Date:November 03, 2017

Las tareas escolares

Por: Luis Miguel Saravia C.

1.Situando el tema. En los últimos años se viene produciendo un debate pedagógico con relación a la conveniencia o no de dejar tareas para casa, según la edad y nivel educativo. Especialistas en pedagogía consideran que las tareas para casa no ayudan en la mayoría de los casos, pues el educando las realiza con ayuda externa (sus padres o profesor particular). Se especula, además, que la tarea es una sobrecarga de trabajo luego de la jornada escolar y una pérdida de tiempo, por parte de los docentes que tienen que corregir y calificar las tareas. Finalmente no existe ningún estudio que demuestre que los deberes favorecen la autonomía del alumno ni benefician su desarrollo intelectual, La cuestión no es nueva. Pocos han puesto empeño en elaborar una propuesta seria y sostenida, para nuestro país diverso e intercultural. Las tareas escolares son trabajos que los educandos de educación básica realizan en casa por indicación de su profesor. ¿Quién no las ha realizado? Las tareas escolares deben tener un plazo, objetivos académicos y formativos. Su desarrollo permite practicar lo aprendido en clase y desarrollar habilidades creativas de reflexión y crítica, mejorar los conocimientos, aprender a aprender, investigar y poner en práctica las propias técnicas de estudio para el desarrollo del trabajo asignado, o por lo menos debía ser así.

Las tareas escolares, deben ayudar a practicar y reforzar habilidades académicas adquiridas en clase, a favorecer la formación, y a fortalecer los buenos hábitos de estudio y disciplina del educando. Bien enfocadas podrían permitir desarrollar la creatividad, la iniciativa, desplegar el ingenio, la autoeducación, el desarrollo de la responsabilidad, autoestima y autonomía. En el estudio PISA (2000-2006) se demuestra que los países y escuelas que permiten más tareas para casa presentan mejores niveles de aprendizaje escolar. ¿Alguien ha reparado en esto? ¿Qué valor tiene la tarea escolar sino de reforzamiento del aprendizaje?

Tema polémico el de las tareas. No se arregla con la prohibición mediante un Acuerdo de Consejo Regional, como ha ocurrido en la Región Ica en estos meses. (N°032-2017-GORE-ICA 22 de Agosto, 2017). ¿Es el resultado de una investigación? ¿De un debate regional? Somos un país intercultural con un sistema educativo que requiere ajustes tanto en contenidos que se enseñan como en prácticas educativas. Las tareas educativas son un tema importante y su implicancia en la educación urbana y rural.

¿Las tareas escolares son un peso para los estudiantes?

2. Investigaciones sobre el tema. En enero del presente año, el rector de la Universidad Pedagógica Nacional de Colombia Adolfo León Atehortúa Cruz escribía un artículo en El Espectador de Bogotá, titulado: “Tareas escolares para el hogar. ¿Si o no?” Considero de interés transcribir parte de este escrito que se refiere a estudios e investigaciones en torno al tema. “¿Es pertinente dejar tareas para que nuestros alumnos las realicen en casa? Para responder el interrogante- dice Atehortúa, debe tenerse en cuenta, en primer lugar, la opinión de un número significativo de expertos.

La lista puede encabezarse con Alfie Kohn y su libro El mito de los deberes (2013, Madrid: Kaleida Forma). La conclusión de su investigación es contundente: las tareas no promueven la autonomía ni generan buenos hábitos de estudio; no proporcionan beneficios académicos para los alumnos de primaria y no son recomendables para los estudiantes de secundaria. Por el contrario, pueden conducir a que niñas y niños adopten una actitud negativa hacia el colegio y el aprendizaje, o a la extinción de la curiosidad infantil. Etta Kralovec y John Buell en The End of Homework (2001·Boston: Beacon P), sostienen similar criterio: las tareas en casa no mejoran el rendimiento académico, pero suprimen, por fuerza del tiempo dedicado a ellas, aprendizajes en artes, deportes, educación religiosa, actividades familiares y comunitarias. Las tareas, agregan dichos autores, construyen una discriminación: los padres con mayor capacidad cultural y económica para asistir a sus hijos en casa obtienen mejores resultados.

