21
JUL
2017

Una afrenta a la educación ciudadana

1. Hechos y personas. Los acontecimientos de la segunda semana de julio marcarán la historia patria como los sucesos más vergonzosos vividos en este joven siglo y a pocos años de la celebración del bicentenario de la independencia nacional. Un brillante artículo “La nación tras las rejas” publicado por nuestra historiadora Carmen McEvoy (http://elcomercio.pe/opinion/columnistas/nacion-rejas-carmen-mcevoy-442412), nos recuerda de manera clara lo que fueron la vergüenza nacional: los mandatarios que mancharon el juramento que pronunciaron y que sin rubor se fueron campantes del poder, previo disfrute y aseguramiento de su futuro. Y el modelo cunde.
Viendo los planteamientos del fiscal y luego del juez, ante el caso de los esposos Humala – Heredia, a la sazón acusados por diversas causas relacionadas por utilización de fondos transferidos de gobiernos extranjeros para la campaña electoral, se podrá discrepar, polemizar. La decisión será apelada. El Poder Judicial dio su veredicto y tomó decisión. A menos de un año, el presidente y primera dama del Perú que concluían su mandato, están ahora encarcelados por 18 meses -como prisión preventiva- mientras se prepara la acusación y el juicio correspondiente. Es de todos conocido el proceso y las acusaciones que están en juego. Pero ¿por qué se polemiza con tanta pasión este caso y no se dijo nada contra la libertad del gobernador Moreno, salvo algún titular y referencia fugaz en los medios y luego silencio cuando se le dio el derecho de asumir su cargo? Paradojas.
Lo que nos debería preocupar es el sino que acompaña a nuestros políticos inmaduros que se encaraman a la presidencia o congreso para servirse del cargo. ¿Qué ambición tienen de poder que los obnubila cuando lo alcanzan? ¿Dónde se educaron? ¿Qué formación recibieron? Vivimos en una realidad que nos agrede como ciudadanos pero de la cual no aprendemos y hacemos poco para cambiarla por nuestro afán de protagonismo, de egoísmo, de pensar el mundo desde parámetros diferentes al de la solidaridad, del respeto a los derechos de las personas y en objetivos supremos. Por qué se hace todo lo contrario.
2. La historia enseña, pero no aprendemos. Nos enseñaron que la historia es maestra de la vida (Cicerón), y también “maestra de la verdad” (Cervantes), sin embargo rápido ambas sentencias se fueron diluyendo, ante una realidad contradictoria y plagada de ambiciones, inequidades, ausencia de valores.
Desde pensar por ejemplo en el diseño y contenido del currículo sin plantear qué país queremos, cuáles son los objetivos centrales a conseguir como ciudadanos, suena a utópico, pues no se tiene la libertad de elegir aquellos contenidos que deben formar al ciudadano peruano y sus aspiraciones. Todo lo contrario, existe una autocensura, fruto de la presión de aquellos que tienen “la sartén por el mango, y el mango también”. De qué sirve contar con propuestas consensuadas por los mejores especialistas si existe una presión oscurantista, fundamentalista, que por ignorancia, reclaman aquello que no son capaces de cumplir en sus propias familias.
¿Por qué todos quieren opinar sobre el currículo si no están preparados para ello? ¿Por qué cada vez que se abordan temas importantes para la formación de la persona se reclama un derecho que nadie deja de reconocer pero no se respeta? ¿Por qué no enseñar a los hijos la verdad de nuestra historia y lo sucedido? ¿Por qué no señalar a los responsables de la situación y actores que descalabraron al país entre los años 80 y 90 del siglo pasado? ¿Por qué no estudiar y analizar aquellas ideologías perniciosas que desviadas en fundamentalismo azuzaron la confrontación entre peruanos? ¿Se contaminarán los hijos y alumnos al saber la verdad? Quienes piensan así son más amigos de Platón que de la verdad.
Detrás de toda esta perniciosa manera de pensar y juzgar se refugian los sentimientos más retorcidos. Se disimula al dejar de lado principios y conocimientos que enseñan que todo educa, todo forma. Las señales que llegan de los padres, la familia, los amigos, la escuela, el trabajo, el partido político, las instituciones sociales y otras circunstancias, contribuyen a formar al futuro ciudadano. Pero ¿qué tanto ha servido? Tres décadas de educación tratando de no orillar la realidad política peruana en la enseñanza de la historia, por el temor de hacer “apología” o desarrollar temas perniciosos para la formación de los jóvenes en la escuela, sin reparar que los alumnos requieren la formación del pensamiento crítico, el análisis de la realidad, para en adelante tomar una decisión y no dejarse arrastrar por falsos mesías. En la actualidad “No se educa al niño para pensar, crear, descubrir, sino que se le impone un saber establecido, carente de savia, esquematizado, sin vida.” escribe Darío Botero Uribe en su libro Vida, Ética y Democracia (Instituto para el Desarrollo de la Democracia Luis Carlos Galán. Bogotá, Febrero de 1995). Esa realidad que la venimos superando, encuentra en el horizonte algunos escollos representado por racionalismos pretenciosos, que confunden aprender con repetir el conocimiento establecido y reconfirmándolo con el actuar. La educación de hoy debería “provocar” a los niños y jóvenes para que desafíen los límites, pues el conocimiento no es memoria y repetición, menos comportamientos que impiden nuevos desarrollos, y nuevas aplicaciones, sino descubrimiento, investigación, reflexión, sentido crítico, creación y hasta invención. ¿Por qué limitar los alcances de los contenidos en el currículo, con artilugios legales y reparos aparentemente morales? ¿No se está obstaculizando el derecho que tiene la sociedad de preparar a los futuros ciudadanos para vivir en una sociedad diferente a la que vivieron sus antecesores? Existen legisladores censores y no proactivos con lo que debe ser la buena educación. Viven encandilados con la receta de la “calidad” pero sin contenido, sin cambio, sin otras perspectivas.
