26
JUL
2016

Preocupaciones educativas

1. Referente. De todas las carteras del gabinete que concluye su quinquenio, la de educación y su ministro es la que tiene mejores logros según los medios de comunicación. Pero ¿Tenemos mejor educación de nuestros alumnos en nuestro país? Mostrar aumento de porcentajes en matemáticas, en comprensión lectora, sin duda es bueno. Pero no nos confundamos que un árbol no hace el bosque. Tomémoslo con calma.
En educación hoy existe un discurso de “emprendedurismo” y de “meritocracia” que busca formar a las personas para el sistema y no para que desarrollen sus capacidades. Nos dicen que la educación que debe darse hoy se logra a partir de lo que se ha realizado: inversiones en temas materiales, el cumplimiento de una ley para mejora del magisterio.
El “emprendedurismo” se promueve como la necesidad de preparar a nuestros educandos para que adquieran competencias importantes (adquisición de aptitudes para el mejoramiento personal, el empleo y el ejercicio de ciudadanía) mediante acciones económicas. La “meritocracia” busca establecer en base al mérito los cambios que deben hacerse para alcanzar la excelencia en educación. ¿Con ello lograremos una mejora en educación en un país diverso e intercultural?
Tenemos la impresión que en la escuela sólo solo es importante el aprendizaje de matemáticas, de lectura, y que el resto de actividades no merecen ser conocidas, menos promovidas. Un calendario escolar “estandarizado” rigidiza la vida cívica escolar. Los concursos, eventos deportivos, que forman parte de la vida intra institución y comunidad no son tomados en cuenta en las evaluaciones. Pareciera que uno solo es el objetivo. Steiner dice “Estoy asqueado por la educación escolar de hoy, que es una fábrica de incultos y que no respeta la memoria. Y que no hace nada para que los niños aprendan las cosas de memoria. El poema que vive en nosotros vive con nosotros, cambia como nosotros, y tiene que ver con una función mucho más profunda que la del cerebro. Representa la sensibilidad, la personalidad.” (El País. 11 de Julio 2016. Babelia a George Steiner (1929), “Estamos matando los sueños de nuestros niños” http://cultura.elpais.com/cultura/2016/06/29/babelia/1467214901_163889.html). Sin duda puede haber controversia sobre el aprendizaje memorístico y el aprendizaje razonado. Sobre ello existe una larga discusión y debate. Hoy hemos superado el memorismo, pero Steiner lo siente necesario para guardar riquezas que es necesario repasar. Pareciera que tuviera razón en estos tiempos de indiferencia. “Pero hay algo que me preocupa: los jóvenes ya no tienen tiempo… de tener tiempo. Nunca la aceleración casi mecánica de las rutinas vitales ha sido tan fuerte como hoy. Y hay que tener tiempo para buscar tiempo.” Una contradicción, sin duda, pero antes que nada una reflexión que nos invita a pensar sobre lo importante y lo fatuo. En la vida tenemos que decidir, optar, para no ser instrumento de quienes tienen el poder. ¿Enseñamos para eso?
“… no hay que tener miedo al silencio. El miedo de los niños al silencio me da miedo. Solo el silencio nos enseña a encontrar en nosotros lo esencial.” Estamos educando muy de prisa, al punto que ponemos más atención en el ruido que en valorar la quietud, el silencio, que invita a la reflexión, a la creatividad. Steiner agrega: Déjeme ampliar esta cuestión y decirle algo: estamos matando los sueños de nuestros niños. Cuando yo era niño existía la posibilidad de cometer grandes errores. El ser humano los cometió…, pero si uno no puede cometer errores cuando es joven, nunca llegará a ser un ser humano completo y puro. Los errores y las esperanzas rotas nos ayudan a completar el estado adulto. … Pero es mucho más importante cometer errores que intentar comprenderlo todo desde el principio y de una vez. Es dramático tener claro a los 18 años lo que has de hacer y lo que no.” ¿Y cómo lo haremos si no tenemos reservas para iniciar la aventura de instruirnos, de leer, de valorar el silencio, de tener experiencias, de tener errores y volverse a levantar? Así como Steiner opina y reflexiona, existen otros referentes educativos que se preocupan por el desarrollo educativo. La historia de la educación nos ilustra de cómo la educación integral es lo más conveniente para un desarrollo pleno de la infancia y juventud. Un sistema educativo que se centre en motivar el desarrollo integral de niño y del joven. ¿Por qué lo hemos cambiado?
2. La oferta y la demanda. Hoy nos dicen que las reglas las determina el mercado. Se trata de sintonizar con lo que se nos oferta. Nadie pregunta ¿qué demandamos nosotros? Poco o nada. ¿Y en educación? La oferta viene del Estado y éste responde a determinados lineamiento sugeridos de experiencias que poco tienen que ver con nuestra realidad diversa e intercultural. De ahí el poco apego a los valores y patrimonio. También viene del sector privado. Diversa en su presentación, pero con los mismos contenidos que la oferta pública. La oferta del Estado la determina el presupuesto -siempre precario-. Es otra la oferta diversa, pero para quien la puede pagar. ¿Dónde queda el fin supremo de la educación como derecho equitativo para todos? Además, si apreciamos el currículo está dirigido al aprendizaje, al conocimiento. ¿Qué espacio tiene el educando para cultivar sentimientos y talento en la escuela? Se estimula la competencia creyendo que con lo que se alcance, se obtienen metas de realización material.