Francesco Tonucci –Cuando los niños dicen ¡basta! (2005 Madrid: Fundación Germán Sánchez Ruipérez) y ¿Enseñar o aprender? (1999 Caracas: Laboratorio Educativo.)– advierte, desde una óptica infantil, su concepción sobre el proceso enseñanza-aprendizaje. “Las tareas”, argumenta, son una equivocación pedagógica y un abuso; no consiguen el resultado que la escuela presume”. Al igual que Kralovec y Buell, considera que “quienes más aprovechan los deberes son los que menos los necesitan: aquellos que tienen familias que les pueden ayudar con eficacia. Las tareas, concluye, deberían realizarse en el tiempo escolar y no en la casa, a modo de investigación y con el relato de lo acontecido tras desarrollarlas”. Otros autores a citar de un listado interminable serían: Deborah Meier, Susan Hallam, Theodore Sizer, Nancy Faust, Richard Walker, Sara Bennett, Nancy Kalish y Harris Cooper que son los más consultados en las bibliotecas estadounidenses, por ejemplo.

Acompañamiento en el aula para el desarrollo de ejercicios

Hace un año la Organización Mundial de la Salud a instancias de la Organización de Naciones Unidas, pidió eliminar por completo las tareas escolares en todos los sistemas educativos registrados. Siete fueron las razones por las que la ONU ha realizado peticiones para eliminar las tareas escolares de los sistemas educativos de todo el mundo: 1) Las tareas no hacen a los niños mejores estudiantes; 2) Los alumnos comprenden mejor los conceptos dentro del salón de clase; 3) Las tareas quitan valioso tiempo que podrían usar en otras actividades; 4) De 1989 a la fecha se han realizado varios experimentos; 5) Afecta el carácter de los estudiantes; estudiar debería ser divertido; 6) La tarea genera conflicto con los padres; 7) El niño ve la tarea como un castigo. Finaliza con esta frase que debe motivar estudio en investigación de los docentes y los diseñadores de políticas educativas: “Cuando se eliminan las tareas escolares, el estudiante recupera la motivación por el estudio, y la alegría de ir a la escuela a aprender cosas nuevas.”

La lucha contra las tareas escolares es de vieja data. Algunos estados de los Estados Unidos las prohibieron desde 1901 y California las proscribió en 2009; Francia hizo lo propio desde 1956 para los estudiantes de educación primaria; Bélgica las reguló a partir de 2001 y Finlandia las dispuso de solo 10 a 20 minutos para secundaria, aunque la gran mayoría de los educadores no las emplean. Michael Moore (2015), en su excelente documental investigativo ¿Qué invadimos ahora?, demuestra que el éxito de la educación en Finlandia reside en una sola frase de su ministra de Educación: su “máximo secreto” es que “los niños no tienen tareas”; “deben tener más tiempo para ser niños y disfrutar la vida”. La jornada escolar en ese país es de solo 20 horas a la semana, incluyendo una diaria dedicada al almuerzo, y su año escolar es el más corto del mundo occidental. En el ámbito latinoamericano, Ecuador ha expedido una nueva normativa que regula la carga horaria para las tareas escolares evitando su envío a los fines de semana y feriados, mientras Chile discute su regulación o abolición completa.

El impacto de las tareas en la vida familiar debe examinarse con cuidado. A menudo, las tareas constituyen carga excesiva para los padres y son motivo de conflicto. El diseño de un átomo, del sistema solar con esferas de icopor o la elaboración de un traje medieval para niños de primaria, por ejemplo, pone en odiosa comparación el dinero, el tiempo o el ingenio de los padres con sus hijos en la escuela, edifica la competencia, crea dependencia hacia el adulto y mortifica el yo infantil. Todo ello frente a un escaso valor académico. Diversos estudios indican, además, que el estrés familiar es proporcional al peso de los deberes, que a su vez disminuye la percepción de los padres sobre su capacidad para ayudar. Las tareas en casa, luego de una jornada educativa completa, eliminan el tiempo disponible para otras actividades indispensables en el crecimiento cultural y físico de niñas y niños. Es necesario otorgar espacios al ocio, a la lúdica, la poesía y la literatura, al arte y el deporte, a la curiosidad infantil, a compartir en familia y en sociedad. Estas últimas actividades, incluso, generan más autodisciplina y responsabilidad que las tareas. (https://www.elespectador.com/opinion/opinion/tareas-escolares-para-el-hogar-si-o-no-columna-676756)

