Nuestra educación debe cambiar

Por Luis Miguel Saravia

1. El escenario. El presente año escolar viene -como los anteriores- con sorpresas de las más diversas. Preocupantes. Incisivas. Decisiones comunicadas a través de los medios y no por comunicados oficiales o notas de prensa. Existe una estructura vertical del sector que no facilita la comunicación y menos la toma de decisiones. Basta ver una resolución viceministerial (Nº 24 y 25) y la cantidad de firmas que lleva en los cuatro márgenes, para apreciar cómo el “dinosaurio” educativo no avanza a pesar de las decisiones sobre gestión educativa moderna, capacitación de funcionarios y de sus especialistas. Los directores reciben las normas, las directivas y para llegar a conocimiento de los y las docentes pasan días y semanas, cuando no, el mensaje es oral y con los agregados que cada cual le hace. ¿Cómo preocuparse para diseñar un sistema de comunicación eficiente, directo? ¿Alguien está pensando en ello, poniéndose en “el pellejo” de los docentes? La comunicación educativa no es fácil. No puede darse a “tontas y locas” ante el primer micrófono o reportero que haga alguna pregunta.

A pocos días de empezar “oficialmente” el año escolar, no existe una voz esclarecedora del más alto nivel que diga formalmente, lo que se tiene que expresar en esta época donde los fenómenos naturales se han desatado con el incremento del cambio climático de manera inusual. Padres de familia, docentes y estudiantes lo requieren. ¿Alguien los tendrá en cuenta, además de normas y directivas a cumplir? No escuchamos al responsable del sector tratar sobre la educación nacional, el sistema educativo, sino todo lo contrario. Lima no es el Perú. Sus problemas no son comparables con lo que sucede en regiones, provincias y distritos. Problemas centrales como el currículo, la evaluación, el proceso de aprendizaje, el desarrollo de competencias, la educación ciudadana, la lucha contra la corrupción, la equidad de género, educación sexual integral, la actualización de los docentes. ¿Por qué la Derrama Magisterial puede realizar un evento anual con temas centrales de reflexión y actualización de los docentes y no el Ministerio? ¿Por qué no promover estos eventos en el interior del país en alianza con las universidades de la región y otras universidades nacionales? Los docentes y la comunidad educativa se renuevan cuando se abordan temas significativos en educación.

¿Qué propone el Minedu para este año escolar? ¿Qué ha cambiado? ¿Qué nos espera para el Bicentenario?

2. La realidad. Nuestra educación nacional no despega, pues quienes la conducen, no conocen el día a día de la cultura escolar, los documentos que la sustentan (el PEN, y sus evaluaciones y recomendaciones) y menos el marco teórico que la justifica. Los y las docentes requieren nutrirse hoy no de tantas directivas, guías y vademécum para desempeñarse como profesionales de la educación, sino de filosofía, sociología, antropología de la educación y de temas de especialidad para enriquecer conocimientos y promover el debate y analizar las tendencias que van surgiendo, en la perspectiva de país intercultural. El conocimiento actualizado enriquece el saber pedagógico e interpela a los y las docentes a la hora de desarrollar el proceso enseñanza-aprendizaje, metodologías y técnicas que luego deberán contrastar en el desarrollo del currículo de acuerdo al grado. Por ello el desempeño se enriquece con la teoría y con el debate en torno al abordaje de los temas señalados por el currículo.

El sistema educativo se enriquece y recobra dinámica cuando cuenta con docentes bien informados y actualizados

Requerimos de un sistema educativo dinámico, como elemento en constante movimiento y transformación, que alcanza su misión en la medida que es capaz de adaptarse a las necesidades cambiantes de los educandos y la sociedad. ¿Hacia eso nos dirigimos? ¿Quién lidera el cambio? ¿Por qué seguimos enredados en una gestión ineficiente de papeles y firmas si nos hablaron de algo diferente? El sistema se nutre del acontecer de la realidad y de la sociedad, por ello la educación en su mensaje no puede permanecer estática, rutinaria, apenas maquillada de modernidad, sin profundizar los temas y problemas con los responsables de ofrecerla como un derecho y no como servicio.

