Date:February 05, 2018

Recordando y reafirmando conceptos (I)

Estos días de vacaciones sirven muchas veces para el encuentro, el diálogo personal y profesional entre docentes. Qué bueno es todo esto cuando se trata de dar un espacio en la rutina a la parte emocional. Los trajines de la vida diaria, no han dejado el tiempo suficiente para una retroalimentación amical. Tareas profesionales, gremiales, familiares y complementarias no dejan espacio para el desarrollo de las relaciones personales En la formación de la persona, en el desarrollo interior de cada uno esto es importante y qué poco entienden esto quienes diseñan las políticas pensando solo en resultados, fruto de la competencia, pero no en el crecimiento profesional, personal, social del maestro/a. La poca atención a la formación personal, profesional, intelectual del futuro docente se patentiza en la forma cómo y para qué se realizan las “capacitaciones”.

1. Juego de términos y no de conceptos. ¿Por qué se denomina capacitación a aquello que es una explicación de procedimientos y técnicas para el desarrollo de un área curricular? Cada docente se supone ha estudiado profesionalmente sobre los fundamentos pedagógicos de los contenidos del área y los psicológicos del desarrollo cognitivo de los estudiantes, y los tiene presente cuando debe elaborar las unidades de trabajo. ¿Qué relación guarda esta capacitación con la formación que ha tenido un docente? ¿No sería mejor hablar de actualización? Actualizar en el sentido de poner al día algo que por razón del avance de la pedagogía, la ciencia y la tecnología lo requiere. El lenguaje es un ámbito que requiere actualización constante en el tiempo, pues sufre cambios o modificaciones que generan el uso de nuevas palabras enriqueciendo su uso y contenido.

El docente en cada período de la llamada capacitación aprende un sinnúmero de palabras como novedad, pero no las asume como enriquecimiento de su cultura personal, profesional sino como palabras generadoras de apoyo y “disparadoras” (está de moda) de nuevas ideas, de la construcción de actividades, pero que no ayudan a profundizar el acervo conceptual, profesional.

¿Por qué la capacitación quiere hacerse mecánica, que dé resultados si no se articula a los conocimientos fundamentales de la pedagogía y la psicopedagogía? Falta “hilar” fino entre conceptos teóricos y procesos que se desarrollan con la ayuda de la tecnología para conseguir resultados óptimos en aprendizaje.

Con técnicas y motivaciones activas no se promueve el aprendizaje, sino poniendo en práctica el saber construido y validado por la experiencia, en el día a día en el aula y en los debates entre docentes de cada institución educativa. Hacer más atractivo el currículo parte de la aceptación de conceptos fundamentales trabajados por los investigadores de la educación en las diversas disciplinas que tienen que aportar al proceso de aprendizaje y su formas de divulgarlo, haciendo que los alumnos sean los que vayan, mediante la investigación y consulta de documentos, construyendo su propio saber. Esa es la única manera de lograr que el educando sea el propio protagonista de su aprendizaje, en una época en donde es difícil captar la atención del alumno/a, donde ello se ha convertido en un desafío permanente del profesor. Vivimos en la era de los video-juegos, de internet, de las redes sociales, donde la capacidad de concentración del estudiante ha disminuido dramáticamente, se debe recurrir a lo que la especialista norteamericana Tracey Tokuhama Espinosa, llama una fórmula eficaz y que la resume así: “El alumno debe ser el protagonista de las clases, no el maestro”. (LA NACIÓN, Buenos Aires, Febrero, 2012) Participando en el VIII Congreso de Educación “Neuromotivación, un camino de verdadero aprendizaje”, en su disertación “formuló una serie de propuestas para que el docente no aburra a los estudiantes y multiplique la motivación en el aprendizaje. Si se quiere lograr ese objetivo, el alumno debe estar involucrado, debe participar, lo que obliga al profesor a dejar de lado, aunque le cueste, su papel de protagonista excluyente. Es decir, un drástico cambio de enfoque.” (Op.Cit)… “Hoy los chicos se aburren porque no son el centro de atención”,… “Lo que sucede es que el foco está puesto en el maestro y no en el alumno, que es el que verdaderamente importa”… “se enseña en forma de cátedra y no se aprovecha la curiosidad de los jóvenes.” “Se necesitan debates, diálogos, interacción entre los alumnos, como alguna vez fueron las clases de Sócrates. Lo bueno es que el estudiante caiga en la cuenta de su propia ignorancia y se esfuerce para superarla. De nada sirve hacer cálculos de memoria y repetir textos que jamás podrán ser aplicados a la vida cotidiana” (Op.Cit.) La pedagogía de hoy requiere de docentes que sepan crear y formar pensadores críticos, que puedan resolver problemas de la vida real y no sólo dentro del aula. A menudo, las instituciones de educación superior (Facultades de educación e Institutos superiores, forman docentes que no saben enseñar, que dictan igual que el año anterior y que rutinizan el proceso de enseñanza y por ello caen en el facilismo del memorismo y con las mismas herramientas obtienen “buenos resultados” en las pruebas de control de aprendizaje. Por ello se resisten a las jornadas de actualización, y lo que es lamentable: destruyen a los estudiantes que preguntan con críticas poco constructivas. Se olvidan dice Tokuhama, que “…el alumno es parte fundamental del aprendizaje como un instrumento en una orquesta. El maestro debe ocuparse de que todos funcionen juntos y debe sentirse feliz de que en medio de un par de violines aparezca un tambor, eso lo enriquecerá y lo convertirá en una gran obra”

