Date:December 07, 2017

Recuperar el discurso pedagógico de la Educación

Por: Luis Miguel Saravia

1. Temas. En el mes que concluye y consumiendo el último mes de 2017, vienen ocurriendo sucesos que cuestionan seriamente aquello que ha servido de promesa para ser mejor país, formar mejores ciudadanos y fortalecer la soberanía y el derecho del pueblo a elegir y controlar a sus gobernantes. Si evaluáramos por resultados, éstos serían vergonzosos, por no decir precarios.

¿Cuánto se ha invertido presupuestalmente en desarrollar las actividades planificadas y previstas para desarrollar estos temas? ¿Qué fue de las promesas? ¿dónde están los ciudadanos que prometieron formar, educar? ¿qué instituciones se han fortalecido? ¿qué pasó con la democracia? ¿qué ha sucedido con la formación de los docentes?

Nos hicimos el harakiri, pero no por razones de honor sino porque se permitió que se desarrollase la corrupción como forma y manera de comportarse y de trabajar en lo público y en lo privado.

Estamos tocando fondo y la clase dirigente -¿existe?- vive alejada de la realidad que cada día enfrenta. ¿De qué sirven los discursos, los viajes internacionales, los convenios de cooperación, si no se tiene claro lo que la población de las regiones y el país aspira? ¿Por qué el paso de un gobierno a otro se ha tornado en una enfermedad crónica de frustraciones? ¿Se han dado cuenta nuestras autoridades y políticos que pertenecen a un país intercultural y diverso? La educación se objetiviza en una escuela (infraestructura educativa), pero carente de materiales didácticos oportunos y con docentes estables (nombrados), lo que no ocurre con los que son contratados año por año. Democracia, convertida simplemente en el rito de las elecciones, sin conocer y profundizar en el discurso político que se oferta. Es un discurso estandarizado, para costa, sierra y selva, apenas matizado con alguna señal característica local.

Estudios e investigaciones de científicos sociales abordan el tema desde la orilla política y de paso analizan brevemente lo educativo, que finalmente lo derivan a la estadística y a la economía porque ya fue catalogada como un servicio y como tal tiene un costo. Aún sabemos que la educación es un derecho de la persona y que nadie la ha derogado. Pero el mercado y sus promotores así lo han dispuesto. Y eso se sabe y eso se repite, pero no existen decisiones. ¿en qué momento se decidió que la educación dejó de ser un derecho de la persona?

2. Estudios e investigaciones. Existen de toda índole. Unos utilizan herramientas etnográficas, preocupados por la descripción y develamiento de la estructura y funcionamiento de la institución educativa. Ellos nos ofrecen el panorama actual de la dinámica escolar cotidiana. ¿Cuántos existen en el país? No se podría decir. No existe un repositorio que nos brinde aquella información. ¿Por qué? Sencillamente porque la educación para los investigadores no docentes contiene información poco relevante. La información que se pierde y que no se toma en cuenta para una correcta formulación de una política educativa, se desperdicia. ¿Por qué existe este “desprecio” por la investigación genuinamente educativa? Cada disciplina (psicología, estadística, economía, sociología, antropología, y otras) profundiza, problematiza y obtiene conclusiones importantes, sin embargo en educación, en pedagogía, existe escasa preocupación por el análisis y profundización de la temática. Siempre que se aborda lo educativo, se sesga lo pedagógico. ¿Por qué? Ese descuido y despreocupación por el quehacer educativo de parte de los docentes permite que otras disciplinas ocupen el espacio para sus propios beneficios. Cito a continuación y a manera de ejemplo de lo que se deja de investigar en el campo educativo.

Un trabajo de Francisco Cajiao Restrepo (Poder y justicia en la escuela colombiana. Bogotá. Fundación FES, 1994, p.51) luego de una relectura del material producido por maestros en varias regiones de Colombia, caracterizó lo que llama el ejercicio del poder escolar y la administración de justicia, como rasgos más característicos encontrados en las escuelas. Señala elementos muy parecidos a los que tenemos cotidianamente en la vida escolar del país y que muchos docentes los denominan como parte de la cultura escolar y el clima de las instituciones educativas. Enumera: “a) La autoridad es la característica fundamental que define al maestro, incluso antes que su papel socializador… b) La disciplina es uno de los pilares del funcionamiento de la institución educativa… busca encaminar el comportamiento y desempeño… hacia un criterio de normalidad preestablecido, generando… un proceso de homogeneización y normalización, c) El cuerpo se convierte en el principal objeto de control de la autoridad. El movimiento espontáneo, la circulación libre…, la forma cómo se comporta el estudiante en el salón o en el patio…son vigilados y sancionados. d) El tiempo es rigurosamente delimitado de tal forma que parece rechazarse la posibilidad de su apropiación por parte de maestros y estudiantes. El control del tiempo es el control de la actividad, de tal manera que no existe el «tiempo libre», pues toda la actividad debe estar preestablecida y debe ser utilizada «eficientemente». Además del horario de clases, la institución educativa compartimenta el tiempo a través de la noción de «edad escolar» -a partir de la cual se define su adecuación e identidad social- y de «curso» o «grado» desde el cual se marca una relación de normalidad, genialidad o atraso. e) El espacio escolar, al ser controlado y fragmentado rígidamente, restringe las posibilidades de relación con el entorno limitando las oportunidades de exploración de la realidad. f) … el problema de la justicia y la resolución de conflictos… ha construido un triple sistema de examinación, corrección y micropenalidad en donde el maestro actúa como administrador de justicia que sanciona… haciendo uso arbitrario del poder otorgado por la institución. No existen criterios predefinidos y en el ejercicio de la justicia escolar prima la proyección de los gustos personales del adulto, la invasión de la privacidad, la extensión de la sanción escolar a otros espacios sociales, la escasa atención a las situaciones personales de los estudiantes, etc. g) … la institución educativa ha constituido una juricidad…, utilizando mecanismos que resultan inaceptables en cualquier otra institución laboral o civil.” (Cajiao Restrepo… Op. Cit.). ¿No podemos firmar estas aseveraciones por ser semejantes a las que se viven en nuestras escuelas? ¿Acaso no encontramos parte de ellas en los escritos de Encinas, en Portugal Catacora, en Ludolfo Ojeda, y otros pedagogos? Pocos docentes firman lo que van descubriendo e investigando, son otros los que “recogen” la información y la difunden. El verdadero docente queda en el anonimato.

