Ricardo Morales: El Perú necesita más hombres como él

Por: Guillermo Sánchez Moreno Izaguirre (*)

Hace algunos años, un día como hoy, Ricardo Morales partió al encuentro del Señor, compañeros de trabajo, de inquietudes y de fe en el camino que pude recorrer con él, creí que lo conocía, me equivoqué. Ricardo es uno de esos hombres que uno no terminaba de conocer, a pesar de verlo cada día. El testimonio de la ex reclusa de Santa Mónica, que nos lo dio en el velorio de Ricardo, que su vida era un infierno hasta que apareció él en el penal, fue una sorpresa. Nos contó que nunca le preguntó qué hizo y por qué estaba ahí, solo la acompañó discretamente hasta que ella descubrió al Señor. Esta faceta pastoral, que él la inicia en 1975, coincidía con su trabajo en el Ministerio de Educación: de lunes a sábado fungía de miembro, y después presidente, del Consejo Superior de Educación; el domingo, era el sacerdote pastor que acompañaba a las reclusas acusadas de terrorismo, asesinato, robo o drogas. Por eso, cuando la señora terminó su testimonio pidiendo a Dios que enviase hombres como él, que la había salvado de una vida de infierno, nos quedamos alelados ¡qué poco conocíamos a este hombre tan cercano!

Lo mismo me sucedió cuando leí lo que uno de sus ex alumnos escribió de él: Ricardo era “un hombre sencillo como tú y como yo, que siempre andaba correctamente vestido – por lo que sus alumnos decían que parecía un lord inglés – pero que era realmente otro cuando los trataba” Cuenta que en secundaria, cuando lo encontró en el colegio, y entabló cierta amistad “surgida sobre todo porque, desde su oficina, escogía a algunos chicos de 5° de media, a los que permitía [a escondidas] fumar cigarrillos que él celosamente guardaba en un cajón de su añejo escritorio de caoba de las épocas de La Colmena, cuando el Colegio de la Compañía funcionaba ahí, licencia que lejos de ser un estímulo para la indisciplina era una interesante forma de acercarnos a la conversación y diálogo científico y cultural. Ahí nos hablaba de filosofía, historia, literatura, economía, sociedad, política, realidad social peruana, psicología pero sobre todo de educación, que era su campo”

Ricardo Morales, un sacerdote que dejó huella en el ámbito educativo / Foto: Fondep

Esto lo ratificó otro de sus exalumnos al escribir que: “Una noche, después del trabajo, disfrutábamos de una muy interesante conversación y de un buen cuba libre, en el “Jambuche ” de la Av. Benavides, en Chama, en eso Ricardo miró su reloj y exclamó:” ¡¡ Carajo, me cierran el convento, me voy !! y partió a la carrera” Y, un tercero – y por eso pienso que acercarse al otro fue uno de sus métodos preferidos de educar – escribió “una vez, en 2010 me lo crucé en el Parque Kennedy, estaba sentado en una banca, solitario y viendo a los gatos del parque como un General en situación de retiro sin tropas que comandar. Lo saludé y le invité un café en la Tiendecita Blanca, la conversación empezó a las 3 pm y cerca de las 10 pm lo estaba dejando en mi carro en Fátima”. Y es que el tiempo no era lo más importante para Ricardo si se trataba de estar con quien lo buscaba, sea joven, exalumno o compañero de ruta. Tal vez por ello otro de sus alumnos al enterarse del fallecimiento de Ricardo escribió: “Gran hombre de la Compañía de Jesús, el Perú necesita más hombres como él”. Ahí encontré sentido a lo que dijo la ex reclusa de Ricardo “fue un hombre para los demás”.

Fue un hombre abierto, comprometido con la educación peruana y, por ello, no le importaba la ideología, la situación social o económica o la profesión de la persona con la que se encontraba, si lo que estaba en juego era la decisión de conjugar voluntades en el compromiso con la educación. No se trataba de palabras sino de hechos, que tanta falta nos hacen ahora en el Perú. Uno de éstos fue dejar sus estudios en Estados Unidos, cuando lo llamaron a trabajar al Colegio de la Inmaculada, donde entregó tantos años de su vida. Otro, aceptar presidir el Consorcio de Colegios Católicos, y la Oficina Nacional de Educación Católica, cuando se presentaron en el horizonte algunos nubarrones para la educación confesional.

También fue un hecho macizo, que cambió su rutina y preocupación, ingresar en 1970, a pedido de los obispos, al Consejo Directivo de la Comisión de Reforma de la Educación, y trabajar con especialistas de diferentes tradiciones intelectuales, política e ideológicas, como Emilio Barrantes, Walter Peñaloza, Augusto Salazar Bondy y otros profesionales y jóvenes, elaborando el informe conocido como Libro Azul, base de la Reforma Educativa de los 70. Reforma que pretendió construir “un hombre nuevo para una sociedad nueva” y que trabajó para incorporar al indígena, respetando sus culturas, oficializando la diversidad cultural, publicando vocabularios y gramáticas de las lenguas originarias preparando así el camino para la educación bilingüe. Al fallecer Augusto Salazar Bondy, fue designado por el Gobierno presidente del Consejo Superior de Educación, cuya función era velar por la aplicación de la reforma.

