14
JUL
2017

Un incendio que develó carencias y falta de educación

1. Malvinas. El recuerdo de una alameda realizada por el actual alcalde de Lima y que hace pocos días lo recordaba como muestras de su eficiencia. Pero Malvinas escondía, tras su diseño sobre restos de fábricas que surgieron en torno a Lima -la Nicolini afectada, es una de ellas-, un sino siniestro, que evidenció una serie de carencias y cómo nuestra educación no da los frutos que requiere una ciudad que es un crisol de culturas, de razas, de costumbres pero que no quiere aceptarlo. Todo se desarrolla de acuerdo a un patrón que sirve a un modelo de economía sin rostro humano, que esconde la pobreza, la indigencia, el verdadero rostro de los habitantes de la ciudad en crecimiento.
Lo ocurrido demuestra la improvisación, la informalidad latente en que el habitante de la capital -en su mayoría- se desenvuelve para fungir de cualquier cosa menos de un oficio donde exponga su destreza, sus estudios, su entereza. Todo lo contrario. Todo se maquilla para aparecer lo que no es; para aparentar lo que la sociedad demanda, pero es una falacia.
La Compañía General de Bomberos, el Municipio Metropolitano, el Ministerio de Trabajo, el Ministerio de Salud han acudido al escenario para atender a los damnificados, cada uno de acuerdo a sus funciones. El Ministerio de Educación se hizo presente para comunicar que se cerraban hasta nuevo aviso 90 centros educativos debido a la contaminación ambiental. ¿Nada más? El Ministerio de Educación, desde el tema de la formación ciudadana se ha callado y no ha dejado sentir su mensaje. ¿No existe? El silencio es patente. Aquí se necesita también prevención. El silencio también mata.
2. Pudo haber sido lo que no fue. Edificio Nicolini, en Las Malvinas, mal recuerdo de un inicio de invierno 2017 en Lima, capital del Perú. No se cosecha lo que no se siembra. No reclamemos lo que siempre se denunció, pero por las componendas debajo de la mesa, por el sanbenito de pactar, de hacer las cosas como gente de bien, nos hemos dado de bruces con la realidad. Así no se hace política y menos se gobierna una ciudad y una capital como Lima. Una autoridad desesperada echa mano a un papel y quiere ganarle el “vivo” a una reportera, que le enrostra su incapacidad disfrazada de mentira “fue la gestión anterior” la que permitió la instalación de las planchas de metal en lugar de paredes en lo que fue la azotea del edificio. A los segundos vistas de google map desenmascaran a la autoridad. Sin argumentos se aferra a sus palabras. ¿Dónde quedaron los lemas “Construyendo” que invadió Lima y que terminaron en el by pass de 28 de julio con dinero de otro proyecto destinado a la población shipiba-konibo asentada provisionalmente en Cantagallo? ¿Dónde queda el lema “Pensando en ti” que hoy adornan los avisos de la Municipalidad de Lima?
Mensajes sin contenido. Efectistas. Sólo para exaltar el ego de quien los crea y utiliza, pero no al servicio de una ciudad que confió en la palabra y en la eficiencia de quien los proclama.
Pensamos que Lima, la capital del Perú, que en las aulas enseñamos a querer podría exhibir una autoridad en el sentido pleno de la palabra. Pero quedamos defraudados y advertidos. Ni se construye ni se piensa en el vecindario.
La democracia es buena, pero en manos de personas irresponsables, resulta nefasta. La democracia es libertad, pero en personas probas, transparentes. La democracia es el juego de poderes y no autoritarismo. Democracia es cotejo de pareceres, respeto de opiniones, y no imposición obstruccionista.
3. Educación frente a evidencias. De los hechos sucedidos en Lima, desde un enfoque educativo, urge llamar la atención sobre algunos temas que develan carencias, debilidades, de un sistema educativo que se preocupa por resultados estadísticos pero que no se percibe en la formación de los ciudadanos peruanos. Esta perniciosa manera de “dorar” la píldora y “vender” una imagen que demuestra una equidad que no se condice con la “calidad” proclamada.
El incendio de la Galería Nicolini nos muestra a los “llamados” emprendedores que tanto se promocionan, con un nulo desarrollo de su formación ciudadana.
La formación en valores, es casi nula. Los emprendedores han priorizado la ganancia, antes que el respeto a la persona, sus derechos. Los consideran simplemente como mano de obra, como fuerza laboral, a la que se le puede ofrecer un sueldo, sin tener en cuenta la legislación sino la rentabilidad de su pequeña o mediana empresa. ¿Dónde están los valores de los que tanto se habla y escribe y suscribe?
Carencia total y menos preparación profesional de lo que implica y significa una organización sea empresa, institución de servicios u otra. La informalidad es el eje vertebrador de ilusiones y ambiciones. La informalidad es una de las madres que genera y encubre la corrupción, trafica con los trámites legales, arrolla los derechos,
Informalidad, falta de ciudadanía, valores devaluados, asunción irresponsable de usos y estilos ajenos a la justicia, a los derechos, y a la democracia, que se dice se debe fortalecer.
El incendio de la Galería Nicolini, la poca sensibilidad del alcalde metropolitano para temas muy sensibles como respetar diseño e inversión en favor de la ciudad, teniendo como centro a la persona y no el mercantilismo; valores que refuercen el desarrollo equitativo y solidario, que demuestren que a las personas se les forma y se las respeta y no se las utiliza. Que la transparencia y el dar cuentas de la responsabilidad asumida son tareas prioritarias para el fortalecimiento de una democracia verdadera y no la falsa que se “vende” al mejor postor con apoyo del marketing. Se sigue utilizando a la persona como mano de obra y no se le respeta por su profesión, por sus competencias personales. Como en la época del guano, del caucho y la gran minería.
Somos muy amigos de “seguir” -en educación- tendencias, experiencias exitosas, demostradas y sostenidas, pero poco nos preguntamos qué política educativa las acompaña. De eso poco se habla. Somos un país diferente, nuestros objetivos son los de un país diverso, intercultural. ¿Cuándo se aprenderá y comprenderá que no podemos estandarizar las medidas educativas sin tener en cuenta estas características? Existen muchas campañas en el país, pero ninguna reivindica medidas acorde con lo que somos. Nuestra identidad se diluye en el mercado de abalorios. ¿Hasta cuándo? El fin de semana, Lima “nos regaló” otro accidente fruto de la informalidad e irresponsabilidad de empresarios de transporte disfrazados de “emprendedores” en un sector de mucho futuro, siempre y cuando se cuente con los profesionales competentes. El sistema educativo no los está preparando. Algo sucede. (12 de Julio 2017)