3. Recuperemos el discurso pedagógico. El tema educativo es de todos, pero la educación tiene sus profesionales que saben cómo tratar con enfoque pedagógico el proceso enseñanza-aprendizaje y las tendencias que se van experimentando. Reitero mi preocupación de hace tiempo sobre la necesidad de formar una masa crítica en educación. No analistas educativos, ni en política educativa. En educación se requiere profesionales de la educación que respondan a las urgencias actuales con un discurso pedagógico. Este discurso debe nutrirse transversalmente de las otras disciplinas, pero con un enfoque basado en el saber pedagógico. Tanto en la producción del conocimiento como en la transmisión del mismo.

Se habla hoy de meritocracia y se le exalta, sin embargo en educación se requiere algo más. Quedarnos sólo en las posiciones jerarquizadas conquistadas en base al merecimiento, al talento, a la competencia o aptitud específica para un determinado puesto de trabajo no es satisfactorio para un maestro. Un docente meritocrático sin vocación, puede desarrollar un buen discurso teórico, puede tener un buen desempeño en el aula, pero si no vibra con la enseñanza y con la interacción del saber de los estudiantes y sus descubrimientos e investigaciones, ¿de qué le sirve? No olvidemos que nos estamos desarrollando en un modelo donde prevalecen términos importados desde la economía. La meritocracia es un término utilizado en el área de administración y que tuvo su origen en los concursos públicos para combatir la sucesión de cargos y nepotismo.

La educadora Adriana Puiggrós (La Capital Rosario. 14.05.16) ha advertido sobre el avance del mercado en la enseñanza pública. ¿Por qué nadie lo ha advertido en el país? ¿Por qué hacerle el juego al mercado? Vivimos en una época donde el mercado da la pauta en ropa, tecnología, saberes y hasta en la forma de disfrutar de los días de descanso. Una “oleada” de maratones se han organizado y con ella la oferta de ropa deportiva de marca tal o cual induce a la compra, al endeudamiento.

¿Sabemos acaso que esto es producto de la meritocracia generada en el mercado? Por ello debemos cuidarnos de no aceptar palabras nuevas en el campo educativo. La palabra meritocracia es profundamente selectiva, antipopular, y traducida en una política educativa atenta contra el derecho universal a la educación. ¿Se ha pensado que educar para la meritocracia es educar para la competencia, es decir para competir con el otro, en un sistema educativo piramidal al que acceden pocos, los que pasen los obstáculos -las pruebas y exámenes- excluyentes y discriminadores? En la última huelga de docentes, hubo una docente que denunciaba que tenía dos maestrías pero que su sueldo era el mismo. ¿Por qué? ¿Dijo acaso algo sobre la “trampita” del sistema meritocrático? Denunciaba su exclusión pero no el sistema.

Formar una masa crítica en el magisterio nacional es urgente. ¿Con qué información e investigaciones aportan los docentes en la formulación de alternativas al currículo, a la planificación educativa? ¿Se discute la llamada capacitación de los docentes? ¿Quién determina lo que deben profundizar, actualizar? Un docente es un profesional que no requiere capacitación sino actualización. Para ello se debe conocer su formación académica y su trayectoria profesional.

Nuestra educación requiere ser pensada por un conjunto de profesionales multidisciplinarios y coordinada por pedagogos. Con ellos otras son las prioridades y se enriquece el saber pedagógico. Dejemos modelos extranjeros, exitosos, pero para otras realidades e idiosincrasias. Pueden utilizarse herramientas e instrumentos de medición, pero desde una perspectiva pedagógica diferente pues somos un país diverso e intercultural. Sólo así tendremos una genuina educación, un fortalecimiento de la democracia que requiere nuestro país y una ciudadanía conocedora de sus derechos y deberes en un país diverso y genuinamente intercultural, que no acepta ser estandarizado para responder a los cantos de sirena del modelo económico. No olvidar que “La educación se desarrolla en el conjunto de la sociedad y el fracaso de la educación es el fracaso de la sociedad y de su escasa cultura democrática. Es por ello, que es apremiante para una sociedad educadora, que se implique activamente y se comprometa con la educación de las futuras generaciones.” (Antonio Fuertes Esteban. Rex Pública Global, 2011) ¿Estamos dispuestos?