de la formación de profesionales.

Visión y misión a largo plazo y no reducir la educación a la escolarización, que es solo una etapa del proceso de desarrollo de la persona en el dominio de las humanidades, de las ciencias y las tecnologías. Debemos dejar de ser consumidores de patentes. La hora exige ser generadores de conocimiento y del diseño de nuevas oportunidades. De esa manera se aportará al desarrollo nacional, a consolidar la democracia y al ejercicio de la ciudadanía (26.09.18).

PD. Puede ver las entrevistas al Ministro Vexler publicadas en los diarios La República y El Comercio: 24.09.17