Recuperación de clases: falacia y consecuencias

Por: Luis Miguel Saravia C.

1. Construyendo espejismos. Desde niños la curiosidad al transitar por una carretera o un camino en el campo creíamos ver en el horizonte que dicha senda se diluía. Recordábamos lo que en la escuela aprendimos y lo llamábamos espejismo. En la calle la gente llamaba “ilusión óptica”. Con curiosidad propia de la edad y guiados por el maestro o nuestros padres o hermanos, recurríamos al diccionario para saber un poco más sobre esa palabra nueva que se había utilizado en clase. Así encontramos que espejismo era: una ilusión óptica en la que los objetos lejanos aparecen reflejados en una superficie lisa como si se estuviera contemplando una superficie líquida que, en realidad, no existe. También se citaba a la RAE. Vimos estas definiciones y las compartimos y entablamos diálogo con el maestro y los compañeros.

Ese es el ambiente de clase la interacción, el aprender dentro de un proceso pautado por el currículo y desarrollado en el ritmo que implica el aprendizaje de niños y jóvenes, con su tiempo para la exposición, para la pregunta, para la lectura, para la investigación, para la puesta en común, para el compartir en el recreo, en los juegos, en el regreso a casa, en fin, en todo lo que significa el ambiente y clima de estudio. El maestro es el intermediario en este proceso.

Cómo reconstruir esto en un clima interrumpido, no por los niños y jóvenes sino por los que son los promotores, guías y soportes de la enseñanza y el aprendizaje, con sus metodologías, con sus técnicas, con el compartir. De un día a otro se suspendieron las clases pues decidieron ir a la huelga porque el Estado, no responde a sus demandas justas de remuneración, de mejoras en infraestructura, en materiales educativos y otros elementos para desempeñarse de manera óptima en su profesión.

Eso no lo comprenden los niños. Sólo saben que “no hay clases” porque los maestros están en huelga. Vuelven a la rutina del hogar, al barrio, a llenar horas importantes con lo que la TV les ofrece. No están en capacidad de comprender que exista un Estado indiferente. Tampoco que los maestros puedan “parar” y salir a protestar en la calle. Menos aquello de “sensibilizar a la población” con sus demandas. Los padres de familia no conciben que una escuela y sus docentes, deban interrumpir su labor de enseñar. ¿Por qué eso ocurre en las instituciones educativas públicas y no en las privadas?

Foto: Andina

2. Recuperar clases ¿sabia medida? Terminado el conflicto –suspendido para el comité de lucha de bases provinciales-, tanto el Estado como los representantes de los docentes hablan como si fuera una consigna-panacea: las clases se recuperarán y se hará en cada región y localidad un plan de recuperación. Al viento se suelta esta proclama sin mayor reflexión pedagógica. Con ella se piensa que el tema está resuelto desde los adultos. ¿Han pensado -por casualidad- en los niños y jóvenes y su proceso de aprendizaje dañado en estos días de huelga? Una falacia que sirve para aquietar conciencias y culpa profesional. Los maestros han conseguido, tal vez, un reconocimiento económico ¿y los niños y jóvenes? Indefensos y obedientes deberán retornar a las aulas para “recuperar” el tiempo que ya no será igual.

Desde el punto de vista profesional ¿no saben los docentes que cuando se interrumpe un proceso de aprendizaje se “desconectan” determinados elementos que intervienen en el aprendizaje y formación del alumno? Por más creatividad que se ponga en el tiempo que acompaña el proceso enseñanza-aprendizaje, no se recupera y por lo tanto el aprendizaje no se produce. El docente cumple con la parte correspondiente a la enseñanza. ¿Y el aprendizaje del alumno quién lo repone? El aprender en el niño y joven es primordial para comprender qué es, cómo se produce y cómo se pueden mejorar los procesos del conocimiento en lo individual y en lo social. ¿Cómo recuperar eso? Lamentablemente, con la interrupción de clases se deja “a medias” el desarrollo de las conexiones neuronales que se producen como resultado del aprendizaje y la interacción con el ambiente que rodea la clase, la escuela, los compañeros, la comunidad. Desde la neurociencia se dice que la llamada “plasticidad cerebral” es decir, -el desarrollo de la capacidad del cerebro para cambiar y adaptarse, como resultado de la experiencia” guarda relación con la capacidad para aprender y mejorar las habilidades cognitivas-, es fruto de conocimientos y habilidades que se van adquiriendo no son estáticas, sino están en constante cambio. Al suspenderse de manera intempestiva las clases se interrumpen los procesos cognitivos claves para la enseñanza-aprendizaje, tales como la memoria, la atención, el lenguaje, la lectoescritura, las funciones ejecutivas, la toma de decisiones, la creatividad y la emoción, entre otros. ¿Cómo retomar esto en una recuperación material de las horas de clase? Volviendo al principio para que el proceso tenga coherencia y pueda llegar al objetivo. Los docentes se hacen cargo de un currículo concebido para ser desarrollado en un año escolar completo ¿qué ocurre si de manera intempestiva por una huelga de docentes, se suspenden las clases por un mes o más días? Se ha creado un problema pedagógico donde no se ha previsto el respeto al derecho de los niños y jóvenes a recibir una buena educación. No se podrá cumplir todo lo planificado y menos obtener el rendimiento en los aprendizajes previstos. Lo preocupante es lo que ocurre en el proceso cognitivo de los alumnos. Eso no tiene recuperación ni arreglo.

