Sobre los nativos digitales de hoy (Parte 1)

Por: Iván Montes

Es innegable que las tecnologías digitales han cambiado nuestra forma de percibir e interaccionar con la realidad. Así, la epistemología del tiempo se ha trastocado a tal punto de que hoy millones de personas son capaces de discriminar hasta las fracciones de segundo. Pero antes, hace 30 o 40 años, nuestro umbral era más alto pues, por ejemplo, teníamos que esperar dos o más minutos para que encienda del todo una televisión a tubos; los mismos que debían “calendar” para que funcionen correctamente. Es más, estos aparatos venían hasta la década de los 70’s del siglo pasado en hermosos muebles de madera, con patitas y puertas (cual armarios) con cerraduras pues se asumía que se debía contar siempre con la autorización de un adulto. Amén de que no existía el control remoto, ni el cable o las parabólicas y que solo se contaba con un puñado de canales locales. Por otro lado, las comunicaciones eran radicalmente diferentes desde el momento en que teníamos que “marcar” el número deseado; esto significaba en concreto el llamar girando un dial o rueda. Adicionalmente, y para conectar una comunicación a larga distancia local e internacional, teníamos que hablar con una operadora para que ella realice mecánicamente la conexión y haga la consulta respective con respecto a si nos aceptaban la llamada o no.

Ésta era la tecnología de esa época y sería un error pensar que los que pasamos los 50 años no teníamos alguna. ¡Claro que teníamos tecnologías! Pero era diferente (no mejor o peor) y cumplía a cabalidad nuestras necesidades existenciales de esos tiempos. No exigíamos más, ni esperábamos saltos tan grandes. La supremacía de lo analógico, del blanco y negro, del pararse para cambiar un canal y del compartir los artefactos vertebraba con gran naturalidad nuestras vidas. También, existían video juegos como el Atari ® que fue un verdadero boom a inicios de los años 80’s del siglo pasado pues significó salir de los juegos de rayitas y bolitas (muchos recordarán el tenis del Odyssey) al Mario Bross, el Frogs (la ranita que cruza la calle) y el Space Invaders a todo color.

Sin lugar a dudas, erámos la generación de la paciencia así sea por vocación o de manera forzada. Teníamos que esperar por nuestro turno para casi todo y era lo más normal. Pues, nadie, o salvo muy pocos, se molestaban por esperar que el televisor caliente o los minutos para conectar una llamada. Asimismo, teníamos que compartir casi todo y eso nos ponía en situaciones de negociación en caso fuese numerosa la familia.

Los maestros de ahora
Los educadores que ya pintamos canas somos diferentes (pero no menos) que los llamados “nativos digitales”, sean estos estudiantes o colegas. Pero tampoco es que hayamos estado fuera del planeta y no hayamos presenciado los espectaculares cambios en cuanto a las TICs. Y es por esta razón de que muchos de nosotros manejamos las tecnología actuales sin problemas; como celulares, tablets y laptops que nos permiten trabajar, estudiar y contactarnos con cualquier persona sin importar el lugar. Otros maestros, y en legítimo derecho, usan los teléfonos celulares clásicos (o no los usan simplemente) y computadoras sin tantas sofisticaciones; pero igual siguen desplegándose con excelentes resultados en sus aulas.

Pero claro. Ahora nos tildan, y con cierto aire peyorativo, como “inmigrantes digitales” cuando en estricto todos los seres humanos en sociedad siempre estamos asimilando la nueva tecnología en menor o mayor medida. De ahí que todos seríamos inmigrantes, o más bien, “nativos digitales” de nuestras respectivas épocas. Y es en este marco, donde parece injusto y ofensivo el escuchar que quien no domina las tecnologías de punta es un analfabeto. A estas altuas de este escrito cabría preguntarnos, ¿de dónde salió esa creencia? ¿acaso un excelente maestro, independientemente de su edad, se convierte en malo por no manejar las TICs?. Creemos que no es así y defendemos la idea de que un buen maestro es aquella persona que piensa en complejidad, diserta adecuadamente, se mantiene informado y tiene un exquisito trato humano para con sus estudiantes.

Probablemente, este buen maestro de mi generación o mayor que yo, maneje una cuenta de correo electrónico (solo o con la ayuda de un familiar cercano), use el sistema académico de su colegio y utilice con auxilio de alguien el Google Crome para buscar información. Sin embargo, para otras actuaciones docentes, como por ejemplo, realizer una video conferencia, una edición especial o desarrollar una animación tenemos siempre a un colega dispuesto o al personal de soporte técnico de la institución. O por ultimo, podemos prescindir de gran parte de la tecnología enchufada para utilizar la herramienta didáctica mas eficiente que ha pasado la prueba del tiempo: la pizarra. ¿Seríamos malos maestros por esto?

Reflexión final

Creemos que es importante no caer en el “juvenismo” actual que exalta y sobredimensiona a las nuevas generaciones a la luz de su involucramiento con las tecnologías. Esto ha sido tan pernicioso que, hasta en cierta medida, hemos sido desbordados ante una gran cantidad de problemáticas asociadas a su uso irresponsible por parte de las actuales generaciones. Pues, no es novedad la gran cantidad de adicciones tecnológicas, el exhibicionismo de la vida íntima en las redes sociales y el uso predominantemente recreativo (entiéndase “pérdida de tiempo” en la mayor parte de los casos) de las herramientas con elevado potencial pedagógico.

Por esta razón, es muy probable que los educadores mayores puedan ayudar significativamente a tender puentes intergeneracionales con el fin de enseñar ciertos valores de singular importancia para el uso más saludable, productivo y prudente de las TICs