Las TICS y la oferta de “vacaciones útiles”

Por Luis Miguel Saravia

El término “vacaciones útiles” en el país se acuñó en la época del gobierno de Velasco y su reforma educativa. Antes se denominaban simplemente vacaciones que eran meses de descanso para los estudiantes y para los docentes

El gobierno de entonces promovió que durante esos meses de vacaciones los niños y jóvenes podrían gozar de unas vacaciones diferentes, donde no hubiese el rigor de cumplir con tareas sino disfrutar su tiempo libre con algo que les podría servir en el futuro: manualidades, deportes, diversos tipos de recreación. Se trataba que chicos y chicas experimenten nuevas opciones, no iguales a las del año escolar; de estimular la parte creativa y las cualidades de los estudiantes.

Talleres de vacaciones

1. Ofertas y más ofertas A diferencia de esos tiempos, hace ya más de cuarenta años, ahora hemos sido invadidos de información mediante avisos, encartes, volantes y de más, con promociones para chicos y chicas en diversas opciones para que tengan unas vacaciones agradables. Estamos en la era del mercado y como éste ha incursionado en la educación nacional, hoy todo vale, sin reparar en que la oferta sea educativa, pedagógica y desarrollada por profesionales. Nos ocuparemos en especial de las ofertas basadas en el uso de las TICS.

2. Modas que se imponen y requieren una reflexión pedagógica. Desde hace años la temporada de vacaciones promueve, junto a otras actividades como teatro para niños, instrumentos musicales, magia, minichef, yoga, jardinería, circo, diseño de moda kids, diseño de moda teens, pintura, idiomas, las TIC para todos los niveles educativos. Sobre esta última actividad quisiera centrar esta reflexión.

¿Es lo que necesitan nuestros hijos y nietos que ya están introducidos en el conocimiento y manejo de la computadora, la tablet, los juegos y el internet? ¿Acaso no juegan ya con el Smartphone de los papás? ¿Qué de nuevo nos ofrecen? Ahí está el problema. ¿Qué sabemos de toda la cháchara con que se adorna la oferta? Y compramos lo que se oferta. ¿Sabemos lo que se viene discutiendo en la región y en el mundo sobre el tema de las TIC? ¿En el país nos llega la oferta, pero no el debate educativo que se viene dando, en torno a las TIC desde la perspectiva educativa?

Hemos avanzado muy poco, de cara a una reflexión pedagógica sobre el tema. Existen buenos pedagogos en tecnología de la información, pero poca cabida se les da cuando de discutir los objetivos de la educación nacional en un país diverso e intercultural. Las TIC se van incorporando en nuestro sistema educativo, la deliberación se nutre de otras reflexiones de cara al nuevo siglo y los nuevos retos que se tienen no se plantean desde el enfoque pedagógico. Recurriendo a Prensky comparto la siguiente cita:

“Los estudiantes del Siglo XXI han experimentado un cambio radical con respecto a sus inmediatos predecesores. No se trata sólo de las habituales diferencias en argot, estética, indumentaria y ornamentación personal o, incluso, estilo, que siempre quedan patentes cuando se establece una analogía entre jóvenes de cualquier generación respecto a sus antecesores, sino que nos referimos a algo mucho más complejo, profundo y trascendental: se ha producido una discontinuidad importante que constituye toda una “singularidad”; una discontinuidad motivada, sin duda, por la veloz e ininterrumpida difusión de la tecnología digital, que aparece en las últimas décadas del Siglo XX. Los universitarios de hoy constituyen la primera generación formada en los nuevos avances tecnológicos, a los que se han acostumbrado por inmersión al encontrarse, desde siempre, rodeados de ordenadores, vídeos y videojuegos, música digital, telefonía móvil y otros entretenimientos y herramientas afines. En detrimento de la lectura (en la que han invertido menos de 5.000 h), han dedicado, en cambio, 10.000 h a los videojuegos y 20.000 h a la televisión, por lo cual no es exagerado considerar que la mensajería inmediata, el teléfono móvil, Internet, el correo electrónico, los juegos de ordenador… son inseparables de sus vidas. (Prensky, M. Nativos e Inmigrantes –Digitales. Impresión: Albatros).

Resulta evidente que nuestros estudiantes hoy piensan y procesan la información de modo significativamente distinto a como lo hacíamos. Además, no es un hábito coyuntural sino que está llamado a prolongarse en el tiempo. No se interrumpe sino se acrecienta. El manejo y utilización que hacen los alumnos de la tecnología es superior a la de sus docentes. “Diversas clases de experiencias conducen a diversas estructuras cerebrales”, afirma textualmente, al respecto el doctor Bruce D. Berry, de la Universidad de Medicina de Baylor. Esta afirmación “nos hace pensar que, debido a dicha instrucción tecnológica, los cerebros de nuestros jóvenes experimenten cambios que los convierten en diferentes a los nuestros.” (Op.Cit)

Prensky nos narra en sus reflexiones las interrogaciones que se hizo y las respuestas que fue construyendo y ahora las comparte: “¿Cómo denominar a estos “nuevos” estudiantes del momento? Algunos los han llamado N-GEN, por Generación en Red (net, en inglés), y también D-GEN, por Generación Digital. Por mi parte, la designación que me ha parecido más fiel es la de “Nativos Digitales”, puesto que todos han nacido y se han formado utilizando la particular “lengua digital” de juegos por ordenador, vídeo e Internet. ¿Cómo denominar ahora, por otro lado, a los que por edad no hemos vivido tan intensamente ese aluvión, pero, obligados por la necesidad de estar al día, hemos tenido que formarnos con toda celeridad en ello? Abogo por “Inmigrantes Digitales”. (Op.Cit.)