Nadie repara en este problema que implica interrumpir el proceso de aprendizaje. “El tiempo que pierde un alumno en el primer ciclo básico (primero a quinto), no es recuperable en términos de aprendizaje, opina C.Cox” (UC de Chile y ex jefe de currículo del Ministerio de Educación). Y agrega, “Entre más pequeños son los niños es menos recuperable” Y concluye Ruth Arce (U. Diego Portales) “Todos los niños que están iniciando procesos lectores, relaciones lógico-matemáticas, la adquisición de estrategias de aprendizaje, podrían ser los más afectados por falta de continuidad en su aprendizaje.” ¿Pensaron esta situación que creaban los maestros al ir a la huelga?

Foto: Andina

Ling Cardozo, uruguayo, escribía en El Observador, sobre una propuesta parecida a la recuperación de clases la siguiente reflexión “Si los conocimientos fueran monedas independientes que se pueden introducir en una alcancía, como los vagones de un tren, no habría problema coloco lo que me faltó al final, y en la suma ‘hice todo’. Pero no son vagones independientes, son componentes de una construcción mayor”. Un docente uruguayo le dijo: De hecho, (recuperar clases) es muy difícil que se logre… el resultado final es incierto, porque cuando se pierden clases y luego se quieren recuperar, rara vez se logra un verdadero proceso en los tiempos pedagógicos previstos. Cortar la continuidad daña seriamente la motivación de los alumnos que es uno de los componentes centrales del proceso de aprendizaje.

3. ¿Qué hacer? Se ha recurrido, como en situaciones anteriores a las palabras mágicas “recuperación de clases”, para tranquilizar a los padres de familia. Algunos docentes se han atrevido a hacer proyecciones de acuerdo al tiempo que estuvieron paralizados. Desde el Estado – MINEDU se acepta de manera complaciente la falacia de recuperación de clases perdidas. Se ordena hacer planes por regiones, pero no se dan pautas técnico-pedagógicas para hacerlo. Mucha libertad para el cumplimiento. Se precisa establecer los contenidos básicos, no acortarlos. No debería permitirse el recorte de contenidos principales y básicos para el año siguiente ni tampoco impulsar un ritmo acelerado que no respete el tiempo que demanda el proceso de aprendizaje de los alumnos en general y de cada aula en particular. Asimismo las medidas deben tener en cuenta el enfoque intercultural. De acuerdo a ello deberán escogerse las estrategias metodológicas ¿Los alumnos no merecen respeto? Se ha pensado ¿cuánto demoran los educandos para “sintonizar” nuevamente, para establecer el clima escolar que se había logrado en la institución y en el aula?

Sugerimos empezar el proceso como si hubieran tenido un mes y días de vacaciones. Cerrar el ciclo anterior e iniciar el nuevo con las semanas que deban alargarse sin menoscabar el tiempo, ni las horas. Tener en cuenta que para el nivel Inicial son 900 horas año; para el Nivel Primario 1100 horas año; para el Nivel Secundario 1200 horas año; para el Nivel Secundaria JEC 1800 horas año; para EBA 950 horas año y para EBE 1100 horas año.

Es responsabilidad de los docentes cumplir profesionalmente sin menoscabar el aprendizaje de los niños y jóvenes. El daño emocional producido por la incertidumbre de perder el año, debe ser reparado. Sólo así la recuperación de las clases perdidas dejará de ser una falacia. Salvo mejor parecer. (14.09.17)