Date:October 11, 2017

Una reflexión oportuna: Crisis del Aprendizaje (I)

Por Luis Miguel Saravia

Nota breve: el presente artículo tiene su fundamentación en el Informe sobre el Desarrollo Mundial 2018. Mensajes Principales. APRENDER para hacer realidad la promesa de la educación.

1. Marco. La coyuntura educativa de las últimas semanas, corre el riesgo de mover la reflexión educativa de su eje principal: la educación y el proceso enseñanza-aprendizaje. En la semana que pasó un twitter daba cuenta de la publicación “APRENDER PARA HACER REALIDAD LA PROMESA DE LA EDUCACIÓN. Una publicación emblemática del Grupo Banco Mundial PANORAMA GENERAL.

Como es crónico ya en nuestra realidad, esta noticia poco interesa a la mayoría que se encuentra embriagada por el fútbol y otras veleidades que la sociedad de consumo pone en las marquesinas de este mes de octubre –mes morado “en que se engalana Lima, con fragancia evocadora que brota en cada esquina”- como dice un tradicional vals. Lo importante se torna secundario. Lo permanente, ilusorio.

Para alertar el documento en sus MENSAJES PRINCIPALES, llama la atención con las siguientes frases. “Escolarización no es lo mismo que aprendizaje”; “La escolarización sin aprendizaje no es solo una oportunidad desaprovechada, sino también una gran injusticia”; “Los bajos niveles de aprendizaje en los países de ingreso mediano constituyen una problemática que se puede abordar.” Así está signada la preocupación y se refuerza con el alcance de otras frases preocupantes en primer lugar a los países que han medido el aprendizaje y han publicado los resultados: en muchos otros casos, el problema sigue oculto. En segundo lugar, se afirma que “sin aprendizaje, la educación no puede ser el factor determinante para poner fin a la pobreza y fomentar la prosperidad compartida.” Finalmente, “Los bajos niveles de aprendizaje en los países de ingreso bajo y mediano constituyen una problemática que se puede abordar.”

Estas precisiones llevan a corroborar que todos los países que han medido el aprendizaje y han publicado los resultados, el problema sigue oculto. Se profundiza poco en la investigación de las causas y menos se corrige la política pública en su concreción. Eso se patentiza en las declaraciones que realizan los gobiernos en torno a la priorización de la educación como política social convertida en infraestructura, materiales y no en lo sustantivo. No se dan por enterados que sin aprendizaje, la educación no puede asumir ser el factor determinante que permita poner fin a la pobreza y fomentar la prosperidad compartida. Se sabe que a nivel global –de país- existen muchos no matriculados y otros que pertenecen a grupos desfavorecidos –pobres, niñas, los que tienen necesidades especiales, las minorías étnicas- los que tienen menos posibilidades tienen de asistir a la escuela. La suma de estas postergaciones constituye lo que se llama una crisis del aprendizaje. No se trata sólo de cobertura en la matrícula sino en la capacidad real de atender a la demanda en un país pobre, diverso e intercultural. Esto lo vemos y sentimos cotidianamente, se asume en el discurso, pero en la práctica sigue la indiferencia.

De otro lado cuando se trata de mejorar el aprendizaje y se dice que es prioritario, y se cuenta con apoyo político y económico, para lograr avances. Entre 2009 y 2015 en el Perú los resultados de aprendizaje general mejoraron con mayor rapidez, pues hubo una acción concertada entre la política educativa, la reforma del sistema y la voluntad política. Sin embargo ¿Cómo lograr que este rendimiento y resultados se mantengan? ¿Dependerá de los docentes solamente o de otros elementos del sistema y de la economía del país? Quedaría por evaluar los puntos críticos del sector que afectan el proceso educativo y en especial el aprendizaje.

2. Las tres dimensiones de la crisis del aprendizaje. Se aborda de manera sucinta. La primera está relacionada con aquello que debería garantizar la escuela. No resulta lo realizado, pues los niveles de aprendizaje son bajos. A pesar de pequeños logros, se demuestra, en el análisis de los resultados, que la mejora de los aprendizajes son lentos. Inclusive en aquellos países que han participado en pruebas PISA desde 2003, la mejora promedio en puntaje de una ronda a otra ha sido cero.

La segunda dimensión está referida a las causas en las escuelas donde se manifiesta el quiebre de la relación entre la enseñanza y el aprendizaje. El Informe sobre el Desarrollo Mundial 2018 identifica cuatro maneras en que se produce este quiebre.

1) Los niños no llegan a la escuela preparados para aprender. Debido a la malnutrición, las enfermedades, las escasas inversiones parentales y las condiciones asociadas con la pobreza dañan el aprendizaje en la primera infancia, a familias disfuncionales, originando deficiencias al punto que muchos niños no están preparados para sacar el máximo provecho de su estadía en la escuela, pues sus habilidades sufren importante retraso en los años previos a la escuela primaria. 2) A menudo los docentes no tienen las competencias ni la motivación para enseñar de manera eficaz. El docente es el principal factor que afecta el aprendizaje.

