Pensamiento educativo del papa Francisco

Por: Luis Miguel Saravia

1. Conceptos

El papa Francisco en su ejercicio sacerdotal y luego pastoral como Obispo y Arzobispo de Buenos Aires ha desarrollado un pensamiento educativo inspirado en la pastoral de la iglesia como eje central y actividades que privilegian el respeto a la persona y el dar oportunidad de educarse a todos.

El pensamiento educativo del papa Francisco se expresa en discursos, homilías, escritos. Tiene en esencia lo que debería ser una pedagogía para nuestro tiempo latinoamericano. Comparto a continuación algunos de sus conceptos educativos Los párrafos son tomados del libro de Ana L. Prada, 2013 Pensamiento del Cardenal Bergoglio acerca de la educación a partir del año 2000 hasta el 2009. El ordenamiento no es secuencial, sino temático.

– Comunidad educativa. Es una pequeña Iglesia, mayor que la familia y menor que la Iglesia diocesana. En ella se vive y se convive. No es ninguna novedad decir que vivimos tiempos difíciles. Ustedes (dirigiéndose a la comunidad educativa) lo saben, lo palpan día a día en el aula. Muchas veces habrán sentido que sus fuerzas son pocas para enfrentar las angustias que las familias cargan sobre sus espaldas y las expectativas que sobre ustedes se concentran. El mensaje de este año quiere ubicarse en ese lugar y quiere invitarlos a descubrir una vez más la grandeza de la vocación que han recibido. A nadie se le escapa que la educación es uno de los pilares principales para esta reconstrucción del sentido de comunidad, aunque ella no pueda disociarse de otras dimensiones igualmente fundamentales como son la económica y la política. Si es certero el diagnóstico que ubica la crisis no solo en los yerros de una macroeconomía carente de visión (o con una visión distorsionada de su lugar y función en una comunidad nacional), sino también en un nivel político, cultural y —más hondamente todavía— moral, la tarea será larga y consistirá más en una “siembra” que en una serie de rápidas modificaciones. Por ello, no creo exagerar si afirmo que cualquier proyecto que no ponga la educación en un lugar prioritario será solo “más de lo mismo”.

– Escuela: “Lugar de acogida cordial, como casa y mano abierta para los hombres, mujeres, jóvenes, niños y niñas de esta ciudad. La dimensión de hospitalidad, ternura y afecto de la escuela no significa, de ningún modo, dejar de lado su otra dimensión: la de un lugar que tiene un objetivo, una función específica, que debe ser llevada a cabo con seriedad, eficacia, me atrevería a decir con profesionalismo. La escuela puede ser un “lugar” (geográfico, en medio del barrio, pero también existencial, humano, interpersonal) en el cual se anuden raíces que permitan el desarrollo de las personas. Puede ser cobijo y hogar, suelo firme, ventana y horizonte a lo trascendente. Pero sabemos que la escuela no son las paredes, los pizarrones y los libros de registro: son las personas, principalmente los maestros. Son los maestros y educadores quienes tendrán que desarrollar su capacidad de afecto y entrega para crear estos espacios humanos. ¿Cómo desarrollar formas de contención afectiva en tiempos de desconfianza? ¿Cómo recrear las relaciones humanas cuando todos esperan del otro lo peor? Hemos de encontrar, todos nosotros y cada uno, los caminos, gestos y acciones que nos permitan incluir a todos y ayudar al más débil, generar un clima de serena alegría y confianza y cuidar tanto la marcha del conjunto como el detalle de cada persona a nuestro cargo.” “¿Cuántas veces podemos cerrar los caminos de renovación y crecimiento de una persona o de una institución educativa cuando declaramos resignadamente que “las cosas son así”, “funcionan así”, o que “con fulano no hay nada que hacer”? De todas las instituciones posibles, justamente las escuelas animadas por la fe cristiana son aquellas que menos deberían resignarse y quedarse con lo “ya conocido”. Nuestras escuelas están llamadas a ser signos reales, vivientes, de que “lo que ves no es todo lo que hay”, que otro mundo, otro país, otra sociedad, otra escuela, otra familia es posible. Llamadas a ser instituciones donde se ensayen formas nuevas de relación, nuevos caminos de fraternidad, un nuevo respeto a lo inédito de cada ser humano, una mayor apertura y sinceridad, un ambiente laboral signado por la colaboración, la justicia y la valoración de cada uno, donde queden afuera relaciones de manipulación, competencia, manejos “por detrás”, autoritarismos y favoritismos interesados. Todo discurso cerrado, definitivo, encubre siempre muchos engaños; esconde lo que no debe ser visto. Trata de amordazar la verdad que siempre está abierta a lo auténticamente definitivo, lo cual no es nada de este mundo. Pensamos en una escuela abierta a lo nuevo, capaz de sorprenderse y ella misma aprender de todo y de todos. Una escuela arraigada en la verdad, que es siempre sorpresa. Escuela que es semilla, en el sentido en que lo decía Belgrano y, sobre todo, en el sentido de la palabra evangélica, de un mundo nuevo, transfigurado. Queremos una escuela de sabiduría… como una especie de laboratorio existencial, ético y social, donde los chicos y jóvenes puedan experimentar qué cosas les permiten desarrollarse en plenitud y construyan las habilidades necesarias para llevar adelante sus proyectos de vida. Un lugar donde maestros “sabios”, es decir, personas cuya cotidianeidad y proyección encarnan un modelo de vida “deseable”, ofrezcan elementos y recursos que puedan ahorrarle, a los que empiezan el camino, algo del sufrimiento de hacerlo “desde cero” experimentando en la propia carne elecciones erróneas o destructivas. Antes que las planificaciones y currículas (sic), antes que la modalidad específica que los códigos y reglamentos puedan tomar, es preciso saber qué es lo que queremos generar. Muchas instituciones promueven la formación de lobos, más que de hermanos; educan para la competencia y el éxito a costa de los otros, con apenas unas débiles normas de “ética”, sostenidas por paupérrimos comités que pretenden paliar la destructividad corrosiva de ciertas prácticas que “necesariamente” habrá que realizar. En muchas aulas se premia al fuerte y rápido y se desprecia al débil y lento. En muchas se alienta a ser el “número uno” en resultados, y no en compasión. Pues bien, nuestro aporte específicamente cristiano es una educación que testimonie y realice otra forma de ser humanos. Pero eso no será posible si nos limitamos simplemente a “aguantar” las “lluvias”, “torrentes” y “vientos”, si nos quedamos en la mera crítica y nos regodeamos en estar “afuera” de aquellos criterios que denunciamos. Otra humanidad posible… exige una acción positiva; si no, siempre va a ser “otra” meramente invocada, mientras “esta” sigue vigente y cada vez más instalada.”