Tal vez a esto alude el texto que la Derrama Magisterial publicó en su portal al fallecer Ricardo: “Por su experiencia y vasto conocimiento del tema educativo, sensibilidad social, cercanía a los niños y adolescentes, sencillez y ponderación, respeto a la pluralidad, disposición al consenso, y por su permanente capacidad de trabajo en equipo, se ha ganado el afecto y el respeto de los docentes y alumnos del Colegio La Inmaculada, de amplios sectores de maestros y de muchos actores educativos, así como de sus colegas en las distintas instituciones educacionales, sociales y religiosas en las cuales actuó. Su pluralidad era increíble, no pocas veces fue criticado por trabajar con colectivos progresistas o sectores vinculados a la izquierda peruana de esos años

Toda esa experiencia se volcó en otro hecho que aún se admira: la creación de Foro Educativo, asociación plural, en lo profesional e ideológico, integrada por personas comprometidas con la educación. Esto ocurrió por los años 90 cuando estas personas percibían con gran preocupación el descuido de la política educativa y por ello deciden intervenir, liderados por Ricardo y un grupo de profesionales, creando Foro Educativo, organización civil sin fines de lucro, que llamó la atención en la región por la pluralidad, experiencia y compromiso con la educación peruana, que tenían sus integrantes.

La capacidad de escucha de Ricardo, que fue su primer presidente, unida a su experiencia y tino, permitió a Foro concretar en el tiempo varios de sus sueños: el Gobierno creó la Comisión para un Acuerdo Nacional por la Educación, que él la presidió y realizó la primera Consulta Nacional sobre educación en el país movilizando cerca de 500,000 personas. Este proceso participativo, plural, descentralizado y democrático – resumido en ese tiempo en dos libros – inauguró en el Perú un nuevo estilo de hacer política educativa, de cara a la ciudadanía y en diálogo con los actores involucrados.

Otro sueño trabajado en Foro Educativo fue tener en el Perú un Consejo Nacional de Educación, que, siendo plural e independiente, trascendiese los períodos de un gobierno nacional. Esto también se plasmó y, así como en el Acuerdo Nacional, también lo presidió Ricardo. El CNE elaboró el Proyecto Educativo Nacional 2021 (PEN), recogiendo varias ideas claves propuestas en Foro. Pocos años después el Ministerio de Educación lo asume como política nacional y cada año, en el mes de marzo, el Ministro de Educación da cuenta de su avance al Congreso de la República.

Cuando dejó el Consejo Nacional de Educación Ricardo se hizo cargo de la presidencia del Fondo Nacional de Desarrollo de la Educación Peruana (FONDEP). Ahí, apoyado en donativos de empresas dirigidas por personas cercanas a él, facilitó el desarrollo pedagógico e institucional de escuelas y colegios públicos con capacidad propositiva. Este trabajo, que lo realizó ad honorem desde 2009 hasta el año 2013, tuvo como lema “Cambia tu escuela, construye país” que para él reflejaba el sentido de su gestión al frente del FONDEP. A esto le añadió su enorme labor en el “Grupo Impulsor Inversión en la Infancia” , otra iniciativa nacional ciudadana iniciada el año 2008, con la finalidad de crear conciencia en instituciones públicas y privadas, y en el conjunto de la ciudadanía, en la necesidad de invertir en la Primera Infancia (0 a 5 años de edad) como factor clave para la erradicación de la pobreza en nuestro país.

Casi finalizando su vida se preguntó, en un homenaje que le hiciera la universidad jesuita Antonio Ruiz de Montoya: “una nueva educación ¿para qué?” Según el Dr. Manuel Burga, que en ese tiempo era vicerrector académico de esa universidad y anteriormente fue Rector de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, esta pregunta, en términos muy sencillos, formulada en diversos contextos de la República, ha recibido distintas respuestas “que la experiencia y sabiduría de este educador jesuita, a diferencia de otros tiempos, señala que necesita la existencia de un gran consenso nacional e internacional que reconozca que sin buena educación, no hay desarrollo”. Para Burga, la nueva educación por la que trabajaba y se empeñaba Ricardo, “debe construir una persona integral, democrática, intercultural, respetuosa de los derechos humanos, ambientales y las nuevas relaciones de género, más nacional y a la vez más global”.

Este legado que nos dejó Ricardo, es la tarea que nos toca concretar. La vida de este sacerdote jesuita, amigo cercano que no conocimos lo suficiente, líder reconocido por los amigos y los diferentes, articulador efectivo que respetó las diferencias, fue consciente de la necesidad de sinergias en el compromiso de educar. Por ello es un programa para nosotros unas palabras suyas que dijo en un homenaje que recibió poco antes de partir: “Los aprendizajes más importantes de la vida no los obtenemos de los libros ni son fruto de exhortaciones de los maestros; los realizamos a partir de experiencias vitales, individuales o colectivas, que estructuran nuestras concepciones mentales y afectivas y moldean nuestra manera de ser”. Su vida fue para nosotros una de esas experiencias. Por ello estas líneas terminan como comenzaron: el Perú necesita más hombres como él.

(*) Vocal del Consejo Directivo de Foro Educativo