El mercado nos ofrece la meritocracia como parte de las políticas públicas, intentado con ello instalar medidas “excluyentes y discriminadoras” en el acceso a la educación pública. Adriana Puiggrós nos dice al respecto “Educar con una idea de meritocracia es educar para la competencia, para competir con el otro”“La idea de meritocracia es profundamente selectiva, antipopular y una idea que traducida en una política educativa es inconstitucional porque ataca al derecho universal a la educación.” (LA CAPITAL. Rosario 14.05.16. Entrevista a Adriana Puiggrós por Marcela Isaías). Estamos llegando a ello sin querer queriendo y volviendo a lo que Paulo Freire llamó la educación domesticadora, la pedagogía del oprimido, donde al alumno se le da respuestas y no se le prepara ni promueve para la pregunta. ¿Qué ciudadanos se están formando?
3.Recuperar el tiempo perdido. Estamos transitando por la calle del elogio al esfuerzo personal en educación, donde se inculca a los alumnos el valor del esfuerzo que tiene su recompensa cuando se alcanza un resultado. Esto es lo que se llama la meritocracia que se contrapone a lo que se ha dado en llamar “la pedagogía de la compasión”. Pero debemos advertir lo que trae consigo la meritocracia y que se repite inculcando el espíritu competitivo, que en educación va en contraposición al espíritu colaborativo. Si el alumno no responde al proceso de aprendizaje, no es que no sea competitivo. El fracaso escolar se debe al Estado, a la sociedad que se preocupa de proporcionarle los materiales necesarios para el proceso de aprendizaje no lo hace ni tiene la precaución de contar con los docentes convenientemente formados y actualizados.
Tratemos de recentrar la reflexión sobre la educación que queremos para nuestro país diverso, intercultural. No podemos tomar cualquier experiencia exitosa de países con otra historia, y aplicarla. Menos ahondar las brechas acentuando las diferencias entre los niños y jóvenes que tienen buen desempeño y aquellos que, por diversos motivos, no pueden rendir de acuerdo a los llamados estándares de rendimiento. Hace más de un decenio que se viene experimentando y el sistema educativo sigue sin definir su misión, su visión y los objetivos que se quieren alcanzar en función del país. Por eso vamos de tumbo en tumbo y los vientos periódicos nos llevan de un lado a otro, sin pensar que el proceso educativo de los niños y jóvenes requiere de tiempo para formar y educar a los estudiantes. Nos han “vendido” la meritocracia para contar con los mejores alumnos para que por su desempeño emprendedor promuevan al país para una mejor productividad, mejores logros materiales, pero sin mirar desde dónde se parte y las brechas que están pendientes de solución. Se promueve la competitividad para contar con los mejores recursos humanos para impulsar el desarrollo y acceder a los requisitos y estándares de la OCDE y formar parte del foro de las economías democráticas que trabajan conjuntamente para enfrentar los desafíos económicos y sociales de la globalización. No se nos dice nada de la cultura de la igualdad, que sería la que promueva la cultura del esfuerzo.
Dice la investigadora Kaplan que “La creencia en la meritocracia como valor en sí, en una sociedad injusta, es invertir la relación causa y efecto e individualizar un problema que es socioeducativo y político. Primero necesitamos pobreza cero y escuelas dignas, es decir oportunidades reales para todos, y luego premiar a los que más se esfuerzan. Si no, ¿cómo explicamos que los pobres son quienes más fracasan?” (Carina Kaplan, investigadora de Conicet y profesora de la UBA y la UNLP, en Clarín 09.05.16).
En el nuevo quinquenio gubernamental que se inicia, es bueno hacer un balance del sistema educativo a la luz de la política educativa que se promueve. No se puede poner énfasis en acortar determinadas brechas y desarrollar soluciones si en el sistema otros niveles tienen carencias de políticas. Nuestra educación debe ser equitativa y solidaria que responda a los requerimientos de un país diverso e intercultural. No hagamos ensayos educativos de espaldas a lo que la gente quiere y siente. De tanto ensayo que se ha realizado en el sistema educativo y el desarrollo de políticas educativas de moda, hemos perdido el fin principal de educación. Hoy hablamos de competitividad, de meritocracia y no de derechos de los niños y jóvenes para ser felices. No reemplacemos el saber por la competencia, que es la destrucción de la mayoría y el triunfo de pocos. Recuperemos para nuestros niños y jóvenes el derecho a desarrollarse plenamente y no al servicio del mercado. La esclavitud hace tiempo se abolió en nuestro país. No renunciemos a formar el espíritu crítico de los niños y jóvenes, ayudémosles a desarrollar su capacidad de análisis y formar su conciencia ética. Formemos y eduquemos ciudadanos democráticos y no mercantilistas. Que la auténtica educación sea una realidad y no una preocupación. (17.07.16)