Otra vez con el mismo guion

Por Luis Miguel Saravia C.

1. La historia recuerda y enseña. La semana ha sido pródiga en noticias. Las buenas han sido las referidas al desempeño del seleccionado de fútbol en el mundial y las otras relacionadas con la ley que prohíbe al Estado poner publicidad en medios de comunicación privados y con la huelga convocada por el SUTE-CONARE.

Existe en nuestro país descontento, desazón, incomodidad por las decisiones y posturas acompañadas de decisiones políticas que se vienen dando en el marco de la legalidad, reflejada por una amplia mayoría parlamentaria que hacen tabla rasa de las demandas y necesidades de la ciudadanía. Y de otro lado somos testigos de la paralización de un sector del magisterio sin representación legal que desea se atienda un pliego de reclamos centrado en remuneraciones -postergadas por décadas- y ningún aporte a lo que significa la política educativa para nuestro país.

La llamada “ley “mordaza” está en apelación ante el Tribunal Constitucional. Y la huelga de un sector del magisterio no ha tenido mucha acogida a pesar de la publicidad alcanzada en los diarios.

La sociedad puede percibir hoy en día que existe una nueva forma política para abordar los temas contenidos en el pliego de reclamos del presente año, que el MINEDU viene tratando con el otro sector de maestros, los que pertenecen al SUTEP. El discurso no es reiterativo de lo que era central en los 70 que dividía el tema educativo entre “explotador y explotado”. Los modos y las formas han cambiado. La estrategia de la lucha es dejar la confrontación como última medida y aceptar un diálogo en aras de la colaboración para llegar a consensos.

2. Si no hay solución, la huelga continúa Consigna y lema que los docentes asumen como parte del desarrollo profesional. Sin embargo el hecho de que existan dos facciones en el magisterio, una reconocida y otra no, por propia desidia, es un indicador importante, pues denota cierta madurez y profesionalismo en unos y cierta informalidad nociva en otros. Algunos dirigentes no reconocidos pareciera que “agudizando las contradicciones” serán atendidos en sus demandas. Por ello optaron por la huelga indefinida. Esta es una estrategia falsamente transformadora, una caricatura de medida de fuerza y con la que llevarán al despeñadero al magisterio que no sabe la historia del movimiento y menos conoce las políticas de Estado en educación. Ya experimentaron el año pasado y se comprometieron a un “remedo” de recuperación de clases que pedagógicamente es imposible. Los aprendizajes tienen un desarrollo a través de un proceso pedagógico-metodológico. Si se interrumpe, es necesario restablecer las condiciones necesarias en los alumnos y docentes para reanudar el proceso restituyendo hilos conductores para alcanzar objetivos y metas. Quien permitió el año pasado saldar los días no laborados concedió esta medida trasnochada y poco pedagógica como un remedo de justificación para que no se descuenten los días no trabajados. Decir como lo expresó un dirigente el primer día de huelga, que recuperarán las clases, sabiendo que es una solución perniciosa que atenta contra la buena educación, es una falacia que se repite porque no se tiene un guión que seguir.

Muchos docentes han salido a las “marchas”, muchos lemas que de tanto repetirlos han caído en desuso y recuerdan traiciones y no convicciones y menos mejoras. No le han “arrebatado” nada a la patronal, sino todo lo contrario ha ido perdiendo la profesionalidad de la educación. “Marchando no van educando” sólo logran que más niños y jóvenes de los colegios públicos deambulen por las calles; que los hogares de los trabajadores no puedan cuidar de sus hijos y menos acompañarlos en su educación. Esta ausencia de educación-aprendizaje en épocas esenciales en el desarrollo de los procesos cognitivos, seguirá postergando a los futuros ciudadanos que tendrán que superarse o simplemente ser fuerza de trabajo y promotores de un capitalismo y sus efectos, contra el cual los maestros dicen luchar.