La audacia y la capacidad pedagógica de los maestros se ponen a prueba con el trabajo que realizan en el aula, no con las tareas para la casa. Los conceptos se comprenden mejor en clase con el trabajo en grupos. Se induce a los niños a cultivar el pensamiento crítico y a la creación, por ejemplo motivar la lectura y la investigación, promover su interés por el aprendizaje y la búsqueda de información. Asumir el estudio como deber, indagación y juego, y no a que lo rechacen como obligación, nos dice Atehortúa Cruz. El estudio debe disfrutarse, asumirse con entusiasmo y pasión. Las tareas, por el contrario, a menudo molestan al niño, lo condicionan, le arrebatan la motivación y su alegría por ir a la escuela.

3. Tarea pendiente. Es necesario debatir un poco más, antes que se asuma la responsabilidad de proscribir la tarea escolar en casa. El sistema educativo peruano tiene la peculiaridad de ajustarse a un país intercultural, donde los matices y peculiaridades de cada región deberían tenerse en cuenta. Otro elemento a considerar es la migración interna en las regiones en las últimas décadas demandan nuevas formas de plantear los temas, su estudio, los procesos de aprendizaje. Usos y costumbres culturales que deben tenerse en cuenta para innovar el proceso educativo y el sistema educativo peruano. Para ello se requiere determinar los temas cruciales que definir y trabajarlos con un enfoque intercultural y no estandarizar medidas de política, sabiendo que el país es diverso.

Además de ello debería considerarse la jornada escolar que es de muy pocas horas en la mayoría de las escuelas del país. Aunque se pretende establecer la jornada escolar completa.

Decidir si las tareas escolares en casa se mantienen o no, demanda investigación y estudio, para determinar la estrategia de cambio a realizarse. No se trata de cambiar por cambiar ya que otros países lo hacen. Una reflexión seria, profesional, pedagógica, debe llevar a tomar una decisión acorde con la realidad del país. Atehortúa Cruz, propone que las tareas, sean para “ejercitar el pensamiento, para impulsar la investigación, para promover la capacidad creadora de niñas y niños, su imaginación, su disposición para la lectura, su interés por el conocimiento, pero advertimos que esa actividad debe realizarse en aula, entendida en su sentido amplio, durante el tiempo escolar; allí donde la capacidad, la destreza y el sentido pedagógico de nuestros maestros y maestras se pone a prueba. A ellos corresponde hacer más productivo el tiempo del cual disponen; ese es su desafío.”

Para concluir y provocar nuevas pistas de investigación, esta útima reflexión de Atehortúa Cruz: “Si el colegio enseña a pensar, por ejemplo, el alumno por sí mismo pedirá que en casa se reflexione, se interactúe; esa será su tarea para el hogar. Lo hará en su tiempo libre, pero no se asumirá como tarea escolar, sino de vida. Así mismo, el uso de los medios tecnológicos y de comunicación se orientará con idéntico propósito, como herramientas para el conocimiento y el desarrollo humano al servicio de la vida y de la sociedad. Tuve una experiencia reciente: la maestra de mi hijo de siete años trabajó en su curso los humedales de Bogotá, y fue tal el entusiasmo que generó, que mi hijo los buscó en Google y quiso conocerlos todos, visitarlos; pero no fue una tarea escolar impuesta, fue una decisión de vida originada en su curiosidad infantil. Hay que quitarse el sombrero ante maestras como ella; agradecerle.

Una invitación y reto a la profesión docente y no intentar suprimir la tarea escolar por el solo hecho de que se hace en otros países. Recurramos a las lecturas y reflexiones frente a los retos de la profesión y de nuestros alumnos y tratemos de ponerlos en el contexto de lo que García Márquez planteó una vez: hagamos un país al alcance de los niños. Que las tareas escolares sean, además, una invitación para recordar la Convención sobre los derechos del niño que nos dice: “El niño tiene derecho al descanso y al esparcimiento, al juego y a las actividades propias de su edad y a participar libremente en la vida cultural y en las artes”. Esto está en el código de una propuesta que construye y no es abolicionista de la tarea escolar, que sirve de apoyo a miles de niños y niñas de nuestro país diverso e intercultural.