Si recuperamos nuestros recuerdos de aprendizaje de las TIC encontramos experiencias parecidas a las del inmigrante digital. Aprendemos: “conociendo” lo elemental a manejar la computadora y a navegar por internet. Recurrimos a cuanto manual elemental brinde información básica para aprender. Fuimos encontrando formas elementales para navegar, para buscar, para bajar documentos. Fuimos construyendo nuestra manera particular de manejar la tecnología y empezamos a aprender una “jerga” nueva, que fueron nuevos códigos. ¿Qué sucede con la nueva generación, con nuestros hijos? Ellos ya fueron “alfabetizados” en una nueva lengua, que conocen y dominan. A ellos denomina Prensky “Nativos”. A nosotros nos rotula de “inmigrantes” que conservamos costumbres que denotan cierta inseguridad en el manejo de la tecnología.

Aquí se manifiesta una “brecha digital” y generacional, que cuesta aceptar. Los nativos versus los inmigrantes. Estos últimos son los que inician a los niños y jóvenes en las TIC con una lengua obsoleta, que manejan ellos para formar e instruir a una generación que controla su propia lengua y códigos de información.

Prensky señala en este escenario, cuáles son las diferencias entre nativos digitales y los inmigrantes digitales. En síntesis expresa lo siguiente:

  • Quieren recibir la información de forma ágil e inmediata.
  • Se sienten atraídos por multitareas y procesos paralelos.
  • Prefieren los gráficos a los textos. • Se inclinan por los accesos al azar (desde hipertextos).
  • Funcionan mejor y rinden más cuando trabajan en red.
  • Tienen la conciencia de que van progresando, lo cual les reporta satisfacción y recompensa inmediatas.
  • Prefieren instruirse de forma lúdica a embarcarse en el rigor del trabajo tradicional.

Esta “plasticidad” en el uso de las habilidades que denotan los nativos digitales, adquiridos y perfeccionados con la práctica diaria no la valoran los inmigrantes digitales. Ellos prefieren desplazarse dentro de lo que conocen, de acuerdo a lo que aprendieron, que replica la forma cómo fueron formados. Eso les da seguridad.

A partir de ello se diseñan ofertas de programas desde la perspectiva de inmigrantes y no desde los conocimientos fundamentales de los nativos digitales. ¿Quién evalúa la oferta educativa en TIC’? ¿Quién garantiza que ella no está promovida por el mercado que busca expandirse y tener nuevos clientes? En ninguna “oferta” se puede leer el tipo de contenido de la enseñanza y en qué se fundamenta. Sólo son técnicas para “manejar” tal o cual programa. Sólo ofrecen que “su hijo aprenderá a manejar tal o cual programa”, a “navegar en el ciberespacio” y a dominar los desafíos de los juegos electrónicos. Es más se ofrece “toda la tecnología a tu alcance”. ¿Servirán estas actividades para que el niño o joven se “divierta” o desarrolle otras capacidades? ¿cuáles? competencias ¿cuáles? ¿Es lo que necesitan nuestros niños y jóvenes? ¿Cómo “ensambla” todo ello con el currículo, con los aprendizajes y la construcción de nuevos conocimientos?

Los docentes que desarrollan estos programas ¿saben algo de pedagogía, de psicología infantil, juvenil? Una cita de Penkey nos responde: “Desafortunadamente para nuestros profesores –Inmigrantes Digitales-, los alumnos que llenan sus aulas crecieron “a la velocidad de la contracción nerviosa” de los juegos y de MTV (canal temático de música). Utilizan instantáneamente el hipertexto, descargan música, telefonean desde dispositivos de bolsillo, consultan la biblioteca instalada en sus ordenadores portátiles, intercambian mensajes y chatean de forma inmediata. Es decir, trabajan en Red siempre. (Op.Cit.)

La tensión entre el docente y el alumno seguirá, mientras no se aborden las actividades de una manera pedagógica. Respetando tiempos, espacios, experiencias acumuladas. Es indudable que el desarrollo intelectual y mental de las nuevas generaciones interpelan a cada momento a los maestros, a los padres, a los mayores. Recurrir, en vacaciones a lo que el mercado oferta sin pensar si aquello concuerda con el proceso de aprendizaje y desarrollo de cada persona, es importante. El mercado ofrece y quien se deja seducir, compra sin pensar para qué, solo para llenar tiempo. Las vacaciones deben ser tiempo para desarrollar espacios que permitan aportar a la formación de la futura persona adulta, al futuro ciudadano. Es tiempo de seguir sembrando en la formación en la infancia y juventud elementos que le permitan desarrollarse también como personas. Las ofertas sirven lo que duran los cursos. La formación es para toda la vida.