Por eso es importante que los docentes tengan un tiempo para reflexionar en equipo, luego del desarrollo de sus unidades de aprendizaje, para interrogarse, no si siguieron todas las pautas recomendadas, sino si lo hicieron bien, dónde estuvieron las fallas, qué es lo que requiere mejor afinación. Eso permitirá diseñar nuevas estrategias para contar con alternativas para llegar a los alumnos, para motivarlos, comprenderlos y no caer en la tentación del facilismo que brinda la rutina.

2. Volviendo a las fuentes. El reto que se presenta hoy, desde hace unas décadas -y parece que no nos damos cuenta-, es que el proceso enseñanza- aprendizaje ha sufrido transformaciones desde lo material hasta lo conceptual. No se puede obviar que para aprender a aprender, es necesario tener como referente la evolución histórica de las estrategias de aprendizaje, aquellas que se aprendieron en la formación inicial y que deberían ser reformuladas de manera continua en las actividades de actualización permanente. No hacerlo sería reducir este proceso a la repetición continua de frases cliché, de palabras motivadoras, de simples lemas, y rutinas que motivan el ánimo pero no las entendederas, como se decía antes.

Debería repensarse aspectos materiales que apuntalan el logro de un mejor aprendizaje, como por ejemplo la disposición del mobiliario en el aula. Lo tradicional es filas de carpetas ordenadas una detrás de otra, donde el docente es el que “dicta” la clase, controla y mantiene el orden. Los alumnos pasivamente “atienden” y solo escuchan. ¿Participación? Si el tiempo lo permite. En cambio, si se sitúa el mobiliario en semicírculo o en círculo, se genera un ambiente diferente, los alumnos se miran entre sí, se crea el clima propicio para interactuar, existe más participación. La clase se torna dinámica, creativa, genera un clima propicio el intercambio, la creación, el análisis y la construcción del saber, del conocimiento y la articulación con los saberes aprendidos.

El aporte de la tecnología, sin duda ha modificado la vida cotidiana y para algunos la ha perturbado y esto se aprecia en el aula, donde algunos chicos y chicas portan su tablet o su smartphone y están conectados. ¿Qué hacer? Sobre ello hay experiencias de prohibirlos, otra que solo se usen en recreos, otras sólo cuando se realiza un trabajo de investigación en grupo. Lo importante, no es la sanción sino que se reflexione con ellos que las personas (ellos y ellas) son más importantes que lo que aparece en las pantallas o que los diálogos que se pueden desarrollar mientras el docente explica un tema y desea que todos aporten. Es indudable que debe abordarse cómo algunos alumnos llegan a la clase “sabiendo” más que el profesor, pero no comprendiendo. Por eso es importante que se interactúe con los demás compañeros bajo la coordinación del docente. Todos enriquecen el aprendizaje, el saber, la clase. Por ello es bueno asumir aquello de que quien se atreve a enseñar debe estar abierto a aprender. Esta actitud enriquece la clase.

Nada de ello es ajeno, pero siempre debe reforzarse con reflexiones teóricas, con difusión de lo que se viene realizando a través de la investigación educativa con énfasis en la pedagogía y la psicología, para afinar no sólo técnicas, sino nuevas percepciones del desarrollo de la inteligencia y el complejo mundo de una población diversa, intercultural.

La evolución histórica en las estrategias del aprendizaje se enriquece de estos conocimientos y no de directivas, normas, leyes. Los alumnos nunca olvidarán a los docentes que los hicieron sentir que ellos eran capaces, que deberían desarrollar sus cualidades.

Estas líneas quieren ser un recordaris de los fundamentos que deberían tenerse en cuenta en el desarrollo del proceso enseñanza aprendizaje y no reducirlo a una motivación sin respaldo teórico y que sirve para llenar matrices de rendimiento de metas y resultados que no son indicadores de lo que desarrolla el aprendizaje del estudiante tanto intelectual como personalmente. Preocupémonos por la aplicación sustantiva del marco de la política educativa y no lo adjetivo. Seguiremos.