Date:August 10, 2017

Un dominio ¿olvidado? En el programa curricular de ciencia y tecnología

Antes de pasar a la exposición central de mi artículo, reitero la intención del análisis que vengo haciendo: Pretendo mostrar, con la fundamentación más precisa que me es posible, puntos débiles y fuertes de los programas curriculares de EBR aprobados en diciembre del año pasado (RM 649-2016-MINEDU) cuya aplicación parcial se ha iniciado ya. Lo hago esperando que mis observaciones, junto con las que están haciendo otros especialistas, sean tomadas en cuenta para disponer una revisión de los documentos normativos mencionados antes de su generalización, a partir de la cual tendrían una vigencia de varios años.
El programa curricular de Ciencia y Tecnología remplaza al programa de Ciencia y Ambiente del Diseño Curricular Nacional (DCN) aprobado en el año 2008. El problema es que este nuevo programa no llega a ser mejor que el anterior: No supera sus puntos febles y más bien presenta otras debilidades, tan serias que justificarían la decisión de revisarlo en profundidad.
-I-
Por ahora me detendré, en primer lugar, en lo que concierne al tratamiento de los contenidos. Reitero el deslinde hecho por el filósofo y educador nuestro, Walter Peñaloza, que afirmaba que algunas áreas curriculares pretenden la convergencia de dos direcciones: competencias y conocimientos. Una de ellas es sin duda la concerniente a ciencias naturales, que, a la par que busca que los estudiantes construyan un cuerpo fundamental de conceptos sobre la realidad, se empeña en la formación de capacidades tanto para que comprendan el quehacer científico como para que tengan instrumentos para atender los problemas que presentan su vida y su entorno. En consecuencia, al crear, examinar y aplicar los programas curriculares de ciencias no se puede pasar por alto sus contenidos conceptuales.
Como se recordará, en el DCN el programa de Ciencia y Ambiente estaba estructurado en tres campos (o dominios, si se quiere), para cada uno de los cuales proponía una competencia con sus respectivas capacidades. Estos campos eran los siguientes:
– Cuerpo humano y conservación de la salud
– Seres vivientes y conservación del medio ambiente
– Mundo físico y conservación del ambiente
Esos tres campos continuaban lo que se venía trabajando en la escuela desde antes y cubrían lo que podría convenir a la formación de los niños y niñas que cursaban su educación primaria. Lo novedoso era que se añadían las competencias y las capacidades que convenían en cada campo .
Después, más cerca de nosotros, hace dos años, el MINEDU emitió la RM 199-2015, que disponía cambios en las competencias de algunas áreas del DCN (entre ellas la relacionada con ciencias) y añadía sendos cuadros de indicadores para las competencias, distribuidos por grados.
Las competencias, capacidades e indicadores dispuestos por la resolución figuraban en el Anexo de la RM mencionada, en un cuadro sumamente complejo. Pero menciono este cuadro por un asunto importante para la materia de este artículo: En el Anexo, en las partes correspondiente a ciencias, las competencias no se refieren a campos sobre los cuales hay que enfocar la mirada, como se hacía en el DCN. No hay esa precisión, salvo en la segunda competencia, en la que se menciona el “mundo físico”, entidad está excesivamente amplia. Sin embargo, en los indicadores de las capacidades sí se precisan contenidos, aunque en una forma tan desordenada que llama al desconcierto.
Actualmente, en los programas de Ciencia y Tecnología, reaparecen los dominios de contenido, aunque algo escondidos porque figuran en el enunciado de la segunda de las tres competencias que persigue el área. La competencia menciona es esta: “Explica el mundo físico basándose en conocimientos sobre (i) seres vivos, (ii) materia y energía, (iii) biodiversidad, (iv) Tierra y universo (La numeración es mía).
Los dominios sugeridos ¿son los que conviene tratar en la educación de los niños y adolescentes? En cierto modo, sí, porque está bien que un estudiante de EBR culmine su educación con un conocimiento básico que le permita comprender lo que sucede de esos cuatro dominios. Pero falta un dominio de gran importancia.
