Date:February 05, 2019

La salud del docente

Por: Luis Miguel Saravia

1. El/la Docente es un ser humano. Y como tal casi siempre apreciamos que goza de “buena salud”. No puede darse el lujo de llegar tarde al trabajo, menos dejar de hacer sus labores de preparación de clases, de corrección de tareas, de evaluación de alumnos y sobre todo, dejar de estar presente en el aula. No puede darse el lujo de “faltar a clase”. ¿Ha pensado el padre de familia qué ocurre en el aula, en la escuela, cuando el docente no asiste? ¿Ha pensado el padre de familia que el docente como ser humano es vulnerable en su salud física y mental?

¿Existe un programa de prevención de dolencias crónicas de docentes? ¿Y de asistencia médica especializada? ¿Se conoce las dolencias específicas de la profesión docente? ¿Qué programas de salud especializada existen?

Es posible que no nos hallamos detenido un momento a pensar sobre este tema fundamental para que el proceso enseñanza aprendizaje sea desarrollado de acuerdo a los requerimientos profesionales que demanda la docencia ¿Han reparado en esto los padres de familia, la comunidad y el Estado?

Poco se ha escrito sobre este tema en la literatura relacionada con los docentes y su desempeño. ¿Acaso son perdurables en salud física y mental?

2. Realidad que no debe soslayarse. El año 2014, en el V Congreso Internacional de Educación Encinas, organizado por la Derrama Magisterial, se abordó el tema “enfermedades asociadas a la profesión docente”. Importante asunto que es preocupación del colectivo magisterial en el país y para el cual no cuentan con la atención oportuna y especializada, salvo cuando en vacaciones pueden atenderse en centros de salud calificados. Pocos docentes tienen el hábito de la previsión en salud. Dependen de “pastillas” del boticario; o “placebos” que expenden en mercados…hasta que se dan con la realidad de una enfermedad que se inició y desarrolló con síntomas complejos que fueron paliados por pastillas e inyecciones del farmacéutico. Pocos programan sus visitas al médico especialista en el Seguro Social, con las limitaciones ya conocidas.

En el evento referido se pusieron en evidencia las complejas condiciones de salud de los docentes, que repercuten en su desempeño. Enfermedades diversas forman el repertorio de insalubridad del docente, producto de su falta de preparación adecuada para el ejercicio de la profesión: uso de la respiración, modulación de la voz, cuidado del sistema esquelético-muscular, y otras dolencias derivadas del estrés laboral y tensión emocional, amén de aquellas que se contraen en el entorno familiar. Se plantearon recomendaciones, cuya ejecución sigue esperando un lustro. El/la docente sigue dejando la vida en las exigencias profesionales, tanto en su desempeño en el aula, como en la dirección de instituciones educativas, en las tres regiones naturales de nuestro país.

3. Temas urgentes…pendientes. Existe en el quehacer docente otro campo de dolencias poco conocido: las enfermedades “especiales” que muchas veces no pueden ser tratadas en las visitas rutinarias al especialista. Tomemos por ejemplo el cáncer de próstata. Según Global Cancer Observatory, agencia de investigación de las OMS es la neoplasia más frecuente en el Perú. En 2018 se diagnosticaron 7,598 casos de nuevo cáncer de próstata, que representan el 11.4% de todos los cánceres malignos en la población peruana, por sobre el cáncer de mama y de estómago. Es la primera causa de muerte debido a neoplasias entre la población masculina (15.6 x cada 100,000 varones) (Prevención del cáncer: arma de salud pública. Luciano Núñez Bragayrac (Médico Urólogo-Oncólogo) El Peruano, 30.01.19).

Otra preocupación que no se muestra es el estrés y el llamado efecto “burnout” que tiene estos significados «síndrome de estar quemado», «síndrome del estrés laboral asistencial», «síndrome del desgaste profesional»). Aunque fuertemente relacionados entre sí en cuanto a su significado, no es lo mismo estar estresado que estar “quemado”. El nombre que comúnmente le ponen a esta manifestación los docentes es “estrés”, pero no conocen el significado de esta palabra y menos qué lo origina. Cristina Alemañy Martínez dice: “El estrés, puede surgir cuando un individuo está sometido a fuertes demandas conductuales que le resultan difícil llevar a cabo. La respuesta del organismo al estrés se produce de manera inmediata, el organismo se activa y vuelve a equilibrarse una vez superada la situación, pero se va desgastando si se repite con excesiva frecuencia. Sin embargo, el efecto “burnout” se origina cuando los profesionales sobrepasan su capacidad de reacción de una forma adaptativa. Su consecuencia inmediata se presenta en síntomas de agotamiento, fatiga, desgaste psicológico, con severas pérdidas de energía que causan un descenso de cantidad y calidad de rendimiento, en definitiva, una sensación de no poder transmitir más de sí mismo a los demás, que deriva en frustración, fracaso y actitudes negativas no sólo ante el trabajo sino también ante la vida y hacia otras personas”. (LA DOCENCIA: ENFERMEDADES FRECUENTES DE ESTA PROFESIÓN. Publicado en Cuadernos de Educación y Desarrollo Vol. 1, Nº 1 (abril 2009).