3. Pensando en serio y no al paso. ¿Cómo hacer para que nuestra educación, que debe cambiar, no muera en el intento? Existen aportes, indicadores y propuestas que surgen, pero pasan desapercibidas, o por celos profesionales, por indiferencia o desconocimiento. En estos días el Presidente del Consejo Nacional de Educación César Guadalupe fue entrevistado por el Suplemento Domingo del diario La República. Se abordaron temas importantes. El primero fue evaluación y su complejidad “un tema que hay que discutirlo en dos planos”: uno, la pertinencia de un sistema de evaluación que mida cualitativamente respecto de los estándares que fija el currículo (eso no está en juego); pero al extenderlo a secundaria es pertinente discutir si se hace progresivamente o en bloque. Dos: la norma técnica, que no estaba concluida, por ello no se pudo dar a conocer y menos discutir, pues lo importante es el contenido y sobre ello no se dijo nada. Tres: ¿por qué no fundamentar el cambio numérico por el de letras? Al respecto dijo Guadalupe, que los números son una mala manera de representar los aprendizajes. El aprendizaje se da en un continuo que va de menos a más, y eso no se representa bien por números. El número da una sensación de precisión que no existe. Cuatro: Cambio importante: el logro básico o logro inicial. En el currículo actual se integra toda la educación básica y se fija para cada competencia, un conjunto de estándares. La idea es la siguiente: Si el alumno logra o no lo que se espera. Si lo hace, está realizado, si no ¿le falta poco o le falta bastante? Ese es el sentido de las letras. ¿El Ministerio de Educación no podía citar a una conferencia de prensa para explicar este cambio? ¿Cuesta mucho ser claro y didáctico cuando se trata de una innovación en la evaluación?

Otros temas que se soslaya en nuestro sistema educativo y en el día a día de su desarrollo son la pobreza, la exclusión social y el hambre. Ellos hacen muy difícil y complejo el oficio de enseñar y obtener buenos resultados. ¿Se ha preguntado el Ministerio de Educación si la brecha que se tiene hoy en el sistema es esa o es la carencia de infraestructura, tan promovida últimamente?

Ante estos hechos, nos preocupa que las prioridades del bicentenario se pongan en la construcción de locales escolares, donde nuevamente la consulta a la comunidad educativa de parte de los especialistas (arquitectos, ingenieros civiles, técnicos y maestros de obra) brilla por su ausencia. La experiencia nos enseña a ser desconfiados. En la época de Fujimori se intentó cerrar la brecha de infraestructura y se hicieron construcciones con modelos que no respondían a las zonas del interior del país y al poco tiempo se dejaron notar sus fallas. ¿No sirve este recuerdo y los restos de escuelas a nivel nacional, para no tropezar con la misma piedra? Deben existir evaluaciones de la infraestructura de aquel tiempo y la indiferencia con que se recibieron los informes.

¿Se ha preguntado a los docentes cuáles son sus requerimientos profesionales? Es algo que nunca se hace. ¿Por qué? ¿Qué puede decir la Dirección de Desarrollo Magisterial?

Otro tema que se ha venido difundiendo es la decisión de la comandancia de la policía del Callao de poner policías en las escuelas para “promover valores” (El Peruano, 28.02.19) Ni el Ministerio ni la Dirección Regional de Educación de Lima han dejado sentir su voz. ¿Con qué criterios se ha tomado esta decisión para intervenir colegios? ¿Se vuelve permisible de manera diferente la intervención de una autoridad externa, pues la autoridad del director y docentes es desplazada?

El sistema educativo debe ir muy bien comunicado y entrelazado con la comunidad si queremos obtener óptimos resultados. Se siente que se ha perdido liderazgo y se está a la caza de notas de coyuntura para salir del paso y explayarse en algo que pudo haber sido y no fue. El año escolar está cerca y las decisiones no deben comunicarse por piloto automático.