Creatividad. “Estamos en un momento de creación histórica y colectiva, nuestra tarea como educadores ya no puede limitarse a “seguir haciendo lo de siempre”, ni siquiera a “resistir” ante una realidad sumamente adversa: se trata de crear, de comenzar a poner los ladrillos para un nuevo edificio en medio de la historia; es decir, ubicados en un presente que tiene un pasado y —eso deseamos— también un futuro.” “Nosotros, a la hora de ejercer nuestra creatividad, debemos aprender a movernos dentro de la tensión entre la novedad y la continuidad. Es decir, debemos dar lugar a lo nuevo a partir de lo ya conocido.” “Para la creatividad humana no hay ni “creación de la nada” ni “idéntica repetición de lo mismo”. Actuar creativamente implica hacerse seriamente cargo de lo que hay, en toda su densidad, y encontrar el camino por el cual a partir de allí se manifieste algo nuevo.” “Ser creativos, en cambio, es afirmar que siempre hay algún horizonte abierto. Y no se trata solamente de un optimismo idiota que intentamos copiar de un prócer de hace dos siglos. Distancia que solo salva la esperanza y su brazo activo: la creatividad que desmiente toda falsa consumación y abre nuevos horizontes y alternativas.” “Para enfrentar creativamente el momento actual debemos desarrollar más y más nuestras capacidades, afinar nuestras herramientas, profundizar nuestros conocimientos.” “Reconstruir nuestro alicaído sistema educativo, desde el reducido o prominente lugar que nos haya tocado ocupar, implica capacitación, responsabilidad, profesionalismo. Nada se hace sin los recursos necesarios, y no solo los económicos, sino también los talentos humanos.” “La creatividad no es cosa de mediocres. Pero tampoco de “iluminados” o “genios”: aunque siempre hacen falta los soñadores y los profetas, su palabra cae en el vacío sin constructores que conozcan su oficio.”