3. Rindiendo cuentas. El escenario político es propicio para hacer malabares cuando hacer gala del poder se trata. En una democracia débil -la que vivimos- y una ciudadanía que no llega a desarrollarse plenamente por falta de formación personal, desarrollo profesional, cultivo de la conciencia crítica, formación ciudadana, no se visualizan las formas en que la sociedad del siglo XXI viene realizando cambios vertiginosos en producción, distribución y consumo de bienes y servicios. Frente a ello la educación nacional que debería ajustarse a esos cambios, permanece perpleja. Los retos exigen contar con instituciones mejor preparadas con temáticas que se desarrollan en el presente y desarrollarán hacia el futuro. Con situaciones como las que plantea un grupo de docentes en huelga ¿qué respuesta podrá elaborarse a la sociedad cuando se ha interrumpido el proceso de desarrollo de competencias, de mentalidad y talentos que la época demanda para que los niños y jóvenes de ahora puedan afrontar de manera pertinente el cambio?

Ejercer el derecho a huelga exige ciertos requisitos que no pueden saltarse en aras de soliviantar el orden que toda sociedad establece para convivir. Estos requisitos no se han cumplido por parte de los dirigentes de un grupo de docentes. Demandan un reconocimiento que el MINEDU no puede otorgar pues lo concede el Mintra. Este, que fue el acuerdo de hace un año, no lo han cumplido. ¿De quién es la responsabilidad?

De otro lado los derechos de los alumnos no pueden ser desconocidos y atropellados. Azuzar con medias verdades a los docentes para que se “plieguen a la lucha” es demagógico. Estamos casi terminando la segunda década del siglo XXI y aún se sigue con demandas que requieren dedicación, diseño de alternativas, estudio y desarrollo para satisfacerlas. No se trata de hacer un listado de peticiones sin una justificación sustentada.

Se percibe en esta medida que la informalidad ha sido incorporada a la lucha sindical como escudo y emblema. Esto es dañino para el movimiento auténticamente magisterial, pues destruye la organización. ¿Cuál es el aporte de este movimiento docente en huelga a la política educativa más allá de hablar de privatizar si no sustentan correctamente su concepción de privatización de la educación? ¿Acaso muchos docentes que están en el movimiento no “balancean” su presupuesto dictando clases en colegios privados?

Esta reflexión de Gonzalo Portocarrero debería hacer poner pie a tierra y no vivir de repetir situaciones anteriores e ilusiones vanas, si no se tiene en cuenta el país, sus problemas, su carácter diverso e intercultural. “La pervivencia y periódica reactualización de esta tradición pone en evidencia la falta de realismo en el sentido común y, también, la fragmentación social de una colectividad que no ha interiorizado la interdependencia de los destinos entre los distintos grupos de ciudadanos. Así, cada grupo sigue reclamando mejoras contundentes para sus miembros sin que les importe lo que suceda con el resto. (¿El principio del fin? El Comercio, 20.06.18).

Escuchar declaraciones de dirigentes docentes sobre su derecho a huelga y plantear la agenda más allá de un reconocimiento de facto de una entidad que no lo puede hacer -el MINEDU- es de una tozudez lamentable. También pedir derogatoria de ley de Educación, Ley de Reforma Magisterial y de la evaluación está en los límites de la obstinación cerrada. De otro lado poner como ejemplo a seguir la educación de Finlandia, es ignorar su historia. La educación finlandesa no es aplicación de una receta, es fruto del debate y de una actitud asumida por la sociedad y los docentes. La reforma educativa en Finlandia empieza en los 70 del siglo pasado luego de debatir en el Parlamento diez años sobre la educación que necesitaban. La profesión docente en Finlandia es muy exigente. “Ser maestro en Finlandia es más difícil que convertirse en ingeniero o doctor. Sólo uno de cada diez aspirantes a estudiar pedagogía logran ingresar, y quienes quieren ejercer la profesión necesitan como mínimo tener un grado de máster en educación. En Finlandia, destacan todos, no existe un sistema estatal de evaluación docente. Cada profesor está constantemente investigando y auditando su propio desempeño, sin necesidad de que lo controle una autoridad más allá de su propia comunidad escolar. La metodología también está abierta a la innovación. Más del 90 por ciento de las escuelas son públicas y dependen de los municipios, de manera que los niños se matriculan –por ley– en la que tienen más cerca de su casa, reflejando también la escasa segregación social del país. Que el hijo de un doctor estudia junto al hijo de un albañil es un leitmotiv educacional”. (Jesús Sánchez Camacho Matilla. Radiografía moral de la escuela. INED 21.19.19.15) ¿Por qué no cuentan toda la historia los dirigentes? Porque eso no conviene. Es demasiado. Pero ¿no es necesario para la educación del país? Nadie se opone a que se reajusten los sueldos, se reconozcan beneficios, pero que se respete la política educativa que desde inicios del presente siglo se ha empezado a aplicar. Es complejo el problema y demanda una estrategia que permita no volver a cometer los mismos errores en el tratamiento del docente de manera integral: formación profesional y economía. Pero a la vez debe estar acorde con lo que el país requiere en docentes profesionales de alto rendimiento, de instituciones de formación inicial docente de alto nivel universitario, una carrera pública magisterial pautada en una ley basada en la meritocracia.