Se aprecia de manera recurrente cómo la mayoría de los sistemas educativos no atraen a postulantes a la docencia, con perfiles sólidos y vocación. Adicionalmente en casi todos los países, los estudiantes que aspiran a convertirse en docentes, tienen puntajes por debajo del promedio nacional en la prueba PISA. Tampoco se brinda capacitación eficaz a los docentes en ejercicio. Cuando se tienen se pierde mucho tiempo de las horas de clase en otras actividades, en lugar de destinarse al aprendizaje o porque los docentes están ausentes, en actividades de gestión. De otro lado no se puede pretenderse culpar a los docentes solamente de esta situación, sino más bien llamar la atención cómo los sistemas educativos menoscaban el aprendizaje al no brindar apoyo sostenido a los docentes y a respetar la planificación de las instituciones educativas ajustadas a las directivas anuales.

3) Con frecuencia, los insumos no llegan a las aulas o, cuando se cuenta con ellos, no tienen un efecto en el aprendizaje. Si bien los recursos materiales son importantes en educación, el no contar con ellos y a tiempo –por causa de una deficiente gestión-, explica una pequeña parte de la crisis del aprendizaje. Una porque no llegan, y otra por que si se tienen, los docentes no están lo suficientemente preparados para su utilización. 4) Una mala administración y gobernanza suelen menoscabar la calidad de la escolarización. Esta situación refleja la crónica situación de contar con directores ineficientes que no colaboran con los docentes de manera pedagógica en la resolución de los problemas, ni prestan asesoría en la planificación, en el establecimiento de metas que prioricen el aprendizaje. Si a ello se le suma la carencia de autonomía de las instituciones educativas y la poca participación de la comunidad educativa para influir en lo que sucede en las aulas, no sólo a nivel de formación sino de los aprendizajes y sus problemas. La crisis en el aprendizaje se retroalimenta por inercia de diversos actores del proceso educativo y una política educativa que no tiene en cuenta que no se puede estandarizar medidas en un país diverso e intercultural. Tampoco porque las instituciones educativas no tienen autonomía para realizar ajustes al currículo nacional, regional, local según el PEI.

La tercera dimensión está constituida por la crisis que son las causas sistemáticas más profundas y que sufren las escuelas y las comunidades y que perturban a los actores responsables de prestar el apoyo a los aprendizajes. Esto se debe al funcionamiento de un sistema educativo que plantea las dificultades técnicas importantes: alineamiento de las distintas partes del sistema que se dan en torno al aprendizaje y que guardan coherencia entre sí, y cuando los actores, en todos los niveles, deben tener la capacidad de implementación necesaria. Además muchas de las causas profundas de la crisis del aprendizaje son de naturaleza política, donde los actores tienen diferentes intereses, que van más allá del aprendizaje. A los políticos les interesa mantener el poder y enfocan ciertos grupos con los que trabajan para obtener ventajas. También se alían con los burócratas y algunas organizaciones de docentes, que buscan proteger sus intereses y sus puestos antes que promover el aprendizaje de los estudiantes.

Existen, además, los llamados prestadores de servicios educativos –constructores de infraestructura, editores de libros, proveedores de tecnología- que promueven opciones de políticas que debilitan el aprendizaje. A esto se les suma los llamados sistemas mal administrados, donde pesan más los intereses en pugna, que aquellos que tienen que ver con el logro de mejores aprendizaje. En síntesis se trata de dificultades técnicas y políticas que atrapan al sistema en equilibrios con bajo nivel de aprendizaje. Además de ello no se rinde cuentas de lo planificado y menos de lo invertido del presupuesto a la comunidad educativa.

Dificultades técnicas y políticas que se coinvierten en una “enfermedad” crónica que se ataca con paliativos y no con operaciones en profundidad, que erradique lo pernicioso que existe y ha ido reproduciéndose en contra de un derecho fundamental de las personas: su propia educación, que debe ser buena, excelente y no sólo motejada de calidad, para sintonizarla con la moda de estos decenios del siglo XXI, que va en contramarcha de lo que es la esencia de la pedagogía. Por ello cuando un niño/joven llega a la escuela, espera algo nuevo, que le llene de manera especial y vaya construyendo interiormente.

Esa es lo que denominan unos la curiosidad por lo nuevo y otros el asombro. Pero se da con la sorpresa que ello no existe en la institución ni en los docentes, pues se repite en el fondo y la forma lo mismo que se da en el transcurso de los años, y se cree en esa imagen que se llama prestigio, pero por la forma y no por el desarrollo del conocimiento, sino de la memoria. Debería recuperarse en ambas esa magia en la expresión y en la forma de mostrar contenidos y entrar en lo que es el campo del aprendizaje y su complejidad y riqueza, que es la construcción del saber. Esta crisis detectada, requiere de medidas para abordarla. Las desarrollaremos en la próxima entrega.