Foto: Andina

Propuesta: “…en una sociedad donde la mentira, el encubrimiento y la hipocresía han hecho perder la confianza básica que permite el vínculo social, ¿qué novedad más revolucionaria que la verdad? Hablar con verdad, decir la verdad, exponer nuestros criterios, nuestros valores, nuestros pareceres. Si ya mismo nos prohibimos seguir con cualquier clase de mentira o disimulo seremos también, como efecto sobreabundante, más responsables y hasta más caritativos.” “La mentira todo lo diluye, la verdad pone de manifiesto lo que hay en los corazones.” “Primera propuesta: digamos siempre la verdad en y desde nuestras escuelas. Les aseguro que el cambio será notorio: algo nuevo se hará presente en medio de nuestra comunidad.” “La escuela que se juegue por responder a estos desafíos deberá entrar en una dinámica de diálogo y participación para resolver los nuevos problemas de modos nuevos, sabiendo que nadie tiene la suma del saber o de la inspiración, y que el aporte responsable y competente de cada uno es imprescindible.” “La exclusión socioeconómica, la crisis de sentido y valores y la labilización del vínculo social son una realidad que toca a todos, pero de un modo especial afecta a nuestros chicos y adolescentes. Se hace necesario buscar formas eficaces de acompañarlos y fortalecerlos ante los riesgos que los acechan.”
“Si como educadores queremos sembrar verdaderamente las semillas de una sociedad más justa, más libre y más fraterna, debemos aprender a reconocer los logros históricos de nuestros fundadores, de nuestros artistas, pensadores, políticos, educadores, pastores…” “Quizás ahora nos estemos dando cuenta de que en la época “de las vacas gordas” nos habíamos dejado deslumbrar por algunos “espejitos de colores”, modas intelectuales y de las otras, y habíamos olvidado algunas certezas muy dolorosamente aprendidas por generaciones anteriores: el valor de la justicia social, la hospitalidad, la solidaridad entre las generaciones, el trabajo como dignificación de la persona, la familia como base de la sociedad.”

El proceso de maduración. “Particularmente, quisiera llamar la atención de todos aquellos que tienen hoy a su cargo la tarea de acompañar a los niños y jóvenes en su proceso de maduración. Creo que es imprescindible tratar de acercarnos a la realidad que los chicos viven en nuestra sociedad, e interrogarnos qué papel cumplimos nosotros en ella.” “Necesitamos abrir los ojos y volver a revisar nuestras propias ideas, sentimientos, actuaciones y omisiones en el campo del cuidado, la promoción y la educación de los chicos y los adolescentes.” “Estoy invitando a que seamos bien conscientes de que las cosas nunca están aisladas unas de otras, y todos nosotros (padres, educadores, pastores…) tenemos en nuestras manos la responsabilidad y también la posibilidad de hacer de este mundo algo mucho más habitable para nuestros chicos.” “Todos somos conscientes de las dificultades cada vez mayores que aparecen cuando queremos acompañar a nuestros chicos desde nuestras instituciones educativas.” “Como les decía en el foro, la presión del mercado, con su propuesta de consumo y competencia despiadada, la carencia de recursos económicos, sociales, psicológicos y morales, la gravedad cada vez mayor de los riesgos que hay que evitar… todo ello hace que a las familias se les haga cuesta arriba cumplir con su función, y que la escuela se vaya quedando cada vez más sola en la tarea de contener, sostener y promover el desarrollo humano de sus alumnos.” “Sé que ustedes, queridos docentes, están teniendo que cargar sobre sus espaldas no solo con aquello para lo cual se prepararon, sino con una multitud de demandas explícitas o tácitas que los agotan.” “A eso se suman los medios de comunicación, que no se termina de saber si ayudan o confunden más las cosas, al tratar cuestiones delicadísimas con la misma ligereza con que ventilan las intimidades de los personajes del espectáculo, en el mismo bloque del noticiero, en la misma página del periódico, entremezclado con publicidades de los objetos más inverosímiles.” “¿Y entonces? ¿Qué tienen que hacer ustedes, así como están de sobrecargados y cansados? ¿Tendrá razón el que diga “mi tarea es enseñar tal o cual disciplina, yo no voy a poner el cuerpo para que me peguen, que los otros se hagan cargo de lo suyo?” “Y, sí, ojalá cada uno hiciera lo que le corresponde.