El interlocutor válido del Estado, no puede ser una facción de la organización sindical sin reconocimiento oficial. El Estado dialoga con la organización oficial sobre la atención de los puntos referidos en el pliego de reclamos presentado oficialmente y se va llegando a consensos. No le corresponde solucionar las contradicciones internas que tiene la organización sindical porque ello no es su rol.

La época que vivimos exige que las organizaciones sindicales y el Estado tomen nota que estamos en la IV revolución industrial, que nos puede ayudar a cerrar brechas en cuanto a calidad y acceso a la educación. Sabrán nuestros docentes y en especial el MINEDU que nuestro país aún no se adapta a la tercera revolución industrial (la revolución digital); la cuarta revolución industrial (la industria 4.0) ya se implementa en el mundo con el internet de las cosas y la automatización. Este cambio impactará en los próximos tres años en todas las actividades económicas, incluida la educación (Julio Cárdenas Olaya – Director Académico de Cibertec. ¿Estamos listos para la cuarta revolución industrial? El Peruano, 22.06.18). Nos debe preocupar que en nuestra región de América Latina sólo uno de cada cinco estudiantes se gradúa en carreras con habilidades STEM (ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas). La Educación STEM, que se ha desarrollado como una nueva manera de enseñar conjuntamente Ciencia, Matemáticas y Tecnología en general, con dos características diferenciadoras: Enseñanza-aprendizaje de Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas de manera integrada como áreas de conocimiento compartimentadas, y con un enfoque de Ingeniería en cuanto al desarrollo de conocimientos teóricos para su posterior aplicación práctica, enfocados siempre a la resolución de problemas tecnológicos.(http://www.fundaciontelefonica.com.pa/que-son-las-habilidades-stem/)

¿Esto no debería preocupar a los docentes y al Estado? ¿Por qué no? ¿Exceso de egoísmo? ¿Qué se hace para pensar con el magisterio para que esta cuarta revolución industrial permita a los niños y jóvenes participar de los beneficios del desarrollo del conocimiento, del saber y de nuevos aprendizajes? ¿Han pensado los dirigentes de este paro el daño que le hacen al país? Según la OIT estamos dentro del 47% del total de la fuerza de trabajo de América Latina que es informal y el desempleo juvenil alcanzó en el 2017 una media del 18% (Gestión, 12.03.18).

El problema es bastante complejo para solucionarlo sólo con contenidos reivindicacionistas pecuniarios. Mirar más allá, pensar en la utopía, bien vendría a dirigentes. También al Estado. La tendencia educativa hoy se dirige a formar a las nuevas generaciones, haciendo una reconversión para “cambiar las habilidades” de los profesionales con experiencia ¿Están los dirigentes y docentes dispuestos a realizar esta reconversión? Es desconcertante que en el “pliego” de demandas ni por asomo se plantean estos temas. Es necesario que se tenga las luces necesarias para aportar al consenso entre el Estado y el gremio no sólo para reajuste en remuneraciones y reconocimientos, sino en aportar profesionalmente a la política educativa nacional.