Para identificar al que falta haré referencia a un documento muy, pero muy importante : “Aportes para la enseñanza de las ciencias naturales”, publicado por UNESCO en el año 2016. Es un informe sobre el tercer estudio comparativo y explicativo (TERCE) que se realizó entre el 2010 y 2014 en 15 países latinoamericanos (incluyendo el estado mexicano de Nuevo León). Como parte de este estudio se aplicó pruebas de Matemática, Lectura y Ciencias Naturales a estudiantes de los grados superiores de primaria. Las pruebas de Ciencias Naturales fueron aplicadas a alumnos de sexto grado de primaria con ítems que cubrían cinco dominios: (i) salud, (ii) seres vivos, (iii) ambiente, (iv) la Tierra y el sistema solar y (v) materia y energía. Como se ve, hay una gran similitud con los dominios trabajados en el área de Ciencia y tecnología de los actuales programas curriculares de EBR. En los cuales se habla de seres vivos, materia y energía, biodiversidad, Tierra y universo.
Comparando las dos listas de dominios, salta a la vista que en nuestros programas la falta de un dominio de importancia radical: salud.
En el documento de UNESCO aparece claramente definido este dominio: “SALUD: Conocimiento de la estructura y funcionamiento del cuerpo humano, a partir del cual es posible comprender y valorar los aprendizajes acerca del cuidado general del cuerpo, los hábitos de higiene, alimentación, práctica del deporte, entre otros” (p.21). Así, queda sugerido el campo temático (Conocimiento de la estructura y funcionamiento del cuerpo humano…) y sobre todo el enfoque (…a partir del cual es posible comprender y valorar los aprendizajes acerca del cuidado general del cuerpo, los hábitos de higiene, alimentación, práctica del deporte, entre otros.).
No obstante que, dada su importancia, este campo ha formado parte de los programas escolares desde los tiempos de la llamada educación tradicional (los mayores recordaremos el curso “El niño y la salud” que estudiamos en primaria”) desde la RM 199-2015 ha sido dejado completamente de lado.
No me caben dudas para decir que aquí hay una omisión que debe ser superada. Más aún si, como sostienen tendencias actuales, el cuidado de la salud parte de las personas mismas, para lo cual precisan de un conocimiento de cómo es nuestro cuerpo, como funciona y cómo debemos protegerlo.
-II-
En el Anexo de la RM 199-2015 había algo más que conviene destacar: Se dividió el área en dos partes: una primera, denominada ‘Ciencia y Ambiente’ (para ser cubierta en los ciclos II, III, IV y V de EBR, o sea en un grado de Ed. Inicial y en los seis de ED. Primaria) y la otra, ‘Ciencia, Tecnología y Ambiente’ (para los ciclos VI y VII, es decir para los cinco grados de Ed. Secundaria). La diferencia no es solo de nombre, pues para Ciencia y Ambiente (primaria) se proponían dos competencias solamente y para Ciencia, Tecnología y Ambiente (secundaria) se proponían cuatro (las dos de primaria y dos más para secundaria). Establecer esa diferencia parece haber sido una decisión acertada, sin embargo no es tomada en cuenta en los programas actuales: Para todos los grados, desde el primero de primaria hasta el quinto de secundaria, se trabaja con el área de ‘Ciencia y Tecnología’, y para los once grados se trabaja con las mismas tres competencias (y once capacidades, por consiguiente).
Por mucho que apreciemos la inteligencia de nuestros niños se debe reconocer que para cada asunto hay un momento apropiado. Es difícil pensar, por ejemplo, que niños pequeños puedan observar, indagar, registrar asuntos relativos al “Sol y el Universo” o entender abstracciones como las características de la materia y los fenómenos de la energía. Se puede hablar de eso con ellos, sí; pero no es posible tratarlos con los modos y métodos de la ciencia, cosa que puede quedar para ser debidamente tratada con estudiantes de secundaria. Y de la misma manera, es difícil aceptar que los estudiantes de primaria puedan diseñar y construir “soluciones tecnológicas para resolver problemas de su entorno”, como lo propone la tercera competencia. Eso es excesivo aun para los jovencitos de secundaria, que sí pueden comprender y examinar críticamente lo que se está haciendo en el país y en el mundo pero no “diseñar” soluciones tecnológicas. Que alguno lo haya hecho no significa que se deba exigir que todos lo hagan.
Final.- Soy consciente de que he entrado en huerto ajeno. No me he propuesto examinar en detalle el contenido del programa de “Ciencia y Tecnología” porque no tengo la competencia necesaria. Solo he querido mostrar algunos casos resaltantes para reiterar la necesidad de una revisión completa del programa para poner las cosas debidas en su sitio, en favor de los aprendizajes de los alumnos y del esfuerzo de los docentes.
Lima, 9 de agosto de 2017