Pero, como les decía hace unos meses, la maestra no podrá limitarse a ser la “segunda madre” que era en otras épocas, si no hubo antes una “primera”. Estoy seguro de que a todos nos agrada recordar cómo de chicos podíamos jugar en la vereda, suficientemente alimentados y queridos, en familias donde el bienestar, el cariño y el cuidado eran lo cotidiano. También sé que más de una vez intentamos discutir cuándo las cosas dejaron de ser así, quién empezó todo, quién degradó la educación, quién desmontó la relación entre educación y trabajo, quién debilitó a la familia, quién socavó la autoridad, quién pulverizó al Estado, quién llevó a la anomia institucional, quién corrompió los ideales, quién desinfló las utopías…” “Podemos analizar todo eso hasta el cansancio, debatir, opinar… Pero lo que no se puede discutir es que ustedes se enfrentan diariamente a chicos y chicas de carne y hueso, con posibilidades, deseos, miedos y carencias reales. Chicos que están ahí, en cuerpo y alma, como son y como vienen, ante un adulto, reclamando, esperando, criticando, rogando a su manera, infinitamente solos, necesitados, aterrorizados, confiando persistentemente en ustedes aunque a veces lo hagan con cara de indiferencia, desprecio o rabia; atentos a ver si alguien les ofrece algo distinto… o les cierra otra puerta más en la cara. Inmensa responsabilidad que requiere de nosotros no solo una decisión ética, no solo un compromiso consciente y esforzado, sino también, y más básicamente, un adecuado grado de madurez personal.”

Metas concretas en la educación para la madurez. “- Poner en el centro de todas nuestras actividades la formación integral de la persona, es decir, el aporte a la plena maduración de hombres y mujeres libres y responsables.” “- Desarrollar la capacidad de juicio crítico para salir de la “dictadura de la opinión”. Los maestros tenemos que ser capaces de mostrar las razones que subyacen a las distintas opciones de lectura de la realidad, así como de promover la práctica de escuchar todas las voces antes de emitir juicios.” “Asimismo, tendremos que -ayudar a establecer criterios valorativos- y, último paso no siempre tenido en cuenta, poner de relieve cómo todo juicio debe dejar lugar para ulteriores interrogantes, evitando el riesgo de absolutizarse y perder vitalidad rápidamente.”

“La educación entraña la tarea de promover libertades responsables, que opten en esa encrucijada con sentido e inteligencia; personas que comprendan sin retaceos que su vida y la de su comunidad está en sus manos y que esa libertad es un don infinito solo comparable a la inefable medida de su destino trascendente.”

Dos párrafos para terminar. 1. “Educar es una de las artes más apasionantes de la existencia y requiere permanentemente ampliar horizontes, recomenzar y ponerse en camino de modo renovado. Además nos cuestionan todos los días las necesidades de un mundo cambiante y acelerado. Hay que vencer el cansancio, superar malestares, medir las fuerzas ante el desgaste del trabajo. Necesitamos el bálsamo de la esperanza para continuar, y la unción de la sabiduría, para restaurarnos en una novedad que asuma lo mejor de nuestra tradición, y para saber reconocer aquello que hay que cambiar, que merece ser criticado o abandonado.” “El tiempo nos hace humildes, pero también sabios, si nos abrimos al don de integrar pasado, presente y futuro en un servicio común a nuestros chicos.”

2. “Dialogar es cosa de los caminantes. El quieto no dialoga. Dialogar es cosa de valientes. Dialogar es cosa de magnánimos. En el diálogo se confronta, pero no se agrede, se propone y no se impone. Dialogar es compartir el camino de búsqueda de la verdad. Supone entrar en el crisol del tiempo que purifica, ilumina, sapiencializa. ¡Cuántos fracasos y guerras por falta de diálogo, por no buscar juntos la verdad! El diálogo acerca. Una cosa es una simple entrevista y otra hacer camino juntos.” “Lo que se le pide a un educador es que haga camino con el educando, y en este largo hacer camino se fragua la cercanía, la proximidad. Esta es otra dimensión fundamental en la búsqueda de la verdad: no temer la cercanía, tan distante de la distancia cortés y de la promiscuidad. La distancia deforma las pupilas porque nos vuelve miopes en la captación de la realidad. Solo la cercanía es portadora de esa objetividad que se abre a una mayor y mejor comprensión. En el trato personal la cercanía es proximidad: la persona que está al lado es “prójimo” y pide que nos hagamos “prójimo”. “El educador que “enseña” a no tener miedo en la búsqueda de la verdad es, en definitiva, un maestro, testigo de cómo se camina, compañero de ruta, cercano, alguien que se hace prójimo.”

NOTA. El papa Francisco ha elaborado otros documentos, que profundizan estos temas. Su pontificado está dando material para el estudio y para determinar mejor el rol del hombre en comunidad, en la escuela, en la sociedad y el respeto por la creación. Sin duda un trabajo por sistematizar desde el ángulo educativo.