3. Educación, historia y ciudadanía. En este panorama que estamos viviendo, ¿qué papel desempeña la educación ciudadana? ¿Ponerse de espaldas? ¿Soslayar hechos y actores? ¿Analizar la situación? Una espada de Damocles pende sobre los docentes e instituciones educativas que lo hagan. ¿Estarían inmersas en la llamada “apología del terrorismo”? Depende de quién haga y en qué concierto presente la denuncia. No lo hace por “preservar” a la Nación, sino por afán protagónico. ¿Dónde podrían tener un espacio los jóvenes y estudiantes para debatir hechos, actores e ideas si abordar estos temas pende una espada de Damocles? ¿Dónde comentar lecturas, opiniones? ¿Qué hacer? La sociedad plantea a cada momento preguntas y problemas limitados de todo tipo. Sólo se encuentran respuestas a algunos de ellos y en nuestra sociedad, lo político, se toca con mucha asepsia para el común de los niños y jóvenes, como si ellos no formaran parte de la sociedad. Se ignora lo que los jóvenes piensan hoy en día. Se piensa que la educación antes que formar en ciudadanía, debe ser una “autodefensa social”. Así adjetiviza cada valor con su contrario: la libertad, con la agresión, el amor con la antropofagia, la autonomía y la independencia del individuo con el anarquismo y el egoísmo. Así estamos hoy. Ignorancia y miedo. Con ello los “defensores” de la democracia creen protegerse del terrorismo, de aquellos que piensan diferente. Someter a la mayoría en la ignorancia, con información y programas pauteados para proteger de la verdadera noticia a un pueblo que se entera por otros medios y “distorsiona” situaciones. Menudo favor hacemos a la educación, la historia y a la democracia.
¿Hace daño saber que “Los presidentes prisioneros de sus ambiciones, el último clamando también su inocencia junto a su esposa, seguirán poblando nuestras cárceles y nosotros padeciendo la pena de no volar tan alto como los nascas Quienes con su arte milenario nos recuerdan lo ricos que somos y lo poco que nos hemos valorado y respetado a lo largo de nuestra historia”? Carmen McEvoy, Op. Cit.).Triste realidad que vivimos al ignorar que nuestra vida republicana está plagada de estos personajillos y que hubo y existe gente que trata de encubrirlos dando mil y una justificación. Cualquier argumento es válido. ¿Y la corrupción ambiciosa? ¿Vista gorda por una falsa conmiseración? ¿Los actores la tuvieron?
Da grima constatar que “Esta realidad ha generado dos sentimientos muy extendidos. Ambos nefastos para los ideales republicanos. El primero es tolerar la corrupción y el delito en general, como un “mal necesario”, porque todos roban, entonces “el que roba pero hace obra” merece perdón cuando no total impunidad. Alberto Fujimori es un ejemplo, como lo fue en las últimas elecciones municipales Luis Castañeda, de quien se advirtió claramente cuáles eran sus antecedentes. ¿Importó? No. Lo cierto es que elegimos a sabiendas.” (Rosa María Palacios HTTP://LAREPUBLICA.PE/POLITICA/1062163-EN-MENOS-DE-UN-ANO).
Constatamos una carencia de educación ciudadana y democrática, indiferencia para las tensiones y angustias sociales, incapacidad para construir una perspectiva amplia de vida social, ausencia de pensamiento crítico, que permita romper con el conformismo, que cuestione un crecimiento económico unidimensional, que no hace posible el desarrollo de un crecimiento en la perspectiva de una liberación de ataduras dominantes e indiferencias de una casta ciudadana, que en doscientos años ha seguido reproduciéndose a la sombra de la corrupción trastocando todos los valores y haciendo surgir líderes de pacotilla, llenos de ambición, con discurso fatuo y que piensan que la democracia es boba y permite acampar para saquear a todos los que no les interesa la Patria. ¿No debemos revisar la educación ciudadana que se está brindando? Es hora. Salvo mejor parecer. (20.07.17)