¿Cuántas veces no nos hemos encontrado con docentes con estos “sufrimientos”? ¿Acaso no hemos pensado que son enfermedades nerviosas, psíquicas, que requieren un tratamiento especializado? ¿Acaso no se guarda silencio y no se le presta la atención debida, sino todo lo contrario son causantes de burlas o silencios indiferentes? Las reacciones de docentes rayanas en irritabilidad en el aula, en el patio, y en casa, insomnio, arritmias cardíacas, tensión nerviosa, que llega a la inestabilidad emocional, son expresión de lo que desde el campo del trabajo son nombradas como enfermedades laborales. ¿Dónde queda el “desgaste” de la persona? ¿Será el mentado “burnout”? ¿Quién lo atiende en esas emergencias? Un docente rural ¿qué hace en estas circunstancias? ¿Esperar las vacaciones para ir al pueblo o la posta más cercana donde el médico o enfermera solo le da una pastilla? ¿Es esta una atención profesional a quien tiene la responsabilidad de la educación de niños y niñas en el aula?


Las causas de estas dolencias podrían estar relacionadas por la baja remuneración que recibe y que no alcanza para cubrir las demandas del hogar, la educación de los hijos, los requerimientos de un mejoramiento profesional. Presiones no solo materiales, también mentales, difíciles de expresar y que requieren de un especialista que no existe, porque la plaza no está prevista en el presupuesto. ¿Por qué se ignora lo que la OMS define como salud? “La salud es el estado completo de bienestar físico, mental y social y no solamente la ausencia de enfermedades”. Esto abarca no solo dolores o enfermedades sino la libertad de desarrollar y mantener las capacidades funcionales físicas, psíquicas y sociales.

4. Concluyendo. Hemos querido llamar la atención sobre el tema de la salud del docente, para que quienes tienen responsabilidad de dirigir el Ministerio correspondiente, así como se preocupan por la infraestructura, matrícula, y otros, piensen que tienen una agenda pendiente con el docente, el profesional de la educación que demanda atención en salud, no como una prestación residual, sino importante y central para un desempeño eficiente, dada la gran responsabilidad que tiene. “Mateo Paiva, el maestro”, libro que de manera magistral escribiera Francisco Izquierdo Ríos en una reseña dice “Mateo Paiva es un joven maestro normalista procedente del campo, que encarna nuevos valores sociales. Trabaja en las pequeñas escuelas comunales de Hualca sin seguir los planes oficiales, rompía los viejos moldes, ya que prefería enseñarles a sus alumnos a estar en contacto con la naturaleza y amarla, sacándolos de las aulas para plantar árboles y flores. Sin estar ajeno al plan oficial, se preocupaba mucho por los problemas de las comunidades, para los cuales buscaba siempre una solución. Para Mateo, era importante integrar a las comunidades con la escuela, para que ambas se unieran en la tarea de construir juntos su porvenir.” (Libros Peruanos.com).

La salud del docente debe entrar en la agenda del sindicato como una reivindicación pendiente y no contemplarla como subsidiaria de un trato marginal que otorga la Seguridad Social allí donde está presente, Es necesario que se diseñe un programa permanente de prevención de los riesgos laborales del docente. Un docente interactúa con distintos grupos de referencia tanto en su centro de trabajo como con el alumnado, padres de familia, compañeros de trabajo y otros miembros de la comunidad. Los riesgos para su salud son diversos y deben ser atendidos. Prevenir -palabra ausente en las políticas sociales- significa anticiparse y actuar antes que se produzcan reacciones negativas, para evitar sus efectos.

Este artículo quiere ser solo un recordaris tanto para autoridades educativas como para dirigentes sindicales y comunidad en general, que tienen que ver con el quehacer del y la docente. Que mañana no sea demasiado tarde.